Actualizado: 21/08/2017 12:31
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Clichés y cursilerías

Este filme está estructurado de manera tal que descansa totalmente en los personajes y en los actores que los interpretan, pero son personajes infantiloides, con personalidades mal definidas que no generan el menor interés

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La historia de un desencuentro. Un psicodrama sobre los efectos de la emigración forzada y la pérdida de las ilusiones amorosas. Una meditación sobre la imposibilidad del desarrollo emocional cuando se cercena el amor. Una mirada al efecto de la colisión entre la política y la intimidad. Un ensayo sobre el abismo que surge entre dos amantes cuando se ven forzados a vivir realidades completamente diferentes y contrapuestas. Todo eso y más, pudo haber sido Ya no es antes, el filme más reciente de Lester Hamlet. A pesar de las buenas intenciones, nada de eso se refleja en la película.

Esteban y Mayra tuvieron un noviazgo muy intenso durante su adolescencia temprana, cuando ambos cursaban sus primeros estudios secundarios. Mayra emigró con su familia a Estados Unidos, al parecer a pesar de ella, por ser tan joven. Cuarenta años después se rencuentran ¿causalmente? en La Habana y van a pasar la noche al decrépito apartamento de Esteban, donde se van a dedicar a comparar fracasos, matrimonios, trabajos y, sobre todo ella, nostalgias.

Desconozco la obra de teatro Weekend en Bahía del dramaturgo Alberto Pedro, pero alguien en quien confío me dice que es muy buena y quizá este es el primer problema que no logra rebasar la película. Traducir una buena obra de teatro al cine es una labor muy difícil. No se puede depender de los diálogos y además hay que hacerles cambios. La cámara debe moverse y la edición se hace fundamental. Si no, es puro teatro filmado. Eso es lo que casi logra el montaje de Hamlet. Trata de evitar ser teatro filmado y no llega ni a eso. Encierra a los personajes en un apartamento mínimo y los pone a soltar frases grandiosas y por lo general picúas. Termina por ser un agobio indeciso cuyo argumento no conduce a nada.

La película tiene solamente dos personajes y para empeorar las cosas, ambos están pobremente caracterizados. Esteban es puro lamento y frustración, hasta cuando hace un chiste es triste. Es un derrotado, pero por ser el que ha vivido en Cuba, su derrota nunca se define bien, se alude, se le da la vuelta, pero nunca se hace explicita. Complicidad del autor con el censor. Mayra, quien está peor concebida, por ser la emigrante a Estados Unidos, va a encarnar todos los tics estereotípicos del capitalismo: drogas, alcohol, problemas monetarios. Y todo esto mal dibujado a partir de clichés burdos.

Son tan unidimensionales los personajes que no tienen la menor credibilidad. Esteban es un pobre diablo que no inspira ni lástima. Mayra es todo un disparate. Dice ser periodista que trabaja para una revista y no tiene la menor información sobre Cuba, a pesar de su nostalgia, es como si hubiera llegado de un Júpiter existencial.

Este filme está estructurado de manera tal que descansa totalmente en los personajes y en los actores que los interpretan. Pero, ¿qué pueden hacer los actores cuando no pueden adentrarse en su rol, porque no hay en realidad un personaje bien concebido? ¿Cómo pueden desenvolverse cuando se les dan diálogos como: “Cómo te han cambiado” que les obligan a decir con solemnidad y cara de circunstancia?

Isabel Santos y Luis Alberto García son dos actores experimentados, que han trabajado juntos incontables veces y que, para muchos, son los rostros de una generación. Pero el guion no les permite generar ninguna química entre ellos. Como Esteban, Luis Alberto García se limita a repetir gestos y manerismos que ha repetido hasta el cansancio y que lo hace desempeñar su papel con facilidad, pero sin color dramático. Isabel Santos se dedica a expresar las inexistentes emociones de su personaje, crispando las manos y con gestos más histéricos que histriónicos. Su personaje es gratuitamente bipolar, para tratar de dar la inestabilidad del exilio, pero no es más que la caricatura grotesca de un aprendiz de dibujante. Ambos son personajes infantiloides, con personalidades mal definidas que no generan el menor interés. Aburren con sus pataletas.

Lester Hamlet ha dirigido dos películas de cierto interés, Casa vieja (2010) y uno de los cuentos de Tres veces dos (2004), pero en este filme perdió completamente el compás y ha retrocedido como cineasta. No supo dirigir su propio guion (junto con Mijail Rodríguez) creando una trama cansona por poco imaginativa y falsa, no le pudo dar vida a sus personajes ni rescatar del naufragio a los actores y no se decide a construir planos eficientes que creen un tono narrativo orgánico al tema. Pero es que el tema (¿cuál?), también se le va de las manos.

El veterano director de fotografía Raúl Pérez Ureta (Perfecto amor equivocado, Boleto al paraíso, Madrigal y un largo etcétera) se desperdicia en este filme en el cual no solamente no existe un argumento definido, sino que los encuadres, la iluminación y el movimiento de cámara son secundarios a lo que es en realidad un vacío cinematográfico.

Pretenciosa y grandilocuente, Ya no es antes, a pesar de una premisa atractiva, no pasa de ser una colección desordenada de planos y diálogos que no pasan de ser clichés y cursilerías. Para mi sorpresa, ganó el premio de popularidad en el último Festival de Cine de La Habana. A mí me pareció una de las peores películas cubanas que he visto en mi vida, y ya eso es decir demasiado.

Ya no es antes (Cuba/Canadá, 2016). Dirección: Lester Hamlet. Guion: Lester Hamlet y Mijail Rodríguez, basado en la obra de teatro Weekend en Bahía de Alberto Pedro. Director de fotografía: Raúl Pérez Ureta. Con: Isabel Santos y Luis Alberto García. Hecha en coproducción con el ICAIC. Puede obtenerse en DVD en Kímbara Cinemateca Cubana o en streaming en algunos sitios de la Internet.


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