Actualizado: 22/05/2017 13:14
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Memorias de la Revolución, Médicos, Nicaragua

Médico y soldado en Nicaragua

Este relato forma parte de la sección cuyo tema central es lo que se podría catalogar de “memorias de la revolución”

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El 24 de abril de 1987 arribé a Nicaragua formando parte de un grupo de médicos y enfermeros para trabajar durante dos años como internacionalista; éramos unos 20 en total e inmediatamente nos trasladaron a la muy conocida Villa Nejapa, otrora mega posada enclavada en la carretera vieja a León; devenida en albergue colectivo para el personal de la Misión Médica Cubana localizado en la capital.

La así llamada Revolución Sandinista había dado al traste con la Dictadura Somocista en julio de 1979, y lejos de promover un proyecto social viable que aglutinara a toda la sociedad nicaragüense y proveyera la necesaria justicia social para aquel país, apostaron por destruirlo, echándole mano a las conocidas recetas incendiarias y el discurso demencial de su inspirador caribeño.

Pero llegue allí como suele llegar alguien ávido de servir al prójimo, con una adecuada preparación profesional y creyéndome que solo con el buen hacer y la nobleza de intenciones bastaba. Estaría durante dos años trabajando como especialista de Medicina Interna, designado, aun cuando mi formación era como especialista en Oncología.

Al día siguiente nos reunieron en un estrecho local donde aparecía colgado de la pared un mapa de grandes dimensiones del país. Un funcionario de la Embajada cubana, comenzó su charla. Aquel arrogante lejos de explicarnos las condiciones Higiénico-Epidemiológicas y las características del trabajo que íbamos a desarrollar; hizo un pormenorizado análisis de la situación política de Nicaragua bajo la férula sandinista, para pasar de inmediato a explicar la situación militar de un conflicto que los expertos por aquel entonces llamaban una guerra de “baja intensidad”. En realidad, allí se estaba librando una Guerra Civil de “baja intensidad”, pero que desgastaba a ambas partes en el conflicto y al país en su conjunto.

Dos días estuvimos limpiando los cuartos sucios de aquella Villa-Posada, situada en medio del campo y teniendo como proximidad un campo de pelota y un cementerio. Nadie decía nada, pero faltaba lo mejor. Al cuarto día el Jefe de Brigada nos ordenaba que nos alistásemos para recibir el módulo militar. ¿Módulo militar?, ¡eso sí era una sorpresa! Fuimos llevados en un Ómnibus tipo “aspirina’ hasta una Unidad Militar enclavada en la ladera de una montaña muy cerca de lugar donde vivíamos. “Serranillas”, así se llamaba el lugar y era el campamento principal y sede del mando militar de las tropas cubanas en Nicaragua. Superados los 3 niveles de postas conformada por soldados nicaragüenses y cubanos, llegamos al almacén donde nos proveyeron de trajes militares de campaña, botas, casco, mochila completa, fusil de asalto AK-47M y 380 balas…, ah y la bayoneta. Nuestra brigada además contaba con una caja de granadas y un lanzacohetes RPG-7 con su dotación de cohetes antitanques.

Dos semanas después de llegar a Nicaragua ya estaba estrenando mi indumentaria militar y equipamiento, a la par de que había comenzado mi trabajo de asistencia médica laborando en el Hospital de Granada; tercera ciudad en importancia de Nicaragua. Marchas, prácticas de tiro, ejercicios de asalto y camuflaje. En las estribaciones del Volcán Santiago, con la cara tiznada y arrastrándome según las instrucciones dadas por el sargento; me había convertido en apenas un mes de galeno en “Rambo revolucionario e internacionalista”; presto a combatir a los marines que intentaran pisar la Patria de Sandino. Raros mimetismos los que provocan los comunistas; había salido de Cuba como Medico, y días después, además de trabajar como tal, me arrastraba por las escarpadas laderas del Mombacho como un “Rambo”, cargando con mi fusil de asalto y con los pies llenos de llagas y adoloridos.[1]

Es que los militares cubanos padecen el “Síndrome de Granada”, aquel evento que en el año 1983 enfrentó a los marines con las tropas cubanas en la isla caribeña de Grenada, con el saldo militar y el costo político que todos conocemos. Por eso en Nicaragua los militares cubanos, siempre repetían hasta el cansancio; “aquí no puede pasar lo de Granada”.[2]

En Nicaragua cada internacionalista era un soldado, que sumaba a la preparación militar adquirida en Cuba, el entrenamiento mensual que se efectuaba durante todo un domingo; además se establecía un día de la semana para atender la “técnica”, esto es: desarmar, amar y limpiar el AK-47M y revisar todo el material.

Unos dos mil militares cubanos conformaban el personal, sobre todo de entrenamiento, dislocado en Nicaragua por aquel entonces, a los que se suman los trabajadores internacionalistas, funcionarios y otro personal de apoyo o en tránsito. Había una Misión Militar Cubana en cada región y/o departamento administrativo y un reducido grupo de la contrainteligencia militar localizado cerca del poblado de San Marcos. No tengo datos de cuantos militares cubanos estaban involucrados en el escenario militar de forma directa, donde se libraban los combates con la Contra. Las bajas las conté en el Cementerio de Serranillas en septiembre de 1988: 22 bajas en combate sin contar los que fueron sepultados en cementerios regionales.

La estrategia se reducía a un sistema de aviso en caso de que se produjera una invasión norteamericana en Nicaragua y dos palabras claves: una era “Julia” escrita en un sobre que se activaba por teléfono y al abrirse contenía todas las instrucciones para un ejercicio. La otra clave válida era “Campana” y al abrir el sobre traía todas las instrucciones, de estricto cumplimiento, en un escenario real. Como tuve acceso a estos documentos y visité los lugares, el escenario y los eventos se desarrollarían de la siguiente forma:

De producirse la invasión toda la documentación debía ser destruida. Si la posibilidad de enfrentamientos fuera inminente, de ser posible, no participar en combates con combatientes nicaragüenses salvo en situación extrema (¿?). Los internacionalistas, con su ropa de combate y sus armas listas evacuarían por sus medios hasta la Hacienda La Luz en las estribaciones del volcán Mombacho Esta nacienda funcionaba como un Centro de Comunicaciones de la contrainteligencia militar cubana; de allí siempre hacia el sur hasta un punto a la derecha de la carretera Panamericana entre las ciudades de Granada y Rivas; ahí se esperaría hasta que se agruparan el mayor número posible de elementos para continuar hasta el tercer punto a unos 4 kilómetros de la frontera con Costa Rica en las inmediaciones de la ciudad de Rivas, Nicaragua.

El plan concebido por los militares cubanos en Nicaragua era muy sencillo: “espantar la mula”; salir de Nicaragua a través de Costa Rica, atravesar ese país de norte a sur, entrar en Panamá y ser evacuado desde este país hacia Cuba. Valiente estrategia la de huir atravesando prácticamente 3 países. Siempre me pregunte si los gobiernos de Costa Rica y Panamá aceptarían un ejército en tránsito por su territorio.

No llegaron los marines, no hubo evacuación; si elecciones con “piñata” previa para que los gobernantes salientes se enriquecieran aún más. El resto es historia; esa historia mezcla cruel de tragedia y comedia.

Hoy el escenario es otro: Venezuela; país gobernado por un Presidente con vocación demencial e íntimamente ligado a la satrapía Castro-comunista. País-Gobierno-Demencia colectiva y punto de encuentro de nostálgicos revolucionarios, siempre dispuestos a destruir y a recetar esa exhortación a que “no perdamos la esperanza”; mientras pisotean el derecho, socavan la razón, reducen la Economía a la prehistoria productiva y sumergen a la sociedad en el relajo ideológico.

Desde 1995 vi partir a Venezuela los primeros médicos con “cartas de invitación” para no regresar. Con la misma rapidez con que aumentaba la vocación revolucionaria del gobernante venezolano, aumentaba el número de internacionalistas cubanos. Alrededor de 2002 recibí una información de todo crédito, donde hablaba de unos 2.400 militares y agentes de inteligencias cubanos enviados a Venezuela. Le siguieron cientos, tal vez miles de maestros y 10 400 médicos. En los días del Referendo Revocatorio, 5.075 entrenadores deportivos llegan a Venezuela para reforzar el llamado Plan “Barrio Adentro”. Estos cubanos, a diferencias de los procedimientos en las anteriores aventuras internacionalistas, disponen de documentación válida del país.

Es evidente que la estrategia ha cambiado si extrapolamos la situación de Venezuela a la que se vivió en Nicaragua a finales de los 80. En Nicaragua se disminuyó el número de cubanos a medida que se daban pasos para la reconciliación nacional y se producían cambios políticos amparados en los Acuerdos de Esquipulas. En Venezuela en cambio a medida que se radicaliza la situación y esta se hace más explosiva, la presencia cubana es más ostensible y protagónica.

En Venezuela parece no haber plan de evacuación para los cubanos; polarizada como está la sociedad venezolana, sembrada la semilla de la discordia nacional, abonada esta por el odio fratricida y ejerciéndose la violencia y el asesinato político, como ha venido ocurriendo. Este país se encamina irremediablemente a la guerra civil y los cubanos allí tendrán un papel protagónico. A la altura de los acontecimientos, no hay retiro de los cubanos y estos serán parte del drama que veo venir. Son muchos los que están allí, son parte del gobierno y junto a este no cejaran en el empeño de entronizarse en el poder.

Es así que veremos una sociedad preñada de iniquidades, transitando el camino del odio irracional, enarbolando las rebeliones como banderas y portando los estandartes del miedo, de la autodestrucción y la muerte. En este escenario con una fuerte presencia de extranjeros, con vocación de carniceros; parece que “tiene la palabra el camarada máuser”, como aquel verso del autor ruso que nos enseñaban en la década de los 60’. Futuro de odio, tropelías y derramamiento de sangre, horca y cuchillo que bien conocen los agentes cubanos. Para entonces militares, funcionarios, agentes encubiertos, entrenadores y hasta médicos devenidos en “Rambos”, harán su parte. La “soberanía de los pueblos”, la “no injerencia en los asuntos internos” como sabemos solo son palabras huecas que encubren los innobles propósitos de oscuros designios.

Preferiría estar equivocado, quisiera ver a mis compatriotas lejos de escenarios tan sombríos, inmersos en mejores quehaceres. Pero no es así, el comunismo nos ha envilecido y nos hemos demorado demasiado en deshacernos de esa pútrida úlcera que nos corroe la conciencia. Quisiera ver y así pido a Dios, una solución más digna y promisoria para el pueblo venezolano y que puedan decidir, sin injerencias y en paz lo que es mejor.



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