Actualizado: 21/08/2017 12:31
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Lo que Cuba puede perder

Desde que se anunció el deshielo a finales de 2014, en la Isla se viene registrando cada año un récord en términos de números de visitantes

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El próximo viernes el actual presidente estadounidense Donald Trump, podría iniciar un retroceso en las relaciones bilaterales cuando anuncie desde Florida su nueva política con Cuba, informa la BBC.

Esto incluye más restricciones en las normas de viajes y comercialización que se flexibilizaron en el gobierno estadounidense anterior.

¿Cuáles son los principales temas en juego?

Viajar a Cuba

Desde que se anunció el deshielo a finales de 2014, en la Isla se viene registrando cada año un récord en términos de números de visitantes.

Esto se debe en gran medida a los cada vez más estadounidenses que han podido venir a Cuba desde que se redujeron las restricciones de viaje.

El número de turistas que viajan a Cuba ha aumentado en niveles récord desde 2014.

Pero los que se oponen a la política de cercanía de relaciones quieren que Trump endurezca las 12 categorías de viaje con las que estadounidenses han podido visitar la Isla.

Restringirlas significaría que los estadounidenses podrían nuevamente enfrentarse a multas si llegan a la Isla sin el papeleo adecuado, y los efectos de una medida así en la industria del turismo cubana podrían ser significativos.

Sin embargo, el grupo de cabildeo Engage Cuba, a favor del deshielo, argumenta que este retroceso también tendría un impacto de miles de millones de dólares en la economía estadounidense, y afectaría empleos en las industrias aéreas y de cruceros.

Comercio bilateral

A pesar de las mejores relaciones, el embargo económico de Estados Unidos a Cuba sigue vigente. Como tal, el comercio bilateral entre Estados Unidos y Cuba aún no ha comenzado.

Ha habido algunos pasos iniciales: en enero un cargamento de carbón artesanal se convirtió en la primera exportación legal de Cuba al país norteamericano en décadas. También hubo un acuerdo para que la compañía hotelera estadounidense Starwood administre tres hoteles en La Habana.

Una aparente motivación de opositores al gobierno de Castro para que se revierta los lazos estrechados es la decisión de Obama de permitir que entidades estadounidenses trabajen con agencias estatales cubanas.

Pero la razón por la que el expresidente sintió que era necesario aliviar las reglas para trabajar con el Estado cubano se debe a que el turismo y las ramas comerciales del ejército, son esenciales en la economía cubana.

“Ese es precisamente el tipo de dilema al que se enfrenta el gobierno de Trump”, dijo Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de análisis regional con sede en Washington.

Ya sea con el comercio de importaciones y exportaciones o con el transporte, hoy en día es casi imposible negarse a trabajar con el ejército cubano si se quiere tener una importante presencia comercial en Cuba.

“En principio suena fácil tomar una posición para echar para atrás el gran legado de Obama. Pero luego ves que en Cuba manejarse con el Estado es todo, toda la actividad económica está atada al Estado”.

El embargo económico

El presidente de EEUU no puede decidir sobre el embargo unilateralmente. Para poner fin a esta política se requiere de una votación en el Congreso.

Pero un retroceso en el embargo económico fortalecería al grupo de presión anticastrista en la Cámara de Representantes, por lo que las posibilidades de revertir la restricción en este periodo de Gobierno parecen más lejanas que hace un año.

Sería una decepción para muchos negocios estadounidenses que quieren invertir o importar a Cuba, pero John Kavulich, del Consejo de Economía y Comercio entre EEUU y Cuba, cree que “la comunidad de negocios de EEUU como un todo se ha estado preparando para muchos escenarios (para Cuba) desde el día en que Donald Trump fue elegido”.

Derechos humanos

Trump ha hecho varias referencias a los derechos humanos en la Isla, cuando era candidato y ahora como presidente.

Al principio era difícil precisar si lo hacía para atraer a sus seguidores en el estado clave de Florida o si genuinamente intentó desvirtuar el legado de Obama con Cuba al usar el tema de derechos humanos en la Isla como razonamiento. Cada vez parece más probable que sea lo último.

Luego de cenar el pasado febrero con el senador republicano de Florida Marco Rubio, Trump dijo que ambos “compartían visiones muy similares de Cuba”. Esto no es un buen presagio para el futuro de la relación bilateral, ya que Rubio está interesado en que Trump, trate a Cuba —en sus propias palabras— “como la dictadura que es”.

Irónicamente, el presupuesto impulsado por el gobierno del republicano también eliminaría el financiamiento de USAID para grupos disidentes en Cuba, algo que el Gobierno de Castro ha pedido por décadas.

Dado que estos son los grupos que Washington ha calificado como defensores de la libertad de expresión y de los derechos humanos en la Isla, Shifter cree que los fondos podrían llegarles de todas maneras, “mediante otros canales”.

Lazos culturales, deportivos y científicos

Estas son otras de las áreas que posiblemente más se han beneficiado con el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU.

Ya sea ballet o jazz, baloncesto o Beethoven, se ha fomentado un mayor entendimiento entre numerosas instituciones e individuos en el mundo del artes, la música, la cultura y el deporte.

Desde diciembre de 2014 se han realizado decenas de proyectos bilaterales, en parte porque ahora es mucho más fácil obtener los permisos necesarios.

En la ciencia también, pues los avances en la Isla en inmunología y tratamientos contra el cáncer están siendo sometidos a más estudios y pruebas en EEUU.

Una política más estricta, y más burocrática, podría poner en peligro este tipo de programas.

Sin embargo, aunque los participantes de ambos lados del estrecho de Florida están indudablemente preocupados por la perspectiva de un retroceso, muchos confían en que sus proyectos compartidos son lo suficientemente robustos como para sobrevivir a cualquier enfriamiento diplomático.

Confianza diplomática

Como alguna vez lo dijo un diplomático occidental, se requiere de mucho tiempo para construir confianza con el Gobierno cubano, y puede perderse con relativa facilidad.

El día de la muerte de Fidel Castro el pasado noviembre, Trump describió en Twitter el legado del expresidente cubano como “uno de pelotones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales”.

Hay pocas dudas de que los cubanos recordarán ese mensaje y cualquier postura dura subsiguiente con el fin de ganar “un mejor trato” se verá con una respuesta típicamente robusta de los cubanos.

Kavulich cree que el gobierno de Trump bien podría “hacer un problema” de los reclamos de compensación por parte del Gobierno cubano por sus políticas de expropiación y nacionalización de la década de 1960.

Para Shifter, sin embargo, el peligro es que un tono más hostil de Washington podría “darle ímpetu a los cubanos de línea dura para citarlo como un ejemplo de lo que pasa cuando tratamos de abrirnos a los estadounidenses”.


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