Dios me libre de la tribuna
Ángel Santiesteban | 16/03/2009 7:40
ANTE TODO QUIERO AGRADECER El apoyo que me han brindado con sus lecturas y opiniones los amigos ya conocidos y los recientes, y hasta los detractores, ¿por qué no?, si nos esforzamos por la diversidad, brindémosle a ellos el espacio que nos niegan. Si hay alguna razón de iniciar y mantener este blog es por compartir nuestras ideas. Nada es más importante que desahogarnos sentimentalmente, intercambiar los conocimientos. De esa manera espantamos el frío que brinda el desamparo.
Por estos días recordé una anécdota de Stalin (quizá sea de otro dictador, aunque estimo que eso no es importante, les sirve a todos, y no he querido perder el tiempo en investigar, pues creo que no tergiversa ni añade nada a lo asesino que fue, y puede que muchos le hayamos agregado algunas palabras por esa manía de crear), pues en una conversación sobre la sumisión del pueblo hacia él, dicen que como ejemplo, tomó un pollo y le arrancó su plumaje, lo dejó completamente desnudo, luego lo soltó en la nieve y a todas partes que se movía el ave iba tras él desesperado y se metía entre sus piernas intentando obtener un poco de calor.
–Ya ven –dijo Stalin–. Lo único que no podemos hacer es acomodar a la sociedad porque se aburguesa y traiciona. Esa es la estrategia, si los hacemos padecer, serán dependiente de nosotros.
Acá es parecido: sólo uno vende la croqueta. No quedan más puertas para tocar. No existe otra posibilidad que correr tras la croqueta.
Estaré atento a sus comentarios, cada mensaje alienta y emociona. Ustedes son la razón y el termómetro del blog, parte del esfuerzo colectivo. Sientan que en cualquier lugar que estemos, somos un solo pueblo. Como dijera nuestro José Martí: cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro. Parafraseando, humildemente, diría: “cubano es más que ideología, más que preferencias sexuales, más que distancia geográfica”.
De alguna manera siento la honestidad de ustedes al expresarse, y eso creará un dialogo diáfano; aunque ya saben, desde Cuba es muy difícil responder en tiempo, pero haré lo posible, y hasta lo imposible (como es normal en esta isla), por corresponder a su amabilidad e intentaré que mi gestión de espacio en internet se resuelva casi, igual que un acto de magia. Tener este blog de Los hijos que nadie quiso, parecido a otros que mantienen mis contemporáneos, es un acto de encantamiento, una luz que surge provocada por la oscuridad. No hay mayor acto de magia que ese. Entonces tenemos que creer que los sueños, aunque se hagan realidad, son actos de sortilegio.
Reciban mi abrazo fraterno, Ángel Santiesteban Prats.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 18/03/2009 6:17
El Jefe de Sector
Ángel Santiesteban | 14/03/2009 8:32
UN AMIGO TEATRISTA ME Pidió vivir por un tiempo en el apartamento de mi mujer que teníamos vacío, pues a su casa se le había caído parte del techo. Él escribía con honestidad artística en el periódico oficial de más tiraje en el país. No hubo palabras, busqué las llaves y se la entregué.
Por esos días pasaba a visitarlo y él andaba en los trajines de comprar materiales para reparar el techo. Su máquina de escribir permanecía silenciosa. Me dijo que no me preocupara, antes de dormir, para justificar el día, escribía algunas líneas que iba memorizando mientras le alcanzaba un cubo de mezcla al albañil o volteaba arena con la pala.
Un mes después me visitó el jefe de Sector porque en el apartamento de mi esposa vivía una pareja desde hacía treinta días y si continuaba allí tendría que multarme. Le expliqué la situación, le enseñé los libros que atestiguaban sus premios literarios. El militar miraba los libros y luego a mí. Yo intentaba imponerle una lógica que él desconocía.
–¿Y quién dice que tú no le estás alquilando? –me dijo.
Una vez más había que demostrar la inocencia. Y me fui sintiendo como un delincuente, un estafador, un mentiroso crónico. Comprendí que nada le haría cambiar sus métodos. Bajé la cabeza y acepté decirle a mi amigo que se fuera.
Cuando fui a informárselo, él, apenado por hacerme pasar el mal rato por la visita del policía, inmediatamente recogió sus bártulos y salió, junto a su esposa, en busca de otra guarida. Sólo llevaba algunas ropas, libros y manuscritos inéditos. El auto de alquiler los vino a buscar debajo de un aguacero y por su rostro bondadoso y amplio, corrían gotas de las que nunca sabré el lugar exacto de donde provenían. Me dijo que había sido feliz y que hasta una nueva obra teatral había escrito y prometió dedicármela.
La presidenta del comité junto al policía, observaba desde un portal.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 14/03/2009 8:42
Amanecer en La Habana
Ángel Santiesteban | 12/03/2009 8:07
© Alex Titarenko
AMANECE UN FRÍO Domingo de enero. Pocas personas abandonan sus casas. Se me hace tarde para la cita y decido tomar un botero. Todos pasan llenos. En la distancia veo uno que se acerca vacío. Le ofrezco cien pesos por llevarme hasta Belascoain y Carlos III, acepta y unas cuadras más adelante rebasamos un auto patrullero que examina los documentos de otro botero. “Ya comenzaron”, me dice mientras maneja. No logro entender y levanto los hombros: “Es que a partir de mañana harán una batida a los taxis ilegales”. Muevo la cabeza y él comprende que no es una noticia inesperada, siempre hay una batida contra algo. ¡Pero tú tienes licencia!, le digo. “El auto sí, yo no”, me responde. Me mantengo en silencio porque comprendo que es complicado lo que intenta decirme. “Lo que pasa es que el auto no es mío. Un amigo me lo presta para que salga a ganarme un poco de dinero. Y hoy es mi cumpleaños”. Otra patrulla tiene retenido a dos choferes de alquiler. Los policías nos miran recelosos. “Por eso a veces comprendo, justifico a los jóvenes cuando se alcoholizan o cometen una fechoría”, me comenta. “Yo, aunque pertenezca a la generación de los hijos que nadie quiso, nunca lo haría porque soy cristiano”, asegura. “Si nos pagaran lo que estudiamos no se tendría que ir contra la ley. Nos obligan a delinquir”. Las palabras me resultan demasiado rebuscadas para un taxista y lo miro con sorpresa. “Soy director de una Orquesta Sinfónica… Precisamente en estos días le vamos a tocar a un Presidente Latinoamericano que visitará el país”.
No quiero continuar escuchándolo. Le digo que me ha lastimado. Seguimos en silencio. Me bajo. Le entrego por la ventanilla ciento cincuenta pesos: ahí van cincuenta más por tu cumpleaños.
Y me alejo.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 13/03/2009 6:53
Anuncio de vuelo
Ángel Santiesteban | 11/03/2009 9:06
SEÑORES PASAJEROS, LA ISLA Cubana les anuncia que su vuelo número “cincuenta” continuará viaje al mando del copiloto de la nave por encontrarse afectado el comandante. El posible aterrizaje previsto por algunos especialistas, pasajeros y otros que esperaban en algunas terminales distantes, no podrán ser atendidos por el momento. Tampoco habrá escala técnica ni de abastecimiento. Pedimos que abrochen sus cinturones, cruzaremos por otra violenta zona de nubosidad, posibles huracanes, virajes forzosos, escaramuzas hacia la derecha, pero a continuación se harán nuevamente, giros violentos hacia la extrema izquierda, por ende, las respectivas consecuencias agónicas que no por reiteradas crean hábito en los pasajeros. De inmediato queda suspendida la entrega de alimentos. Por favor, tengan a mano las bolsas para las nauseas, y si llegara a ser necesario, compartan las máscaras de oxígeno.
No se asusten si en algún intervalo escuchan apagados los motores, la intención es lograr economía de combustible y poder alcanzar un destino posible, por lo que comenzará a subir la temperatura. Descenderemos a baja altura por si fuera ineludible un aterrizaje forzoso para el ingreso y salvación del jefe de la nave. Estaremos a la espera de la Torre de Control para el anuncio de un cambio de trayectoria, quizá de regreso a nuestro punto de partida.
Desde este momento no está permitido fumar, levantarse de sus asientos, ingerir alimentos ni bebidas, hablar con sus compañeros de viaje, pronunciar palabras derrotistas, llamar a familiares o utilizar Internet. Los tripulantes estarán atentos a la necesidad que se presente y así lograr la mejor conducción por el camino correcto.
Les rogamos que acepten nuestras disculpas por los posibles malestares que podamos ocasionarles.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 13/03/2009 6:53
100 maneras de decir: exilio
Ángel Santiesteban | 09/03/2009 10:42
Y RECUERDO QUE FUE ASÍ, Te lo asegura uno de los hijos que nadie quiso, me dijo el balsero: primero es una idea vaga, lejana, que toma fuerza en sueños, palabras no premeditadas, acciones, una chispa apenas perceptible que crece, comienza a hacerse notar, algo caliente que te obliga a pensar de otro modo, te amarga, nada te parece bien, lo criticas todo, te angustias, todavía sin saber en realidad qué es exactamente, y tienes descomposición de estómago, vómitos, fiebre, nauseas, acidez, los mismos síntomas de las embarazadas, pero con la diferencia del odio que sientes hacia el monstruo que se te va creando dentro, sin poderlo detener, y hacia ti mismo por ser el creador.
Hasta que llega la crisis del no aguanto más, y dices en cien maneras diferentes la dolorosa decisión: Hasta aquí las clases, Me voy, Me largo, Brinco el charco, Me tiro, Al Norte, Voy tumbando, Pa fuera, Adiós, Lolita de mi vida, Parto, Completo Camagüey, Rajo, Abre que voy, Ojos que me verán ir, jamás me verán volver, Para luego es tarde, Como una veleta, Abandono el juego, Boto, Pa la poma, Montaré el tubo, Zafo, El manisero se va, Pelo suelto y carretera, Tumbo catao, Me echo a la mar, Al yelo, Barco parado no gana flete, Fastear, Malecón y 90, Voy quitao, Rompo el corojo, Como una tapa de lata, Hasta Santiago a pie, Con un cohete en el culo, Pongo pies en polvorosa, Me esfumo, Paticas pa qué te quiero, Abre camino, El último tren, San Blas: el que come y se va, Me evaporo, Voy abajo, La güagüita de San Fernando: un rato a pie y otro caminando, Me soplo, Paso doble, Bato las alas, Tumbo la mula, Hasta la vista, baby, Voy echando humo, Con el carcañal pegándome en la cabeza, Chillo goma, Me evaporo, Chancleteando, Aguántate de la brocha que me llevo la escalera, Voy volao, Emigro, No se me verán los pies, Me salgo, La peste el último, Voy a tomarme la Coca Cola del olvido, Me mudo, Paso a mejor vida, Como alma en pena que se lleva el diablo, Quemo el tenis, Daré el salto, Voy quintiao, Me piro, Me voy con los malos, Recoge la maleta y el bastón, Vuelo el caballo, Echo un pie, Andarín Carvajal, Me puse las pilas, Andando se quita el frío, Pa la yuma, Voy en bora, Ajilo, carajo, Voy que chiflo, Use tenis Tortoló, Alzo el vuelo como Matías Pérez, Voy soplao, Caminito del guaimaral, Me salgo del plante, Acomódate, que el viaje es largo, Tunturuntu, Aprieto el culo y le doy a los pedales, Me bajo, Al carajo albañiles, que se acabó la mezcla, Como bola por tronera, Voy que jodo, Rompo el cuentamilla, Me voy para el monstruo, Levanto el vuelo, El perro tiene cuatro patas y emprende un solo camino, Se va del parque, Pongo la quinta, Voy para los Amarillos de la costa, Quemo las naves, Me tiro la toalla, Hago las maletas, Voy pa el frente, Pincho el caballo, Que el último apague el Morro, Me voy como un volador de a peso, Tumbantonio, A bolina, Me libré, Huye pan, que te coge el diente, Hasta más ver, Escapo como Skipy, Viento en popa, Me voy a pique, Abriré una raya, Me voy al carajo, Al yanqui, Pa el gringo, Vuelo supersónico, Me afeitaré con Gillette, Espanto la mula, Me lanzo, Voy fugao, Alantifá, Se los dejo en los callos, Me desaparezco, Fuera de juego, ¡Y me cago en el coño de mi madre!; de pronto, esa idea se convierte en lo más importante de tu vida, en la meta a alcanzar por sobre todas las cosas. Vas a encontrar miles de obstáculos que te amenazan con cárcel, muerte, sufrimiento, pero ya nada te va a importar, ni siquiera tu propia vida, porque echarla al mar, a la pura suerte, para luego encontrarte a oscuras en aquel plato inacabable, sin bordes, dentro de esa boca de lobo que amenaza con tragarte.
Es una locura. Pero nada te detendrá.
Enlace permanente | Publicado en: Los hijos que nadie quiso | Actualizado 13/03/2009 6:54
[« Anterior][1][...][12][13][14][15][16][17][Siguiente »]









![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.cubaencuentro.com/angel-santiesteban/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros] Dichosos los que lloran](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros/dichosos-los-que-lloran/1354448-1-esl-ES/dichosos-los-que-lloran_small.jpg)
![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.cubaencuentro.com/angel-santiesteban/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros] Los hijos que nadie quiso](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros/los-hijos-que-nadie-quiso/1354514-1-esl-ES/los-hijos-que-nadie-quiso_small.jpg)
![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.cubaencuentro.com/angel-santiesteban/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros] Sur: latitud 13](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso/libros/sur-latitud-13/1354521-2-esl-ES/sur-latitud-13_small.jpg)
