Sociedad
Más allá de la pantalla
Sin computadoras ni videojuegos a quien culpar, la violencia juvenil crece imparablemente.
En honor a la verdad, no puedo menos que coincidir con Deisy Francis Mexidor y Miriela Fernández Lozano, cuando en un reciente artículo, "Jugando al límite", publicado en Granma, analizan la proliferación de videojuegos de contenido violento como una de las fuentes que propician el alarmante incremento de la criminalidad y de las conductas agresivas.
Claro que el texto se refiere a las sociedades de consumo, principales receptoras del producto, en las que se ha registrado —según fuentes citadas— un espeluznante aumento de los delitos violentos relacionados con el contenido de los videojuegos, en los que la interacción del jugador (protagonista) con las acciones belicosas y sangrientas que se desarrollan en la pantalla, le estimularían a cometer actos de tal naturaleza.
Estudios realizados por psicólogos y otros especialistas relacionan muchas de las acciones agresivas que ocurren entre los jóvenes y adolescentes con el consumo de este tipo de entretenimiento, en el que un asesino (el propio jugador, en este caso) es el héroe que busca la manera de "ganar" a toda costa con actos que resultan siempre impunes.
No es un desatino alarmarse por el desmedido comercio de un producto cuyo primer ingrediente, la violencia, tiene como destinatario fundamental a un sector sensible de la población: niños y jóvenes. Asumir la violencia como un acto natural, válido y cotidiano, es incitar al odio y el crimen. Es aquí donde hay que detenerse y llevar el tema a sus últimas consecuencias, ¿sólo la agresividad de los videojuegos conduce al delito criminal? ¿Sólo desde la percepción virtual se incita a los jóvenes a la violencia?
La realidad habla
En Cuba, digamos, no son mayoría los niños y adolescentes que tienen acceso a este tipo de productos de la industria del ocio. Sin embargo, en la vida cotidiana —aun sin apelar a estadísticas, que tampoco existen al alcance— asistimos a un sostenido crecimiento de la violencia y la agresividad, sobre todo entre los más jóvenes.
La violencia se puede percibir prácticamente en cada evento de la realidad: en el lenguaje cada vez más soez de personas de todas las edades, en las reyertas ya comunes en las presentaciones musicales realizadas en sitios como los Jardines de La Tropical o en casas de cultura; en las letras de las canciones difundidas en los medios; en los empujones y golpes que se prodigan generosamente las multitudes, tanto frente a la taquilla de un teatro para comprar entradas de un espectáculo de ballet o de un filme de elevada factura, como para subir a un ómnibus en horario pico; en la vulgaridad y métodos poco convencionales que emplean algunos "educadores" con los colegiales.
Por muy interesante y serio que pueda resultar un artículo periodístico dirigido al lector cubano, sobre el problema de la criminalidad juvenil en otras latitudes, nunca podrá sustituir —ni aun alcanzar— la importancia que tendría mirarse por dentro, analizar aquellos factores que han propiciado el preocupante crecimiento de la violencia entre nosotros, así como de los indicadores de criminalidad, y la impunidad de lo que eufemísticamente se ha dado en llamar "indisciplina social" para enmascarar el sesgo criminal de algunos hechos.
Por muy doloroso que resulte que un estudiante norteamericano asesine a 15 de sus compañeros de escuela, no nos afecta tan directamente como el hecho de que un estudiante de una secundaria de la Habana Vieja haya muerto tras ser apuñalado por otro; que en el mismo municipio un adolescente enclenque haya tenido que ser trasladado de escuela por su madre, aterrada por la golpiza que éste recibiera de un grupo de condiscípulos, o que un maestro "emergente" haya matado, aunque no fuera su intención, a un estudiante.
Violencia inducida
Es evidente que estos no son hechos aislados. La ruptura de ventanillas y puertas de ómnibus, de teléfonos públicos, de vidrios de edificios públicos y viviendas, entre otros, también son manifestaciones de una violencia intrínseca, contenida a medias, porque en la Isla no proliferan, es cierto, las armas de fuego; pero sí está presente la intención criminal, la potencialidad del delito mayor que brota cuando las condiciones lo propician.
Los padres no han tenido que comprar videojuegos, ni los jóvenes han debido permanecer durante horas frente a la pantalla de su ordenador o televisor para que se vea el irrefrenable aumento de una violencia que torna cada vez más peligrosas las calles y casas.
Si bien los videojuegos violentos son caldo de cultivo perfecto para desatar el instinto de la bestia dentro de muchos grupos humanos, no son ni mucho menos el único catalizador. En el caso cubano, por ejemplo, se podrían citar no pocos agentes de la vida diaria que concitan el odio y la violencia. Es más, existen agentes que legitiman tales sentimientos.
¿Qué son sino los "mítines de repudio", las numerosas consignas lapidarias que sacralizan el odio, las exclusiones por diferencias políticas y de otro tipo, las amenazas, las purgas, la pobreza generalizada, las carencias materiales y espirituales, el deterioro de nuestros espacios en la sociedad? ¿Acaso la doble moral no conduce a la pérdida de valores, uno de los primeros factores que nos enseña que la impunidad es un don de aquellos que fingen acatar determinados lineamientos?
Habrá que agradecer a Deisy Francis y a Miriela Fernández su ilustrativo artículo, pero sería de desear que en un futuro cercano hicieran una entrega más en consonancia con la realidad actual de la Isla: poner en el tintero el acuciante tema del crecimiento de la violencia, sus causas y posibles soluciones.
© cubaencuentro

14 Comentarios
9 por pero el loco (Usuario no autenticado) 11/06/2008 20:20
creo que lo que decia el articulo es que que cuba decia que la violencia juvenil era causada por los juegos de videos que paso en cuba con la violencia juvenil ya que no todos los jovenes poseen juegos de videos.
8 por Carlton Solomon (Usuario no autenticado) 11/06/2008 20:20
Senora Ana Maria, soy el primero en admitir que en los ultimos anos ha decaido el respeto al projimo en Miami, pero la culpa lo tienen precisamente los que salieron del sistema educacional de la Cuba castrista, tambien son los elementos mas criminales entre los cubanos de la ciudad, mira como son los que son responsables por el auge en la producion hidroponica de la mariguana en esa ciudad, arestaron a mas de 130 personas en un dia. Eso es lo que ha dejado la revoloucion cubana.
7 por Saúl (Usuario no autenticado) 11/06/2008 15:40
La simiente ha sido sembrada durante 50 años. Lo que magistralmente ha descrito Eva González, as usual, no es más que los primeros brotes. Esa planta, que es la frustración de medio siglo, brotará como un bosque monstruoso de ira que devorará a su creador. Cuando las masas dirijan su cólera, demolerán a sus verdugos. Siempre el volcán encuentra su salida. No quedará ni polvo de los Capos de La Habana. Cosas veredes.
6 por Amante de Miami (Usuario no autenticado) 11/06/2008 15:20
Señora Ana María, ya veo que la ciudad de Miami no le agrada. Cuba tampoco, porque no vive allá. Mire, los asiáticos son muy callados. ¿Por qué no valora irse a vivir a Viet Nam o a Corea del Norte? Tienen regímenes de izquierda. No le recomiendo Venezuela. No se imagina usted un mediodía en Caracas en medio del tráfico. Lo menos que le puede pasar es que le griten hetera y que pierda cartera y algo más. Por último, ya que vive en Miami: ¿qué le pareció, hace algunos años, la exposición de Degas? A mí me pareció impresionante. Estaba hasta su famosa bailarina, tesoro del Orsay. Y más reciente, ¿Qué le pareció la más completa muestra de Rufino Tamayo? Ambas las vi en el MAM. Gracias.
5 por no a la violencia en ninguna de sus formas (Usuario no autenticado) 11/06/2008 15:20
Sra. Ana Maria Suárez ¿de verdad está Ud. en Miami? es cierto que en todas las grandes ciudades el problema del tráfico y la educación de los conductores deja mucho que desear y eso es algo que es de lamentar, pero en sus palabras deduzco una ligera sorna porque parece que le cuesta trabajo reconocer que en Cuba hay violencia juvenil.
Desgraciadamente la violencia se ha adueñado de todas las sociedades aunque por distintos motivos, tal vez la "abundancia" en los "países capitalistas" ha hecho que los jóvenes den más valor a lo material que a lo espiritual o humanístico, generando a veces frustraciones que terminan en violencia, pero es que la pobreza material, como es el caso de Cuba, también origina violencia, y si unimos a esa pobreza material la espiritual o humanística en cuanto a aspiraciones en la vida, deseos de mejora que no llegan nunca, unido a promesas que no se cumplen, todas esas cosas también generan frustración. Y por cierto, Ud. ha sido muy educada al contestar, pero a veces he entrado en foros digamos "afines" a las consignas revolucionarias y por el simple hecho de comentar ,siempre con educación, algo en contra de lo que se exponía me han contestado con groserías dignas de barriobajeros y no de estudiantes universitarios que se supone que son los que normalmente entran a esos foros. Como decía mi abuelita, a veces la gente entra en la universidad pero la universidad no entra en la gente.
Un saludo, y que tenga más suerte con el tráfico y los conductores.
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