Actualizado: 24/06/2017 12:00
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Literatura

«La literatura cubana está enferma»

Al habla con el poeta y narrador Carlos A. Aguilera, autor del libro 'Teoría del alma china', un recorrido por el China town de La Habana futura.

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Carlos A. Aguilera (1970), poeta y narrador cubano, me dice que nunca ha viajado a China. Que tampoco está en sus planes a corto plazo hacerlo, pero que por sus venas sí corre sangre oriental. Las 116 páginas del libro de relatos Teoría del alma china (Umbral ediciones, México, 2006) confirman que Aguilera no ha estado ahí. Pero, a la vez, cada una de esas páginas acusan recibo de un cierto viaje, de ese viaje supuesto que probablemente implica la ficción: el viaje por casualidad, por voluntad, ¿por añadidura se dice? El libro tiene esos sellos: aeropuertos, pasaporte y timbres orientales. Almas, fantasmas errando en un territorio desconocido. Seguro que la literatura no está en las valijas, ni en mochilas ni en las maletas, ni en los bolsos de mano. Menos aún cuando se nos permite llevar un máximo de 20 kilos por persona. Aunque a veces llevemos sobrepeso. De libros, sobre todo.

¿Qué relación tiene con la cultura china?

Una relación kitsch-familiar, por decirlo de alguna manera. Caricaturesca. He sido desde siempre un aficionado a todo lo que venga o gire sobre el "gigante asiático" y nunca me ha importado mucho que hubiera sido escrito por escritores chinos o no. Es decir, por momentos he disfrutado más con el libro de Van Gulik sobre literatura erótica asiática o con el ya clásico estudio de Grané sobre pensamiento oriental, que con las obras de teatro de la dinastía Ming o los poemas de Tu Fu. Lo que no significa que no los disfrute también. Al contrario. Pero no hago muchas discriminaciones entre lo que viene de allá y lo que ha escrito Occidente sobre ese "allá", territorio que por mucho que intentemos, siempre se nos va a escapar.

Por otra parte, procedo de familia cantonesa por parte de madre. Lo que en mi caso no quiere decir mucho, ya que nunca adoramos en mi casa a San Fang Con, ni nunca vi un altar especial con velas y fotos de antepasados detrás de la puerta, ni mi abuelo me obligó a recitar poemas en mandarín después del horario de escuela… Y salvo algunas visitas a la sociedad china en Centro Habana o a los talleres donde los chinos imprimían su propio periódico (creo el único que se hacía en toda Latinoamérica) a visitar a un amigo de la familia, no recuerdo ningún otro contacto en Cuba con esa cultura.

¿Cómo trabajó como autor para escribir tantos detalles de la cultura china? ¿Llevó a cabo un trabajo de investigación?

Más allá de las lecturas que ya comentaba (y ante todo tenían que ver con la literatura o la curiosidad…), yo había realizado previamente una pequeña investigación para un poema que escribí a finales de los noventa y se llamaba, se llama aún: Mao. Digamos que con todo lo que sobró de esa pesquisa, más todo lo que apareció después en forma de películas, noticias de periódicos, comentarios de amigos, postales, fotos…, me dispuse a armar pacientemente este libro. Libro que comencé a escribir en Cuba y terminé años después en Austria.

Poética.

La poética de casi todos los escritores varía según la experiencia o los libros. La mía ha sido hasta ahora crear una resistencia; una suerte de ratonera de cristal donde la tradición, el lenguaje, la literatura, lo político y hasta yo mismo nos pudiéramos golpear la cabeza una y otra vez hasta que saliese sangre… Ahora, si lo logré o no es ya otra pregunta. Como bien recomendaba el gran Pound, lo importante es el intento.

¿Quiénes son los narradores de Teoría del alma china? Parecen fantasmas que deambulan por las cosas y el territorio.

Son nada y algo a la vez. Sacos vacíos, fantasmas, como tú bien señalas; aire. No me interesaba —no me interesa— construir psicologías, autómatas que se parezcan a algo / alguien en la realidad, tal y como canoniza a veces la novela histórica o la prosa realista (esa que tanto se practica aún en España). En determinados momentos sólo quería poner a hablar diferentes bocas, que se movieran como sombras chinescas contra una pared, que la mordieran. Y para mi orgullo, creo, esto en Teoría del alma china se puede "leer" a veces.

¿Por qué el narrador se pasea por la materia, las cosas, los territorios, para llegar a develar el alma china?

En el libro el alma no es más que una metáfora irónica sobre el encierro, lo opresivo, la sin salida. Y las cosas, los territorios, la materia, las carreteras, fue la mejor manera que encontré de narrar esa abstracción, hacerla visible. A la vez, convertirla en pregunta. La pregunta por lo que está en todas partes y se hace difícil constatar. La pregunta por ese despotismo, odio, miedo o hueco que, estando en todas partes, a casi nadie parece importarle.

¿Cómo definiría, a grandes rasgos, la literatura cubana actual?

La definiría como una literatura encerrada en el emblema nación; enferma, por decirlo de manera rápida. Y hasta que no abandone este sacrum, que por demás padecen casi todas las literaturas chiquiticas en todas partes, no pasará de ser por momentos curiosa o regionalmente interesante. Sólo esto.


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