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Actualizado: 23/10/2014 17:49
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Psicoanálisis

Michel Onfray y su crítica de Sigmund Freud

“El psicoanálisis constituye la autobiografía de un hombre que se inventa un mundo para vivir con sus fantasmas como cualquier otro filósofo…”[1]

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En los últimos meses del año 2012 apareció por fin en las librerías mexicanas la traducción en español del libro de Michel Onfray, Freud. El crepúsculo de un ídolo.

El prestigioso filósofo francés, propone la deconstrucción del “mito científico” —un oximorón—, de la figura y la obra de Freud, y por tanto del psicoanálisis, resaltando su coherencia autobiográfica y filosófica pero igualmente la carencia de pruebas y razonamientos científicos para haberse erigido en algo más que una fabulación, un fantasma, una construcción literaria, un producto artístico.

Con su habitual método de análisis, Michel Onfray estudia las biografías sobre Freud, la obra completa publicada y la correspondencia de Freud con sus contemporáneos. No deja de consultar la hagiografía construida por los discípulos y seguidores como tampoco deja de analizar la bibliografía crítica sobre el pensador producida a lo largo del siglo XX por pensadores de todas las tendencias políticas.

El lector cubano recibe una lectura de Freud en los años 60 a través del freudo-marxismo en figuras como Erich Fromm y Herbert Marcuse, pero no de los libros y artículos criticando los supuestos freudianos sino aquellos que incorporan la parte crítica de Freud a la civilización occidental capitalista.

Sigmund Freud fue eliminado de la enseñanza universitaria al igual que otros pensadores occidentales por considerársele un autor “burgués”. En los años 90 se podían leer algunas conferencias de Jaques Lacan en fotocopias clandestinas que circulaban entre amigos y conocidos con la misma fruición de todo lo que ha sido prohibido. En este caso preciso, ¿la censura nos libró de un mal mayor?

Creo que sí. Un Freud validado como científico y el psicoanálisis extendido como clínica y terapia efectiva de curación, habría ocasionado estragos similares a los producidos en la vida de todos los que han seguido sus “tratamientos” en el resto del mundo, —salvo los beneficiados con un cierto efecto placebo perfectamente accesible también con una pastilla de azúcar inocua.

Las consecuencias prácticas de ser leídos todos como enfermos (no hay parámetro de normalidad en el psicoanálisis) y de comprenderse a uno mismo a través de la mitología freudiana y de sus seguidores, nos lleva al mundo de la impotencia, la fatalidad de la perversión, una angustia existencial desde los orígenes, un pensamiento conservador y retrógrado sobre la sexualidad humana y una represión que queda situada fuera de nuestras posibilidades de control.

Si todo esto fuera cierto, sería un logro conocer más de nuestras limitaciones como mortales, pero lo asombroso del mito freudiano y del psicoanálisis es descubrir las bases arbitrarias de todas sus hipótesis. Michel Onfray analiza los conceptos claves del psicoanálisis y su construcción mítica.

Veamos las implicaciones de esa lectura de la psiquis humana.

- El inconsciente humano, un universo insondable que solo el psicoanalista puede descubrir, en cada uno, en sus capas más superficiales. Una pulsión de vida y muerte que domina al inconsciente y como el inconsciente nos domina y no tenemos control sobre él, pues estamos condenados a la imposibilidad de conocernos y tener control sobre nosotros mismos. La responsabilidad personal se limita a asumirse “enfermos” y tratar de manejar a lo largo de la vida las supuestas “perversiones del alma” que Freud sufrió o imaginó.

- Tenemos un lado oscuro innato que nos promueve una culpabilidad de base por tener supuestos demonios inevitables. Puros fantasmas de Freud.

- La mujer es un tabú para Freud, por ello nos condena a ser frustradas por no tener el órgano masculino, a validar como pertinentes unos orgasmos sobre otros, y obligatoriamente a sufrir el complejo de Edipo (hombres y mujeres). Otra vez los fantasmas y la ignorancia de Freud.

- Lo más siniestro de la terapia freudiana es que si no admite sus presupuestos, el paciente está en negación y enfermo, si admite todas las lecturas fatídicas sobre su psiquis esta enfermo igual, pero “quizás” pueda curarse. No hay salida, es una terapia que exige un acto de fe, y en eso se acerca a las consultas con nuestros babalawos u otros “padres espirituales”.

- El onanismo y la homosexualidad son desviaciones y anormalidades en el desarrollo del ser humano. Una muestra de la influencia de la conservadora moral austríaca de finales del siglo XIX en la cabeza de Freud.

- Jaques Lacan, que lleva al paroxismo las propuestas de Freud llega a afirmar que: “no existe la relación sexual”, no hay intercambio posible, la incomunicación y la imposibilidad de conocer al “otro” es un fatalismo que se explica por obra y gracia de la imaginación del autor y su “teoría del espejo”.

Si Lacan hubiera sido solo un escritor le agradeceríamos sus aportes metafóricos. Convertido en figura prominente del psicoanálisis nos crea problemas complementarios absolutamente arbitrarios.

No solo son lamentables los estragos clínicos que han producido todos estos presupuestos, sino que además estas hipótesis y otras del psicoanálisis tienen implicaciones en la epistemología de otras ramas de conocimiento como la semiótica, que pretende interpretar el lenguaje humano también bajo determinados supuestos del psicoanálisis, para entender el chiste, el lapsus, las pausas, el olvido de los nombres propios, como las manifestaciones de un inconsciente reprimido que se manifiesta a destellos con todas las huellas de las lecturas libidinales de Freud.

También queda latente una supuesta imposibilidad de conocer al “otro” en una medida tan radical que cuestiona las mismas bases del conocimiento. Por lo tanto, las secuelas de pretenderse “científico” ha tenido unas consecuencias que no se agotan con el brillante análisis de Michel Onfray más centrado en discernir el contenido del pensamiento freudiano: ¿científico?, ¿filosófico?

Si Freud se hubiera contentado con ser el filósofo vitalista que fue, nos habría beneficiado —como lo ha hecho— con un pensamiento que nutre la imaginación artística e intelectual. Pretender comprender la psiquis humana a través de mitos, fabulaciones y dolencias personales en efecto nos aportó temas y enfoques muy fructíferos para la ficción literaria y artística a lo largo del siglo XX e inicios del XXI.

La lucidez y genialidad de Michel Onfray reside en demostrar la falsedad “científica” de la teoría de Sigmund Freud, convirtiendo la comprensión y el alivio de pensarnos menos minusválidos en un acto profundamente liberador.



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