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Actualizado: 31/10/2014 17:24
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Las razones múltiples para un premio

Palabras de la entrega del premio René Ariza 2013 a Lesbia Orta Varona, por Matías Montes Huidobro, presidente del Instituto Cultural René Ariza

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Cuando asumí la presidencia del Instituto Cultural René Ariza, a partir de una invitación de la directiva, aproximadamente a mediados del año 2011, en que el Premio René Ariza le fue otorgado a tres figuras representativas del teatro cubano, Manuel Reguera Saumell, Iván Acosta y Miriam Lezcano, mi primera consideración fue la siguiente: “¿Qué podía hacer yo para mantener vigente el legado teatral de la dramaturgia del exilio y que dejara sus huellas en el teatro cubano como una actividad patrocinada por el Instituto Cultural René Ariza?” La coincidencia de que en el año 2013 se celebrara el centenario del nacimiento de quien fuera la figura cimera del teatro cubano del siglo XX, maestro de toda una dramaturgia, me llevó a concebir el Congreso “Teoría y práctica del teatro cubano del exilio” bajo el lema de “Celebrando a Virgilio”, y lo que es más, con el propósito específico de que fuéramos nosotros como representantes del teatro del exilio, aquellos que nos hemos esforzados en mantener en pie el teatro cubano de la diáspora, y específicamente, el Instituto Cultural René Ariza, afincado en la memoria del propio Ariza, un exiliado arquetípico de todas las vicisitudes que representa hacer teatro fuera de Cuba, los que lleváramos adelante un evento internacional de este tipo, que quedaría como documento, no de mi trabajo, sino de la voluntad colectiva del teatro que, con tanto esfuerzo, ha seguido vigente desde esta orilla. Después se celebraron actividades inclusive mayor resonancia, tanto aquí como en Cuba, pero queda como hecho fundamental que el ICRA estuvo a la vanguardia de las mismas.

Por otra parte, un planteamiento adicional se imponía: dejar constancia de la vigencia de nuestro movimiento teatral, razón de ser del ICRA, mediante la exposición teórica de nuestra apabullada dramaturgia de la diáspora y la divulgación del trabajo realizado por sus autores, así como lecturas dramáticas que quedaran como ejemplo palpable, no sólo del trabajo de los dramaturgos, sino del talento y la pujanza de nuestros directores e intérpretes, su vitalidad y su amor al teatro. Por consiguiente, durante 2012, el ICRA patrocinó, con la colaboración de diversas agrupaciones teatrales (Havanafama, Prometeo, Akuara Teatro, Miami Teatro Estudio, y otros grupos teatrales independientes) lecturas dramáticas, casi a nivel de montaje, de Julio Matas, José Corrales, Raúl de Cárdenas, y tres textos de Virgilio Pinera, gracias el esfuerzo y el sacrificio de actrices, actores y directores, que no menciono para evitar omisiones y no extenderme, siempre dispuestos a darlo todo por el teatro y siguiendo una tradición ya establecida desde hacía años por el ICRA.

Con la colaboración de escritores, académicos y profesionales teatrales, el ICRA, dentro del contexto mencionado de “Celebrando a Virgilio”, patrocinó una muestra sin precedente de 22 conferencias sobre Piñera, un panel sobre Una caja de zapatos vacía, 4 conferencias sobre José Triana, además de la presentación de sus Obras Completas y 4 ensayos, y 22 conferencias sobre la dramaturgia del exilio y sus autores más sobresalientes, rindiéndole homenaje a José Corrales, Julio Matas, Pepe Escarpanter, Herberto Dumé, Francisco Morín, Nattacha Amador, Teresa María Rojas y muy en particular a José Triana, que fue el dramaturgo invitado. Y como muestra de todo ello quedan los dos tomos de Celebrando a Virgilio Piñera (de venta en Amazon), en los cuales se deja prueba explícita de que el Instituto Cultural René Ariza está en perfecto estado de salud y cumpliendo con su compromiso teatral e histórico.

Quiero dejar bien aclarado, que nada de esto lo hice yo, que “Celebrando a Virgilio” y todas las actividades expuestas, son el producto de aquellos que participaron en las mismas y los que apoyaron el esfuerzo, la obra de todos ustedes como representantes del teatro cubano, y que yo me limité a hacer mi trabajo y planificarlo, de acuerdo con la responsabilidad por mí asumida como Presidente del ICRA, en las cuales me preceden manos más competentes que las mías y pasan a otras que mantendrán en pie los objetivos de esta institución, con nuevas ideas y renovada dinámica. Esto explica que, a partir de esta noche, ceso en mis funciones come Presidente del ICRA, pidiéndoles disculpas por cualquier falla que hubiera podido cometer, pero asegurándoles que todo mi trabajo se ha basado en una voluntad de servir al teatro del exilio en particular y al teatro cubano en general.

En el proceso democrático nacional (y en estos momentos me refiero a los Estados Unidos) estas posiciones no son vitalicias, y cada cual imprime su sello, lo que sirve para crear una dinámica móvil, diversificada, alterna, y al mismo tiempo permanente. Es por eso que mucho me honra, darles a conocer que la Presidencia del ICRA pasa a manos de Mario García Joya, internacionalmente reconocido, director de fotografía de más de noventa películas cubanas, incluyendo La última cena, Cartas desde el parque y Fresa y Chocolate, con subsiguientes trabajos fotográficos en los Estados Unidos; becado de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, honor particularmente prestigioso que con modestia proverbial rara vez menciona; el cual, además, dejando a un lado su brillante trayectoria en las artes gráfica y la fotografía en Cuba, es persona excepcional, amigo verdadero de muchos años, de una modestia absoluta, que pasará a mantener vigente la razón de ser del Instituto Cultural René Ariza Es para todos nosotros un privilegio que García Joya asuma la Presidencia del ICRA.

Finalmente, el hecho de que la entrega del Premio René Ariza del año 2013 se haga, específicamente, el día en el cual se conmemora el fallecimiento del Dr. José Escarpanter, en el Día Internacional de Teatro al cual se le diera su nombre, y a quien el ICRA le otorgó el Primer Premio Anual de 2006, por tratarse de una vida dedicada al teatro merecedora de los mayores reconocimientos; otorgado además por una institución realmente sin fines lucrativos, de fondos muy escasos, casi nulos, que ni siquiera conlleva costos para los “taxpayers”; en un contexto como el Teatro Akuara, Sala Avellaneda, que se edificó y ha subsistido, mano a mano y golpe a golpe, por la voluntad de ser teatral de Mario García Joya e Yvonne López Arenal; hace de este acto, la más auténtica, menos pomposa, y más legítima celebración del día Internacional del Teatro Cubano en honor de Escarpanter, en medio de este difícil mundo teatral y del exilio donde, precisamente, se nada entre tiburones. Como si no fuera poco, a esto hay que agregar que esta velada teatral haya sido coordinada en conjunción con la Fundación Cuatrogatos, con la presentación de diez monólogos escritos por diez autores, cinco actrices, un director y varios colaboradores, que forman parte legítimamente integral de la dramaturgia cubana del exilio.

Sólo me resta, para cerrar mi última intervención como Presidente del ICRA, honrar a una persona que bien se lo merece, la bibliotecaria Lesbia Varona, entregándole el Premio René Ariza del año 2013. Cabría preguntarse: ¿qué motivos ha podido llevar al Instituto Cultural René Arriza a otorgarle un premio “de teatro” a una bibliotecaria que a primera vista pudiera parecer distanciada del quehacer teatral? Las razones son múltiples, algunas de las cuales aparecen detalladas en las páginas de “Celebrando a Virgilio Piñera”, por su constante apoyo dentro del contexto del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami a múltiples actos del ICRA y sus actividades como bibliotecaria al preservar y enriquecer el patrimonio teatral cubano y el carácter simbólico que hay detrás de este hecho, porque a pesar de la importancia del teatro como espectáculo en vivo, la permanencia histórica del mismo, dentro del acervo cultural de la nación, sólo puede estar vigente a través del texto escrito, como documento, como archivo histórico, que permita ir una y otra vez al punto de partida del quehacer escénico. Pero, sobre todo esto, la peculiaridad que tiene el Premio René Ariza 2013, es que no se le otorga ni a una actriz, ni a un actor, ni a ningún dramaturgo o dramaturga, director o crítico, sino que se transfiere en carne y hueso a una persona que, por su amor al teatro, transfiere la óptica del premio del escenario a la platea, y se va del que crea el espectáculo al que lo apoya y lo aplaude, volviendo a Lesbia Varona en una figura arquetípica del público sin el cual el todo del ser teatral no existe. Pocas veces el eterno teatral que va del libro al escenario ha sido tan perfecta y metafóricamente graduado como en esta ocasión.


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