Actualizado: 23/08/2017 14:28
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Moncada, 26 de Julio, Asalto

El Moncada, Mencia y Albentosa

Versiones y diversiones entre el asalto y la gesta del Moncada

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A medida que se desplaza la flecha del tiempo, el nacimiento de la revolución cubana da menos de qué hablar y mucho menos despierta interés. Así y todo no dejan de circular la historia mínima errónea, la historicidad más falsa que un billete de tres dólares y hasta el obituario descuidado, que abren espacio a la revisión crítica.

El 8 de abril de este año, por ejemplo, Cubadebate expresó su ignorancia castrista en el obituario del moncadista Guillermo Elizalde, de quien afirmó: “Estuvo entre los asaltantes al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. No fue juzgado por los hechos”. Tras tomar parte en el asalto, Elizalde fue detenido por una patrulla en la Casa de Socorro de la Calle Trocha y acabó siendo juzgado, pero salió absuelto. Sobre todo, porque Fidel Castro, al ser interrogado como testigo por el abogado defensor Andrés Silva Adán, negó que Elizalde perteneciera a su movimiento.

El 12 de junio pasado, Granma notificó la muerte del “participante en la gesta del Moncada” Ángel Emilio Albentosa Chacón (1920-2017). Sin advertir la sutileza historiográfica del periodismo castrista, medios dizque bien diferenciados de Granma cambiaron gesta por asalto. El diario hecho en Cuba 14yMedio repicó un cable de la agencia EFE sobre Albentosa como “participante junto al líder de la Revolución Fidel Castro en el asalto al cuartel Moncada”. El Diario de Cuba hecho en España expuso más su ignorancia anticastrista con que Albentosa fue “participante en el fallido asalto al Cuartel Moncada”. Y así por el estilo, la blogósfera del anticastrismo tardío sepultó la clave histórica de que Albentosa sí participó en la gesta del Moncada, pero no en el asalto.

Versión canónica

Mario Mencia relata que, a poco de salir de la Granjita Siboney rumbo al cuartel Moncada, el auto de Boris Luis Santa Coloma se ponchó y Ernesto Tizol, que venía detrás, se detuvo a recoger a Santa Coloma y Vicente Chávez. A continuación, Ulises Sarmiento y Gerardo Sosa subieron al auto de Oscar Alcalde, “del cual se bajó (sic) “Maffut (sic) y otro más. De esta manera quedaron allí, en la carretera, Orbeín Hernández, Manuel Suardíaz, Maffut y un cuarto hombre aún no identificado” (1).

Alcalde trasladaba a los cuatro integrantes de la célula del movimiento de Castro en el barrio Poey (Arroyo Apolo): Armando Mestre, Juan Almeida, Albentosa y “otro joven llamado Moisés Maffut (sic)”, como refiere Marta Rojas sin aclarar que era el jefe de la célula (2). Si sólo Alcalde, Almeida y Mestre fueron a juicio, el cuarto hombre sería Albentosa, pero esta deducción dista mucho de la certeza.

Nietzsche puntualizó en su crítica a la santa mentira que, para decirla con fines piadosos, se suele “olvidar el curso natural de las cosas” (3). Así sucede con Mencia. Mientras Santa Coloma y Chávez se apretujaron con los demás en el auto de Tizol, Mafut y Albentosa se habrían bajado del coche de Alcalde para ceder su participación en el asalto a Sarmiento y Sosa, que eran de otra célula. Mencia no procedió así tan sólo por piedad, para poner a la sombra historiográfica que Albentosa no participó en el asalto al Moncada, sino también con impiedad, para dejar fuera a Moisés “El Moro” Mafut (1922-2005), quien a diferencia de Albentosa cayó preso tras el triunfo de Castro y falleció en Miami.

¿Versión apócrifa?

Mafut salió de Cuba por el Mariel y en 1984 dio su testimonio al historiador Antonio de la Cova para su libro The Moncada Attack (Universidad de Carolina del Sur, 2007). El Moncada según Mafut no tiene cabida en la Biblia del castrismo, pero la veracidad se juzga por la lógica antes que por la militancia política. Mafut tiene mejor explicación que Mencia de por qué Albentosa no participó en el asalto.

“Cuando llegamos a Santiago, teníamos que ir a hospedarnos a Celda número 8, pero al no encontrar allí a Abel [Santamaría] nos pusimos a dar vuelta, pero como no nos convenía, Albentosa dijo: ‘Vamos para mi casa, que hace mucho tiempo no veo a mamá y voy a aprovechar que estoy aquí’. Nos llevó a la calle Bayamo 29 o 26, creo esquina San Agustín, estaba cerca del correo. Era una casa vieja. Allí estaba su madre Flora, una negra bajita, gorda, prieta, muy cariñosa; la hermana de ella, Teté: el hermano Vicente y otro hermano, Ñico. Esa mañana Flora se había caído en el baño y fracturado unas costillas. La habían llevado a la Clínica Los Ángeles, donde su sobrino, Chacón de apellido, era enfermero y la habían curado y vendado. Ella estaba acostada. Alcalde nos dejó allí y como a las siete se apareció Abel y nos recogió y llevó a Celda número 8. Albentosa nos dijo que fuéramos más tarde a buscarlo, que él se iba a quedar con la madre. No fue un acto de cobardía porque él no sabía lo que había planeado [Fidel Castro]. Allí [en Celda # 8] había otra gente, los colchones estaban tirados en el suelo, yo no vi catres allí. Almeida nos afeitó a todos los que querían con unas máquinas de afeitar que había allí; él era un tipo simpático y muy amigo mío. Como a las doce de la noche, vino Abel, nos recogió y llevó para Siboney”.

En sus memorias Juan Almeida borró por completo a Mafut, pero dejó bien sentado: “Salimos el 24 y llegamos el 25 por la tarde. Ya en Santiago de Cuba, fuimos a una casa en Bayamo No. 26, donde vivía Albentosa, un compañero también de Poey” (4). Otro participante en la gesta, pero no en el asalto, Manuel Suardíaz, confirmó a De la Cova en 1990 haberse quedado botado en la carretera con otros, pero a la pregunta de si “Moisés Mafut se quedó con ustedes”, respondió: “No, Moisés no se quedó. No me recuerdo de Moisés si estaba allí también”. Y mucho menos recuerda a Albentosa.

Mafut en el Moncada

“Cuando Alcalde para el carro, hacia la derecha, ya hacía rato que el tiroteo estaba andando. Mucha gente que habían dejado las máquinas corrían hacia atrás, pasándonos a nosotros. Yo me bajé a la derecha sobre una acera que va hasta [Avenida] Garzón. Mestre salió a la izquierda por atrás y Alcalde deja el timón y pasa por delante del carro. Almeida salió de atrás a la derecha sobre la acera. Nosotros seguimos a Alcalde hacia la posta 3, pero ya estaba formado el lío, y vemos que Fidel entra en una máquina, y en esa misma entramos nosotros. ‘Si tú te vas, cómo no me voy a ir yo’. Yo regresé en esa máquina, y no me acuerdo quien era el chofer. Ya habían pasado más de veinte minutos. Aquello no duró ni media hora. Yo no tiré ni un tiro. ¿A quién le iba a tirar? La posta estaba a una cuadra y media (…) La única máquina que vimos cerca fue esa, y en esa se metió Fidel, y no recuerdo quien venía manejando. Aquella máquina iba que era una salación, levantando mucho polvo.”

Tal es el testimonio de Mafut sobre su participación en el asalto al cuartel Moncada. Por causa de la estructura celular del movimiento de Castro, muchos moncadistas no se conocían entre sí. De ahí que Mafut no recordara al chofer Ricardo Santana, de la célula de Artemisa, pero sí la velocidad a que iba. En un libro de la Biblia del castrismo sobre el Moncada consta que en aquella máquina —un Studebaker 1952— iba también Alcalde, quien gritó a Santana: “¡Oye, frena, que si no nos han matado en el combate no es cosa de que tú nos mates corriendo como un loco!” (5)

Notas

(1) El grito del Moncada, Editora Política, 1986, Vol. 1-2, 542.

(2) “Armando Mestre, entre los primeros”, Granma, 18 de junio de 2013.

(3) La voluntad de poder, EDAF, 2009, 125. Mencia olvidó también que, en el curso natural de las cosas, que Alcalde no seguía a Tizol en la caravana. Detrás de Tizol venía Jesús “Chucho” Montané, quien se detuvo también a prestar ayuda a la gente de Santa Coloma en la cuneta. Así lo vio el desertor Ángel Díaz-Francisco, alias Patachula, desde su Oldsmobile 1950 al pasar por el lado.

(4) ¡Atención! ¡Recuento!, Ciencias Sociales, 1993, 66. En este libro Almeida no menciona más a Albentosa hasta la página 306, al verlo herido en Alegría de Pío.

(5) Centro de Estudio de Historia Militar (FAR): Moncada: la acción, Editora Política, 1981, Tomo 2, 151.


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