Actualizado: 23/03/2017 10:50
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Machado, Machadato, Historia

Arsenio Ortiz, el Chacal de Oriente

Para calmar la situación política en su contra, Machado envió a Ortiz a Alemania, desde donde posteriormente el cubano viajaría a República Dominicana, al abrigo de Trujillo

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La esposa del magistrado Echavarría pegó un grito de espanto al descorrer las cortinas de su ventana en una clara mañana del quehacer santiaguero, y observar a un hombre colgado de uno de los enormes algarrobos que crecían frente a su casa. Llamó a su esposo inmediatamente, el cual terminaba de hacer sus aseos en el baño.

—Mira Luis, cómo ese hombre ha elegido el frente de nuestra casa para ahorcarse, ¡mi Dios qué horror!

El magistrado una vez verificado el anuncio de su esposa, tomó el teléfono y llamó a la policía, informándole de lo acontecido y solicitando lo antes posible, se retirase aquel cuerpo que balanceándose al compás de la brisa matinal y la inclinación de la rama de donde pendía, parecía columpiarse como en un juego de niños.

Veinte minutos más tarde, un teniente de la policía tocaba el timbre de la bella residencia, situada en el lujoso reparto Vista Alegre donde residía el presidente del tribunal santiaguero, para informarle que ya el macabro hallazgo matutino se había retirado e incluso identificado. Se trataba del célebre delincuente Babosa, atrapado anoche por el bien conocido Comandante Ortiz. Un estremecimiento interior recorrió todo el cuerpo del magistrado al escuchar aquel apellido. Recientemente él personalmente se había quejado con el general Machado, protector del ya famoso Arsenio Ortiz, alias el Chacal de Oriente, por sus “personales acciones justicieras”, obviando los procedimientos judiciales establecidos. No le fue difícil al magistrado interpretar aquella acción de Ortiz, como un aviso significativo de que su poder rebasaba las leyes establecidas, y que todo aquel que se le enfrentara podría correr una suerte similar. Recordaba el impartidor de la justicia, como en 1912 ante una rebelión de la raza negra, el otrora capitán Ortiz entró a Santiago de Cuba con 40 orejas de negros en una cesta, siendo aún entonces poco conocido, el flamante teniente en Oriente.

Procedente de Holguín, donde ya era famoso por sus desmanes, el teniente Arsenio Ortiz fue designado por Machado como supervisor del Ejército en Santiago de Cuba, en aras de prevenir posibles alzamientos en su contra. Su nombramiento fue posterior al asesinato en un atentado, del anterior supervisor el capitán Calvo.

Estableció Ortiz su residencia en una casona en las afueras de Santiago de Cuba, colíndate con el barrio de Santa Bárbara, situada en una pequeña elevación cerca del campo de tiro y el rio San Juan, en la localidad de Santa Elena. Quizás por la cercanía de su casa frecuentaba este campo de entrenamiento y dicen poseía una puntería envidiable, tirando incluso monedas al aire a las cuales les pegaba en el mismo centro. Desde allí podía divisar gran parte de la ciudad como su feudo, y temprano en las mañanas bajaba en su mula por un viejo trillo llamado Madre Vieja, que lo conducía directamente al Cuartel Moncada. Al costado de su casa había una cueva, que muchos decían guardaba los restos de delincuentes y jóvenes opositores al gobierno de Machado, así como también la famosa Loma Colorada, fue uno de sus lugares favoritos para ejecutar a sus víctimas. Ortiz también fue objeto de un atentado del cual salió ileso, no así su chofer que resultó herido. El comandante pudo herir a su vez a uno de los atacantes que después que lo llevaron a curar al hospital, desapareció por arte de magia, encontrándosele al siguiente día, en la ya famosa Loma de Las Coloradas.

Ortiz llegó a Santiago de Cuba en 1930, además de por sus ejecuciones, se caracterizó por extorsionar a los comerciantes y los prostíbulos. Cuenta Herminia, la Camagüeyana, entonces prostituta que trabajaba para la casa de Amalia Sánchez en la calle Trocha, que un día llegó Arsenio Ortiz y la matrona la obligó a salir con él y sus secuaces, pues Ortiz tenía ya fijación con ella. Bebiendo en un bar, Arsenio mandó a agarrar a un dependiente apodado el Galleguito, lo montaron en uno de los autos y salieron todos, incluidas otras prostitutas que antes se habían sumado al cortejo, para Las Coloradas, donde delante de todos ellos lo mandó a ahorcar, sin tener la más mínima consideración por los gritos de aquel infeliz pidiendo clemencia. Después se fueron a divertir para una finca comiendo “macho asado” y bebiendo hasta el amanecer.

Pero una de sus grandes hazañas fue la captura y ejecución del famoso bandolero Varela, algo menos conocido que el rey de los campos de Cuba, Manuel García. Procedente de la Guardia Rural, Varela se alzó y comenzó a cometer sus fechorías, ganándose el mérito del inatrapable. Conociendo Ortiz que un tal Panchín Balart era su compadre, y que tenían una finca en común cerca de la playa de Caletón, al oeste de Santiago, conminó a éste a que lo ayudara a atrapar a Varela, a cambio de no hacerle daño a su familia. Así fue como una noche dormido Varela en una hamaca, lo sorprendieron propinándole un acertado golpe en la cabeza, con un madero de pilonar el café, y al caer lo acribillaron a balazos.

Arsenio Ortiz se casó joven y tuvo tres hijos, dos hembras y un varón, este último llevó su mismo nombre, y se dice que llegó a ser comandante como su padre en Las Palmas de Gran Canaria, sirviéndole al régimen de Franco. Su esposa murió con solo 40 años. Tuvo también una hija fuera de matrimonio que habitó muchos años cerca de Los Caballitos, en Madre Vieja. Poco se conoce sobre la vida de sus hijas que no lo acompañaron en 1933, cuando Machado lo envío a Alemania para refrescar los ánimos políticos en su contra. Su otrora casona quedó en manos de sus hijos que la vendieron a un tal Camilo González, quien era propietario de otra finca colindante. De Alemania, Ortiz se fue a República Dominicana al abrigo de Trujillo, para el cual trabajó también como oficial del ejército hasta su muerte en 1949.Tuvo la oportunidad en esos años de confabularse con el famoso gigolo dominicano Porfirio Rubirosa, al cual le enseñó el arte de como deshacerse de algunos personajes no agradables para Trujillo. Rubirosa como sabemos estuvo vinculado con nuestra historia, al sorprenderlo la victoria castrista en 1959, siendo embajador de la República Dominicana en nuestro país.

El autor de estas notas siendo un niño, convenció un día a su amigo Ñemo de visitar la famosa cueva al costado de la casona de Ortiz —rodeada de un halo de misterio y de la cual se conocían tantas anécdotas—. A pesar del miedo que nos hacía salir los corazones, escalamos el pequeño promontorio que llevaba a la entrada de la cueva. En un acto de pura valentía infantil, y en aras de convertirnos en héroes, con el objetivo de dilucidar para la historia el misterio de aquel lugar, entramos llenos de coraje, hallando solamente tres iguanas que desaparecieron con nuestra presencia. Desde aquel día fuimos el orgullo del barrio, al demostrarles a todos, que allí no había ningún resto mortal, ni fantasmas que temer.


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