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Actualizado: 26/05/2012 15:16
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Comunicación

«Soy un disidente de la porquería»

Charla con el diseñador cubano Erik Ravelo, director creativo de la revista 'Colors', un proyecto del Grupo Benetton.

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Uno de los últimos números dedica un capítulo a la "Operación Milagro", al intercambio de médicos cubanos por petróleo venezolano. ¿En qué consistió este trabajo?

El año pasado, Benetton hizo una campaña en favor del microcrédito en África y me pidieron hacer algo relacionado con eso; pero me parecía aburrido, después de una campaña grande, hacer un número sobre lo mismo, y decidí hacerlo sobre el dinero, "el guanikiki". La revista tiene el concepto de "una revista sobre el resto del mundo". Así que pensé hacer un número sobre el resto del dinero, las diferentes maneras de afrontar la institución llamada dinero en diferentes lugares.

Fuimos hasta Vanuatu, una isla en medio del Pacífico en la que para llegar tienes que tomar muchos aviones y donde los billetes son esqueletos de puercos. Quise dedicar un pedazo a Cuba y Venezuela, y a la "Operación Milagro". Un médico que va a Venezuela a trabajar y Cuba recibe petróleo como parte del intercambio, me parecía metafóricamente como si se volviera un billete para pagar algo.

Y como la revista trataba de esas cosas que en el mundo encontré como dinero, pero que no eran dinero como estamos acostumbrados, o no responden a nuestra concepción de dinero, funcionó. Quien lee la revista entiende un poco el drama humano detrás de toda operación así de milagrosa. Cuando una persona en Venezuela abre un ojo y logra ver, pareciera que en Cuba se enciende un lucecita en algún rincón oscuro, y alguien logra ver. Me resulta extraño que uno en Rusia abra un ojo y otro en Brasil vea por él.

Pa' no entrar en política, me confundo entre lo macabro y lo poético de una situación así de loca, ¿no? Tengo un amigo que pinta con el petróleo de la Bahía de La Habana, Noel Morera, y pinta apagones. Eso es un milagro, porque no tiene pintura para pintar, y ya ni sábanas, porque las pintó todas, o las embarró!!!

Y a La Habana fuiste también en esa incursión para buscar el "dinero humano"…

Mandé a un fotógrafo a Caracas y logró la autorización, diciendo que era para algo educacional, de hecho lo es. Y el resto lo hice en Cuba, en una visita de 21 días, cuando murió quien fuera mi segunda madre. La Habana me pareció oscura, después de diez años sin ir. En su entierro encontré el Cristo con que hice la instalación. Y la ciudad se apagó en su luto como una ofrenda sin sangre, tranquilos mis dedos sobre una caja que arrastraba un mar de flores blancas. Y vi un cristo crucificado en un palo de la luz, y todo tuvo sentido. A veces uno ve cosas que no están, o que están pero no las ve. La cruz de los cubanos.

Como director creativo de Colors, tu función va más allá de lo formal, para intervenir en el contenido. ¿Cuál es tu papel en el paritorio de cada edición?

Hago, por supuesto, la dirección artística en cuanto a curar la gráfica y el diseño, pero me empeño también en la parte conceptual, en encontrar la idea, cómo entrar en las historias, decidir qué historia va bien con la idea y cuál no. Es un grupo de gente que dirijo malamente, porque son indirigibles y siempre hacen lo que se les canta. Pero tengo la última palabra sobre la creatividad. He aprendido a hacer investigación y me parece increíble.

No quiero hacer una revista que sea un contenedor de historias, sino una sinergia de temas que encuentren forma en un concepto. Primero la idea, después el contenido ya sabe solo si entra o no en la historia. La mayor parte de las revistas acumulan contenidos en base a un tema. Yo experimento a que esa acumulación tenga un porqué. Es un truquito para saber cuándo pararme, porque sino haría un libro interminable.

Con el número del dinero mandé a analizar un billete usado a un laboratorio, y las sustancias que encontraron, como sangre, cocaína, derivados del petróleo, sudor y otras tantas, me llevaron metafóricamente a las historias. Podía haberlo hecho sin esa clave de acceso, pero estoy tratando de encontrar una receta que me divierta para darle un sabor más personal. Cuando encontré el petróleo en el billete, dije: 'coño, funciona con la historia de Cuba y los médicos en Venezuela, que son un pago'. Y también me dio la posibilidad de ser un poquito picante y molesto, que me encanta cuando puedo.

Y Fabrica, ¿cómo entró en tu vida?

Me fui de Cuba en 1997. Era demasiado chiquito y me fui solo. Viví en Argentina y tuve que sobrevivir. No te haré la historia del tomate, porque es larga y a veces triste. Pero como dibujaba más o menos bien, me dieron trabajo en una agencia de diseño muy buena y allí supe de Fabrica y de Oliviero Toscani, y de ese lugar increíble donde había chicos de todo el mundo con los pelos rojos que no hacían publicidad para jabones, sino para gente que pisaba minas en África, y mezclaban pinturas con fotos y esculturas para hacer campañas. Desde entonces, siempre tuve la idea de algún día llegar allí. Era mi sueño.

Cuando llegó la crisis de 2001 en Argentina, mi hermana, en una operación casi militar, me trajo a Italia, porque se estaba poniendo feo aquello. Una vez aquí, me monté en un tren sin saber hablar italiano y llegué hasta el culo del mundo, donde está Fabrica. Molesté al portero, hasta que me hizo hablar con un responsable. Enseñé dos esculturas, un dibujo y un saco de ganas. Al mes me llamaron y pude empezar como estudiante.

El proceso fue largo y no pienses que sin momentos malos. Cuando uno tiene hambre de cosas, molesta a la gente pasiva, a quien tiene menos que decir, y, sobre todo, siempre hay conflicto entre quien está conforme y quien no. Siempre he estado en conflicto e inconforme, así que me busqué buenos enemigos. Pero tuve suerte, porque me escogían las campañas y con el tiempo comencé a formar parte del grupo creativo que afrontaba los proyectos más importantes. Algunos no me querían, pero no me podían echar porque escogían mis trabajos. Decidí osar un poquito más de vez en cuando y, divirtiéndome, logré dar mi toque personal, y gustó.

Mi historia encaja perfectamente con la filosofía de la compañía. Aquí hay gente escapada de Irán, Senegal, China, de todas partes del mundo. Los chicos vienen aquí por un año y regresan a sus países. Yo no puedo regresar a ninguna parte y la verdad es que me ayudaron mucho y dieron un lugar a mi apolide (apátrida) empedernido. Me han dejado bastante lejos de las campañas más comerciales y me han dado un espacio para ser más creativo y juguetón.

Pero tu quehacer profesional no acaba en esos trabajos que llamas "comprometidos"… ¿Qué estás haciendo en estos momentos y qué hay para el futuro?

Mi trabajo es buscar la idea, más que realizar algo matérico. Empecé a encontrar ideas para hacer que la revista forme parte de una instalación por sí misma. Con 8.000 revistas puedes hacer una instalación lindísima, ya sean banderas tibetanas o montañas de billetes.

Pon el caso de Encuentro, para muchos, gracias a Dios, es una revista incómoda, por la razón que sea. Es subversiva, pienso con mucho orgullo. Si tú haces una hoguera con un montón de revistas en una calle de la Habana Vieja y se ve a los guardias tirando más ejemplares al fuego, esa imagen habla por sí misma del carácter de dicha revista, y si el contenido lo justifica, es lindísimo. La historia de mi trabajo en estos últimos tiempos ha sido un poco así. Tenía que hacer Colors, pero también ganas de hacer arte y encontré el modo de hacer instalaciones con la revista. Empleé el tiempo en algo que me ha dado tres cosas: una revista, una instalación y una obra de arte.

Hicimos el año pasado una expo en San Francisco con una instalación muy grande, además de fotos, esculturas y otras cosas nacidas en el proceso del número, junto a la presentación de la revista sobre el dinero. Hicimos workshops en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York, la Otis College of Art and Design, de Los Ángeles. Tuve el placer de hacer la última campaña social de Benetton, publicada un muchas partes del mundo y en diarios como el Herald Tribune, Le Monde o The  New York Times.

Desearía poder seguir produciendo cada vez más hacia la razón principal: comunicar, encontrar la herramienta justa para llegar a todas las personas que necesiten comunicarse, y entablar un debate que pueda remover pigmentos y leyes físicas. No tengo nada más que esto. No me lo pudieron quitar. Es mi más sagrado afecto y único remedio santo contra las bestias del olvido.


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Erik Ravelo.Foto

Erik Ravelo.

Instalación de la muestra 'Les yeux ouverts'

Realizada por Erik Ravelo para Fabrica.

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