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Actualizado: 31/10/2014 17:24
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| Entrevistas

Literatura, Exilio

Alberto Lauro, Madrid

“¿Yo formo parte de alguna sociedad? De ninguna. De la única que quisiera ser es la de los abakuá por influencias sobre mí de Lydia Cabrera, Walterio Carbonel y Tato Quiñones y no me aceptan porque soy gay”

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Alberto Lauro, poeta, ensayista, narrador y periodista católico, nació en Holguín, Cuba, en 1959. Desde muy joven colaboró como comunicador y guionista de radio y televisión, así como en la prensa y las revistas literarias de su país, en donde se le negó la enseñanza universitaria durante una década por su formación religiosa. Licenciado en Filología Hispánica en la Universidad de La Habana y homologado por la Universidad Autónoma de Madrid, ha estudiado además Bibliotecología y Archivología. En España ha publicado los poemarios Parábolas y otros poemas (Ediciones Rondas, 1977), Cuaderno de Antinoo (Editorial Betania, 1994), así como las “plaquettes” El errante e Invocación frente al desierto mar (Editorial Jábega, Madrid 1994 y 1995), El regreso a la novia de Lázaro (Voces de Hoy, Miami, 2011), Distante el Paraíso (Ediciones Hoy no he visto el Paraíso, Francia, 2011) y En Cuba, todos premiados, Con la misma furia de la primavera (l987), así como los poemarios para niños Los tesoros del duende (1987) y Acuarelas (l990). Aparece en numerosas antologías extranjeras de la poesía actual. En 2004 recibió el Premio Novela Odisea con En brazos de Caín y en 2011 el XVI Premio de Poesía Luys Santamarina de Cieza con el poemario Hijos de mortales.

¿Por qué decidió vivir fuera de su país?

Alberto Lauro (AL): Porque en la década de 1990 Cuba era insoportable. No aguanto el calor; no me gustan las playas porque prefiero las piscinas, ni el ron, ni los mojitos, ni las baladas de los cantantes latinos, ni el reguetón, ni la música salsa a excepción de Celia Cruz en una fiesta. Y la supresión de la paga soviética nos sumió en el abominable Período Especial. Siempre quise vivir un tiempo en Madrid. De aquí apenas me he movido y no tengo ningún interés por viajar. Ya son 20 años. No me gusta hacer turismo y me abruma estar de paso en los lugares. Quería residir un tiempo en España, que es el país de mis antepasados, naturales de Canarias y de Santander. No obstante, era en verdad un exiliado. Fue mi condición primera al llegar y lo es hoy, a pesar de que tenga pasaporte español. Este capricho se convirtió en una estancia forzosa al fin y al cabo que, al parecer, está llegando a su fin. Mi próximo destino lo ignoro, pero si me lo preguntan y me dan a escoger, querría estar con los amigos que se quedaron en Cuba como la pintora Zaida del Río, la escritora Magaly Sánchez, la poetisa Fina García-Marruz y sus hijos José María y Sergio, que son como mis hermanos; la actriz y directora de teatro Flora Lauten, mis amigos del grupo de teatro “El Público”... No en vano el poeta José María Heredia, exiliado en México, escribió que entre Cuba y España “tiende inmenso sus olas el mar”.

¿De qué manera salió de Cuba?

AL: Como casi toda mi generación, a través de invitaciones muchas veces ficticias. Con la ayuda de dos inolvidables amigos asturianos. Estuve llorando encerrado dos meses en una casa en Gijón. Muchos pensaban que habían traído de Cuba a un loco. Sabía que esta estancia se iba a prolongar aunque ignoraba que era por tantos años. Lloré todas las noches. Mi salida fue absurda y rocambolesca. Algo que prefiero olvidar. El precio de no ver a mi madre en 20 años y de no asistir al entierro de mi padre, mis abuelos y muchas personas importantes para mí, ha sido algo demasiado doloroso. Cruel. Igual que el fallecimiento de amigos por todas partes: Dulce María Loynaz y Cintio Vitier en La Habana; José Mario y David Lago en Madrid; Julio San Francisco en Murcia; Eliseo, Lichy y Rapi Diego en México; Elena Tamargo, Carlos Victoria y Heriberto Hernández Medina en Miami... Me he quedado en Madrid porque estoy en medio de Cuba y de España. Aunque en realidad no estoy en ninguno de los dos países. Los extremos de todo tipo no los puedo soportar. Soy un libertino (del siglo XIX) como dice Zoé Valdés en el prólogo de mi novela, publicada en España. Un bohemio. No errante porque casi no me muevo de Madrid. Eso tiene su alto precio. O como dicen muchos amigos: soy un cónsul de Cuba sin cartera. Es muy difícil ser equidistante de Cuba y Miami. No obstante, por momentos soy intolerante y radical. En Cuba viven todos los Escalante, familia de mi madre y fieles a la revolución. En Miami, los de mi padre y sufrimos la muerte de Carlos Costa, hijo de Mirta, sobrina de mi abuelo Aurelio Pino, que fue juez en Holguín y murió exiliado en Miami. Carlos es una de las víctimas de las avionetas derrumbadas de los Hermanos al Rescate. Ni unos ni otros son felices en esta única existencia que tenemos y que se nos acaba en cualquier momento. Tampoco yo. Perdona que sea tan sincero, aunque en las fiestas sea, como se dice en España, “la alegría de la huerta”. El pasado día 13 tenía ese mismo día 13 invitaciones: fiestas, galerías de arte, cenas, conciertos... Pero (otro refrán): “la procesión va por dentro”.

¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?

AL: No. España me era cercana, familiar. Toda mi vida había oído hablar de ella. Antes había estado en la Universidad de Neuchâtel y de Friburgo, en Suiza. Comparada con la frialdad helvética, España me pareció algo muy próximo. Y así fue muchos años. Venían a verme de Estados Unidos mis amigos y lo mismo de Cuba. La pintora Zaida del Río, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet, toda la familia de Cintio Vitier y Eliseo Diego; Leo Brower estaba dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Córdoba y estaba allí la pianista Pura Ortiz. Iba a los teatros a ver a Linda Mirabal, Alina Sánchez. Los actores Vladimir Cruz y Joel Angelino estaban en Madrid. Alicia Alonso venía todos los años con el Ballet Nacional de Cuba a sus temporadas de verano en el Teatro Albéniz. De París venían pintores: Jorge Camacho y su esposa Margarita, Ramón Alejandro, Julio Matilla desde Biarritz. Eso sin contar mis amigas del Centro Cubano: Vivian, Conchita Massaguer, la bellísima María Comella, que durante años ayudaron a tantísimos cubanos. Además de colaborar en algunos programas de radio y televisión, trabajaba en el diario La Razón con Lissette Bustamante y María Elena Cruz Varela, tan queridas. En fin, no me sentía tan solo. El pintor Waldo Balart se mudó a Madrid después de estar en Bélgica. Luis Baralt me hablaba de su tía Blanche Zacharie de Baralt, autora del más bello testimonio sobre José Martí (“El Martí que yo conocí”). Iba al Ateneo al que asistía Martí, también el olvidado Emilio Bobadilla (Fray Candil), nacido en Matanzas y que en duelo con Leopoldo Alas le hirió gravemente: escribió la novela A fuego lento, publicada en Barcelona en 1903, verdadero precursor del boom latinoamericano para mí. Voy al Teatro Español donde triunfó Gertrudis Gómez de Avellaneda. Inventé una Cuba también ficticia a mi medida, donde cabían también mis amigos españoles. No hacía falta moverme a otra ciudad. Eso sin contar con cubanos que ya estaban aquí antes de yo llegar. En los últimos tiempos todo ha cambiado. La situación laboral y social de España se ha vuelto irrespirable, insostenible. Muchos amigos latinoamericanos e incluso nacidos aquí se van de España. Al llegar de La Habana en 1993 el maestro Joaquín Rodrigo y su familia me acogió. En poco tiempo ya conocía desde los Reyes a los mendigos de la Plaza Mayor. Con Zoé Valdés salí una vez por el barrio La Latina y me dijo que tenía la sensación de andar con un alcalde. He ido de juergas con los cantantes Joaquín Sabina, Massiel, el pintor Quijano y su novio Ángel en giras con María Dolores Pradera; los poetas Ángel González, Caballero Bonald, el escritor canario (el más cubano de todos los escritores españoles) J. J. Armas Marcelo. Carlos Alberto Montaner me presentó hace más de 10 años a Vargas Llosa, que vive en el centro de Madrid. Paso frente a su casa con frecuencia, que es como hermano del cineasta Orlando Jiménez Leal, y estuvimos hablando de Orlandito hace unos días en la inauguración de una librería (La Central). Larga sería la lista incluyendo a los músicos. Estuve trabajando en el Café Berlín de jazz con las actrices cubanas Odalys Castro y Katia del Pino. Era vecino de Joaquinito Ordoqui, el actor Roberto Govín, viví con el poeta Omar Cerit y Capi, que es nieto de José Raúl Capablanca. Echo de menos a Claudia Rojas. A Gema Corredera que canta con Pavel Urquiza. Ninguna noche era igual a otra. Por ahí pasaba Dieguito el Cigala, Rosario Flores, Luz Casal, Jerry González... De esas noches surgió esa maravillosa rosa negra que es la voz de la cantante Concha Buika, que no se parece a nadie. El pianista Caramelo animaba los domingos y se le unían Kelvis Ochoa, Alain Pérez, Habana Abierta... Pero también Fito Páez, Charly García. William Valladares recibía en el bar La Joya de Oro a todo el mundo: Meme Solís que venía de Nueva York; Rosita Fornés de La Habana; la actriz Moraima Olbera y Farah María que viven en Madrid; Alina Fernández, la hija de Fidel Castro con Naty Revuelta, que también vivió en Madrid varios años. La Residencia de Estudiantes ha sido el sitio al que más actos he asistido —allí conocí a Laura e Isabel García Lorca— junto a la Casa de América. No puedo resumirlo todo aquí. A esto hay que sumarle la estancia o permanencia de bailarines, pintores, actores... Los maravillosos conciertos de Eliades Ochoa, Compay Segundo con la cantante española Martirio, Omara Portuondo... En fin. Cayó el telón. Habrás visto las continuas manifestaciones de los sindicatos, de las víctimas de los expolios, las golpizas de la Policía a los manifestantes en las calles con una brutalidad inusitada. Los recortes económicos están acabando con la clase media. El gran logro español de la Seguridad Social y la medicina pública se hunden. Lo mismo la educación y la cultura. Esto, mejor que yo, lo dice el escritor Javier Marías, de quien fui vecino, que se ha negado a aceptar el Premio Nacional de Narrativa. La corrupción y los escándalos se suceden. Si los propios españoles dicen que su deporte nacional es la envidia, ¿qué voy a decir yo...? También me he divertido, no te lo voy a negar. Y en ningún sitio hubiera experimentado lo que he vivido en España, que era hasta hace muy poco la permisibilidad total. Aquí he conocido también a Sarita Montiel, que era el ídolo de mi casa después de la Virgen María. A la inigualable Chavela Vargas. Solo no he conocido a dos personas que me he quedado con las ganas: la novelista Corín Tellado porque estaba enferma el día que fui a su casa de Gijón y a la cantautora Mari Trini. Pero España es como Cuba una fuente inagotable de personajes: Carmina Ordoñez, Pitita Ruidruejo, el pintor Ginés Liébana, mi primer amigo en España: el poeta Luis Antonio de Villena... Podría estar horas y horas dándote nombres.

¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia?¿Qué logros ha obtenido?

AL: Llegué de Cuba en 1993 y al año siguiente publiqué en Editorial Betania Cuaderno de Antinoo, un libro de poemas en prosa, y su presentación fue en un club que era también discoteca. Unos negros cubanos tocaron tambores. El manuscrito lo tenía Gastón Baquero, que vino al acto y me dijo que el emperador Adriano, su amante Antinoo y los griegos no tenían nada que ver con aquellos rumberos tan descarados. Lo cierto fue que el público se divirtió mucho con una conga de bailarines medio desnudos y con sus torsos brillantes de sudor. Entonces le dije a Gastón que sí, que los griegos sí tenían que ver con aquellos negros y mulatos exóticos y su lujuria. Gané en 2004 el Premio Odisea con la novela En brazos de Caín. En su momento la crítica habló del tema homosexual evidente pero en verdad lo preponderante de la trama es el incesto. Ignoro otras novelas o relatos que lo han tratado en la literatura cubana, además de Cirilo Villaverde en Cecilia Valdés. Y doy una primicia, que algo he tenido que ver con la prensa rosa también, pero no me gusta nada. De ello estuve hablando con Paquito D'Rivera hace unos días, cuando tocó en el 30 aniversario del Café Central de Madrid: pronto se estrena Cecilio Valdés, ópera con música suya y textos de Enrisco. Algo irónico y divertido y genial como ellos dos. El año pasado recibí el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza con el poemario Hijo de mortales, que comencé a escribir en Holguín desde 1987 y lo acabé hace como dos años. Trato los temas de la literatura griega y romana. Soy muy vago con la escritura. “Escriba solo por urgencia” le dijo Gabriela Mistral a mi amiga Fina García-Marruz. Y yo siento esa urgencia cada vez menos. Tal vez deje ya de escribir poemas como hizo Dulce María Loynaz. Soy perezoso, indolente, también demasiado burgués para creer que la poesía salve mi vida, como creía cuando era adolescente y andaba con los poetas del grupo Orígenes, que fueron mis mentores. No me creo eso de la trascendencia, que es algo que oí mucho de los poetas y escritores de mi generación, a los que, salvo excepciones, no conocí muy pronto. He trabajado también una temporada en una agencia literaria y lo más triste que he vivido es constatar que, para la inmensa mayoría de los editores y los libreros, la literatura es un objeto más de comercio, como vender churros con chocolate (dicen que muy ricos en San Ginés pero me parece una mezcla indigerible para mí) o bocadillos de calamares o floreros. Aquí también incluyo a muchos autores a quienes sus agentes les obligan a entregar un mamotreto de más de 400 páginas cada seis meses. La escritura para mí es arte. En eso soy, como en todo, un elitista, en este casi juanramoniano, que dedicaba sus libros “a la inmensa minoría”.

¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?

AL: ¿Yo formo parte de alguna sociedad? De ninguna. De la única que quisiera ser es la de los abakuá por influencias sobre mí de Lydia Cabrera, Walterio Carbonel y Tato Quiñones y no me aceptan porque soy gay. No sé de qué formo parte. Si te refieres a la española, cada vez está peor. Aunque todo tiene su cara positiva y negativa. Nada es perfecto. Nadie. Según la Teología solo Dios. El cambio de la moneda española por una europea (la peseta por el euro) ha sido una soberana catástrofe. Una estafa. A España no le quedaba más remedio que entrar en la órbita europea, pero los salarios de Finlandia o Suecia no son equiparables con los de aquí. En estos días he sufrido el desahucio de varios amigos, incluso con familia. Tanto latinoamericanos como españoles. Todo se rige por una ley escrita en 1909. Para los asuntos legales el Reino de España es de una pereza ancestral. Por tercos perdieron a Cuba, de lo que todavía no se han repuesto. No obstante han inventado la figura jurídica del “desahucio express”. Hayas pagado lo que sea, si no puedes seguir pagando la hipoteca, te sacan de tu casa a la calle sin miramientos de edad o de salud. Y tienes que seguir pagando la deuda contraída aunque duermas en la calle. Aquí hubo una guerra civil incruenta en 1936, herida que no ha cerrado. Ahora parece que algunos políticos quieren que supure. Cada vez entiendo menos de política. Cada vez entiendo menos a los humanos.

¿Alguna otra observación para los lectores de CUBAENCUENTRO?

AL: Que no espero nada y no ambiciono nada. Más que persona, soy un ente que se ha quedado en una especie de limbo, aunque en 2005 el Vaticano dio a conocer que el limbo tampoco existía. Si no puedo estar en Cuba, y España es un país del que se va todo el que puede, y Miami ni los Estados Unidos me gustan para vivir, ¿qué hago? ¿Dónde me meto? ¿Me suicido? Pero si entran en la página www.cubaliteraria.com y ponen mi nombre, verán que nací en 1914 y fallecí en 1959. Así que no estás entrevistando a quien piensas, sino a un fantasma o, para ser actuales, a un clon de alguien que alguna vez existió.Según Cicerón, “la historia es maestra de la vida, luz de la verdad y testigo de los hechos”. Pero no se refirió a quién la escribe. O quiénes. De la época de la España de Franco no voy a hablar porque no la viví. La otra la sé por libros y manuales. De esta que vivo hace 20 años, sí puedo dar testimonio. Salvo uno o dos personas, no conozco empresarios españoles que no mientan en su declaración de la renta al Ministerio de Hacienda o que sean legales con sus empleados. Existe un veto tácito sobre la vida íntima de la familia real, que vive de los impuestos que pagan los ciudadanos. En estos momentos de crisis nueve personas se suicidan al día por temas económicos o desahucios. Viviendo aquí comprendo de dónde vienen y por qué los defectos de los cubanos, y cuál es el origen del pantano de nuestra historia insular. Lo que el poeta José Mario llamaba “the spanish heritage”: La herencia hispánica. Hace unas semanas The New York Times cuestionaba las oscuras fuentes de la inmensa fortuna que ha acumulado el rey Juan Carlos. Dos hijos bastardos lo llevarán a los tribunales para que reconozca su paternidad: el catalán Albert Solà Jiménez y la belga Ingrid Sartiau. Tuvo que pedir públicas disculpas por la cacería en Botsuana, donde se rompió la cadera. El diario alemán Bild Zeitung habló entonces de la supuesta amante del rey, la princesa Corinna Say Wittgenstein, nacida millonaria y noble por su segundo marido, de quien se divorció en 2000. Después de residir con sus dos hijas en España y ser asesora del rey para otros proyectos, se ha visto obligada a abandonar España. De esto los periódicos de aquí no hablan. Aquí todo es “supuesto”. Pero más. Hay delitos probados. La presentadora más famosa de televisión, Ana Rosa Quintana, le encargó a un ghost writer (“negro” se llama en España al escritor que no firma el texto, una labor que yo he hecho mucho) una novela. Se descubre que ha plagiado a la famosísima escritora de bestseller Danielle Steel. La novela es recogida de las librerías por disposición de la Editorial Planeta, que da su famoso premio por encargo hace décadas. A pesar del escándalo, funda una revista donde ella siempre sale en portada: A. R. La periodista de la prensa rosa Lydia Lozano afirmó durante meses que la desaparecida hija de los cantantes Romina y Albano vivía, y que ella tenía noticias de su paradero. Se comprobó que mentía. No obstante, aún sigue de contertulia en la televisión y opinando de lo humano y de lo divino. Los perjudicados por el caso Gescartera siguen sin cobrar el dinero que se les estafó. El banquero Mario Conde ha estado encarcelado por sentencia pero ahora es estrella de opinión de la televisión. El bailaorFarruquito, como artista un verdadero astro, con sus familiares mata con el auto a una persona, le abandonan y mienten a los tribunales. Estuvo encarcelado pero ya anda de gira por el mundo. La Sociedad General de Autores de España está envuelta en un largo litigio por enriquecimiento ilícito, prevaricación y abuso de poder. En fin, han muerto aplastadas por la multitud cuatro muchachas muy jóvenes que asistieron a un concierto en el recinto Arena. Cabían 10 mil personas pero sus organizadores vendieron 30 mil entradas. Esto, por supuesto, es “supuestamente”. Se habla de dos Españas, las enfrentadas durante la guerra civil de 1936. Creo que hay más, pero la más popular, la que vende, la que se compra es la que Antonio Machado llamaba “la España de charanga y pandereta”. Y para terminar, frente al Ministerio de Relaciones Exteriores, de los cubanos excarcelados por gestión del ex ministro de Moratinos y Trinidad Jiménez, todavía están a la intemperie un grupo de ellos apostados allí hace más de 200 días. Un tema que la prensa española ignora explícitamente. En fin...


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