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La rumorología criolla

La rumorología criolla

La rumorología criolla

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Tania Quintero

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Lucerna

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10/08/2006 6:00

09/08/2006 14:41

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El régimen sabe del boom mediático y responde con una capa de humo para impedir hablar más de la cuenta.

Por estos días, cadenas televisivas europeas muestran reportajes variopintos. El pasado 5 de agosto retransmitían imágenes del Maleconazo, la represión y la estampida desatada en 1994. En Bolivia, el embajador de Cuba, Rafael Dausá, de traje, participaba en las calles de Santa Cruz en una ceremonia para pedir a la Pachamama por la salud de Fidel Castro y en la cual no faltaron hojas de coca, aguardiente de caña y fotos del Che. En Miami, el presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, Jorge Mas Santos, con guayabera y hablando en inglés y español, exhortaba a los militares cubanos a desoír las órdenes de Raúl Castro.

En Galicia, era entrevistado un desmejorado y enflaquecido Manuel Fraga, fundador del Partido Popular y viejo amigo de la familia Castro Ruz. Una hermana de los Castro, Juanita, exiliada en Miami desde los años sesenta, nunca había sido tan asediada por la prensa. Muy solicitada ha estado también la hija ilegítima de Fidel Castro, Alina Fernández Revueltas.

Normalmente, a los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba les es difícil desarrollar libremente su labor. En estas circunstancias, dado el secretismo y el misterio, al no poder cumplimentar todas las peticiones de sus redacciones, los medios por ellos representados calzan los escuetos despachos enviados desde La Habana con entrevistas y anécdotas al margen de la censura castrista, obtenidas de enviados especiales en Estados Unidos y otros países donde radican cubanos.

Hasta la fecha, poco ha trascendido de lo que en realidad pasa en Cuba. Y menos de lo que está pasando por la cabeza del cubano. Algo que también debe preocupar al Ministerio del Interior, que tiene bien controlados y vigilados a los disidentes y periodistas independientes, pero no así a una oposición silenciosa conformada por ciudadanos de profesiones, empleos y rangos sociales diversos.

Casi todas las opiniones vertidas en las calles ante cámaras y micrófonos extranjeros carecen de credibilidad: la mayoría son dichas de "dientes pa'fuera". La gente no es boba y se cuida. Algunos prefieren no opinar y se escudan en el lenguaje retórico y panfletario aprendido durante 47 años. Los funcionarios, como es habitual, no se salen del guión previamente elaborado por el Partido.

Lógica cautela mantienen al hablar o escribir los disidentes y periodistas independientes. Es comprensible: al reportero foráneo que "se pasa de rosca", las autoridades lo expulsan del país. Pero si un disidente o periodista independiente se "extralimita", su destino es la cárcel.

'Radio bemba'

Cuando se han vivido en Cuba las verdes y las maduras, antes y después de 1959, es fácil imaginar las especulaciones que a puertas cerradas están teniendo lugar en estos momentos en los hogares cubanos. La rumorología criolla, más conocida por "radio bemba", es tan vieja como la afición al juego y las apuestas. En Cuba nada escapa a la murmuración y el cotilleo. Al extremo de llegarse a afirmar que determinadas "bolas" son echadas a rodar por el propio gobierno. Hermano gemelo de los chismes son los chistes, de los cuales no han escapado Fidel Castro y su hermano Raúl.

"Radio bemba" está tan enraizada como las creencias. Las consultas a santeros y babalaos estarán a la orden del día, así como las sesiones de espiritismo y los turnos para tirar las cartas o leer las manos. También las ofrendas a deidades de las religiones católica y yoruba, en especial las tenidas por más poderosas y protectoras: Ochun, Obatalá, Yemayá, Changó, Babalú Ayé y Ogun.

Muchos creyentes estarán "dando de comer" a Eleguá y Orula, en un intento por vigorizar su protección. Los "trabajos" en el mar y cementerios; bajo palmas, ceibas y yagrumas; por las vías férreas y cerca de dependencias oficiales (unidades de policía, oficinas migratorias, del Partido y el Poder Popular), se multiplicarán tanto o más que las solicitudes para "hacerse Iyabo" y realizar misas espirituales a muertos allegados. Es difícil de saber, pero debe haber crecido la demanda de velas, flores, yerbas, cascarilla, miel de abeja, aguardiente, cocos, calabaza, plátano, harina de maíz, palomas y gallinas prietas, entre otros productos utilizados para "una buena limpieza".

Es de suponer que las visitas a las iglesias se incrementarán en la medida que "la cosa se siga viendo oscura". Sobre todo al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, y a las que en la capital acogen a los santos más venerados y próximos a celebrar: la Virgen de Regla (7 de septiembre), de la Caridad (8 de septiembre) y la de las Mercedes (24 de septiembre); San Judas Tadeo (28 de octubre), Santa Bárbara (4 de diciembre) y San Lázaro (17 de diciembre).

A la cautela, la desinformación y el misticismo se suman preocupaciones más terrenales: la repercusión que la actual situación pudiera tener en la relación dólar-euro-peso cubano convertible; la previsible disminución del turismo, máxime en meses de temporada ciclónica; el temor de los empresarios extranjeros, quienes ante un incierto futuro pudieran cerrar sus negocios y marcharse; y por último, pero no menos importante, las afectaciones inmediatas sobre la deprimida economía interna y las mejoras sociales anunciadas, desde la construcción acelerada de viviendas hasta una mayor cantidad y calidad de alimentos vendidos a la población por la libreta de racionamiento, vigente desde marzo de 1962.

Entretanto, en medio de mensajes "tranquilizadores" desde La Habana y de campañas iniciadas por el exilio anticastrista de Miami, los signos de interrogación se multiplican de un extremo a otro del planeta, que con atención sigue el desarrollo de dos crisis: la del Medio Oriente y la de Cuba a raíz del deterioro de la salud de Fidel Castro.

Pese a la incertidumbre, las limitaciones materiales, el aumento de la vigilancia, la probable represión y la escasez informativa, pueden todavía considerarse afortunados aquellos que dentro de sus casas, con la radio y el televisor encendidos —para que Fefa Comité no pueda escuchar—, tienen la posibilidad de comentar con los suyos sus miedos, frustraciones o esperanzas. Ni eso pueden los cerca de 330 presos políticos cubanos.

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