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Actualizado: 22/07/2014 9:42
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Cine, Arte 7

Cineasta global

No es que al realizador Joshua Marston le falten las buenas intenciones, pero en su última película —que se desarrolla en Albania— su mirada se limita a la de un turista involucrado, un compañero de viaje lleno de buenas intenciones

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Con su primer largometraje, Maria Full of Grace (EEUU-Colombia 2004), el director y guionista Joshua Marston logró algo insólito: realizó un filme americano hablado casi todo en español, con tema y artistas predominantemente colombianos. No solo eso, sino que no resultó un filme paternalista y lleno de errores y de clichés políticamente correctos, sino una película creíble, bien hecha y bastante auténtica, sin necesidad de acudir al folclorismo o al macarronismo. La película además sirvió para catapultar la carrera de la entonces debutante Catalina Sandino Moreno, quien recibió premios y nominaciones desde Hollywood hasta Buenos Aires, pasando por Berlín.

Marston (Los Ángeles, 1968) no es un director de cine típico. Fue corresponsal de la revista Life en París y luego cubrió la Guerra del Golfo como reportero para la cadena de noticias ABC. Se trasladó a Praga, donde ejerció como profesor de inglés por un año y luego regresó a Chicago para obtener una maestría en Ciencias Políticas. No fue hasta 1999 que se graduó de la Universidad de Nueva York como director de cine.

Luego de siete años, en los cuales ha dirigido episodios de series televisivas como Six Feet Under y Law & Order, ha completado su segundo largometraje The Forgiveness of Blood y para continuar con la línea iniciada con Maria Full of Grace, ha vuelto a situar la trama en tierras foráneas, esta vez en la Albania postcomunista y post-Kosovo. Ha vuelto a trabajar con actores locales, mayormente sin experiencia cinematográfica y ha escrito el guión junto a un albanés, el director de fotografía Andamion Murataj.

Hablada en albanés, la película se desarrolla en la región montañosa del norte de Albania, limítrofe con Montenegro. La familia Lindani, afincada en esos lares desde tiempos casi inmemoriales, trabaja repartiendo pan y en su camino, su coche tirado por un cansado caballo atraviesa la propiedad de la familia Bala, de quienes se sugiere se han convertido en propietarios gracias al comunismo y se les ve como usurpadores. Un día Mark Lindani encuentra el camino bloqueado, lo cual lo obligaría a desviarse y perder tiempo, y comienza su trifulca con Sokol Bala. Ambos se empecinan en sus puntos de vista y tras una escalada, Sokol termina muerto, aparentemente asesinado por Zef, el hermano de Mark, con la complicidad de este. Zef cae preso y Mark se da a la fuga. Nunca se establece con claridad qué fue lo que sucedió.

En este universo en el cual Facebook y Ex Box conviven con bestias de tiro y estilos de vida arcaicos y miserables, en un pequeño poblado por el cual la prosperidad nunca ha pasado, entra en funciones el Kanun. Esta es una ley centenaria, adoptada en el siglo XV por el príncipe albanés Leke Dukagjini, nunca escrita hasta el siglo XIX, pero que rigió la sociedad albanesa hasta que fue suspendida y fuertemente reprimida durante el régimen comunista de Enver Hoxha. Este canon legal está compuesto por doce libros que rigen casi todos los aspectos de la vida diaria y en lo que respecta a los feudos familiares, no se diferencia mucho de la Vendetta italiana. Aunque en la ley constitucional de la Albania postcomunista el Kanun no figura como legislación reconocida, en las zonas montañosas del norte, en donde impera la corrupción y los campesinos perciben al gobierno como una entidad endeble, las poblaciones lo han retomado como ley, en parte en busca del orden y en parte en busca de recuperar las tradiciones perdidas durante la dictadura de Hoxha. Esta ley se aplica tanto a los albaneses católicos como a los musulmanes. En un mundo que se despedaza étnicamente, el Kanun representa unidad y conformidad.

La película se centra en los efectos del tradicionalismo, representado por el Kanun y sus practicantes, sobre la modernidad representada por Nik y Rudina, los hijos de Mark. Según el Kanun, los hijos varones no pueden abandonar la casa hasta que el feudo no termine, y si se les ve en público pueden ser asesinados impunemente. Solo las mujeres pueden salir, por lo que Rudina tiene que encargarse del negocio familiar. Nik ve su futuro más allá de las montañas que le rodean y Rudina demuestra sus dotes para la economía de mercado, pero como mujer está condenada al confinamiento. El padre comienza a visitarlos a hurtadillas y aquí se genera el conflicto familiar en la medida en que los hijos ven como un obstáculo la testarudez del padre en permanecer fugitivo, ya que impide una resolución al conflicto. A partir de este punto la película se desarrolla a ritmo de thriller. Mientras el feudo dura, la sangre solo puede lavarse con sangre.

Marston hace todos los esfuerzos posibles por mantenerse dentro de la autenticidad y, al menos para quienes no somos albaneses, lo logra. A veces abusa del contrapunteo entre los grupos de ancianos que se comunican entre susurros sospechosos y los de adolescentes bullangeros envueltos en la frescura del nuevo siglo. Tristan Halilaj está muy bien en su papel de Nik, aunque su confinamiento le limita posibilidades dramáticas. Sindi Lacej como Rudina se desempeña con soltura en un papel más exigente y más rico en matices. Ambos son primerizos en el cine, pero no lo parecen. Refet Abazi, un experimentado actor macedonio, en el rol de Mark, muestra una imponente presencia cinematográfica, pero su papel está menos presente en la pantalla.

El uso mínimo de la música y la iluminación natural de la fotografía procuran una narrativa documental al elemento de acción que funciona bastante bien, pero Marston peca de contenido. Su violencia es demasiado gentil y al establecer una gran diversidad de temas desde el inicio, termina soslayando muchos de ellos y concentrándose en el drama íntimo de Nik y Rudina, sin resolver ninguno de forma satisfactoria. El paso de la globalización a la intimidad parece titubeante, pero la falta de pretenciosidad con la cual trata el tema y desarrolla la trama compensa muchos de sus defectos. Marston no pasa de ser el observador extranjero, frío y distante, que enfoca el drama personal desde una perspectiva global, sin la garra del que siente el dolor propio. Su mirada no es más que la de un turista involucrado, un compañero de viaje lleno de buenas intenciones.

The Forgiveness of Blood (E.U.A/Albania/Dinamarca/Italia 2011). Dirección: Joshua Marston. Guión: Joshua Marston y Andamion Murataj. Director de Fotografía: Rob Hardy. Con: Tristan Halilaj, Refet Abazi y Sindi Lacej. De estreno en varias ciudades de Estados Unidos y disponible a través de IFC On Demand.


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