Viejas notas
Jorge Ferrer | 15/05/2008 0:41
Ando poniéndole fin a un libro. Rebusco fragmentos escritos antes que me ayuden a recordar qué me proponía. Admito que es a estas horas que me percato de que hoy -ya ayer- no he posteado aquí.
Inserto algunas notas tomadas hace años encontradas en un viejo disquette.
Un conocido mío llegado hace unos días de su primer viaje a La Habana en 10 años me resumió así la sensación de su regreso: “Fue como una ‘visita de médico’..., sin enfermos”. Acostumbrado uno ya a las diatribas de los que regresan perturbados por el decorado de Wim Wenders y a los interminables pases de fotografías que ilustran las sesiones de buceo en María La Gorda o las jornadas cabalgando en el Valle de Viñales o tomando el sol en Varadero, ese enunciado entre socarrón y notarial, me devolvió a la índole definitivamente terapéutica -y patológica- indisociable de esos viajes –y de cualquier viaje- al pasado que fuimos.
La idea de que el pasado es irrecuperable, tan arraigada en la filosofía popular, ha encontrado siempre en los emigrados a una legión de opositores militantes. Acaso sea precisamente esa la militancia que la emigración cubana posterior a la revolución de 1959 ha compartido durante más tiempo. Un tiempo que, por cierto, no se cierra ni siquiera ante el hecho incontestable de que el pasado de quienes abandonaron Cuba en los últimos ¿20? años, pertenezca ya al presente de longue durée del castrismo, porque hay un pasado en la memoria que no conoce de prácticas políticas.
Viajar a Cuba, en definitiva, para los que han pasado años en el destierro es sobre todo un viaje al pasado, a un pasado que los años de ausencia han convertido en aquel paisaje –odiado y seductor-, al que no pudo resistirse la mujer de Lot. Un retorno al paisaje de la infancia o la adolescencia, una visita al territorio de la primera sensibilidad. No hay que extrañarse, pues, de que todo emigrante anhele y tema esos viajes, porque si bien ese reencuentro lo redimirá, siquiera por unos días, de la sensación de extrañeza que le producen las lenguas y los ritmos ajenos que lo han ido ganando, también lo obligará a preguntarse si valió la pena emigrar... y si valió la pena volver. Una catártica fiesta de ese duelo migratorio que los discípulos de Tobie Nathan, el etnopsiquiatra díscolo, van amojonando por cátedras y arrabales. Y, además, podrá el emigrado devuelto por unos días entregarse al triste oficio de la ostentación y al odioso ejercicio de la caridad.
Nada diferencia a un cubano de un, digamos, armenio, a ese respecto: las emigraciones repiten cada vez y con variaciones que dependen sólo del ritual del reencuentro –los lloros del gallego, la distancia reverente del pakistaní o el abrazo descoyuntador del pinareño- esos gestos a medio paso entre el potlatch de los haïda o los kwakiutl y la poshlost de los nuevos ricos, si se me permite la paronomasia. Obsequiosidad y mezquindad, que no son lo esencial del reencuentro, claro, pero que lo adornan con cifra dolorosa e indeleble, como los hierros a las reses.
Decía San Agustín: oportet haereses, “es importante que haya herejes”.
Una performance en la que la rusa del comic porno sobre el Gulag se convierta en una mulata. Sería una ficción de F.
Era del tipo de persona que piensa en todo momento que hay millones de mujeres siendo poseídas en todo el mundo. Especialmente, se decía siempre, en Colombia. ¿Por qué esa obsesión? Tal fijación genera un odio terrible hacia una mancha en el mapamundi.
En el avión, se acerca un paquistaní a mi asiento. Pensé que venía a venderme una rosa. No. Y, por cierto, el momento no era malo, porque la boliviana me la estaba poniendo dura y agradecérselo con ramillete inasequible en el altiplano hubiera sido todo un detalle y hasta, quién sabe, un avance. Resultó que era el vecino de atrás. Estaba ofendido porque veíamos la película de Theo Van Gogh en el laptop. Dijo: «You should not see this in public». Me pareció que no era el lugar idóneo para decirle: «You shouldn’t do that in private». Así que le dije en español: «Veo, en público o en privado, lo que me sale de la p…». No lo entendió. La boliviana, con aire y tetas de azafata, le dijo secamente: «Go back to your seat, please». Y el tipo se fue. Me aterré: guerrita entre Bolivia y Pakistán conmigo a quince mil pies de altura no era precisamente una perspectiva feliz.
La maldición de la geografía. ¿Por qué los niños son cada vez más reacios a estudiar geografía? Geografía y estadística: he ahí las ciencias que nos deberían importar. Y un busto a Malthus en cada esquina.
Asfaltar tierra Santa y cerrar las gasolineras en los EE.UU. Ahí está la solución, porque los precipitará al aburrimiento. Dejarían de tirar piedras esos hijos de puta, sometidas, sí, pero putas. Tal vez entonces se pongan a pensar. Y sería peor.
Las referencias al nacionalismo catalán. Evocarlo y lanzarse rápidamente a la metonimia. Salido de aquella cafetera, a diferencia de lo que pasa con Cuba, el nac. catalán carece de cualquier importancia, es de una irrelevancia abismal.
Va una y otra vez a observar el ocaso. Se sienta en un manglar. Cuba está cerca de Key Largo. También su infancia. Dios está cerca; un Dios pascaliano y postreligioso. El elemento a la vez grandioso y kitsch de la naturaleza lo envuelve, lo sobrecoge. Una revelación. Sin contenido. Éxtasis. Comparable al amanecer en el desierto. De hecho, ambos son paisajes desiertos. En medio de una bahía, el ocaso. El sol hundiéndose lentamente en el mar. Los tonos iridiscentes del agua. La irrealidad del paisaje, con unas nubes, apenas jirones de nubes, dibujadas en el cielo, al alcance de la mano. (Podría trazar un círculo que comience con el amanecer en el desierto y termine con el ocaso en la bahía.)
Ilustración: ROBERT POLIDORI. Facades, El Malecon #4, Havana, 1997.
C-Print. 30 x 40 inches.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 15/05/2008 0:49




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1 Comentarios
1 por SOCRATES FLORES (Usuario no autenticado) 15/05/2008 21:13
Viajar a Cuba lo llena a uno de Culpas,, claro nosotros no causamos los problemas pero de alguna manera con nuestra partida, damos la espalda...
Yoani es valiente pero nuestros comentarios no se ven en su sitio Web olo vemos una cadena de caracteres que solo los entendidos en el lenguaje lo pueden descifrar¿ o será mi navegador?
Generacion Y
La capital de ¿todos? los cubanos
Yoani Sánchez
http://www.desdecuba.com/
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