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Política, literatura, medios

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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Cierta propiedad

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A discusión el tema de la propiedad en Cuba. A discusión auspiciada por el estado. A discusión reglada y regulada. No obstante, a discusión.

No es cuestión baladí. En China, que apostó por una economía mixta desde aquel día de 1978 en que Deng Xiaoping soltó en alarde kitsch que “ser rico es glorioso”, no ha sido hasta hace un par de semanas que adoptaron una ley que regule la propiedad. Un cuarto de siglo de ejercicio de la propiedad privada, de emisión de acciones, de (casi) libre contratación, de relaciones económicas libres, aunque parcialmente reguladas y afanosamente vigiladas, con el extranjero, y no ha sido hasta ahora que la práctica adquiere cuerpo de ley. Los resultados, sin embargo, están a la vista. The world is flat, pero China ya es cerro.

Un imperio milenario puede permitirse tales velocidades. En Cuba, todos parecen saberlo, habrá que darse prisa. Y el gobierno de Castro II y Lage se apunta a disquisiciones sobre la propiedad. Se trata, en buena medida, de la madre del cordero. La madre en tanto dueña, se entiende. No es asunto improvisado. Hace ya años que se venía trabajando sobre el tema. Y desde que Castro I se retiró y Castro II ejerce el mando, círculos académicos asociados, en mayor o menor medida, al tejido empresarial urdido en torno al MINFAR y el MININT se apresuran a impulsar lo que antes iba a media marcha.

Hace meses que en La Habana se recuerda con insistencia aquel “viaje a lo ignoto” con que nombró Castro II el camino de construcción del socialismo cubano en 1999. Fue frase echada al guantanamero vuelo. Pero hay que concederle posible acierto. Es una de esas que, como la de Deng Xiaoping, puede abrir una espita por la que se evacuen vapores. Pero eso se sabrá a posteriori. Ahora no pasa de ser un indicio, como esos que entretienen a Carlo Ginzburg.

Buen indicio es también, quiero creer, que haya sido precisamente Luis Marcelo Yera quien reciba el encargo de liderar la comisión encargada de dirimir el a quién le damos qué. Luis Marcelo Yera ha dedicado años al estudio de la propiedad en el socialismo y es autor de aquel “Repensar empresarialmente a Marx”, que proponía, en la Cuba de 2001, la adopción de un sistema de propiedad cooperativa, uno similar, aunque él no lo diga, al que inauguró el capitalismo en las postrimerías de la Unión Soviética.

Se avecina, pues, debate que proponga enfrentar la galopante corrupción con fórmulas económicas. Lo de tomar por asalto las gasolineras o entretenerse con inventarios por sorpresa, que más bien parecen registros, no sirve para paliar el robo y la desidia.

Lo malo: que dicen necesitar tres años para presentar los primeros informes. Me temo que van a tener que trabajar a ritmo más acelerado, no se que lleguen un día a reunión de turno en el teatro Karl Marx y se encuentren con que se llama Teatro Celia Cruz y alquilan las salas por importante cantidad de CUC.

Así terminaba el citado artículo de Luis Marcelo Yera:

A mi juicio es deducible, sin entrar ahora en demasiados detalles, que la visión que tendría hoy Marx sobre el contenido del concepto de propiedad social es la de un conglomerado de corporaciones integradas por empresas cooperativas, donde estén plenamente aplicados los posteriores aportes organizativos de las corporaciones que ya fueron mencionados. Sería un sistema productivo único que la sociedad entregaría en arriendo o alquiler, al menos durante el período de transición, con el adecuado control, a sus productores debidamente descentralizados.

Esa visión no sería alcanzable de inmediato en todas las ramas desde una perspectiva como la cubana, pero puede servir de brújula o de guía para la acción estratégica a su sistema empresarial estatal en proceso de perfeccionamiento y al de otros países que construyen el Socialismo. La necesidad de ser pacientes está no solo en que esta concepción requiere de asimilación, maduración y consenso, sino en que otras formas de propiedad son tácticamente necesarias durante un indeterminado período histórico, lo cual es el hecho fundamental que justifica la existencia del Estado con sus ministerios y entidades.

Es por ello que, desde la perspectiva de una economía en desarrollo, el Estado existirá por largo tiempo, pero la fortaleza de un Estado no está ligada con sus grandes dimensiones, sino con el nivel de su organización. Muchos ministerios no significan más control, la realidad lo demuestra. El mayor control lo ofrece el que los colectivos de productores entren en un nuevo sistema donde, dejando de ser asalariados, vivan realmente de lo que producen y venden. El conglomerado mencionado, que crecería a cuentas de la reducción paulatina del Estado, brindaría esa posibilidad.

La diferencia fundamental con el capitalismo en este decisivo campo es que, aunque las funciones estatales estarían separadas de las empresariales, como allí, las empresas socialistas disfrutarían de esa fuerza inédita que da la unión corporativa cooperativizada y descentralizada, fuerza a mi juicio imprescindible en lo que respecta a crear las condiciones necesarias para la competitividad del sistema empresarial socialista, sostén de las aspiraciones sociales y solidarias de esta ideología.

Puede comprenderse que la solución al problema planteado en relación con el concepto de propiedad social es imprescindible para la propia viabilidad del socialismo y, en consecuencia, para disponer de una alternativa real al neoliberalismo.

2 Comentarios


2 por Alguien que escribio (Usuario no autenticado) 11/05/2007 21:20

Comunistas de MIERDA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

1 por Tomás Ramírez Gómez 10/04/2007 12:50

Sobre “Cierta Propiedad”
Lo gracioso de esta entelequia sofística es que provenga según su autor de una “visión de Marx”
Habría que decir que Marx no podría concebir semejante visión de la empresa cooperativa por la sencilla razón de que en la concepción materialista de la historia no hay cabida para la “construcción del socialismo”. Como se puede leer en “La Ideología alemana” ((Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.)) Es decir, el capitalismo construirá las premisas materiales para la sociedad comunista y una de esas premisas será la absoluta y universal socialización de la producción.
Suponiendo que estuviéramos en ese punto, la cooperativización de la producción sería un retroceso histórico con respecto a la socialización alcanzada por el cíclico y continuo proceso de la acumulación y concentración capitalista. Lenin veía la cooperativización como un avance con respecto de la pequeña propiedad individual, de la misma manera que se la ve ahora en la Europa capitalista para tratar de salvar la pequeña propiedad de la despiadada competencia del gran capital en sectores como el comercio y la agricultura. Lo que está tratando de justificar Luis Marcelo Yera con su pretendido análisis Marxista es la repartición entre los ciudadanos de la ineficiente propiedad estatal para que sea algo menos ineficiente, de la misma forma que se ha producido en todo el sistema socialista, menos Cuba y me imagino que Corea, es decir el regreso al capitalismo, de donde nunca debimos haber salido. No por gusto alguien ha definido el socialismo como “el más largo camino entre capitalismo y el capitalismo” definición con la que Marx si estaría de acuerdo como lo demuestra el parrafo 18 de la obra citada donde dice: (( “Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local, 2) las mismas potencias de relación no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples «circunstancias» supersticiosas de puertas adentro, y 3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado))
Bueno, nada, que del lobo un pelo y si quieren dar pasos para arreglar este desastre, que más da si lo hacen en nombre de Carlos Marx o en nombre de Jesús Cristo. A mi por lo menos, en este caso, me da lo mismo La Biblia que El Capital.


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