Actualizado: 28/04/2017 12:52
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Shostakóvich, Literatura, Música

La maleta de Shostakóvich

El ruido del tiempo es la nueva novela de Julian Barnes

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Julian Barnes (Leicester, 1946): narrador británico imprescindible. Imposible olvidar las novelas El Loro de Flaubert (1984), Hablando del asunto (1991), Inglaterra, Inglaterra (1998), El sentido de un final (2011) o el libro de memoria Nada que temer (2008). Ganador de importantes premios (Médicis, Man Booker, Fémina, Faber...), su nombre aparece cada año entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura. Preocupado por los aconteceres del mundo moderno, Barnes es un agnóstico que extraña a Dios. De Ingenioso estilo, sus textos son siempre sorpresivos y audaces. Un perspicaz y sugerente humor ronda los folios de sus libros.

El ruido del tiempo (Anagrama, Panorama de narrativa, 2016): novela más reciente de Barnes. Recreación de la vida del músico ruso Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975), considerado como uno de los compositores más relevantes del siglo XX: vivió bajo el régimen soviético y alcanzó notoriedad en los inicios de la fundación de la URSS. La Sinfonía No. 1 o la ópera La nariz, las cuales fusionan la tradición rusa y las corrientes musicales vanguardistas de Occidente, fueron alabadas por las autoridades comunistas.

Pero, las piezas del hijo de San Petersburgo fueron también denostadas por “decadentes y reaccionarias”. Públicamente aparentó obediencia al sistema totalitario: asiente pertenecer al Partido Comunista Soviético y hasta ocupa una silla en el Soviet Supremo. ¿Fue en realidad Shostakóvich un disidente? Muchas conjeturas, a veces figuradas en candentes discusiones, se desprenden de las simulaciones o no del autor de la borrascosa Sinfonía No. 13.

Shostakóvich siempre se refugió en la ironía. El Premio E. M. Forster aborda los años terribles de la ofensiva de Stalin en contra de la más mínima “desviación ideológica”. La novela comienza con el editorial de Pravda en que el pianista es acusado de “desviacionista y decadente” por la puesta en escena de Lady Macbeth de Mtsensk. El temible secretario general del PCUS ha asistido, dos días antes, a una representación de esa ópera: ¿acaso el mismo dictador ha escrito la gacetilla difamadora?

Monografía de las relaciones entre arte y poder. El totalitarismo en todas las conjunciones de su siniestro método que obligó a muchos a postrarse a los pies del caudillo de Georgia. “Le citaron un sábado por la mañana. Sostuvo ante la familia y los amigos que sin duda se trataba de una formalidad, quizá una consecuencia automática de los continuos artículos del Pravda contra él. Difícilmente lo creía él mismo, y dudaba de que ellos se lo creyeran. No muchos eran convocados en la Casa Grande para conversar de teoría musical. Naturalmente, fue puntual. Y el poder fue al principio correcto y educado. Zakrevski le preguntó por su obra, qué tal iban sus asuntos profesionales, qué era lo siguiente que se proponía componer. En su respuesta mencionó, casi por reflejo, que estaba preparando una sinfonía sobre Lenin...”. El narrador británico refiere la personalidad de Shostakóvich en los legados de una crónica inquietante y terrible: infancia, vida íntima (esposas, amantes, hija, padres...), abjuraciones, miedos y cautelosas decisiones. Época infausta para el arte, sujeto a los esquemas del realismo socialista. Trances de una supervivencia suscrita en el desasosiego.

“Quienes no le conocían y los que seguían su música solo a distancia probablemente imaginaban que este había sido su primer contratiempo. Que el brillante compositor de diecinueve años cuya primera sinfonía fue enseguida aceptada por Bruno Walter, y luego por Toscanini y Klemperer, no había conocido nada más que una clara y limpia década de éxitos desde aquel estreno de 1926. Y aquellas personas, quizás conscientes de que la fama conduce a menudo a la vanidad y el engreimiento, tal vez abrieran el Pravda y conviniesen en que los compositores fácilmente podían desviarse del tipo de música que el pueblo deseaba oír. Y más aún, puesto que todos los compositores eran empleados del Estado, era deber de este, si cometían ofensas, intervenir y obligarles a una mayor armonía con su público. Lo cual parecía totalmente razonable, ¿no?”: narrador en tercera persona que asume el yo especulativo, conjetural, de la conciencia crítica del compositor, en el uso de la retórica de una mea culpa que será común después en los juicios del estalinismo.

Sobresalto y turbación abrigados en el silencio del insomnio. Shostakóvich después de esta entrevista en la Casa Grande “se acostaba totalmente vestido, tumbado encima de las mantas, con una maletita ya preparada a su lado, en el suelo. Apenas dormía y velaba imaginando las peores cosas que un hombre podía imaginar”. Yace junto a su mujer fingiendo tranquilidad. A mitad de la noche puede llegar un agente de la temible NKVD. Finge no escuchar ni oler el pánico de ella. Para el autor de Suite para Orquesta Un año es toda una vida, el tiempo es un eco que avizora y lo alerta de la posible fuga. En la maleta no falta la franela para limpiar el polvo en las teclas del piano.


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