Hazte amigo de Cubaencuentro y Colabora
  • Registrarse
  • Iniciar sesión

Actualizado: 23/05/2013 11:03
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Entrevistas

Comunicación

«Soy un disidente de la porquería»

Charla con el diseñador cubano Erik Ravelo, director creativo de la revista 'Colors', un proyecto del Grupo Benetton.

Comentarios Enviar Imprimir

Erik Ravelo podría clasificar en la categoría de "Cubanos por el mundo". Desde el año 2002, cuando ingresó en el proyecto Fabrica, centro del Grupo Benetton dedicado a la investigación de la comunicación, no ha parado de crear, de "tirar piedras", como gusta decir, porque "quién sabe si sin querer, de chiripa, agarra el blanco". Tampoco de viajar: Vanuatu, una isla perdida del Pacífico, está entre sus últimas aventuras.

Nacido en La Habana, el 21 de julio de 1978, enrumbó hacia Argentina a finales de la década del noventa, y cuando la cosa se puso fea allí, Italia fue la próxima parada. Un tren lo llevó a Fabrica, en la ciudad de Treviso, con un "saco de ganas" y un sueño. Desde entonces, su mucho ingenio y "sabor personal" le han permitido firmar más de una campaña de Reporteros Sin Fronteras, Médicos Sin Fronteras, la FAO y la Organización Mundial de la Salud, así como exposiciones de arte, además de trabajar de lleno en la concepción de la revista Colors, de la que es director creativo.

Aunque el tiempo no le sobra, Ravelo ha aprovechado la oportunidad de acercarse a los lectores de CUBAENCUENTRO.com, entre los que se cuenta, para hablar de sus experiencias en el mundo del diseño gráfico, la comunicación "que tiene que ver con el arte", y también de Cuba, con su particular visión desde la lejanía.

Tu firma está detrás de muchas campañas de Reporteros Sin Fronteras (RSF), entre otras organizaciones. ¿Cómo te has involucrado en estos proyectos? ¿Qué opinas de su efectividad?

La verdad es que mi firma está detrás de algunas campañas de RSF porque Fabrica, donde trabajo entre cosa y otra desde hace casi seis años, tuvo contacto con RSF, y nos pidieron proyectar campañas para ellos. En esa época, yo no estaba involucrado mucho en la cuestión y no tenía idea de qué cosas hacía. Después entendí quiénes eran y la verdad es que me impresionó mucho. Hicimos varias propuestas creativas y a ellos les gustó mucho una que hice, que ya ustedes publicaron una vez y fue cuando les escribí por primera vez.

Mi abuela en Cuba tenía unas estatuicas de los tres monitos. Esos que se tapan la boca, los ojos y las orejas. Y de ahí me vino la idea. Quería romper esa imposibilidad que tenemos muchas personas, por desgracia, de hacernos escuchar, de ver, de saber qué cosa pasa en realidad, o cuando menos, tener la posibilidad de ver desde dos lugares diferentes y entonces poder hacer un juicio más objetivo.

Pienso, sobre todo, como una especie de reacción a la caja cerrada, la celda lúgubre, la humedad que entume el cerebro y lacera la voluntad. No sé si son efectivas estas cosas, pero sería como decir: vale la pena que un hombre se plante delante de lo imposible o quiera jugar una partida que parece perdida. O si un náufrago debe olvidar la palabra, o si le debes dar de comer a alguien que tiene contados sus días. Al menos pruebo a golpear como puedo al feo, quería tirar una piedra al aire.

Mi tirapiedras siempre fue incrédulo, por eso nunca permití dejar crecer el polvo. Puede ser que nunca le des a nada, pero tiro hasta que mi liga se desgaste, porque si no, sé que el tiro al blanco se divierte y quién sabe si, sin querer, de chiripa, lo agarro. No importa si se ve o no el sentido a algunas cosas, se hacen y punto. Si alguien en cualquier lugar del mundo las vio y pensó, aunque sea por un segundo, me basta. Si estás solo en medio del mar y no mueves los brazos, seguramente nadie te verá, y entonces lo más efectivo será moverlos.

Como cubano, teniendo en cuenta que el gobierno de la Isla es uno de los más criticados por RSF, ¿qué ha significado para ti participar en estas campañas?

Me encantó hacer campañas para RSF, como cada vez que tengo la posibilidad de hacer algo con un profundo contenido social. Trabajar para comunicar cosas que puedan ayudar, o dar a conocer una situación de crisis o necesidad de atención por parte de la gente, siempre tiene un sabor especial. Cuando he trabajado para la OMS en campañas contra la tuberculosis en África y Asia, o la violencia doméstica, para la donación de sangre en las zonas de guerra, o para Médicos Sin Fronteras, siempre me apasiono igual.

Soy un poco cínico, porque no pienso demasiado en mí, en si me gusta o no, sino en que el mensaje llegue, sea efectivo, y a veces eso trae una especie de renuncia a ciertos criterios. Aunque soy una especie de muchachito simple de La Habana, un buen filtro para saber si algo se entiende, o es demasiado complicado o rebuscado.

Las campañas de comunicación, a diferencia del arte, no pueden dejar tanto espacio a la interpretación. Debe ser un mensaje claro y la mayor parte de las veces accesible a personas que no tienen un nivel intelectual demasiado refinado. Lo que me fuerza constantemente a trabajar con un nivel de interpretación popular. Pero nunca he pensado que no pueda ser profundo e intenso, o no pueda tocar bien dentro, donde mueve pensamientos. Sería ilógico pensar que no me siento más involucrado cuando es algo familiar o que he padecido en carne propia.

Vivo en el exilio desde hace doce años y queda impregnado en el pellejo la impotencia delante de ciertos malabares. Es un granito de arena que puedo aportar a una voz que timbra bajo después de tanto callar. Es ejercitarla después de un largo ayuno. Pero es una voz que se alza y no puede ser callada así de fácil. No puedo ser ajeno a la injusticia, sea en Cuba, el Congo o en la mismísima Antártida. Soy un disidente de la porquería, sin distinción de razas ni nacionalidades.

¿Has traspasado las fronteras de lo profesional para implicarte personalmente?

Trabajar para RSF no fue una reivindicación, fue para Cuba, pero no sólo para Cuba. Hay periodistas en todo el mundo que mueren o son encarcelados y me siento en el deber de defender, si tengo la posibilidad, a todas las personas que desean ejercitar su derecho a decir, sea un miembro del partido gay en Italia, un indio de Suramérica, un astronauta o un minero. En Cuba pasan muchas cosas equivocadas, absurdas, pero me doy cuenta que pasan en todo el mundo. Y mi ronquera no me viene sino de gritarlo alto.

Te parecerá extraño, pero casi no pienso en Cuba. Como tampoco en ciertas damas que me amaron, pero nunca como las amé yo, y que me botaron. O al menos no así como se puede imaginar en carne viva.

La cosa peor es no tener más ganas, y que las ganas muten en deseos incontenibles de otros horizontes. Hay un mundo enorme afuera y hay que ver un montón de cosas que no sabemos ni tenemos noción de que existen, porque siempre fuimos tres monitos. La cosa peor, quiero decir con respecto a Cuba, porque me siento cubano-cubano, pero últimamente también humano. Me concentro en ese momento. Si puedo transmitirlo, es una bendición. Soy un curioso incurable y eso me tapó bastante la hemorragia que dejaron aquellos trastazos. Después de toda esta muela, te digo que, por desgracia o por suerte, me involucro emocionalmente en todo lo que hago con pasión.

¿Cuál es el itinerario, digamos el camino, que recorre el proceso creativo en una campaña como las que has realizado para RSF o la OMS?

Pensar una campaña no es fácil, puede ser muy estresante, pero hay trucos y mañas. Trabajar para organizaciones tipo RSF o OMS no es particularmente difícil. Me divierto cuando encuentro una buena idea. Es, más que todo, buscar en las experiencias, es jugar mucho con los lugares comunes de las personas, lo que todos entienden.

Para alguien que viene de Cuba, no es difícil cerrar los ojos y recordar cómo se sintió una vez en determinada situación, y cómo puede expresarla y que la gente la entienda. Mira, a Omar Santana todo el mundo lo entiende. Es muy parecido como proceso creativo. Los cubanos tenemos un background de vivencias increíble, un ajiaco de sensaciones interminables. Y tener la capacidad de jugar con iconos, mezclarlos, y dar nuevos sentidos a las cosas, es muy divertido. Hace poco hice un retrato de Mao vestido de Dalai Lama. Agarré una foto de Mao y una del Dalai Lama, y las mezclé, le puse la túnica y los espejuelitos del Dalai Lama a Mao.

Y el concepto nace así, quería hablar de integración, de la necesidad del diálogo, de que uno se meta en el lugar del otro. Es una especie de juego que me divierte, es mi Atari. Y, a la vez, es efectivo y funciona para comunicar cosas de las cuales estamos carentes.

¿Cómo te relacionaste con el grupo Benetton, hasta llegar a ser director creativo de la revista Colors?

Desde siempre leí Colors en Argentina. Es muy conocida entre diseñadores y fotógrafos y artistas varios. Cuando llegué a Fabrica, la revista la hacían en ese momento aquí, porque estuvo mucho tiempo en Estados Unidos. Y pasaron casi cinco años de otras cosas, hasta que un día la señora Laura Pollini, directora de Fabrica, me dijo: 'Hey, ¿por qué no haces un número de la revista tú?, ya que jodes tanto'.


« Anterior12Siguiente »

Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Erik Ravelo.Foto

Erik Ravelo.

Instalación de la muestra 'Les yeux ouverts'

Realizada por Erik Ravelo para Fabrica.

Últimos videos

'Contra las bestias del olvido'