Opinión
Muertes y penas
El gobierno no ha hablado de Humberto Real, un cubanoamericano que lleva 12 años con la muerte a cuestas.
Los presos políticos que llegamos a la cárcel de Canaleta, en la provincia de Ciego de Ávila, en marzo de 2003, lo tuvimos de vecino de celda durante once meses. Se llama Edemir Torres Sifontes, alias El Mecánico. En esa época llevaba cinco años a la espera de que lo levantaran una mañana y lo sacaran al patio donde debían estar, contadas y bruñidas, las balas de su muerte.
Estaba en su cuarta década de vida y era el único preso de esa prisión que estaba condenado a la pena capital por fusilamiento por un delito de asesinato. Un episodio de violencia —con una muchacha como víctima— que había estremecido a la ciudadanía de esa región.
La mayoría de los reclusos y familiares creían que el reo merecía pagar por su crimen, pero opinaban también que los años en solitario, en una celda de aislamiento, sin conocer el día fijo en que lo llamarían al amanecer, le habían añadido una cuota de crueldad suprema a la condena, si se tienen en cuenta las condiciones de vida en esos sitios y la realidad de no tener nunca ni idea de las horas que le quedaban por vivir.
En estos días nos hemos acordado de él. Pedro Pablo Álvarez Ramos y Alejandro González Raga, dos de los prisioneros políticos llegados hace poco a España, estuvieron en ese vecindario y lo conocieron. Debe ser uno de los 30 ó 40 cubanos que se acaban de librar de la muerte por una decisión del gobierno. Al mismo tiempo, este ratificó la permanencia de la figura jurídica en el pavoroso código penal cubano y sus cañones, que apuntan a todas partes.
Hay, sin embargo, un preso cubanoamericano, Humberto Real Suárez, condenado a muerte desde 1996. El hombre fue integrante de un comando armado que trató de infiltrarse en Cuba en 1993. Mató a un funcionario del Partido Comunista en los momentos de entrar al territorio nacional por la zona de Caibarién.
Real Suárez está en estos momentos en la franja de aislamiento de la cárcel Kilo 7, de Camagüey. González Raga, que salió directamente de esa prisión para Madrid, con una escala de horas en el Combinado del Este, en La Habana, lo vio varias veces a lo lejos y en dos oportunidades pudo saludarlo.
Entre los casos pendientes de apelación a la pena de muerte, se hizo mención a dos salvadoreños acusados de terrorismo, pero el nombre del cubanoamericano ni se mencionó.
Real Suárez lleva 12 años con la muerte desnuda en el baño turco. Y en otros puntos de la celda, en los pasillos, el cepo y la enfermería, porque tiene que convivir con los reos más peligrosos de esa prisión. O de cualquier centro penitenciario al que lo trasladen.
En realidad, son tres lustros los que ha pasado en esos calabozos creyendo que escucha, en el sueño y en el desvelo, un ruido de metales y unas voces de mando. La verdad es que sin que haya estallado la pólvora, ni se pueda ver un lamparón de sangre en la pared, hay mucha muerte ahí. Mucha muerte y mucha pena.
© cubaencuentro

17 Comentarios
7 por altario veloz (Usuario no autenticado) 06/05/2008 17:40
Raul Rivero te estas metiendo en una historia de la que por hecharle a la dictadura no vas a salir bien parado. Quiero pensar que esto lo cuentas por mera anecdota pero la verdad es que parece otra cosa. Te tengo por alguien muy capaz e inteligente, no te desprestigies.
6 por Diego Rodriguez-Arche (Usuario no autenticado) 06/05/2008 17:40
Ninguno de los tres opinantes han entendido la esencia del artículo de Raúl. En ninguna parte del mismo insinúa o expresa que el hecho de ser militante del partido justifica que haya muerto de forma violenta. Este señor es una víctima más del Castrismo. De lo que trata el artículo, a mi juicio, es de mostrar la crueldad de la dictadura manteniendo a estos hombres condenados a la pena capital en ese limbo cruel de no saber cuando les tocará enfrentar a la muerte. La crueldad de que cada noche se duerman sin saber si la mañana siguiente será el momento de la verdad y así durante años. Cuba es uno de los pocos países del mundo en el que para recibir la pena de muerte el delito no tiene que corresponderse con la pena. De eso trata el artículo y los opinantes, o los árboles no les dejan ver el bosque o son muy mal intencionados.
5 por CURVA AFUERA (Usuario no autenticado) 06/05/2008 17:40
Mateo, no creo que su crítica al artículo de Rivero pueda extenderse así tan fácilmente a toda la revista, ni que esta tenga que ser la referencia en la lucha por la democracia.
4 por El Que No Debe Ser Nombrado (Usuario no autenticado) 06/05/2008 17:40
Me parece que al señor Raul Rivero le han afectado las libras de chorizo que se come en España. Este artículo podría ser catalogado como apología al terrorismo, pues eso es precisamente lo que Rivero está haciendo, evocando los crímenes cometidos por determinado indivuo como si estos fueran acciones de máxima justicia.
Veo que el nivel de esta revista cae cada día más, aún cuando creía que esto no era posible.
3 por rafacuba (Usuario no autenticado) 06/05/2008 16:00
Y es con disidentes asi que nos vamos a librar de la dictadura en Cuba? Si para el senor Raul Rivero hay asesinos buenos y asesinos malos, entonces cual sera su vision para la Cuba del futuro? Creo que mejor se queda viviendo en Espana, disidentes asi no necesitamos.
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