Actualizado: 23/09/2017 15:02
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Irma, Electricidad, Inundaciones

Cuba: a oscuras y con peste

En las zonas donde no hay energía eléctrica, las escasas instalaciones privadas que ofrecen suministros básicos han subido sus precios

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El aire huele a humedad y heces fecales. Con una pala sin cabo, la familia de Óscar Rodríguez saca el lodo que se quedó metido en todos los recovecos de la casa en la calle Gervasio a pocos metros del Malecón habanero, hasta hace poco zona inundada. En la tarea se implican todos, los hijos, la abuela y un vecino que viene a ayudar, informa el Nuevo Herald.

“Vivo en este lugar desde que nací y nunca había visto algo así”, asegura Rodríguez. “Hemos tenido inundaciones, pero del quicio de la puerta no han pasado”. Esta vez el mar, aguijoneado por el huracán Irma, no respetó nada. “Hemos perdido dos colchones, el refrigerador se mojó bastante y el televisor de la sala se nos cayó en el agua cuando intentábamos ponerlo más alto”, señala.

La esposa de Rodríguez da vueltas en círculos alrededor de la cisterna del patio. “No tenemos agua para tomar ni para cocinar porque todo está contaminado con el mar y con el contenido de las tuberías albañales”, explica. En la escalera que va hacia la barbacoa el perro permanece echado, a buen recaudo.

La zona donde vive la familia tiene un suministro de electricidad soterrado, una ventaja innegable durante décadas para los vecinos del barrio de San Leopoldo, que han sufrido por ello menos interrupciones que quienes se abastecen a través del tendido y sufren las roturas provocadas por los vientos. Pero el huracán Irma ha cambiado la situación, de acuerdo al reportaje de Zunilda Mara y Mario J. Petón que publica el diario de Miami, como parte de una colaboración entre el Nuevo Herald y 14ymedio.

“Dicen que la electricidad va a tardar más en venir en la zona soterrada porque hay que esperar que todo por allá abajo se seque”, cuenta Rodríguez. Llevan más de 72 horas sin servicio eléctrico y han exprimido hasta la última gota de energía a todo lo que tenían en la casa.

“Empezamos con unas baterías y una linterna, después pasamos a las velas y ahora estamos alumbrándonos con un viejo quinqué y luz brillante (keroseno)”, añade. Para cocinar, la familia cuenta con una pequeña bombona de gas licuado que trata de ahorrar al máximo.

“Hemos tenido que hervir aquí el agua para un bebé que vive en el pasillo de al lado, porque esa familia se quedó sin nada y no tienen con qué cocinar”, relata.

El ciclón le propinó una verdadera paliza al sistema energético nacional. La mayoría de las termoeléctricas cubanas, con excepción de Renté en Santiago de Cuba y la Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos, se ubican en la costa norte, la franja más dañada por el huracán en su trayectoria por la Isla.

Los directivos de la Unión Eléctrica han aclarado que no basta con vivir en una zona donde el huracán dejó menos afectaciones, porque el problema es de generación.

La afirmación se materializa en Cienfuegos, donde, pese a estar fuera de la trayectoria de Irma, no hay suficiente energía para echar a andar a la termoeléctrica.

“No sé qué es peor, si la conjuntivitis o la falta de electricidad”, dice Olga Lydia Ulloa, una cienfueguera que espera que los ingenieros de la empresa eléctrica logren arrancar la termoeléctrica de la ciudad para que “vuelva la luz”.

Como buena parte de la Isla, Cienfuegos lleva tres días sin servicio eléctrico. En algunos lugares el derribo de las torres de alta tensión y los postes eléctricos augura semanas para la recuperación.

El director del Despacho Eléctrico Provincial, Ricardo García Parra, aseguró a la prensa local que se trabaja intensamente para dar a la termoeléctrica “la potencia necesaria de alimentación” con los grupos electrógenos del territorio.

“Han sido días de perros. En las últimas semanas en todo el pueblo hubo una epidemia de zika y conjuntivitis y, para rematar, el ciclón nos dejó sin luz. Tenemos muchachos chiquitos y nada con qué cocinar”, dice Ulloa.

La mayoría de los cubanos se vieron forzados a usar la electricidad como única opción para cocinar tras la “revolución energética” impulsada por el fallecido exgobernante Fidel Castro. Aunque en los últimos años se permitió la venta liberada de gas licuado a los núcleos familiares, el precio es elevado para un trabajador promedio, lo que limita el acceso.

Los mercados privados también tienen servicio eléctrico gracias a grupos electrógenos que funcionan con fueloil y diésel, pero solo dos hospitales provinciales del territorio y sus áreas aledañas contaban con electricidad hasta el martes.

Pese al desastre, en La Habana hay sitio para la esperanza. La Central Termoeléctrica Máximo Gómez, de Mariel, una de las afectadas, quedó lista el lunes para empezar a dar servicio, tras intensas horas de reparaciones y cientos de miles de residentes en La Habana están ilusionados con que este coloso energético los saque de la oscuridad.

Pero también ahora “lo peor es el olor, que no hay quien lo soporte”, asegura Óscar Rodríguez mientras saca del fango trozos de madera, papel o unas latas de cervezas aplastadas y descoloridas. “Al principio olía a mar, pero en la medida que se fueron retirando las aguas ha llegado esta peste y ahora hasta nosotros olemos así”, lamenta.

En la casa nadie se ha dado una ducha desde el viernes pasado. Todos tratan de tomar poco agua para no gastar “las reservas estratégicas”, como las llama la abuela y todavía buscan algunas pertenencias, como zapatos y un carné de identidad que parecen haberse ido con la corriente.

La situación epidemiológica se ha ido degradando desde que comenzaron las inundaciones. El área, una de las más densamente pobladas de todo el país, tiene un elevado número de cuarterías donde viven hacinadas decenas de familias. Ahora, la mayoría de esos vecinos están apostados a las afueras de sus casas porque el calor y el mal olor hacen insoportable permanecer en el interior.

Otros no quieren estar en sus viviendas por temor a que los viejos muros terminen cayendo al secarse. “Esto está en pie de puro milagro”, cuenta un vecino de un solar en la calle San Lázaro esquina a Lealtad. El pasillo, estrecho y serpenteante todavía está mojado. Los cuartos a cada lado tienen las puertas abiertas y por todas partes hay pertenencias puestas al sol para secarse.

El huracán Irma ya está lejos de La Habana, pero el panorama en las zonas bajas del barrio del Vedado y el municipio Centro Habana es desolador, de acuerdo a una crónica publicada por el medio independiente cubano El Estornudo y que reproduce BBC Mundo.

El mar aún está en las calles y viviendas, los edificios sueltan pedazos de sus estructuras y la ciudad sigue sin energía eléctrica.

Desde el pasado viernes en la noche, Maykel Gutiérrez duerme en una escalera. Su casa, a cinco cuadras del Malecón, lleva tres días con el agua hasta el techo.

Sus pertenencias más valiosas están a salvo en casa de un vecino que vive en altos. El resto navega dentro de su vivienda.

“He vivido aquí toda mi vida y nunca había visto algo así. El agua entró en mi casa como si fuera una cascada. Cuando pensábamos que el mar ya se iba, regresó”, dice Gutiérrez, la mirada esquiva, acongojado.

En su barrio el agua alcanza ahora la altura de los tobillos, pero todas las casas que se encuentran en bajos y en puerta de calle permanecen inundadas.

Algunos vecinos de 5ta entre 10 y 8, en el Vedado, optaron por comenzar a destupir las alcantarillas y tragantes para ayudar en la retirada del mar.

El resto espera la ayuda de la empresa Aguas de La Habana.

“Así es como se ha ido un poco el agua. Sacamos la basura y las matas. A esta zona no ha llegado ninguna autoridad a auxiliarnos”.

“Vi pasar, por delante de mi casa, camas, refrigeradores, televisores y butacas que nadaban por la calle, como si esto fuera un río”, cuenta Claudia* desde su balcón.

“Esta agua lleva días estancada y ya huele a orina y mierda. Ahorita empiezan las infecciones”.

Los tanques de basura están ruedas arriba, derribados. La zona baja del Vedado es puro desecho.

En la intersección de las calles 3era y B, los vecinos se exaltan.

Una camioneta del Comando Especial de la Brigada Nacional carga con seis oficiales vestidos de negro. Boinas, coderas, cuchillos de Rambo, pistolas.

Una señora les grita: “Díganle a sus jefes que vengan, que nos traigan comida y que nos ayuden”.

La camioneta frena y uno de los oficiales se baja. La multitud reclama a voz en cuello.

Otra mujer dice: “Aquí hay una embarazada de 37 semanas y no tiene cómo alimentarse”.

La camioneta se retira ante la mirada enjuiciadora de los vecinos.

El impacto de Irma sobre Cuba fue peor de lo que se esperaba, según cuentan algunos residentes que, resignados, caminan por las calles inundadas.

“Nuestras vidas se están malgastando”.

la A las tres de madrugada del sábado, la viga de uno de los viejos edificios de Ánima y Belascoaín se desplomó.

En el solar, de condiciones insalubres, habitan decenas de personas.

Toda la columna interior de la parte izquierda se vino abajo, cayendo sobre una de las viviendas del primer piso. Murieron dos hermanos.

Anavalia Machado, vecina de la casa aplastada por los enormes pedazos de bloques, dice: “Desde el 2007 este edificio tiene un expediente abierto por peligro de derrumbe para que nos alberguen. Pero no nos han sacado de aquí ni han demolido esto por despreocupación del Gobierno”.

Justo después del derrumbe, los vecinos se mudaron hacia el edificio contiguo, un inmueble que también corre peligro, ya que su estructura fue impactada por trozos sueltos de concreto.

El centro de La Habana está muy cerca del mar, por lo que cualquier subida de la marea es una fuente de inundaciones.

Y en la mañana del sábado, ellos mismos llamaron a la policía.

“Nos dimos cuenta que los hermanos estaban en esa casa y no habían podido salir. Nos olimos algo malo”, dice Anavalia.

Varios policías entraron en el lugar con ayuda de la brigada canina.

Cerca del mediodía, debajo de unos escombros, los perros divisaron un pie: el segundo de los hermanos se encontraba a unos pocos metros.

El Gobierno aún no ha desalojado el edificio, y la única indicación que recibieron los damnificados consiste en que permanezcan con sus vecinos.

Anavalia y su hermana, Lucía Machado, se refugian en casa del presidente del Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

Llevan tres días sin bañarse y sin cambiarse de ropa. Tampoco tienen comida.

“Lo que nos dicen es que la prioridad es la vida de las personas, pero ellos no se dan cuenta que nuestras vidas se están malgastando en estas condiciones. Mira, mi hermana tiene una hemodiálisis hecha y no tengo cómo alimentarla”, dice Anavalia.

Omara Suárez, otra vecina, explica: “Los escombros cayeron sobre las tuberías del gas, y las paredes de nosotros ahorita también se caen. Aquí nadie ha venido a sacarnos”.

La mayoría de los árboles del Vedado están en el piso, llevándose en la caída los cables de la energía eléctrica y de las vías telefónicas.

Las brigadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de la policía y la empresa Comunales trabajan intensamente en las labores de recuperación.

En la mañana, todo es ajetreo; luego la actividad disminuye.

En la avenida Quinta del barrio de Miramar, decenas de reclutas de las FAR barren las calles, pero muchos otros no hacen más que reír y conversar en los contenes.

Una vecina dice: “Así nunca terminarán. Dos más y yo ya hubiéramos terminado”.

En la esquina de 15 y 2, aún en Vedado, hay un camión de la policía. Dentro hay mujeres uniformadas que duermen a lo largo y hombres que se echan fresco con trozos de cartón.

Alrededor, cientos de ramas gruesas impiden el paso de la gente y los carros. Hay un policía que intenta partir un coco seco y sacarle el agua.

En las zonas donde no hay energía eléctrica, las escasas instalaciones privadas que ofrecen suministros básicos han subido sus precios.

Los pocos taxis que circulan han aumentado cuatros veces la tarifa normal. Afuera del hotel Habana Libre, en pleno corazón de La Habana, varias personas se han apoderado de manera ilícita de las tomas de corriente que dan a la calle.

A través de extensiones, alquilan el nuevo servicio a aquellos que residen en zonas sin electricidad y necesitan cargar sus backups, celulares y laptops.

Estos nuevos cuentapropistas, que afloran en tiempo de desastres para cobrar un servicio ilegal, ponen reguetón y bailan mientras sus clientes solo miran la barra de la batería de sus dispositivos.

Una señora, que acaba de cargar su smartphone, dice: “Otras veces hubo más prevención y la gente se preparó. Ya este país es un relajo”.

Aunque la prensa oficial cubana intenta mostrar un rostro más optimista luego del paso del huracán, no ha podido ocultar el grave problema que afecta al servicio eléctrico.

“Debido a los severos daños que el huracán Irma ha ocasionado en todas las centrales termoeléctricas del país, no podemos estimar cuánto tiempo tomará la recuperación y habilitación total de la energía eléctrica”, señaló Yuri Camilo Villamonte, viceministro de Energía y Minas, según el diario Granma.

El abastecimiento de agua es otro de los servicios que han sufrido afectaciones tras el paso de Irma, “pero ya se está trabajando en su normalización”, aseguró Inés María Chapman, presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, de acuerdo al órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

En La Habana hay otras complicaciones, admitió la funcionaria, de acuerdo a Granma. Los sistemas son más grandes, por lo que necesita más mano de obra en las reparaciones y mayor movimiento en el abasto de agua, agregó.

“Con el paso del huracán Irma por el norte del país, el balance de generación-carga se vio afectado y ocurrió un cero total del sistema o lo que es lo mismo, se perdió todo el sistema interconectado nacional. Esto no quiere decir que existan afectaciones a la tecnología sino a la integridad del sistema eléctrico nacional”, explicó el ingeniero Lázaro Guerra Hernández, director técnico de la Unión Eléctrica, de acuerdo a una nota aparecida en el diario oficial Trabajadores.

Con la salida de la red de algunas de las centrales termoeléctricas, responsables del 74 % de la generación que demanda el país, en la actualidad no se puede cubrir toda la demanda a nivel nacional.

“Sin la incorporación de estas unidades a la generación del sistema, la estabilidad del mismo se ve afectada seriamente y es por ello que no se puede operar. Para restaurar la energía, se crean islas eléctricas —se energiza parte del circuito— y luego se procede a la unión de esas islas”, detalló el ingeniero, según Trabajadores.

Según se informó en la actualidad, la región oriental hasta Camagüey se encuentra en una “isla” que está bien fortalecida ya que están generando energía en la termoeléctrica de Renté, una unidad en Nuevita y otra unidad en Felton. Entre tanto, occidente se encuentra en una situación más desfavorable ya que está parcialmente energizada.

“La región occidental está mucho más débil, ya que solo está aportando al sistema eléctrico una unidad del este de La Habana, aunque también (funcionan) Energás, Jaruco así como la generación distribuida de la capital.

El directivo aclaró que, por este motivo, aunque hay circuitos disponibles para energizar, no es posible ponerlos en funcionamiento por la falta de generación. “Este es un proceso que se debe realizar con mucho cuidado porque se debe garantizar la integridad de estas llamadas “islas eléctricas”, pues cualquier error podría significar un retroceso importante en la sostenibilidad del sistema”, enfatizó, de acuerdo a Trabajadores.

“Las afectaciones del huracán Irma al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) condujeron a que la generación cayera a cero, algo que ocurre por primera vez en la historia y que exige un proceso de restauración de mucha disciplina tecnológica y respeto milimétrico a cada paso”, señala una nota informativa de Juventud Rebelde.

Los túneles más afectados por el huracán Irma fueron el de 5ta. Avenida y el de la Bahía, dos arterias fundamentales para el transporte en la capital, dijo a Cubadebate Raúl Díaz Guadarrama, Director del Centro Nacional de Vialidad, de acuerdo a Cubadebate.

“En el túnel de 5ta. Avenida se acumularon 50 mil metros cúbicos de agua y en el de la Bahía unos 24 mil. Los sistemas de bombeo que tienen esos túneles colapsaron. No hay un sistema preparado para soportar los embates del mar, y de un huracán tan fuerte, por tanto, estamos trabajando (con la ayuda de las FAR, el sistema empresarial del Ministerio de Transporte, el astillero de Casa Blanca) con tres bombas en cada túnel las 24 horas, sacando de 4 a 10 mil metros cúbicos diarios”, comentó Guadarrama, según Cubadebate.

Aunque se prevé que los trabajos de bombeo en estas dos arterias terminen entre viernes y domingo, el funcionario aclaró que además deben trabajar posteriormente en los sistemas técnicos de alumbrado de los túneles y semáforos.

“Todo ese sistema de alumbrado ha estado 48 horas bajo agua. Recibió los embates del huracán, posiblemente el más fuerte que ha visto desde su creación. Incluso nos dicen que hay un Lada en el fondo que quedó atrapado. Imagínate, cuando finalmente saquemos toda el agua del túnel de 5ta., una vía de 700 metros de largo, tenemos que revisar si ese alumbrado sirve. Tenemos pensado sustituir ese alumbrado, para garantizar al menos tránsito, mientras evaluamos todo ese sistema”.

Según Guadarrama, el túnel de línea fue el menos afectado, y por eso después de un rápido trabajo ya está operativo, con tránsito por las dos vías, de acuerdo a Cubadebate.

“Las jornadas que se avecinan serán de mucho trabajo, donde volverá a quedar demostrada la fortaleza de los cubanos y la confianza indestructible en su Revolución. No es tiempo para lamentarnos, sino para volver a construir lo que los vientos del huracán Irma intentaron desaparecer”, afirmó el gobernante cubano Raúl Castro, en una nota reproducida, entre otros, por los diarios Granma y Juventud Rebelde.

“Enfrentemos la recuperación con el ejemplo del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, quien con su permanente fe en la victoria y férrea voluntad nos enseñó que no existen imposibles. En estas difíciles horas, su legado nos hace fuerte y nos une”, añadió el mandatario.


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