jueves 8 de enero de 2009 3:21
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Economía

Quitar las puertas al campo

¿Será suficiente ceder tierras 'en usufructo' para relanzar la agricultura y consolidar un sistema productivo?

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Un campesino en la cosecha de tomates en la localidad de Güira de Melena

Un campesino en la cosecha de tomates en la localidad de Güira de Melena. (AP)

Por estos días se habla mucho de las reformas agrícolas emprendidas por Raúl Castro. Hasta una dirigente del Partido Comunista, María del Carmen Concepción, ha calificado el problema agrario como una cuestión "de seguridad nacional", atribuyendo la responsabilidad, como siempre, a los otros: "las alzas de precios de productos agrícolas en los mercados internacionales", y escurriendo el bulto de la falta de productividad e ineficacia de la agricultura nacional.

Básicamente, las reformas parecen ir dirigidas a autorizar la venta de determinados insumos y aperos de labranza a los trabajadores agrícolas, y lo que más atención ha despertado, la eventual entrega de tierras a los campesinos, en un intento de estimular la producción agropecuaria en la Isla.

Pero vayamos con detalle. Ya he tenido alguna ocasión de cuestionar estas decisiones, sobre todo, la segunda, porque en ausencia de un mercado organizado de derechos de propiedad, que permita a los agricultores ser dueños de la tierra que trabajan, será difícil que puedan asumir los esfuerzos productivos que ahora pide el régimen, a cambio de unas donaciones que, en cualquier momento, pueden volver a las manos del Estado.

Por este motivo, lo primero que hay que preguntarse es qué tierras son las que se entregan, en qué condiciones, y bajo qué modelo de explotación. Y sobre todo, qué tipo de reversión pueden tener las mismas una vez que resulten productivas; porque ese es el verdadero problema de la organización comunista latifundista cubana. Los datos son elocuentes.

Ventaja y despropósito

La Oficina Nacional de Estadística (ONE), en su página web, proporciona abundante información para obtener una imagen precisa de lo que está sucediendo y por qué los cambios introducidos no van a dar resultado alguno.

En Cuba existen actualmente cerca de 11 millones de hectáreas de tierra, de las cuales el 60% tiene carácter agrícola, y el otro 40%, en líneas generales, no está apto para la agricultura. Tampoco pasa nada, ya que esta tierra que no es apta para el desarrollo de actividades agrícolas directamente, o es de naturaleza forestal, acuosa o constructiva, según las categorías que establece la clasificación estadística referida.

Lo primero que nos debe llamar la atención es la destacable cifra de superficie agrícola existente en el país. Pocos países del mundo se pueden vanagloriar de contar con casi un 60% de sus tierras aprovechables para uso agrícola. El problema es que de esa importante superficie, de 6,6 millones de hectáreas, se cultivan actualmente sólo 3,1 millones de hectáreas, el 46% del total; mientras que el otro 54%, o sea 3,5 millones de hectáreas, no se cultiva (2,3 millones de pastos naturales y otras 1,2 millones de tierras ociosas).

Vayamos a otra segmentación que puede parecer más interesante. Del total de 11 millones de hectáreas de tierra existentes en la Isla, las que pertenecen al Estado representan el 55% del total. Es decir, 6 millones de hectáreas son del gobierno, mientras que otros 4,9 millones, de una forma u otra, son de titularidad no estatal, lo que no significa que sean privadas. Esta última forma jurídica es ajena al comunismo cubano (aproximadamente, el 58% son tierras de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa [UBPC] y tan sólo el 28% pertenece a los campesinos independientes en sus márgenes).

Aquí sí es posible observar el origen principal de los problemas, ya que el Estado controla de forma directa casi el 60% de la tierra existente en el país. La atrocidad de las confiscaciones del régimen tiene su plasmación más directa en esa notable concentración de activos productivos en manos de quien no sabe qué hacer con ellos.

Más aún cuando se observa la escasa eficiencia del Estado como productor agrícola. En efecto, de los 6 millones de hectáreas del gobierno, sólo se destina a la producción agraria de forma directa el 38% del total, de modo que el 62% restante no se aplica a este uso. En cambio, en la tierra de propiedad no estatal, el uso agrícola es mayoritario, hasta alcanzar el 87%. Esta debería ser una de las primeras lecciones de Raúl Castro: ¿para qué quiere el Estado conservar la tierra si no sabe qué hacer con ella? Cualquier otra forma de tenencia alternativa es mucho más eficaz, al menos en términos productivos, y tiende a aprovechar al máximo sus posibilidades.

Pero hay otro dato más elocuente aún en la distribución del agro nacional. Resulta que de los 6 millones de hectáreas del Estado, de los cuales tienen destino agrícola 2,3 millones, el 38% al que hacíamos referencia anteriormente, tan sólo 720.000 hectáreas, un escaso 30%, son cultivadas actualmente. Un porcentaje que apenas alcanza el 12% del total, si se compara con toda la tierra en manos del Estado. El resto de la tierra, es decir, 1,6 millones de hectáreas, no se cultiva. Corresponde a pastos un millón de hectáreas, y alrededor de 609.000 están ociosas, de acuerdo con los datos de la ONE.

No sólo la propiedad está concentrada en manos improductivas, las del latifundio estatal, sino que también está ociosa e improductiva. Y lo que es peor: no se sabe qué hacer con este patrimonio fundamental para el desarrollo del país.

Por el contrario, el 56% de la tierra que no pertenece al Estado y que tiene carácter agrícola se encuentra cultivada, en total 2,4 millones de hectáreas, de un total de 4,3 millones. Cierto es que este porcentaje podría ser mayor, pero si se tienen en cuenta las dificultades y restricciones de todo tipo que el sistema económico castrista ha provocado sobre cualquier proceso de liberalización agrícola, es todo un éxito que se alcancen estas cifras.

Lo que hay que hacer

Quizás, a corto plazo, las reformas castristas deberían orientarse principalmente a poner en cultivo toda esa tierra que no pertenece al Estado (4,3 millones de hectáreas), y tratar de liquidar todas las trabas burocráticas que frenan cualquier proceso de acumulación de capital en el campo, auténtico estímulo para su crecimiento sostenido.

Luego, podrían empezar por algunas medidas realmente revolucionarias. Tal vez permitir a las UBPC crecer y diversificar sus producciones, en vez de estar prácticamente concentradas en caña de azúcar; flexibilizar el trato económico y fiscal a las cooperativas y agricultores independientes, permitiendo la acumulación de capital a corto y medio plazo; abrir el crédito interno a las cosechas como vía para la mejora tecnológica y la adquisición de insumos y equipamientos; permitir la venta libre de productos a los precios definidos por el mercado, e incluso dar salida al exterior a los eventuales excedentes y facilitar la inversión de las remesas de los exiliados en el medio agrícola.

Todas estas iniciativas podrían contribuir a reducir, a muy corto plazo, las carencias y escaseces que caracterizan la economía nacional en materia de productos agrícolas, y fomentar la consolidación de un mercado de la propiedad agrícola que empiece a dar rentabilidad a la tierra en manos del Estado, ociosa e improductiva. A corto plazo, el efecto de esta medida sería mucho más intenso que esa eventual "entrega" y "donación" de tierras, cuyo fin último supone dudas respecto de su eficacia.

En suma, actualmente, de 10 millones de hectáreas disponibles, y de 6,6 millones agrícolas potenciales, el Estado cultiva sólo 720.000 hectáreas y el resto de formas de propiedad y organización, 2,4 millones de hectáreas. ¿Es una buena base para las reformas?

19 Comentarios


4 por Aspirina (Usuario no autenticado) 11/04/2008 16:40

Raúl debía poner los recursos en manos de esos que saben producir, la agricultura de hoy es tecnología y disciplina, la idea de viejito y la junta de bueyes es cosa menor y del pasado.
Después el gobierno puede subvencionar los productos fundamentales, pero todo se debe regir por los precios del mercado, en unos pocos años salen de la miseria.
Este es otro mundo, las ideas administrativas de Fidel son hoy para los libros como ejemplo de mal manejo.

3 por Aspirante (Usuario no autenticado) 11/04/2008 15:40

En el caso de la agricultura en Cuba parece que las cosas anda muy mal. Hago una pregunta por si alguien en la red conoce la respuesta. Tiene Cuba ministro de agricultura en funciones. Porque despues de la muerte de Alfredo Jordan no se ha seleccionado a nadie. De ser asi, como no van a andar mal las cosas en un pais agricola que no tiene ningun ministro designado. Esto es una muestra del respeto que siente la dirigencia del pais por el bienestar y la comida del pueblo. Recuerde que ningun alto dirigente en Cuba hace uso de la libreta de abastecimiento. Y muchos de ellos salarios simbolicos que utilizan, empezando por Fidel. !Que desastre!

2 por reyhavana (Usuario no autenticado) 11/04/2008 15:40

Es fundamental que para que la agricultura cubana avance hay que transformar definitivamente el concepto de propiedad del actual regimen. Hay que entregar las tierras a titulo de propiedad permanente y hereditaria, con posibilidades de ser vendida y/o comprada para que el campesino vuelva a sentirse el verdadero dueño, para que pueda planificar su futuro y el de su familia, para que pueda decidir que sembrar segun sus intereses ( que generalmente van a coincidir con las necesidades del mercado), que tenga derecho a matar una vaca si quiere comer carne y vender el resto. Hay que legislar que el estado no podra nacionalizar las tierras a su propia conveniencia y mucho menos sin compensacion.Como es posible que el campesino ahora vaya a eliminar la jungla de marabu, preparar las tierras y luego el gobierno, alegando razones de estado, las vuelva a tomar bajo su poder?. Sin garantias verdaderas no creo que el guajiro cubano, por cierto gente muy inteligente para sortear problemas, vaya a morder ese anzuelo otra vez.

1 por Pedro Perez Arteaga (Usuario no autenticado) 11/04/2008 12:20

Primero quiero decir que cualquiera de los comentarios que aquí se vierten pueden contener ideas genuinas que nos de luz a nuestros problemas.

Hay opiniones de muchos de nosotros, que junto al artículo en cuestión, pueden ir conformando un nuevo disernimiento, aunque su vehículo, el discurso, o la forma de decirlo, no sea la mejor técnicamente. Por eso lo importante que es, al menos para mi, y creo que para muchos, el que Cubaencuentro haya introducido esta modalidad de comentar cada artículo.

Yo exhorto a todos a participar con seriedad y sumar criterios a tener en cuenta, bajo el respeto que exije un dialogo civilizado.

Mi opinión sobre este artículo es que si vamos, a lo que para mi es la esencia del problema, comprenderemos mejor porque la agricultura cubana no ha funcionado y no funcionará jamás.

Fidel Castro, por proceder de un padre que laboró en el campo, que conoció la agricultura por la finca donde vivio; sabe muy bien el potencial que representa sacar provecho a la tierra. Su padre fue, si no un latifundista, algo cercano a ello.

En un inicio se vio abocado, por su proyecto, a eliminar los latifundios y nacionalizar la tierra en manos de compañías extranjeras para entregarlas al pueblo(?); PERO EN EL CAMINO SE DIO CUENTA y recordó, como el que trabaja la tierra podía obtener beneficios y crecer. Detrás del crecimiento y la bonanza económica, continúan generalmente las ideas, y si son políticas, entonces "la cosa va mal".

"La cosa va mal " para un hombre que en estos 50 años se ocupó de atajar cada resquicio de enriquecimiento de donde quiera que procediese; !Ojo!, no para impedir la corrupción, que es lo que más ha existido en estos 50 años de Dictadura, si no para evitar estabilidades económicas con salidas al pensamiento libre que pudieran dar al traste con su poder absoluto.

Para mi esta es la esencia del problema agrícola cubano, conectado indisolublemente a la situación general del país en todas las esferas.

El Tirano ha dormido con un ojo abierto y otro cerrado, vigilando atentamente el sector agrícola, al campesinado. Los pocos agricultores independientes, reducidos por él a la mínima expresión, han sido una espinita en el zapato y alguno de sus desvelos.

Hubo un tiempo que se vieron productos de la agricultura, se producía leche, se producía carne de cerdo, se producían huevos, y otros muchos renglones; pero todo estaba conectado al despilfarro procedente de la ayuda soviética. El Dictador podía enmendar la ausencia absoluta de infraestructuras, motivación, etc, por la "tubería" de recursos de "la teta soviética". Al terminar esta, se quedó absolutamente desnudo.

Muchos pensamos que el Dictador falló en no aprovechar la ayuda multimillonaria soviética para crear un país independiente económicamente; teniendo en cuenta que nada es eterno. La ayuda soviética terminó y al otro día; !AL OTRO DÍA SEÑORES!, en Cuba "no había ni donde amarrar la chiva".

¿Fue falta de previsión?; No, no fue falta de previsión. Como en todas las demás cosas, al Tirano no le interesó jamás fomentar un desarrollo privado en ningún sector de la economía y menos en la agricultura. Fidel Castro siempre; absolutamente siempre, trabajo para tener dentro de su puño todo lo que sucedía en el país, a tal extremo que en Cuba solo funcionó, durante todos estos años, todo lo que dependió DIRECTAMENTE DE ÉL; "cuando le sacaba el pié", todo se iba a la mierda: Médico de la Familia, Cordón de la Habana, Industria Azucarera, Plátano Micro-yet; Plan Genético, cuando funcionaba, claro está; .... la lista pudiera ser interminable.

Una tierra fértil, clima tropical y húmedo; imperdonable la situación que presenta la agricultura cubana desde hace años; donde el colofón fue la casi desaparición de la industria azucarera.
Imperdonable;..... más que imperdonable destinar 1 600 millones de dólares a la compra de alimentos en el extranjero, de espaldas a un país donde el desempleo, sobretodo entre los más jóvenes y en un sector como el agrícola, campean a sus anchas.

No nos rompamos la cabeza; nada prosperará en Cuba mientras gravite sobre ella el poder absolutista del Dictador y sus títeres; sencillamente porque saben que dando riendas a la economía, estarían sus días contados. Con un pié en el cuello nadie piensa más que en tratar de respirar; respirando con la barriga llena la historia pudiera ser diferente.


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