Actualizado: 23/06/2017 19:24
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Mambo, Pérez Prado, Música

El centenario de Cara’e foca

Las piezas de mambo de Pérez Prado son conocidas en todo el mundo, pero las obras del compositor de ambiciosas piezas instrumentales han sido poco difundidas

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¿Fue el pianista y director de orquesta Dámaso Pérez Prado (Matanzas, Cuba, 11 de diciembre de 1916 – Ciudad de México, 14 de septiembre de 1989) el inventor del mambo? Vaya polémica que se ha suscitado a través de los años. Puntualicemos. El auge de la charanga de Arcaño y Sus Maravillas, una de las danzoneras más populares de Cuba en los años 30/40, introduce el “danzón de nuevo ritmo” a partir de la pieza “Mambo” (1938), del contrabajista, pianista, chelista y compositor Orestes Macho López (1908 – 1991) en colaboración con su hermano, el contrabajista y compositor Israel Cachao López (1918 – 2008). Montuno tomado de la síncopa de los treseros guantanameros: quebrantamiento de la regularidad del ritmo, por medio de la acentuación de una nota que interpretaban los violines, mientras el bajo mantenía la melodía y el ritmo.

Declara Macho López: “La primera parte del danzón era la del clarinete, la segunda la del violín, y, por último, la del mambo. Introduje ese empalme rítmico con el propósito de enriquecer la sonoridad de la charanga, porque antiguamente tocaban la parte final muy cortica, y no daban oportunidad a que ningún instrumento se luciera, ni a que los bailadores disfrutaran. Con la existencia del mambo ya comenzó un estado de ánimo diferente entre los bailadores: esperaban esa parte contentos de que fuera largo y hacían galas de coreografía muy animadas”.

Qué papel juega el pianista, compositor, otrora arreglista de la Orquesta Casino de la Playa, radicado en México a finales de los 40: toma los elementos innovadores de Orestes López y lo lleva al formato de la big bang bajo el modelo de la orquesta del estadounidense Stan Kenton. Bebo Valdés, hace lo mismo con la creación del Batanga, y Rene Hernández con los arreglos para Machito y Tito Rodríguez. “Mambo No. 5”, “¡Qué rico el mambo!”, “Rabo y oreja”, “Anabacoa” y “Rico y sabroso” (con Beny Moré) son sus primeros éxitos en tierra azteca. La disquera RCA Victor se encarga de difundirlo por todo el mundo. “Pero qué bonito y sabroso / bailan el mambo las mexicana”.

El cine mexicano se convierte en escenario para la música del cubano. El bailarín Resorte inventa pasillos disparatados que se convierten en coreografías mamberas. María Antonieta Pons, Lilia Prado y Ninón Sevilla son las rumberas que dilucidan los fragores de los metales y las percusiones de un ritmo que le ha dado nuevo brío a la vida nocturna de la Ciudad de México. Tongolele y Tin-Tan lo trasladan al universo de los pachucos. “Que le pasa a Lupita: no sé / Qué es lo que quiere: bailar / Por qué ella no baila: su papá / Qué dice su papi: que no / Qué dice su mami: que sí / Que baile Lupita: sí, sí, sí / Mambo, mambo, mambo: sí, sí, sí / ¡Uuugh diiloo!”. La sensual Jane Russell baila “Cerezo Rosas” en la cinta ¡Submarino! (1955), de John Sturges, y la sueca Anita Ekberk nos erotiza a todos bogando sus caderas con “Patricia” en La dolce vita (1960), de Fellini.

Las conformaciones del jazz latino fundan sus concordias en el ánimo del autor de “Mambo in Sax”. Chico O’Farril (1921 – 2001) se apoya en sus conformidades para su Afro-Cuban Jazz Suite (1950). Mario Bauzá (1911 – 1993) asienta el segundo movimiento de Tanga (versión definitiva de 1949/50, dada a conocer en 1992 en el fonograma Mario Bauza And His Afro-Cuban Jazz Orchestra, Messidor, 1992) bajo los parámetros del mambo. José Luis Cortés, líder de la timba habanera al frente de NG, La Banda, centra su prosodia de la sección brass en el legado de Pérez Prado (“Échale limón”, “Santa palabra”, “Murakami Mambo”, La cachimba”…).

Sin embargo, el Pérez Prado compositor de ambiciosas piezas instrumentales ha sido poco difundido: Voodo Suite, Mosaico Cubano, Exotic Suite of Americas y Concierto para Bongo develan a un músico de rico imaginario melódico-armónico-rítmico y dominio de las estructuras filarmónicas. “Viva Prado”, es la desenfrenada beat/swing que Stan Kenton le regala. Él corresponde con “Mambo a la Kenton”.

“Quién invento el mambo que me sofoca / Quién inventó el mambo / Que a las mujeres las vuelve locas / Ay mira mamá me las sofocas / Quién invento esa cosa loca / Un Chaparrito con cara de foca”, cantaba Beny More en los años de apogeo de Dámaso. México sucumbía a su algazara cadenciosa. Finales de los 50: decadencia. Ritmos como el pau-pau, el suby, la chunga, el mambo-twist y el dengue son intentos del pianista matancero por duplicar inútilmente el éxito del mambo: el Cara’e foca ya no gruñe. Su glorioso ¡Uugh diiloo! ya no asombra a nadie. Aparece en los 70 en la televisión mexicana, cansado y ceñido en un frac como pieza de museo.

Murió en 1989, en la colonia Santa María la Ribera, Ciudad de México: un piano desafinado adornaba el centro de la sala de su casa. La partitura de “La virgen de la Macarena” estaba emborronada con una observación de la entrada del primer tiempo del saxofón alto y la primera trompeta.


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