sábado 6 de septiembre de 2008 0:44
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Represión

Miedo por contacto

¿Qué pensarán realmente de la dictadura quienes golpearon u observaron la más reciente paliza al abogado invidente Juan C. González Leyva?

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Camagüeyanos, durante el acto del pasado 26 de julio. (AP)

Camagüeyanos, durante el acto del pasado 26 de julio. (AP)

Los hombres que golpearon a Juan Carlos González Leyva la semana pasada en Camaguey, los cinco empleados del hospital Amalia Simoni que llamaron a la policía y la gente que miró al infinito ante la golpiza, ¿qué pensarán realmente de la dictadura? ¿Cómo relatarían esa noche, frente a la cena ovípara, en casa, con sus hijos, el episodio heroico, el gesto revolucionario de abusar de un invidente?

Gustavo Arcos Bergnes, aquel adelantado de la lucha pacífica que tenía un despacho con Dios todas las noches, decía que el promotor principal de esa violencia gratuita y despiadada es el miedo, ese cómplice fiel de la dictadura, que los jerarcas dispensan con prodigalidad de San Antonio a Maisí.

Y es que parece que los ejecutores de esos delitos, los disciplinados señores de la gonfa y las esposas de hierro, trataran de trasmitir por la piel a sus víctimas el temor que ellos sienten. El temblor interno y los escalofríos que viajan con la sangre desde el corazón a los vasos, las venas, las arterias.

El abogado González Leyva, presidente de la Fundación Cubana de Derechos Humanos, ex preso político, un símbolo de la resistencia en el mapa de oposición interna, es un experto en cicatrices de heridas que nunca dejaron pasar el miedo a su sistema sanguíneo. No es un receptor natural de esos venenos.

Él es, además del activista experimentado y plural, la voz de los prisioneros políticos que padecen en las cárceles de esa región del país y uno de los puntos de apoyo a sus familiares desde los espacios de libertad que ha conquistado allí la disidencia.

Lo sintieron quienes estuvieron en las celdas de castigo de Canaleta, entre marzo de 2003 y la primavera del año siguiente: Pedro Pablo Álvarez, Ariel Sigler Amaya, Julio Valdés Guevara, Horacio Piña Borrego y Luis Milán Fernández, entre otros.

Lo sabe y cuenta con él ahora Adolfo Fernández Saínz, en una celda del destacamento uno, cada día peor, con la salud arruinada después de cuatro años tras las rejas. Y Pedro Argüelles Morán, en su segunda estancia en prisión, casi ciego. En la vieja cárcel de Morón, Pablo Pacheco Ávila, el joven periodista, que acaba de salir de la sala de penados con una pierna paralizada que no le acaba de sanar.

En Camagüey, siente la cercanía de González Leyva y de su fundación uno de los prisionero políticos que tiene el cuadro más dramático: Normando Hernández González. El periodista camagüeyano que padece de tuberculosis, graves problemas con la absorción de alimentos y otras patologías.

González Leyva escribe todas las semanas informaciones sobre la situación de los prisioneros y, junto a otros periodistas y defensores de los derechos humanos, mantiene un escrutinio permanente sobre las condiciones de vida y la atención médica.

El reciente episodio de arresto y golpiza se produjo cuando el abogado trataba de filmar una entrevista con un hijo enfermo del preso político José Antonio Mola Porras, recluido en la cárcel Kilo 9 de Camaguey.

Desde las zonas de la sociedad que la oposición ha conquistado, Juan Carlos González Leyva trabaja por todos los días por sus amigos presos, en la crispada provincia cubana que un día, hace muchos años, un poeta describió como una suave comarca de pastores y sombreros.

15 Comentarios


15 por pancho villa (Usuario no autenticado) 04/10/2007 1:20

A mi perra la mataron cuando me iba por el mariel. Todos los vecinos con palos, todos los amigos se viraron de espalda. Oh, divino, diccionario del diablo: Espalda, la ultima cosas que vemos de los amigos cuando estamos en desgracia,

14 por Maria Caracoles (Usuario no autenticado) 08/09/2007 10:11

Alguien dijo que en Cuba todos llevan un policía adentro y es cierto. Aún los que estamos fuera evitamos identificarnos en nuestros comentarios. Hasta más allá de las fronteras de la Isla llega el horror.
El gobierno ha sabido imponer muros de contención.
Todos acostumbrados y amaestrados para ejercer la doble moral y la simulación como mecanismo de supervivencia.
Algún día, Dios quiera que muy pronto,acabará esta pesadilla. Pero, cuántos años y generaciones pasarán para que se restituyan los valores éticos? Eso es lo más doloroso.

13 por Guicho Santiago (Usuario no autenticado) 04/09/2007 11:50

Es la naturaleza nacional. Siempre tuvimos una buena cantidad de miserables. En su momento alcanzaron cientos de miles o un millon gritando "Paredon, paredon!" Hay que dejarse de hipocrecia. Eso esta en la cepa genetica. Nunca nos han faltado esbirros ni sicarios. Entre los venerados mambises convivia el facineroso con el heroe, a veces en la misma persona. Cuenten con tales sujetos siempre.

12 por Amalia, Santo Domingo (Usuario no autenticado) 04/09/2007 11:50

Raúl Rivero, desde tu corazón de poeta una vez más me has sacado lágrimas. Admiramos mucho tu trabajo de denuncia y de recordatorio internacional de la realidad de nuestra tierra y de nuestros valientes presos por el derecho a tener derechos. Un abrazo hermano.

11 por Jose Rodriguez (Usuario no autenticado) 04/09/2007 11:50

Yo creo que la verguenza es un honor que le hace una persona a sus principios cuando se ven traicionados en su actuar, principios cultivados en el hogar, en el actuar diario. Pero no tenemos ya hogar, no tenemos familia. Que ha sido del campesino y el intelectual cubano que se enorgullecían gloriosos de ser cubanos, nos falta identidad, nos han destruido. Me parece que los comentarios abajos, solo demuestran que esas personas que golpearon, mañana le darian palos a sus mismos "capitanes" en otras circunstancias. No son capaces de sentir verguenza de lo que han hecho, se sienten respaldados y no miran su actuar a largo plazo, tienen la inmadurez necesaria para no concebir que les podría pasar a un hermano de ellos. No entiendo, cómo tampoco entiendo que existan subamarinos nucleares. La humanidad está ciertamente decadente moralmente con sus guerras, pero que tristeza me da ver que en mi pueblo exista tambien esa inmoralidad y se cultive y se desarrolle. Cómo decirle al mundo en reiteradas ocasiones nuestro mayor opresor (Fidel Castro) que hemos tenido que somos el "pueblo más culto del mundo", eso da verguenza, corren lágrimas por los ojos, de tanta historia de violencia y separación familiar, como de tanta infamia, calumnia y pobreza. Falta amor en el pueblo de Cuba, amor a nosotros los cubanos y a nuestra cubanía.


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