Actualizado: 23/08/2017 14:28
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Lázaro Horta, Música, Música cubana

La herencia elegante e intemporal

El último disco de Lázaro Horta es un trabajo de una exquisita belleza, cuidado meticulosamente en todos los detalles y realizado por un artista que inunda cada canción con un brillo fulgurante

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A más de poseer un buen gusto musical, el actor Daniel García Rangel es muy generoso y le gusta compartir con las amistades sus hallazgos. Gracias a su recomendación, quien firma estas líneas le debe el haber escuchado por primera vez al español Pablo Alborán y a la cubana Ivette Cepeda. Fiel a ese hábito tan digno de elogio, semanas atrás me escribió para indagar si conocía el último disco compacto de determinado cantante. Le contesté que no y a los pocos días me lo mandó por correo. Es una suerte contar con amigos así.

El disco en cuestión es ¿Dónde están los caballos? y pertenece al cantante matancero Lázaro Horta, quien hace unos cuantos años se dio a conocer en Cuba a través del programa de televisión Todo el mundo canta. Usé el término pertenece y lo hago en sentido literal: además de la parte vocal, tiene el crédito de los arreglos, la producción, la mezcla y la masterización de los doce temas. Por si no fuera suficiente, seis de estos llevan su firma como compositor. Ha tenido, pues, el control absoluto del compacto y hay que reconocer que eso ha jugado a su favor. ¿Dónde están los caballos? es un trabajo impecable, que desde el primero hasta el último corte se distingue por su calidad, su coherencia y su esmerada factura.

Horta ha nutrido su repertorio con los mejor de la música cubana, de Sindo Garay y María Teresa Vera a Adolfo Guzmán y Gonzalo Roig. En 2006 editó Mi herencia cubana, que según los que lo han escuchado es una joya para admirar y recordar. “La idea es sacarme de adentro el repertorio que me ha perseguido durante todos estos años”, comentó él entonces. En este nuevo proyecto discográfico continúa ese homenaje a nuestro mejor patrimonio musical, pero ahora a través de expresiones criollas y de creadores contemporáneos como Carlos Gómez, Julio Font y la gran Marta Valdés.

Horta ha incorporado muy bien esa herencia, que ha dejado en él una huella indeleble. Se pone de manifiesto de manera más obvia en composiciones propias como Teté y Bolero sin fin, y también en sus versiones de temas ajenos como En la imaginación y La ciudad que le faltaba al mundo, de Valdés, Te amo, de Font, y La fuga de la tórtola, musicalización de Carlos Gómez del poema homónimo de José Jacinto Milanés. Ahí están presentes el danzón, el bolero, el feeling y cancionística cubana, en unas interpretaciones personales y sugerentes y unos arreglos que los llevan a otro nivel, pero sin que se desvirtúen ni pierdan sus valores esenciales. Algo a destacar es el nivel de excelencia en letra y música que mantiene todo el disco, lo cual obliga a hacer el elogio del talento de Horta como compositor y letrista. Algo que confirman, además de los títulos ya mencionados, Ciudad en azules, Cómo decir, Soy un artista local y la canción que da título al compacto. Temas, en fin, que bien podrían haber firmado algunos de los creadores cubanos que Horta ha interpretado.

Pero de igual modo, como cantante Horta mantiene alto el listón. Demuestra hallarse en plena madurez y hace gala de un completo domino de sus recursos. Posee además una voz bien educada, con varias capas y registros, capaz de transmitir sin esfuerzo el contenido de las canciones. Unas facultades que se ven destacadas por la austeridad de los arreglos, que se despojan de todo oropel retórico y sitúan la voz en primer plano. El magnífico resultado que con eso logra habla por sí solo en temas como José Jacinto y En la imaginación. Interpretados únicamente con acompañamiento de piano, los escuchamos inmóviles, con el temor de que el más leve movimiento podría romper tan delicado equilibrio creativo.

Para realizar este proyecto, Horta contó con la colaboración de varios artistas. Gema Corredera interviene junto con él como cantante en Bolero sin fin. Y Adriana Foster interpreta la versión en inglés de ¿Dónde están los caballos? También aparecen en distintos cortes del compacto los instrumentistas Daniel Rodríguez (flauta), Pedro Alfonso (violín), José Gola (contrabajo), Raúl Valdés (guitarra), Richard Bravo (batería), William Rodríguez (guitarra). El dibujo de la portada es la pintora Zaida del Río y el de la contraportada, de Rolando Estévez.

De todo lo anterior se puede concluir que ¿Dónde están los caballos? es un disco magnífico. Por supuesto, lo ha de ser para quienes valoran un trabajo de una exquisita belleza, cuidado meticulosamente en todos los detalles y realizado por un artista que inunda cada canción con un brillo fulgurante. En cambio, definitivamente no es recomendable para aquellos que opinan que el reguetón es lo que más mola. Estos harán mejor en no escucharlo, pues su efecto en ellos puede ser tan letal como el ajo, los granos de mostaza y el agua bendita en los vampiros.