Actualizado: 23/03/2017 10:50
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Memorias de la Revolución, Beatles, Música

Encontrando a Los Beatles

CUBAENCUENTRO continúa esta sección, cuyo tema central es lo que se podría catalogar de “memorias de la revolución”

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“Toda la gente solitaria, ¿de dónde viene?
Toda la gente solitaria, ¿a dónde pertenece?”
Eleanor Rigby, por The Beatles

Es bueno ser parte de esa gente solitaria, de esa que sabe de dónde viene y a dónde pertenece. Es la gente simple salida de una adolescencia turbada por una súbita andanza en una sociedad que viene marcada por una revolución, donde la brusquedad y el asombro se ceban día a día. Eso eran aquellos tiempos cuando vimos venir una revolución con todos sus atributos y seguimos viviendo como si nada ocurriera. Gente solitaria siempre la hay, pero adolescentes tardíos caminando con una revolución en una jornada siempre incierta y sombría, es algo pavoroso y angustiante.

Era por aquellos días, recorriendo una adolescencia media con 16 años de edad, que comencé a estudiar en el instituto preuniversitario de la ciudad de Remedios, esto en la actual provincia central de Villa Clara. Me acompañaban años de malestar cuando ya había cursado, con no pocas dificultades, los tres años de la educación secundaria. En encuentro con esta nueva escuela, de conocida historia y bien asentada, pensaba que venía a solucionar tantas aversiones, tantas indisposiciones y tantos desaciertos. No fue así.

La llegada a este instituto viene de inmediato acompañada de una situación sorprendente e inquietante de acoso escolar, que comenzó con inesperados actos de bloqueo social para terminar en una situación de hostigamiento que rápidamente progresó hacia el desprecio la falta de respeto y la desconsideración; todo esto obra de una persona, mujer, escasamente agraciada y llena de rencor. No pudiendo establecerse mecanismos de autoestima propios, el resultado fue la soledad y el resentimiento.

En situaciones como esta se busca con afán nuevas consagraciones y nuevos amigos o amigas. Me dediqué por completo a leer todo lo que caía en mis manos en tanto que busqué y encontré, si no buenos amigos o amigas, al menos algunos que me proporcionaban algunas conversaciones ligeras pero agradables. El desprecio, la ridiculización, la burla y el menosprecio fue superado con resueltas conversaciones y amables gestos de los otros; decantado lo perverso solo había oportunidad para lo mejor y así fue.

Una tarde ya terminado el horario de clases conversé una vez más con mi condiscípulo cordial que llamábamos por sus apellidos, Gutiérrez Carballido. Era un joven muy delgado, de pelo muy negro y rizado, sobre lo largo para aquellos tiempos; y amable…, muy amable en su trato. Era de Camajuaní una ciudad cercana. Si bien era perspicaz en sus palabras y en ocasiones apelaba a la burla, era gentil en el trato. Ese día venía con un grueso folio que quería mostrarme.

¿Sabes de los Beatles? —Me preguntó de inmediato. —No —le respondí.

—Bueno, que va a saber un guajiro como tú. —Me dijo mientras mostraba una sonrisa franca.

—No tengo porque saber…, dime qué es.

—Los Beatles es un grupo musical de afuera, muy famosos. Me gusta mucho su música y como visten y llevan su pelo.

—¿Son americanos? —Le pregunté. —No, no, qué va, son ingleses.

—¿Entonces son algo así como Los Zafiros? —Le pregunté sin poder salir de mi ignorancia.

—No, estos son un cuarteto formado por un vocalista y guitarra, un bajo y vocalista, otro vocalista y guitarra solista, y un cuarto integrante que toca la batería y es también vocalista. —Todo esto me dijo para demostrar sus conocimientos de música. En resumen, me dijo, es un cuarteto que toca instrumentos y todos cantan.

—Ahora te voy a mostrar…

Fue en ese momento que echó mano a todas las libretas y recortes que traía y comenzó a mostrarme. Entonces fue que se abrió un mundo para mi inexistente. Tenía recortes sobre Los Beatles de revistas extranjeras en inglés y en español. Muchos de los recortes estaban pegados en una libreta escolar página por página. Me mostraba y leía algunos pies de fotos. Cuando terminó quedé sorprendido y entusiasmado.

Los Beatles era un grupo musical de rock, formado en Liverpool, Inglaterra, a comienzos de la década de los 60. Estaba integrado por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. Nada más sabíamos ni podíamos agregar a nuestros escasos conocimientos como no fuera que eran muy populares y que su música no se escuchaba en Cuba. Sobre este grupo el consagrado fan me mostraba todo su archivo.

La revolución cubana emergió en medio de una sociedad marcada por el rock de los 50 y la figura de Elvis Presley, muy conocido entre la juventud cubana. El giro dado por la revolución hacia el comunismo dogmático trajo como consecuencia que se excluyeran la interpretación y difusión de la música norteamericana, en particular el rock. Los escasos seguidores de la música norteamericana eran descalificados como, elvispreslianos, y podían ser objeto de tratos degradantes en el mejor de los casos. La música extranjera había sido desterrada de los medios, ni los corridos mexicanos se salvaron. En cambio aparecieron nuevos ritmos como el Mozambique y el Pilón, entre otros. Se volvía una y otra vez al feeling de los años 50. Los Zafiros fue un fenómeno que llegó a la popularidad para desaparecer rápidamente.

Los Zafiros fue un grupo de armonía vocal cubano creado en 1961, inspirado por grupos estadounidenses como The Platters. Este grupo formó parte de lo que se conoció en Cuba como el movimiento de filin o feeling y su música se constituyó a partir de una fusión de ritmos cubanos como el bolero, con doo-wop, baladas, R&B, calypso, Bossa Nova y el rock.[i]

Los Beatles eran parte de los grupos musicales excluidos y la interpretación, difusión o tenencia de su música en la Cuba de los 60 tenía una fuerte connotación política. Las personas que mostraran inclinación por este u otro grupo podían ser calificadas de desafectos, promotores del así llamado diversionismo ideológico y podían ser objetos de represalias y condenas.

Gutiérrez Carballido a su edad de adolescente y fanático de Los Beatles corría peligro si seguía mostrando su colección de fotos y recortes de periódicos y revistas sobre estos intérpretes ingleses que se hacían llamar Los Beatles.

—¿No has escuchado nada, pero nada de sus canciones? —Volvió a la carga Gutiérrez Carballido buscando convertirme en un fan de los Beatles en una sola lección.

—No, que voy a oír, si en la casa solo hay un viejo radio Zenit que hay que golpearlo para que sintonice.

—Pues mira aquí tengo una lista de sus canciones, para si las llegas a escuchar: Yesterday, In My Life, I Want To Hold Your Hand, Love Me Do… hay más.

—¡Pero están en inglés! —respondí.

¡Compadre mira que tú eres bruto, como tú crees que van a cantar en español si son ingleses!

Pues si tienes las letras de las canciones, podemos hablar con el profesor Álvarez White, para que nos ayude a traducirlas..., ¿no crees?

No, ¡qué va!, esto te lo enseñé a ti nada más, porque te tengo confianza.

Fue entonces que tomé su carpeta con tanta información sobre Los Beatles que tenía aquel, mi compañero de aula del instituto de Remedios[ii], y revise las fotos, leí con avidez las escasas notas en español y le devolví la carpeta y las libretas.

En una última pregunta le dije: “¿Cómo has conseguido todo eso?”. “Una tía mía que vive afuera me lo ha mandado”, concluyó diciéndome en tanto que daba media vuelta y salía por la puerta principal.

En aquellos azarosos días de 1965, viendo aquel condiscípulo transformado, en la Cuba ya castrista, en un apasionado fan de los Beatles, aproximándose a una bleatemania que mostraba en el uso de sus estrechos pantalones y su cabellera rebelde, con los que buscaba el estilo de sus admirados, y que no me dejaban ningún margen de duda de que estaba en presencia de un joven que asumía una rebeldía a ultranza, y hacia suya una conducta con total convencimiento: la de ser libre para escuchar su música favorita y buscar y obtener información sobre sus preferencias sin que le importunara para nada las previsiones y prohibiciones que ya se establecían en la sociedad que nos tocaba vivir.

Terminado el curso de 1965, nunca más vi a mi admirado condiscípulo, ni supe más de él; quién sabe dónde esté ahora. Faltarían otros encuentros más en relación a este grupo musical que me sorprenderían en años ahora distantes. Había cosas por hacer, cosas que se mostraba, y lugares por estar. Siendo así, dejo estos inescrutables versos de una canción de Los Beatles:

“No hay nada que tú puedas saber que no se sepa, nada que tú puedas mostrar que no se haya mostrado, ningún lugar donde puedas estar que no sea donde tenías que estar” (All You Need is Love, by the Beatles).



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