Actualizado: 24/04/2017 13:22
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Rock, Música, Música estadounidense

Johnny B. Good

Homenaje a Charles Edward Anderson Berry, conocido artísticamente como “Chuck Berry”, el compositor, intérprete y guitarrista estadounidense fallecido el 18 de marzo

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Y qué pasa ahora Chuck, cuando ya no puedes pararte más sobre tus flacas piernas para moverte al ritmo contagioso de tu rock. ¿Por dónde andas? Tuviste suerte. ¿Cuántos de los más jóvenes que te admiraron antes de poder afinar su primera nota frente al público tuvieron que salirse de esta gran escena antes que tú? Muchos. Este extraño y largo viaje por el que andas tú ahora se lo impusieron a ellos hace tiempo y de improviso. Que dirían Elvis, Holly, Lennon, Hendrix, la Joplin y Jim Morrison, cuando los montaron tan jovencitos en el tren, mientras todos los ritmos que cantaron, las cuerdas que pulsaron y el dinero que estaban por gastar se les iban disolviendo vertiginosamente en el recuerdo, junto a sus propios rostros en el éter, como libras y libras de confetis titilando, dispersándose en el espacio para siempre: “¡Oh leches! ¡¿Y ya yo tengo que irme mientras ese viejo huesudo va a seguir por allí abajo tocando tan feliz su Rock & Roll?!” Y así fue.

Oh Berry, nunca fuiste maestro honoris causa, ni te hicieron caballero, ni te llamaron rey, pero te batiste como todo un perro músico, de cafetín en cafetín, de escena en gran escena y de Rock en Roll tus buenos sesenta y pico de años. Y siempre con esa antigua guitarra Gibson, Chuck, ¿de dónde la sacabas? ¿Toda desaliñada pero haciéndola sonar igual? Qué Gibson ni qué Gibson, Chuck, yo no me lo trago; aquello en realidad no era más que una fogosa amante que lograste encerrar en el vudú de la madera para que cuando la tocaras nos gimiera como una guitarra toda loca de furia y de placer.

Apuesto a que ella fue tu más preferida compañera junto con tu inseparable policía. ¿Cuantas condenas fueron Chuck? ¿Cuántas chicas preciosas hiciste temblar al ritmo de tus flacas piernas en la parte trasera de tu Packard? Nunca te encontraron con una blanca, una Mary Ane más joven que tú, es verdad; y lo peor Chuck ya lo sabemos; no hubiera sido su edad sino la pureza esencial garantizada que se le desvanecía a una blanca cuando un negro la cubría. ¡Ah! Qué tiempos aquellos de la grandeza americana. Pero no fue así. Fue con una adolescente apache. Un negro con una apache… y músico, además. Y feo, Chuck. Sí que eras feo. Te costó tus buenos cuatro años de condena. Además de otros por distintos lados. Pero nunca nadie antes que tú electrizó igual un escenario. Ni Elvis. El fue el rey, pero tú fuiste el profeta. Todo el mundo lo supo en cuanto los enardeciste en el año de 1955 con aquella contagiosa Maybelline.

¡Ah Chuck Berry!, tendría la hermosa tentación de decirte que después de tu partida el mundo nunca será igual, pero es imposible. Además de una roñosa mentira. El mundo seguirá siendo el mismo, asquerosamente igual que siempre, con sus ambiciones, sus envidias, y las miserias inevitables de nuestra individualidad. Pero al menos te recuerdo con cariño y con lealtad.

Los que tienen la responsabilidad de vigilar la política y la justicia local, nacional y sideral a lo mejor no tienen tiempo para eso. Tienen el urgente deber de sopesar cada día como marcha el mundo y su equilibrio. Hablan y leen cosas serias. De la patria sobre todo y la justicia nacional. Se indignan, se ponen bravos. Casi ninguno tendrá ocasión de recordar otra cosa que el estricto cumplimiento de los derechos humanos ya no en el mundo, sino en las planas de un periódico. A esos les pido muchísimo perdón por haberte mencionado, Berry, en estas líneas, o por no haberlas aprovechado en condenarte. Y no faltan las razones. No fuiste un artista correcto políticamente, robaste, te beneficiaste una menor, incluso tenías malas pulgas ¡y te emborrachabas!, pero fuiste un artista real. Y sobrevivirás a cualquier elogio o ataque que nosotros periodistas, dioses ínfimos en todo esto del arte y la fama, le queramos infligirte.

Oh Chuck.

¿Y qué va a pasar ahora que tus piernas ya no se podrán mover en cualquier escenario al compás del Rock and Roll? Yo te lo voy a decir. Que adonde sea que llegues intentarás agenciarte otras más robustas, aunque nunca serán como ellas. Y reconócelo Johnny, ya era hora de que las dejaras descansar. Be Good.


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