Noche del año lunar Chino
Ángel Santiesteban | 29/04/2009 15:52
ES LA NOCHE DEL Nuevo año lunar. La Sociedad China brinda mesas, a precio módico, para que los estudiosos de su cultura milenaria tengan la posibilidad de recibir el año en el barrio chino. Las personas con ropas elegantes evitan ensuciarse en los charcos de aguas fétidas tan abundantes en sus calles. Las casas, oscuras y sin pintar, no dicen ser tan felices como los visitantes. Mientras hacemos la cola para entrar el restaurante, desde la acera de enfrente, una prostituta, de esas hijas que nadie quiere, aprovecha la escasa luz para esperar a un cliente. Fuma ansiosa y mira por la bocacalle, espera a que aparezca su hombre.
A mi lado, un mulato acompañado de su esposa, saca su carné de policía y aguarda. Una vendedora de flores se acerca y cuando se percata de la presencia del agente vestido de civil se espanta y se pierde en la oscuridad.
Llega el cliente y besa a la prostituta con la misma pasión que un esposo enamorado a la madre de sus hijos al regresar del trabajo. De paso le aprieta la cintura. Desea asegurarse que no lo timarán. Ella lo deja hacer y sonríe con placer. Toca, le dice en la manera con que abre sus brazos en señal de entrega total. Apenas avanzan unos pasos el policía vestido de civil se le acerca y enseña la identificación. Ella se asusta, suplica. Él hace como que entiende pero tiene que cumplir y llevarla detenida. La toma del brazo. El cliente aprovecha para huir. El agente y la prostituta se guarecen en el lugar más oscuro. La esposa del policía hace como que no observa, pero a veces se mueve molesta, impaciente. Todo se arregla cuando se mete la mano en los senos y luego la introduce en el bolsillo del agente.
El hombre guarda el carné. Al regreso cruza con cuidado las aguas albañales. Besa a su mujer y espera para entrar al restaurante.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 29/04/2009 17:57
Como conejos
Ángel Santiesteban | 27/04/2009 23:47
UN AMIGO PERIODISTA DE Bayamo me contó que en el año noventa tenía seis años, iba camino a la escuela y su madre le habló sobre el período especial. De alguna manera, intentaba prepararlo para la contienda que se avecinaba. Luego ella le confesó que no tenía idea de hasta dónde y cuánto se iba a recrudecer. Jamás imaginó ver y hacer lo que después enfrentó la sociedad cubana.
Mi amigo periodista recuerda a su padre y hermano mayor, graduado de ingeniero cibernético, cuando iban en bicicleta cuarenta kilómetros, sólo de ida, a recoger cangre de yuca para los conejos que consiguieron a cambio del televisor. Su papá dijo que la telenovela no era más importante que la nutrición. Su madre cerró los ojos y se mordió la lengua. Mi amigo desde su infancia justificada, protestó, exigió su espacio de dibujos animados. Su viejo lo interpeló asegurándole que eso tampoco era más primordial que su alimentación. En aquel entonces, pensó que su progenitor era injusto, pues su horario de aventuras era más significativo que la comida. Luego que recogían el cangre, regresaban otros cuarenta kilómetros, pero ambos con el peso de un saco en la parrilla de la bicicleta.
Por suerte no recuerda los zapatos de tela que su madre le cosía, pero no puede olvidar el olor de arroz con tomate que su familia comía para reservarle a él, el último huevo de la cuota.
También recuerda la discusión entre su padre y el hermano, quien exaltado, exigía el derecho de esconder en el mismo saco de cangre, algunos pedazos de yuca abandonados en el campo después de la cosecha. Su papá negaba con rabia: en mi casa no se roba, carajo. Su hermano aseguró que entonces no le quedaba otro camino y los besó a todos, aunque su padre no le respondió el gesto. Pensaron que a lo sumo, se iría de la casa por unos días, luego regresaría. Y pasaron los primeros días. Cada vez que tocaban a la puerta el viejo hacía un gesto por abrir, pero prefería mantenerse en su lugar y que lo hiciera otro, balbuceaba.
Entonces llegó la llamada telefónica a la casa del vecino. Apúrate, que es de larga distancia, gritaron.
–Ahora qué hace ese muchacho en La Habana –rezongó. Y rechazó las ganas de correr, preguntarle cómo estaba y cuándo regresaba a casa.
Mi amigo recuerda que su madre regresó llorando. Su papá protestó, se lloraba sólo por los muertos, dijo.
–Casi –dijo la madre.
El padre se mantuvo tenso, algo iba a suceder en su familia.
–Nuestro hijo está en Miami –dijo ella.
Mi amigo recuerda que su padre comenzó a llorar como si fuera un niño y no había nada que lo calmara. Los conejos comenzaron a sacrificarse pues el viejo perdió la voluntad, las fuerzas para recorrer aquella distancia.
Ahora mi amigo es periodista, hizo la universidad en Santiago de Cuba, y gracias a la ayuda económica de su hermano, pudo mantener su vida en esa ciudad desconocida y sin familia que lo pudieran auxiliar. Tiene computadora. Ropa y dinero en el bolsillo.
–Gracias a mi hermano –me dice–. Lo que no puedo entender ni perdonar, es que si ambos somos profesionales, ¿por qué tengo que vivir de su dinero?
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 29/04/2009 18:59
Una respuesta necesaria
Ángel Santiesteban | 22/04/2009 0:57
ANOCHE ALGUIEN ME PREGUNTÓ Si me pesaba haber escrito el blog sobre los escritores que fueron a la Feria del Libro en Mazatlán. Seguramente pensando en mi “Interrupción de Servicio de Correo Electrónico”, el seguro ostracismo literario, y mi inxilio cultural. La respuesta salió con el primer pensamiento: NO, le respondí, si volviera al principio lo haría otra vez. Sin creerme el abogado de los escritores ni el defensor de las causas justas, si me dijeran nuevamente que un grupo de escritores a su llegada a una ciudad ajena, enviado por el Instituto Cubano del Libro u otra entidad, no son bien recibido porque llegaron sin el dinero para hospedarse, como se había acordado entre las partes organizadoras; si a partir de ese desconcierto hay que hacer llamadas para gestionar la ayuda de los dueños de los hoteles para que los reciban como los hijos de nadie que son; si luego, cuando están en el restaurante, vienen a cobrarles y ellos, sorprendidos y avergonzados ante los otros huéspedes, explican que son “invitados de la Feria”, y les responden que los mismos organizadores dieron la orden de que pagasen la alimentación; y si cuando argumentan que seguramente hay una equivocación, les aseguran que no, de hecho, les informan que la persona sentada en la mesa contigua es uno de los organizadores y encargado de ventilar esos asuntos, y éste ni siquiera los saluda por el malestar que aún conserva, y ha sido quien impartió a los camareros la orden de cobrar; si los escritores cubanos tuvieran la necesidad de ir a las oficinas de la Feria y esclarecer el asunto, y a su llegada los recibiera el mismo hombre que recordaban en la mesa contigua, y le explicaran que no tenían dinero para costear los alimentos; y si el organizador pusiera rostro de “qué haré con ellos”, y finalmente no encuentra otra alternativa que pagarles también la alimentación. Pero por si fuera poco, además, los cubanos reclamaran un viático, porque es la única oportunidad de volver a casa con algo en los bolsillos, y los organizadores crisparan los dedos como si esto fuera la gota que colmara la copa de lo que tendrían que enfrentar, y afirmaran que son los únicos extranjeros incapaces de exigir en su casa lo que les toca o les prometen, pero eso sí, dispuestos a reclamar, a cualquier anfitrión, favores con escopeta: Si ocurrieran otra vez esos maltratos contra cualquier artista, con seguridad volvería a levantar mi voz para reclamar lo que les pertenece. Es mi deseo de que en su próxima salida internacional, sean tratados con respeto y consideración, para que representen dignamente su literatura, que siento mía también.
Y no importa que algunos se olviden del decoro, y todo por la desesperación de continuar viajando, como “alguien” que ya probó los privilegios que otorgan por asumir un papel tan miserable, como el de atacar al grupo de escritores de Bogotá 39 que estuvieron de visita en Cuba, en particular a la escritora cubana Wendy Guerra, a quien dedicó un texto tan desdeñable, y que no ocultara su envidia por no formar parte de esos 39 escritores, cuando pregunta quién y cómo los escogieron. Y que ninguna funcionaria respondió por su denuncia o falta de ética ante una colega. Este escritor Desleal, que se cansó de continuar en la nada sin que las autoridades lo tuvieran en cuenta, y que sólo con su tercer texto, todos atacando a otros escritores, en el que intenta defender lo indefendible, se ha convertido en un “delfín” del Instituto Cubano del Libro; quien rápidamente, ha comenzado a formar parte de las delegaciones culturales; también es autor de otro texto lamentable de hace un par de años, donde al final, se podía entrever que todo no era más que su protesta ante el olvido de su persona y su obra; y tampoco ninguna institución ni colega respondiera por sus palabras injuriosas y de ataque personal a otro escritor. Y cuando le preguntara la razón me dijo que lo hizo porque deseaba mover las estructuras, el pensamiento intelectual, lograr textos que eran comunes en gremios artísticos de otros países. Pero es evidente que ya el Desleal encontró el camino. Y de todas formas lo entiendo… Adelante, corred, que si yo pensara con el estómago, haría lo mismo: marcar con la oficialidad, como una forma de dejar bien claro que pueden continuar contando con él para sus viajes, en cualquier circunstancia.
En el año 2002, la única vez que he viajado con dinero del Estado Cubano, tras haber obtenido el premio Alejo Carpentier con el libro Los hijos que nadie quiso (lo que siguen haciendo con los premiados todos los años), a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la presentación del libro, un lector desde el público me preguntó si le debía algo a la revolución. Delante de mí estaba la plana mayor de la cultura: responder con honestidad era un suicidio. Pero cómo iba a poder dormir después. Y dije que no le agradecía nada a la revolución. Desde entonces, engrosé la lista negra de los mal queridos.
Y como señalé al conversar vía telefónica con el notable escritor Julio Travieso: sólo por la respuesta que me dirigió conocí que él había visitado el Distrito Federal. Creí en mi primer texto, al titularlo: “Los muchachos se despiden”, haber dejado claro que mi problema es con mi generación, como lo digo al final de mi mensaje. Por si quedara alguna duda, intenté ser más explícito en la respuesta a la funcionaria del ICL. Pero ninguno de los dos textos bastó.
Como me dijera JT, sentía que sin razón, quedó entre dos fuegos. De todas formas, su voz siempre será importante, y que conste, que él fue el único invitado por los organizadores de la Feria con todos los gastos pagos porque había obtenido hace algunos años el premio literario de Mazatlán. Le expliqué, por supuesto, que no es ningún delito ir a otro país y comprar jabón, ropa, zapatos, u otros artículos. Pero no hay que ponerse espejuelos para ver que detrás de esas palabras hay una verdad mayor. ¿Por qué un intelectual, o cubano en general, tiene que esperar ir a otro país para tener la oportunidad de resolver sus problemas y carencias más inmediatos? A pesar de todo, me parece que el dejarse humillar para poder volver a casa con las maletas llenas, es un precio demasiado alto.
Y no se piense que rechazo la actuación de otras generaciones. Sólo que me ocupo de la mía. En definitiva ya sé que cada cual hizo o hace lo que pudo o puede. O lo que le permiten hacer y lo acepta o lo refuta. Esa es la cuestión.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 22/04/2009 1:11
La realidad disfrazada
Ángel Santiesteban | 17/04/2009 8:26
SOMOS LOS HIJOS QUE DE Una forma u otra, rechazan, esquilman, adoctrinan, uniforman, manipulan, fuimos enviados a guerras lejanas. Nos han cerrado las puertas, salvo una que ha permanecido entreabierta y ofrece la “salvación”: el mar, el exilio.
Para protegernos mutamos. Hemos sido mentirosos, luego cínicos, en ocasiones ladrones de algunas docenas de hojas para poder imprimir nuestros textos, presillas, cintas de máquinas, cuando en aquella época nos parecía de ciencia ficción poseer una computadora…, a muchos, aún hoy, les puede continuar pareciendo una posibilidad lejana.
Ibrahim Doblado es un anciano escritor que vive en la Isla de Turiguanó, tiene varios libros publicados, otros inéditos. Escribe en las madrugadas gracias a la generosidad de un custodio que le abre las oficinas que debiera proteger, pues aprovecha el insomnio del viejo escritor, para dormir.
Pero Ibrahim no es de interés político. No es útil. ¿A quién le puede interesar lo que diga o deje de pronunciar un viejo escritor que nadie tiene en cuenta y catalogan de loco impertinente? Los funcionarios no podrían entregarle una computadora, como han hecho con muchos jóvenes, a cambio de que ataquen obras literarias que no sean afectivas con la política oficial, o a colegas que difieran de la postura oficial. Tienen que embestir contra criterios que expongan la realidad cubana y brinden una imagen negativa del sistema. Tampoco es digno de ser incluido en una delegación para que represente a su país, porque no está comprometido, no responderá a ninguna presión institucional por la crítica que haga otro escritor, de la pésima gestión del Instituto Cubano del Libro.
A esos escritores que aceptaron la computadora si defienden el sistema les publicarán y darán acceso a internet, para que estudien los blog y hagan su ataques a los que han osados violar las fronteras y se han convertidos en internautas libres. Esos literatos sin ideologías, pagan el precio de ser considerados como “artistas”, mientras, entretienen a los funcionarios con textos de circo para justificar y cobrar su paga. Un juego a lo Penélope que los funcionarios conocen y aceptan.
Un amigo vino a casa a pedirme ayuda, necesita algún artículo mío publicado en la revista Encuentro de la Cultura Cubana, para hacer una respuesta. Me brindé para ayudar a confeccionarla. Quiero que mi amigo tenga su ordenador. Otra forma de obtenerlo no tiene a su alcance.
Mi amigo se fue y nunca me preguntó si me dolería su “ataque”. Los amigos se inventaron para los momentos difíciles, le dije antes que se cuestionara mi reacción. Nunca me hubiera negado, aunque me doliera.
A veces los amigos se agarran a la luna, despegan, elevan, separan los pies de la realidad. Y el deber de la amistad es el de abrazarse a sus tobillos y halar, sostener. Bajarlo y ayudar a que se le hagan posibles sus sueños, aunque a veces duela como si nos arrancaran un pedazo de carne.
Y al final nos cueste un trecho de amor.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 18/04/2009 7:28
Quinquenio gris por siempre
Ángel Santiesteban | 15/04/2009 15:52
La Habana, 9 de Abril de 2009
Año del 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución
A: Angel Santiesteban: (Interrupción del Servicio de Correo Electrónico).
Hemos detectado que Ud. ha incumplido con lo establecido en el Código de Etica de la Red CUBARTE y en la Resolución 127/2007 del Ministerio de Informática y las Comunicaciones, que pone en vigor el Reglamento de Seguridad para las Tecnologías de Información en nuestro país. El contrato que Ud. tiene firmado con nuestro centro señala como la primera Obligación del CLIENTE la siguiente:
- Cumplir con el código de ética
Tal y como recogen nuestros contratos de prestación de servicios de comunicación, el incumplimiento de lo acordado en las cláusulas del mismo producirá la suspensión del servicio, por lo que en un plazo de 24 horas procederemos a interrumpir el mismo.
Saludos
Rafael de la Osa Díaz
Director CUBARTE
----- Original Message -----
Sent: Thursday, April 09, 2009 5:40 PM
Subject: Interrupción del Servicio de Correo Electrónico
Director Rafael de la Osa Díaz, usted cumpla con su código de “ética”. Yo cumpliré con el mío. Ya nada me sorprende si viene de ustedes. Lo único que me gustaría, para curiosidad, es que usted, como director y especialista, me informe cuáles han sido las violaciones.
Saludos, Ángel Santiesteban Prats (escritor).
♦♦♦
EL SILENCIO ES LA Música que siempre acompaña estos conciertos de totalitarismo. Es como si “papá” indagara por el comportamiento del menor: ¿qué ha hecho mal el nene? Y después de escuchar, impone una sanción de tres días sin el tete. O no habrá horario de aventura por una semana.
En el caso de los escritores, las primeras variantes son la de no publicarte, cero promoción, interrupción del correo electrónico. Que se esfuercen por aislarme es una ingenuidad de su parte. El mundo se ha desarrollado para romper con abusos institucionales. Y estoy preparado para más. Quizá para lo peor. De todas formas, en momentos difíciles siempre pienso en el gran poeta Federico García Lorca.
Creo que deben sentir vergüenza de ser tan pequeños e incongruentes, y que le teman a la evolución del pensamiento.
Ángel Santiesteban
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 16/04/2009 4:52
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