• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • >

Buscar en este blog

Sobre este blog

Política, literatura, medios

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

Enlaces Patrocinados

Editorial Colibrí

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   

Libros

Tristán de Jesús Medina

Tristán de Jesús Medina

Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
Cubierta Minimal Bildung

Minimal Bildung

Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Cuestiones

Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

La cuestión no es el por qué Encuentro en la red (EER) descartó publicar el mendaz artículo “Guayabitos en la azotea”.

La cuestión, a mi juicio, es el por qué El Nuevo Herald lo publicó. ¿Qué política editorial avala publicar acusaciones de tamaña índole, sin considerar previamente su veracidad? ¿Qué cotas de envilecimiento hemos alcanzado, como para que cualquier escritor exiliado pueda acusar impunemente a un escritor residente en la isla de ser agente de la Seguridad del Estado, sin más prueba que la de su sola elucubración?

 

¿Informó El Nuevo Herald a Reina María Rodríguez de que publicaría tales acusaciones? ¿Le ofreció espacio para la réplica? Ni una cosa ni la otra. Y así me consta, porque la llamé a La Habana el día de la aparición de “Guayabitos…” y ni siquiera sabía de su existencia. (RMR carece de conexión a internet, dato que supongo no sorprenderá a nadie que no sea BCM.) ¿A qué molestarse en llamar por semejantes naderías a escritora residente en la Habana? Publican artículo que pretende su muerte civil y literaria y tan solo una carta de lectora residente en Hialeah, carta excelente, sirve de matización. Se me ocurre una media disculpa: que en El Nuevo Herald sepan lo que las palabras de BCM valen exactamente.

 

¿Publicaría El Nuevo Herald un artículo donde se dijera que La Casa Azul se ha convertido en un “cenáculo seudorreligioso para imbéciles” o que motejara repetidamente a BCM de, digamos, “delirante cancerbero de la memoria de Padilla”. No lo haría. ¿Por qué entonces sí que publica uno en el que se compara la azotea de la casa de RMR con una célebre casa de putas y se llama repetidamente a la propia RMR “la chica de la azotea” con más que evidente intención de insultarla?

 

La cuestión no es tanto, que también, si la negativa a publicar el artículo de BCM constituye evidencia de censura en EER. La cuestión es, a mi juicio, el por qué los rencores privados de BCM se convierten en cuestión a discutir en público. El por qué sus cuitas matrimoniales y sus infructuosos desvelos con la literatura, han de tener más espacio que el de las cuatro paredes de la Casa Azul, Heberto Padilla Cultural Center, cuya misión, leo en su site “is to be… a center for human development, with emphasis in art and culture joined together with non-excluding spirituality, or religious, with postulates based in the historical figure of Jesus, the Son of God”. Por cierto, ahí sí que veo un insulto a la memoria del poeta de Fuera del juego.

 

La cuestión, sí, es la política editorial de EER y la revista Encuentro, en tanto se han convertido en las más importantes publicaciones cubanas editadas fuera de Cuba. Pero lo es en la exacta dimensión en que los lectores de los países libres discutimos la evolución de la línea editorial de las revistas o periódicos privados que leemos. Ni más ni menos. Sobre ese menester circulé yo mismo, hará unos tres años, mensaje electrónico en ocasión de la negativa a publicar artículo mío en respuesta a otro, aparecido precisamente en El Nuevo Herald, donde Emilio Ichikawa defendía que la delación es ejercicio natural para quienes viven bajo una dictadura y que todo el mundo lo hace. Ese artículo, que los editores de EER consideraron ofensivo para su colaborador, se publicó entonces en la magnífica La Habana Elegante. Me pareció, y parece, que se equivocaron al rechazar un artículo que les envié. Lo hicieron con excusas que no me convencieron. Mi disgusto ante esa decisión implicó que decidiera no enviarles más textos. Entendí que EER no animará polémicas. Que su línea editorial transita por otros derroteros. Como autor y lector, lo lamento. Ya sé lo que no voy a encontrar en sus páginas y lo busco en otras. Sé también lo que ofrecen, que me interesa, y la consulto en busca de esa información.

(En los últimos dos años he suspendido en dos ocasiones esa decisión: para ofrecer entrevista a Juan Abreu con motivo de la magnífica antología Cuentos desde Miami, que preparó para Poliedro, y para publicar nota con motivo de la muerte de Mario Parajón, publicada también en Penúltimos días.)

 

Otra cuestión: ¿la cualidad de víctima del castrismo es, automáticamente, asiento de autoridad? Por muy dolorosas que sean las heridas infligidas por la dictadura, ¿se ha de aplaudir que se conviertan en coartada para la mentira y la insidia?

 

Y la cuestión es, por último, que EER reacciona por primera vez, que yo sepa, a texto publicado en un blog, La finca de Sosa. Felicito al blogger y a EER. ¡Qué magníficas herramientas de pluralidad y presión son estos espacios públicos!

 

De contra: al leer el comentario de Manuel Sosa sobre las críticas de BCM a la revista Encuentro por ignorarla y censurarla, me pregunté qué diría exactamente del dossier “Revistas del exilio cubano” que coordiné para el Nº 40, Primavera de 2006. Allí aparece BCM respondiendo a un cuestionario que le envié, artículo suyo sobre Linden Lane Magazine y ensayo de Carlos Espinosa que le dedica párrafos muy elogiosos. Para mi sorpresa, y alivio, BCM no menciona evento tan significativo, por modesto que sea, para recuperar la memoria editorial del exilio cubano en el que ella misma tuvo participación tan señalada. ¿Qué más, Belkis? ¿Un homenaje?

Belkis, Belkis. Primero se muestra la obra. Y sólo después se pide mármol para el busto


Comentarios



Estos comentarios son moderados y no aparecerán inmediatamente.