Postrebelión en la Universidad de Oriente
SE DICE QUE la 'normalidad alimentaria', es decir, la del terrible día a día del cubano de a pie, ha regresado a la Universidad de Oriente. Tras unas pocas semanas de reforzamiento en la alimentación de los estudiantes becados, está de vuelta la música de siempre.
La excepcionalidad fue la respuesta del gobierno a la crisis generada en la universidad santiaguera, que hizo que unos 300 de estudiantes se sublevaran contra las malas condiciones de vida, la inseguridad y el deterioro generalizado.
Luego de dotar de alumbrado público las áreas más inseguras, las autoridades mejoraron la oferta de los comedores: en los menús no faltaron el pollo, las natillas y los dulces finos, por sólo mencionar algunos productos. La rebelión estudiantil se contuvo con miedo y comida… al menos durante unos días.
Calmada la inusual protesta, el panorama es ahora el de siempre: arroz, frijoles y chícharos aguados, en muy escasas raciones.
SE DICE que no ha habido expulsiones por los hechos ocurridos, pero los ánimos siguen caldeados. La Seguridad del Estado se ha visto obligada a instalar, de forma permanente, dos unidades de vigilancia en las sedes Central y Mella.
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