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Obama, Guantánamo y Radio Martí

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Se ha puesto de moda hablar o escribir sobre Radio Martí, particularmente en negativo. Algo tiene que ver esto con la ascensión de Barack Obama y el hecho de que el nuevo presidente encarne el cambio. En un cuestionario que le enviara la Fundación Nacional Cubano Americana durante el proceso de primarias, el antiguo senador por Illinois matizaba así su apoyo a la continuidad del proyecto:

“Apoyo a Radio Martí, pero he votado en contra de Televisión Martí. El proyecto de Televisión Martí, financiado por el gobierno de los Estados Unidos, trata de transmitir noticias televisivas y programas culturales a Cuba, pero desgraciadamente el gobierno cubano interfiere la señal; además, no suministra noticias e información objetivas a Cuba”.

Da la casualidad que por estos días, en los que algunos piden el traslado de la emisora a Washington –todavía no entiendo muy bien por qué-, o su definitivo cierre, un lector al tanto del post Para entrar por la bahía me hacía la siguiente pregunta:

“¿No cree usted que precisamente la Base Naval de Guantánamo sería el sitio perfecto para mudar a Radio Martí? Si yo estuviera al frente no dudaría en proponérselo a Obama, junto al resto del paquete. Así el gobierno federal se ahorra dinero y la señal llega mucho más nítida, desde el propio territorio cubano. En Guantánamo no sólo levantaríamos casas, restaurantes y hoteles, sino también un ejemplo para el resto del mundo de lo que puede ser una Cuba democrática. Como usted decía, Obama va a cerrar un símbolo negativo, ¿no lo empujaría su naturaleza, tan políticamente correcta, a aceptar que los cubanos construyamos un símbolo de la libertad y el esfuerzo común, es decir, un símbolo positivo, en ese mismo lugar? ¿No sería un negocio redondo para él, tan habituado a los golpes de efecto?”.

Da la casualidad que también el tema de Guantánamo está de moda, mucho más tras el anuncio del cuadragésimo cuarto presidente de que los terroristas allí detenidos serán trasladados a otros sitios, y se revisarán sus expedientes, en el plazo de un año. Lo cierto es que, le decía al lector de marras, primero tienen que ponerse de acuerdo los cubanos del exilio, y halar parejo –cosa minuciosamente improbable-, para después intentar convencer a Washington de que les permita entrar por la bahía. De que les permita entrar, establecerse y transmitir desde allí al resto de Cuba, con menos costos y más eficacia, la señal de Radio y Televisión Martí.

El plazo es de un año, y ya se ha perdido un tiempo precioso. En cualquier caso todavía avanzan, inexorables, las manecillas del reloj.



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El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
letrademolde@gmail.com

 

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