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Los cubanos: ciudadanos de segunda

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Internacionalistas cubanos

PRIMERO ESTUVIMOS en Angola por quince años. Allí nos desgastamos por el capricho de llamarnos “internacionalistas”. La participación en esa guerra fue el precio de que Carter no pudiera retirar el Embargo a Cuba. Lo tenía casi logrado en aquel 1975. Luego Fidel Castro aseguró en el discurso del Congreso del Partido Comunista, que para Cuba era más importante la ayuda a aquel pueblo africano que la suspensión del Bloqueo. Por supuesto, nadie se molestó en preguntarle al pueblo cuál era su preferencia, cómo pensaba y qué votaba al respecto. Tampoco el pueblo sabía los planes en los que estarían incluidos los varones de esta tierra: serían enviados a una guerra lejana y ajena.

La guerra terminó en 1989, con un precio que aún estamos pagando, además de las secuelas físicas y psíquicas, nos mantienen el Embargo. Si aquel año se hubiera pensado primero en el pueblo cubano, como correspondía, hoy quizá tuviéramos un mejor desarrollo. Y no estoy contra la ayuda a otro país, todos somos hermanos, lo que duele es que por cincuenta años hemos estado pagando sin recibir nada a cambio. Sólo el sabor del sacrificio.

Ahora el Gobierno se queja del Bloqueo, lo que la economía ha perdido por esa razón, y a la vez, sirve de justificación para la frustrante economía cubana, porque los planes no se cumplen y le echan la culpa a las medidas norteamericanas. Creo que cuando un estudiante de música no tiene violín, la culpa fue por la elección de 1975, cuando se prefirió pensar en grande, influir en los destinos de la humanidad, y sin embargo, olvidaron la suerte de un pequeño pueblo. Cuando falta una medicina, por mucho que se critique a los yanquis, quien tiene más culpa es el dirigente que no pensó en su gente como primera prioridad.

Ahora vemos a la Angola de la posguerra, ha ido desarrollando gracias a sus recursos naturales. Los convenios con ese país ya no son para enviar soldados, ahora piden profesionales: médicos, Doctores en Economía, Historias, Matemáticas, quieren Científicos, los mejores y pagan bien. Aunque el gobierno les quita la mayor parte del salario a sus contratados. Y esos profesores regresan felices porque han ahorrado dinero que servirá para paliar la crisis.

Recientemente hemos visto con agrado que nos acompaña un nuevo blog: La última guerra, un esfuerzo por recobrar la memoria de aquellos dolorosos años, la manera de ponerle voz a los muertos, la inconformidad de esas vidas truncas por una conflagración que siguen sin comprender. De ahí la importancia del blog. Lo primero es no olvidar. Por mucho que los medios oficiales manipulen la historia, siempre resurgirá con la verdad. Y este blog puede considerase un comienzo de lujo para los cubanos. Los invito a leerlo, y a todos esos miles de cubanos que participaron en el conflicto africano y que mucho tienen que testimoniar, den a conocer la parte oculta de aquel capítulo infernal; y también, que opinen los millones de familiares que, de una forma u otra, sufrieron la pérdida, la separación, la agonía por la espera de la noticia fatal.

Eso es lo real, lo único que falta es que cada Gobernante cargue con su responsabilidad. Y con su conciencia, por supuesto.



El optimismo de alguna Diplomacia

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Miguel Ángel Morantinos. AP

HACE VARIOS AÑOS FUIMOS Invitados cinco escritores cubanos a una reunión con los Embajadores de la Comunidad Europea radicados en Cuba, que estaba presidida por Bélgica. Por ese entonces Cuba había sido sancionada por la Comunidad Europea por el fusilamiento de los jóvenes que intentaron raptar una lancha con rehenes hacia Miami, y por el apresamiento de los 75 disidentes.

Leonardo Padura comenzó recreando el panorama cultural, social y político de la Isla. Luego los diplomáticos levantaron el brazo para preguntar. Dialogamos sobre la posibilidad de apertura del Gobierno de Cuba, eliminación de restricciones, todo a partir de la ayuda económica de Venezuela, después de la caída del campo socialista y de la pobreza vivida en el Período Especial, parecía un respiro para la población cubana y un alivio para el Gobierno cubano.

Fuimos respondiendo según nuestras impresiones: Pedro Juan Gutiérrez, Reinaldo Montero y Amado del Pino. Cuando tuve la oportunidad de hablar, aseguré que estaba probado que el sistema cubano, mientras más fuerte y seguro se encontrara, más agudizaría el control sobre la sociedad, las restricciones sobre los derechos universales del hombre y menos espacio cedería a la democracia. Quizá mis palabras fueron las más negativas. Recuerdo que terminé asegurando que me sentía muy pesimista por el futuro de los cubanos.

Al rato, cuando salimos al coctel, se me acercó el Embajador de España. Sonriente y afable, como quien se le acerca a un niño ingenuo que no conoce la realidad de la vida, y me aconsejó que fuera “optimista”.

—¿Pero cómo se le puede pedir optimismo a la tercera generación que sacrifica la Revolución a cambio de nada? —le respondí.

El Embajador quedó titubeante.

— ¡No comprende que el sistema es una máquina de moler hombres! —volví a decirle.

El Embajador levantó los hombros.

— ¡No hay esperanza! —continué—. ¡Somos un pueblo devastado! —le aseguré.

El Embajador finalmente se alejó con las manos en los bolsillos. En su rostro llevaba una pena que no pude descifrar. Sólo pude entender que no deseaba continuar la conversación.

Mientras, otros Embajadores se acercaron para intercambiar opiniones. No podía olvidar la palabra “optimismo”, como si hubiéramos renunciado a ella por un simple capricho. Como si fuera un antojo de nuestra voluntad la de abrazarnos a la palabra pesimismo.

Por estos días llegará a Cuba el Canciller Moratinos, seguramente nos trae las últimas buenas nuevas. Más “optimismo”, puede que le pida al pueblo cubano, y me haga recordar al original humorista Cantinflas.



Semáforo político

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Reuters

Decenas de artistas, intelectuales y académicos cubanos asistieron a una recepción realizada en la residencia del jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en la Isla.

LA NOTICIA ES PUBLICADA POR LA Prensa oficial porque la visita a la SINA (por sus siglas en inglés), de antemano fue acordada con el gobierno cubano. Gestos de buena voluntad entre las partes diplomáticas. Concesiones donde el gobierno de la Isla sacó la mejor rebanada.

Hasta aquí todo pudiera considerase festivo si no existieran antecedentes dramáticos. Los setenta y cinco disidentes que fueron apresados (primavera negra), sus acusaciones consideraron el contacto con funcionarios norteamericanos, entiéndase como enemigos, por lo tanto, esos disidentes fueron sancionados por traidores. Los intelectuales que con anterioridad visitaron las oficinas y residencias de los empleados norteamericanos, sin ningún interés o manipulación política, también han sido tildados de traidores. Sin embargo, el “enemigo” ha comenzado a “darse la lengua” (como diría mi abuela), con el gobierno comunista, y la luz roja permanente ha cambiado a verde sin pasar por la amarilla. Y de la noche a la mañana, todos los artistas tienen la anuencia del régimen para irse a dar unos traguitos con los funcionarios norteamericanos.

Y no es que esté en contra de la visita a la SINA del último grupo de cubanos, al contrario, me alegra mucho, pero sí estoy en contra de que se haya castigado a otros por hacer lo mismo, privándolos de lo más preciado: la libertad y sancionándolos a exageradas condenas. Y si ahora asistir a las recepciones con los yanquis no es delito, deberían liberar a los castigados.

Me parece lógico e inteligente que ocurra el contacto entre funcionarios de todos los países del hemisferio. En particular, me parece bien que entre los creadores cubanos y los receptores de arte del pueblo norteamericano, haya un puente armonioso. Lo que me molesta es el “semáforo ideológico”, quien decide es la política oficialista según la conveniencia del momento. ¿Por qué tenemos que regirnos por el termómetro político si somos artistas? Lo único que nos debe interesar es llevar el arte al pueblo, y si se tiene la posibilidad de compartirlo con otras naciones me parece de un éxito superior, independientemente de los problemas que ocurran entre los gobiernos.

Según las propias palabras del ceramista José Fuster, que asistió al último recibimiento de los artistas cubanos a la SINA, antes, cuando lo invitaban, no le negaban su asistencia por parte del gobierno cubano, pero las fuentes oficiales le avisaban que asistirían los opositores y él optaba por quedarse en casa, porque no le gusta que lo usen de propaganda.

Todos sabemos cómo funciona el mecanismo del sistema. Si luego de ser invitado por los funcionarios norteamericanos para celebrar el 4 de julio, te llama la “oficialidad” cubana y te alerta que acudirán los opositores, que no sería conveniente su participación, y decides asistir, infieres irrespeto, desobediencia, sedición, en definitiva, que apoyas a los opositores, aunque pases la noche sin entablar conversación con ellos, pero de inmediato recibes el rechazo de la oficialidad, pagas el precio de la osadía.

Pregunto, qué tiene de perjudicial para un artista aceptar una invitación donde asistan los opositores, ¿es un virus contagioso? Sí fuera así, ¿cuántos artistas cubanos pertenecieran al Partido Comunista?, si gran parte concurre a las convocatorias políticas de las entidades oficiales por el miedo a ser marginados y afecten su obra. ¿Acaso no se siente vergüenza al declarar públicamente que se rechaza una invitación porque han sido avisados que asistirán otras corrientes políticas?



El cuarto círculo

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Cielo Protector. Tamayo

EN VARIAS OCASIONES COMENTE A LOS Amigos la necesidad de tener un espacio de confrontación, de opiniones con plena libertad. Compartir criterios a favor o adversos, siempre abierto al discernimiento, sin ofensas personales y evitando las actitudes extremistas. Creía que la única posibilidad de materializarlo era a través de un periódico impreso. Por supuesto, ese espacio jamás lo tendría en la Cuba actual, un sueño imposible dadas las circunstancias de la férrea censura.

Con mi última visita a República Dominicana, el escritor Camilo Venegas me enseñó su blog: El fogonero. Confieso que desconocía qué era un blog. Mientras explicaba quedé fascinado de tanta independencia. Entonces encontré la justificación para que abandonara su país: el precio de la liberación. Y quise tener esa posibilidad también, pero sin salir de Cuba. Poder decir mis preocupaciones, amargura, emoción, y las de mis coterráneos desde la garganta del monstruo. El espacio que siempre pensé lejano se abría ante mí, como tocar el horizonte. Sin pretensiones o promoción personal, deseaba saciar la necesidad de un rincón donde expresar las penurias, anhelos, frustraciones, miedos, reservas, de una o varias generaciones, y quitarle esa carga a la literatura que desde hace muchos años asumió el periodismo… No fue una decisión inmediata, no soy ingenuo, imaginé las adversidades que enfrentaría, el riesgo, los contratiempos.

Consulté con el Presidente del Instituto Cubano del Libro, luego de preguntarme sobre qué tema versaría el blog, aseguró no tener la posibilidad de darme el sitio, y como siempre, mencionó el ancho de banda de internet y el bloqueo. Su respuesta me provocó risa, lo cierto era que estaba resuelto a lograrlo cuando venciera mis aprensiones: el compromiso de trabajo, la seriedad con que debía asumir el mantener fresca de opinión el espacio. Mi segunda preocupación: el tiempo que le restaría a la literatura de ficción. El tercer recelo: la pérdida de los amigos, algunos se alejarían por miedo a represalias. Finalmente el cuarto círculo: las amenazas y acciones físicas que se llevarían contra mi persona.

La disposición de crear el blog fue mayor que el miedo a enfrentar los infortunios. El espacio de Los hijos que nadie quiso intenta ser un rayito de sol que atraviesa la oscuridad, y solo lo logrará con la compañía de los lectores, sus comentarios a favor o en contra, nos hará permanecer como cobija ante el invierno perpetuo de los últimos cincuenta años.



Un pequeño recuento

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Tamayo

A LOS DIECISIETE AÑOS ACOMPAÑÉ A MI Hermana a la costa para que definitivamente, abandonara el país con destino Miami. Le dije adiós y un sentimiento desconocido se rompió dentro de mí. Luego continuó la angustia porque pasaron varios días y no recibíamos noticias de su llegada. Hasta que un auto patrullero nos hizo saber que fueron capturados en altamar y se encontraban detenidos. La lancha en la que pretendían escapar pertenecía a una cooperativa pesquera y el Instructor solicitaba la medida cautelar más extrema.

En la visita que hice con mi madre a la unidad policial, el Instructor me preguntó cuándo terminaba los exámenes. Le di la fecha. Quiero que terminando el examen vengas a verme, me dijo. Cuando asistí me hizo saber que por haberlos acompañado hasta la costa me dejaba detenido. Había cometido el flagrante delito de “encubrimiento”.

Me dejaron catorce meses dentro de las murallas del Castillo de La Cabaña. Aquel tiempo de encierro me hizo ver, encontrar, palpar la realidad de la sociedad cubana. Vi a jóvenes de dieciséis años ser sancionados a largas condenas por robar un zapato, pues desde la ventana solo pudieron alcanzar uno. Un retrasado mental que intentó zafarle a un auto el espejo lateral. Un esquizofrénico que defendió a su hermana cuando la policía intentaba apresarla dentro de su casa. Vi a esos jóvenes llorar por hambre, y comer pasta dental para sentir una leve presencia en el estómago. Otros dieron su cuerpo a cambio de gofio, protección, o simplemente porque no pudieron evitar el acoso de los delincuentes. Presencié la golpiza de los militares contra los reclusos. Me enviaron veintiún días a la celda de castigo. En todo momento la pregunta era qué hacía en aquel infierno. Pasé meses buscando la respuesta. Y sólo después de soportar el hambre y sobrevivir a las desgracias de otros, tuve la necesidad de escribir. Fue la manera de encontrarle un sentido, una razón para el cambio tan brusco de mi vida. El tiempo invertido en la escritura era espacio de fuga. Sentí que cada palabra que dejaba sobre el papel me daba un compromiso con esos hombres que se acercaban a preguntar si ellos eran personajes. Mi mente se transportaba, era la escapada de aquella agonía constante.

El día del juicio el Fiscal preguntó por qué me habían enviado a “prisión preventiva”, pues el delito de “encubrimiento” no se cumple entre padres y hermanos. Decidieron absolverme de cargo.

Regresé a mi casa siendo otro. Me sentía dueño de aquellas voces que padecieron sin protestar, por miedo o por desconocimiento. Mi decisión de ser escritor se convirtió en una necesidad vital.

Sin creerme un elegido, pensé que si Él existía quiso enviarme allí para que presenciara las calamidades, fuera testigo de aquellos horrores.

Desde entonces sólo cumplo con mi condición de escritor.



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Sobre este blog

Literatura, sociedad, cultura

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Autor: Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

La Habana 1966. Ha obtenido premios muy importantes dentro de la literatura cubana. Reside en Cuba.

loshijosquenadiequisoblog@gmail.com

 

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