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Realidad y pasado I

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AP

DESDE LA NIÑEZ NOS SENTARON Frente al televisor para cocinarnos con imágenes negativas de tiempos pasados. Nos repetían diariamente qué estaba bien y qué estaba mal, qué se debía hacer y qué no; y llegamos a la juventud odiando aquel animado con los personajes: “Sí se puede y No se puede”. Nos aburrimos de tantos mensajes codificados. Ya habíamos crecido, pero insistían en darnos la comida con cucharaditas. Tantos años de permanencia con los ojos vendados nos ayudaron a caminar en la oscuridad, a encontrar el concepto de la equidad y de nuestros derechos.

Después que llegamos a esa definición, la discutí varias veces con mis amigos y con mi profesor de historia, comprendí que a nuestra generación no le hacían falta aquellas imágenes negativas con las que nos cocinaron.

Tenemos las nuestras, pero que ignoramos cuando sucedieron –le dije en aquella última clase antes que me expulsaran de la escuela–. Desde que tengo uso de razón recuerdo las imágenes que nos hacían rechazar el pasado; pero, a semejanza de esas imágenes que tanto nos aburrieron –dije olvidándome del lugar, del sistema en que vivía y de los alumnos extremistas que observaban sin poder creerlo–, por ejemplo, la de aquellos niños descalzos que jugaban en callejones insalubres, yo tengo la de otros niños de mi tiempo que tampoco tenían zapatos para ir a la escuela ni dinero para comprar merienda, ni desayuno en el estómago.

En mi memoria guardo las terribles fotografías gastadas por el tiempo: los enfermos mentales de Mazorra que encerraban desnudos en celdas de castigo donde no penetraba la luz y la oscuridad de tantos días los hacía perderse en el delirio de su locura; a cambio, ahora, tengo la imagen presente, diaria, de la caída de un hombre al vacío, la experiencia del recluso dentro de su celda de castigo: el chinchorro, perdido también en la oscuridad y el hambre formando parte de la generación de hijos que nadie quiso, como le había sucedido a mi padre, cuando se negó a pertenecer a cualquiera de las organizaciones revolucionarias que organizaba el nuevo sistema.



La diferencia de estar preso en Estados Unidos o en las cárceles de Cuba

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Reuters

RECIENTEMENTE EL MINISTRO DE ASUNTOS Exteriores del Estado Español, Miguel Ángel Moratinos, recibió en Madrid a las esposas de dos, de los cinco espías cubanos presos en Estados Unidos.

Desde la sede de la Cancillería, el titular de Exteriores “sensibilizado”, se comprometió para colaborar, intervenir ante las autoridades norteamericanas, con el propósito de lograr el visado y que pudieran visitar a sus esposos.

Me resultaría un gesto sensible de parte del funcionario español, si días antes, cuando visitara Cuba, no se hubiera negado a entrevistarse con las Damas de Blanco, esposas también de otros presos, pero encarcelados dentro de la Isla, que fueron sancionados sin haber espiado a ningún gobierno, salvo trabajar en aras de sus ideas políticas. Y que no tenía otra intención por parte del Gobierno cubano que tener la posibilidad de canje, hacer en el futuro un intercambio de reos; un burdo ardid, un rejuego político con seres humanos.

Mi pregunta es qué diferencia hay entre las esposas recibidas con solemnidad y las esposas despreciadas. ¿Qué contradicción existe entre unos presos en Estados Unidos y otros en Cuba? Al menos las esposas de los cinco espías no han sido golpeadas en plena vía pública, arrastradas, humilladas, como en varias ocasiones han hecho con las Damas de Blanco.

Me encontraba en Kentucky, Estados Unidos, cuando fue apresada la red espía. Más de la mitad confesaron y se acogieron a las leyes norteamericanas para recibir condenas menores (por supuesto, esos dejaron de ser hijos de la Patria); tampoco critico a los otros cinco que decidieron mantenerse con sus ideales; pero siempre que lo recuerdo me resulta ridículo, mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba negaba cualquier contacto con los implicados, ni actos de espionaje, entre tanto, en la televisión norteamericana exponían cómo fueron sorprendidos a través de cámaras ocultas, dejando mensajes en baños públicos (qué dirán los que también dejan mensajes en los baños de la heladería Coppelia, cine Payret o en las terminales de ómnibus).

En los cincuenta años de socialismo recordamos decenas de grandes campañas ideológicas, al menos aprendimos que, además de servir de entretenimiento, es la vía para inyectar aliento y garantizar el papel de victima de la Revolución, para sólo citar algunas: la Campaña de Alfabetización, la Reforma Agraria, Los Diez Millones, las Guerras en África (la cuenta del gran despilfarro llegó con el nombre de Período Especial), los millones que se gastaron para que nos regresaran al niño Elián (cuando en el hospital materno de al lado de mi casa las madres y recién nacidos morían diariamente por contagio de estafilococos en el salón de parto). Ahora es el Regreso de los Cinco. A veces pienso, como nos hemos acostumbrado a seguir la zanahoria ideológica, y olvidamos que los seres humanos son lo importante. Cuando los cinco espías sean liberados, vendrá otra gran campaña política. Siempre habrá alguna.

Lo cierto es que en la actualidad, de las “arcas del Estado”, que no es más que el dinero que produce el pueblo hambriento, se destinan millones de dólares para garantizar la campaña por la “liberación de sus soldados presos”. Con tal menester, mueven a sus esposas, hijos, madres y demás familiares por el mundo para buscar apoyo hacia su causa, y crean comité de solidaridad en cada país que se presente la oportunidad.

El Estado cubano se llena la boca de exigir que liberen a sus espías, pero jamás pronuncian qué harán con las decenas de presos políticos que existen en las cárceles cubanas. Quizá yo me haga eco de la liberación de aquellos cubanos en Estados Unidos, u otros que existan en cualquier parte del mundo, cuando en Cuba no haya un preso por su pensar político.

No sé si es un acto de soberbia, brutalidad o desvergüenza, que un Gobierno, sin antes haber liberado a sus Presos de Conciencia, demande a otro para que sean liberados sus Espías.



La Y de la Generación

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Imagen: Generación Y

CUANDO ME FRACTURARON EL Brazo me negué a escribir sobre lo ocurrido para no prestarme a un show fuera del campo intelectual; ser tema de escándalo jamás ha sido mi propósito. Muchos, hasta yo, para ser totalmente transparente, pusieron en duda que se tratara de un mecanismo represivo; pero los hechos mostraban a las claras que era la única posibilidad. Sentí vergüenza ajena por aquellos que dieron la orden de presionarme a cualquier costo, así revaloraría mi reciente incursión como bloguero, máxime que por esos días cuestioné una gestión del Instituto Cubano del Libro a una Feria en México, por lo que al recibir respuestas públicas de sus funcionarios y acólitos, hice réplicas, un hecho inaceptable, sentaba un precedente peligroso para la férrea disciplina social e intelectual exigida en los cincuenta años del sistema.

Callé. Quise ser “caballeroso” con mis agresores que preocupados y con desespero comenzaron a hurgar en mi vida (de la cual no oculto nada), y las de mis amigos (de las que no debo disponer), y uno de ellos fue detenido por doce horas, sin alimentación, y con el único objetivo de saber datos sobre mi persona: ¿extranjeros visitan su casa?, ¿dónde se conecta a internet?, ¿recibe dinero foráneo?, etc. Finalmente le propusieron a mi amigo que me espiara. Y todo lo hacían respondiendo a una supuesta “investigación”, a petición de altas instancias culturales. La respuesta de la pesquisa fue la esperada: los “asaltantes” no tenían nada que ver con la Maquinaria Estatal. No hay que ser astuto para adivinar que jamás reconocerían el procedimiento violento, ni otros que los demeriten. Imponen que su imagen ante el cielo y el mundo sea impoluta. Pero en Cuba se cultiva la mala memoria. Es conveniente para llegar a “viejo considerado”, y sé de muchos que comenzaron a repetir como papagayos la versión determinada por los “investigadores”.

Hace pocos días los ocupantes de un auto con chapa particular interceptaron a Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo que se dirigían a una Marcha Pacífica, “ironía de la vida”, luego escribiría ella en el post para su blog Generación Y. Se negaron a acompañarlos, exigieron una orden escrita que autorizara la detención. Los hombres llamaron a sus superiores, y recibieron el mandato de violencia extrema. A golpes de artes marciales y llaves de inmovilización, fueron salvajemente introducidos sobre el asiento trasero, entre los gritos de Yoani a los transeúntes de que eran secuestrados por esos desconocidos. Entonces se descubrieron, sacaron el carnet que los identificaba como miembros de la Seguridad del Estado y gritaron que los detenidos eran contrarrevolucionarios. Cuando lograron paralizarlos con una rodilla encajada en el esternón, fueron golpeados por los riñones mientras le gritaban que “ya no iban a joder más”. El viaje se hizo largo, el calor y la falta de aire anunciaba lo peor. Hasta, quizá por una contraorden, los abandonaron en un lugar distante de la ciudad. Esta fue la forma de impedir que no participaran en la Marcha.

Tirados en plena calle, Yoani y Orlando Luis se abrazaron desolados. Ella pensaba cómo explicarle a su hijo que en el país donde nació no existían los más mínimos derechos. ¿Cómo explicarle la golpiza, y nada menos que por instancias oficiales?

Me lacera pensar que en medio de aquel desespero y dolor por los golpes, la pasión de madre superara los contratiempos y pensara en la explicación que le daría a su hijo. También, ese recato femenino de acentuarme en dos ocasiones que en el forcejeo, se avergonzaba de que la saya estuviera fuera de lugar y permitiera ver su ropa interior.

Seguramente que los “ingenuos” que repiten como loros para justificar los desmanes del sistema, ante esta última incursión de violencia, repetirán que el mal funcionamiento de los riñones y hematomas en el rostro de los agredidos, fueron recibidas mientras se transportaban en los escasos y abarrotados ómnibus de la ciudad.



Yoani, otra de las hijas que nadie quiere

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Claudio Fuentes Madam

DE YOANI SÁNCHEZ ESCUCHÉ HABLAR Cuando una extranjera me preguntó por ella. Levanté los hombros, no tenía idea qué era un blog y quiénes lo escribían. La visitante explicó la importancia de sus post, que describían la realidad cubana. Luego, en un viaje al extranjero, busqué su Generación Y, leí con placer y orgullo.

Al regreso una amiga común nos presentó. Creo que nació una amistad, y luego, conocí a Reinaldo Escobar, y su blog: Desde aquí, me resultaba osada, interesante y simpática la respuesta que le diera al Presidente Fidel Castro por comentar despectivamente sobre Yoani, y él como marido (al estilo cubano), tenía la obligación de salir en su defensa.

Cuando ocurrió la fractura en mi brazo, ellos fueron de los primeros solidarizados que acudieron a mi casa. Conversamos y coincidimos que el desagradable incidente se les había ido de la mano a los “enviados”. Yoani y Reinaldo me brindaron su incondicional apoyo y pidieron que sus nombres estuvieran en la carta que el escritor Amir Valle convocó en protesta por la golpiza.

El trabajo de Yoani ha sido incesante. Se ha convertido en el paradigma de los nuevos blogueros, no por su fama y los premios, sino por su tenacidad, su entrega total a despertar conciencia real del día a día de los que habitan esta Isla. El reconocimiento internacional llegó con el premio Ortega y Gasset, de periodismo digital, que otorga el diario español El País. También ha recibido los premios Bitácoras, BOBS. La revista Time la nombra en 2008, dentro de las “Cien personalidades más influyentes del mundo”. El premio Camino de Libertad, México, le otorga el tercer lugar por su ensayo “La libertad como forma de pago”. La Universidad de Columbia, en su concurso María Moors Cabot, le otorga Mención Especial; y recientemente, la Fundación Panamericana para el Desarrollo, le concedió el premio Héroes del Hemisferio.

Me sobrecoge pensar cómo el arma de la palabra llega a ser tan temida por el sistema político que impera en Cuba. Esa combinación de verdad y talento es más mortífera que una bomba de coctel Molotov. Una mujer menuda, con su ingenio, inteligencia y valentía, pone en jaque a la mal llamada “Revolución”, que por cincuenta años ha sido la maquinaría perfecta para disminuir la capacidad de las personas cuando son contrarias a su ideología, o sus beneficios.

Cada vez que le nieguen la salida del país a Yoani Sánchez, es prueba de que vivimos en un sistema indefendible, violador de los derechos legítimos del ser humano. En cada ocasión que desaprueben su salida, los que dirigen el país, se echan encima un balde de excreta. Mientras, Yoani Sánchez (otra de las hijas que nadie quiere), se crece ante cada dificultad, se ríe, soporta, sufre y disfruta, su incesante labor de comunicadora.

Cuando tenía terminado este post, me llamó una amiga para avisarme que Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo, en plena calle, fueron amenazados y golpeados hasta introducirlos dentro de un auto negro de fabricación China. Después los tiraron en algún punto de La Habana.

Mi amiga pedía que abandonara la casa y me ocultara en alguna parte de la ciudad que no pudiera ser encontrado. Se temía por una represalia contra los blogueros. Apenas tomé mi cámara fotográfica y la memoria flash donde guardo lo más preciado: mi literatura y el trabajo del blog. Salí a la calle sin rumbo fijo. Cuando me había alejado, busqué un teléfono, necesité llamar a Yoani. Una señora me dijo que estaba para el hospital.

Por favor, dígale que Ángel Santiesteban está con ella.



Los retoños contra el Patriarca + up date

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Hambre. A. Santiesteban

EL PASADO JUEVES 22 DE OCTUBRE LOS Estudiantes becados del Instituto Superior de Arte (ISA), cuando se encontraban en el comedor, comprendieron que lentamente morían de hambre: un ínfimo picadillo de proteína vegetal, cuatro cucharadas de arroz, y un innovado potaje de una sobra de sopa y chícharos de días anteriores (todo mezclado, como dijera el poeta Nicolás Guillén, y que otro interpretara mal, en este caso el cocinero de la escuela), les hizo decidir a los alumnos, en principio, protestar artísticamente, y sobre las mesas, con cucharas y vasos, improvisaron una conga de “está bueno ya”, “se acabó el abuso” (igual que dijera en días anteriores el talentoso J. Formell en el famoso concierto por la “paz”). La adrenalina, el voraz apetito y las ganas de hacer arte, pero no debilitado como sus cuerpos, comenzaron a subir el tono, y como siempre sucede (Praga 1968, Plaza de Tlatelolco, México 1968, Plaza Tiananmen 1989), una pequeña ola de jóvenes, se fue convirtiendo en tsunami. Ahora, en plena Cuba Socialista, las voces se sumaron, y el gran coro retumbó dentro de las paredes, y salieron a recorrer los pasillos de la escuela.

Esperanza. A. Santiesteban

El Rector, pidió conversar con los sublevados en el teatro. Después que los jóvenes debatieran si aceptaban o no, optaron por conversar. El Rector, luego de escuchar a sus educandos la pésima vida a la que sobrevivían “por el amor al arte”, explicó que no estaba a su alcance resolver las mejoras, y se justificó con el bloqueo, y la crisis económica mundial, y todo lo que encontró que le sirviera de comodín para escapar ileso de aquel motín y lograr detenerlo. Al final, como último recurso, advirtió que después podían pesarles sus posturas y acciones. Demandaba que no se excedieran.

La pintura como arma. A. Santiesteban

Los discípulos insatisfechos por las justificaciones del Rector, y conociendo la asonada en la universidad de Santiago de Cuba en aquel, casualmente otoño, octubre del 2006, en la que luego de asegurarles que las cosas cambiarían, expulsaron a la mayoría de los que protestaron; para que no sucediera lo mismo, los alumnos del ISA, decidieron convocar a una revuelta para el día siguiente. Alrededor de 130 educandos (10 % de la matrícula general, y el 50 % de los becados, que son los más afectados). Su insatisfacción la expresaron a través del arte en la explanada de la escuela: disfraces, cantos, dibujos, poesía, teatro.

Los jóvenes dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y los de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), hicieron esfuerzos por detenerlos.

A partir de entonces se sabe de la visita a la escuela de dirigentes políticos, y los que llegaron en algunas motos chinas con pelado militar.

En los tres primeros días pusieron luces en los pasillos de la escuela. Mejoraron el almuerzo, aunque no así la comida. Y esperan. Se mantienen atentos a cada movimiento de la Dirección de la escuela. Esos jóvenes artistas ahora están preocupados de que haya represalia.

Performance en el ISA. A. Santiesteban

Pero de algo sí están seguros, me dijeron, si afectan a uno de nosotros, nos plantamos en huelga de hambre.

Mientras se espera, continúa la larga marcha.

up date:

Aquí los pie de foto que explican lo sucedido en el amotinamiento de los estudiantes del ISA.

Las fotos han sido tomadas por Ángel Santiesteban, por lo que rogamos se cite al autor en caso de reproducirlas

Comienza el motín artistico con música. AS

El rector apunta sus cañones. AS

El enfado de la dirección de la escuela

Los dirigentes políticos le temen a las cámaras. AS

Los dirigentes trazan estrategias para contrarrestar el motín. AS

El motín toma fuerza. AS

La casa como prisión. AS



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Sobre este blog

Literatura, sociedad, cultura

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Autor: Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

La Habana 1966. Ha obtenido premios muy importantes dentro de la literatura cubana. Reside en Cuba.

loshijosquenadiequisoblog@gmail.com

 

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