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Actualizado: 21/11/2014 14:39
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Alan Gross, Relaciones Cuba-EEUU

Judy Gross encabeza vigilia frente a oficina de intereses de La Habana en Washington

“Debemos hacer borrón y cuenta nueva. Lo que ha pasado o no entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos debe quedar atrás”, dijo la esposa del subcontratista estadounidense preso en La Habana

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La esposa de Alan Gross, Judith, encabezó la tarde del domingo una vigilia junto a más de medio centenar de personas frente a la sección de intereses de Cuba en Washington para pedir la liberación del subcontratista estadounidense preso en La Habana desde hace tres años, reportó la AFP.

Portando velas blancas y pancartas que decían “Liberen a Alan Gross”, las personas oraron por la excarcelación de Gross, quien cumple 15 años de prisión por distribuir medios de comunicación satelital, lo cual según las leyes cubanas es ilegal.

Judith Gross aseguró que la manera de lograr que su esposo vuelva a Estados Unidos es que Washington y La Habana se sienten a dialogar olvidando las recriminaciones mutuas del pasado.

“Debemos hacer borrón y cuenta nueva. Lo que ha pasado o no entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos debe quedar atrás”, dijo Judith.

Con la voz quebrada, leyó un correo electrónico que le envió la hija de la pareja, Nina, momentos antes de la vigilia frente a la sección de intereses cubanos, que se ubica a unas 20 cuadras al norte de la Casa Blanca.

“Al presidente (Barack) Obama y al presidente (Raúl) Castro les digo: necesito a mi papá conmigo”, dijo Judith Gross al leer el correo de su hija.

Gross se encontraba en Cuba como subcontratista del gobierno estadounidense, por eso Washington “tiene el deber de traer a Alan a casa”, agregó Judith, quien ha pedido a Obama enviar a un delegado de alto nivel para negociar con La Habana la liberación de su esposo.

“No descansaremos hasta que se haga justicia y Alan Gross regrese”, dijo por su parte el legislador Chris Van Hollen, quien se comprometió a trabajar con el gobierno de Obama para tratar de liberar al subcontratista de 63 años, que ha perdido más de 45 kilos en prisión y sufre enfermedades crónicas.

“Liberen a Gross, liberen a Gross”, corearon las personas, antes de orar y entonar canciones frente a la sección de intereses.

El gobierno de Obama insiste en que La Habana debe liberar inmediatamente y sin condiciones a Gross, caso que admite es el principal obstáculo en un acercamiento con el gobierno de la Isla, con el cual no tiene relaciones diplomáticas desde hace medio siglo.

Cansada de no ser escuchada de un lado y otro, Judith presentó junto a su marido Alan una demanda contra su gobierno, cifrada provisionalmente en sesenta millones de dólares.

“Mi prioridad es que Alan cruce la puerta de casa. Eso es lo más importante”, explicó en entrevista vía telefónica. Pero 36 meses después de la detención de su marido, que acabó condenado a 15 años de cárcel, “sentimos que necesitamos hallar algún tipo de compensación”, explicó.

“Le pedimos al presidente (Barack) Obama, ahora que han pasado las elecciones, que se involucre en esto”, añadió.

Ni el gobierno estadounidense ni el cubano han reaccionado públicamente a la demanda de los Gross, ni tampoco ante los abogados, dice Judith.

“Es algo que toma tiempo”, reconoce.

Hace meses que Judith Gross no habla con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien ha exigido numerosas veces públicamente la liberación de Alan.

Visitó a su esposo, de 63 años, por última vez en septiembre pasado. El trato con ella siempre fue correcto, pero hermético.

Judith Gross no sabe qué contestar sobre si su demanda juega en favor del régimen de Raúl Castro.

“No sé qué es lo que piensan los cubanos, lo he estado intentando averiguar desde hace tres años”, explica.

“Estoy muy enojada con Cuba por detenerlo y por mandarlo a la cárcel. Se trata de darle una lección a Estados Unidos”, subrayó.

“Debemos hacer borrón y cuenta nueva. Lo que ha pasado o no entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos debe quedar atrás”, dijo Judith al pedir diálogo entre Washington y La Habana durante la vigilia de este domingo, cuando decenas de personas portaron velas blancas y pancartas que decían “Liberen a Alan Gross”.

Gross empezó a viajar a La Habana en marzo de 2009 y su esposa asegura que en el último viaje antes de la detención, el 3 de diciembre de ese año, ya había planteado abiertamente a su contratista, Development Alternatives (DAI), que tenía la impresión que lo estaban siguiendo en la Isla.

El gobierno, y en concreto la agencia de ayuda exterior estadounidense USAID, “debían tener alguna idea (del peligro) y fueron totalmente negligentes”, explica.

Pero Alan Gross era un especialista en ayuda a países subdesarrollados, con misiones en una cincuentena de países, reconoce su esposa.

Alan aceptó inmediatamente la misión, contratada por la agencia USAID, en cuanto supo que se trataba de ayudar con material informático a grupos judíos en la Isla.

“No es un hombre naif”, insiste Judith, sino un entusiasta de la causa judía en todo el mundo.

Gross había viajado antes a Cuba como turista. “Pensábamos ir algún día juntos”, asegura Judith.


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