El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

La libertad, en 4 de julio

Es 4 de julio. Día de la Independencia. Una fiesta que todos asociamos con la libertad, con el nacimiento de los Estados Unidos, con el momento originario de la primera democracia del mundo. Un día de regocijo, pues, también para aquellos que no vivimos en Norteamérica.

Hay algunos cubanos que seguramente celebrarán este 4 de julio con especial entusiasmo.

Cubanos de origen que viven en los Estados Unidos. Cubanos que tuvieron la suerte de escapar de una dictadura que restringe las libertades de sus compatriotas.

Tienen más suerte aún, porque se dedican a la política en la primera democracia del mundo donde representan a cubanos como ellos, que han adoptado la ciudadanía del país que los acogió.

Tienen todavía más suerte, si cabe: al representar a los cubanos exiliados, representan en cierto modo a muchos millones de cubanos que dependen de sus familiares en los Estados Unidos.

Francamente, su suerte es envidiable.

Pero, ay, le llega a uno noticia tras noticia de esa gente con tanta suerte. Y hay noticias de su compromiso con la libertad de Cuba, sí y copiosas, pero también muchas, muchísimas, una tras otra, son montón, cola, burujón, tumulto, de su obstinación en sujetar a los cubanos que viven en libertad con los grilletes de la Guerra fría. A diseñarles vida familiar a mucha gente que escapó de Cuba para que nadie les dijera cómo administrar sus afectos, sus emociones o su cartera.

Sostienen esos pocos cubanos que tienen tanta suerte, que las visitas a Cuba hay que reglamentarlas, calculan y establecen cuánto guaniquiqui le manda Juan a su hermano Pedro o a su tía Juana. Ponen, en aras de la libertad de los cubanos que viven en Cuba, cortapisas a la de quienes ya no viven allá. La madre de todas las paradojas, sin duda.

Creen, con ello, velar por la pureza de medio siglo, como si medio siglo fuera algo más –en realidad, es poco menos– que el tiempo que los cubanos llevan esperando vivir en libertad.

Quiero pensar –hoy me he levantado crédulo y generoso, ¡es 4 de julio!–, que los animan sentimientos nobles. Que cuando Lincoln Díaz-Balart se pregunta retóricamente “How could I ask my colleagues from other states to continue prohibiting travel to Cuba by their constituents if I were advocating unrestricted travel to Cuba for Cuban Americans?'' es porque no se le ocurre respuesta sencillita: que esos cubanos que representa tienen en Cuba madres y padres, hermanas y hermanos, hijas e hijos, algo que no tienen los norteamericanos que irían a tomar el sol en Varadero o visitar la casa de Hemingway para mirar embobados y con la mano en lo más hondo del bolsillo la piscina en la que alguna vez se bañó desnuda Ava Gardner.

Quiero pensar también que celebrando hoy la libertad, piensen esos cubanos con tanta suerte, siquiera por un instante que la libertad es algo más que un asunto de mera política, algo más que una mera palabra, mucho más que algo que se deja para mañana. Que libertad es también la condición de quien no necesita preguntarse si goza de ella.


Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/dennys-matos/blogs/el-tono-de-la-voz/la-libert
ad-en-4-de-julio