viernes 16 de mayo de 2008 18:05
cubaencuentro.com cuba encuentro | Cultura

Opinión

La locura de Walterio

Sin el ostracismo, hoy habría una idea más certera de Carbonell, 'rescatado' cuando estaba intelectualmente muerto.

8 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

Llanto por los Muertos, de José Julián Aguilera Vicente

Llanto por los Muertos, de José Julián Aguilera Vicente. (CUBANART.ORG)

Figuras como Walterio Carbonell habitan a retazos en la memoria. Al parecer, él mismo ayudó a su presentación como sujeto fragmentado, pero no en el sentido postmoderno, sino en fragmentos de fragmentos, asidos a una leyenda de sucesos intelectuales, humorísticos, desquiciados. Carbonell fue, en fin, un gran inventor de historia y un creador de brumas sobre su propia biografía.

Esa es la visión que permanece luego que, recientemente, decidiera escapar de la vida para refugiarse, quizá, en un palenque en el cielo.

Cómo surgió la cultura nacional

En la Biblioteca Nacional de Cuba, hace ya unos cuantos años, estaba claro que el destino de Carbonell era la decadencia y la soledad.

Fue la reconocida historiadora norteamericana Rebecca J. Scott quien, leal a su vocación pedagógica, me informó sobre la relevancia del libro de Walterio, Cómo surgió la cultura nacional. Es un texto desgreñado, pero surcado de ideas atrevidas. Visto desde hoy, a casi cincuenta años de su publicación, el ensayo oscila entre la vejez y la lozanía.

Dos de sus afirmaciones sirven para corroborar los atrevimientos a que aludimos: el verdadero antecedente de la guerra de independencia fueron las sublevaciones de esclavos y no las conspiraciones de los propietarios que se alzaron en 1868. Otra osadía fue la relevancia que otorgó a la cultura oral de los esclavos frente al discurso escrito de la élite anticolonialista, avalado por la institución y el poder implícito en la letra impresa, se diría también hoy.

Lucidez errabunda

A partir de la advertencia de Rebecca y leído el texto, comencé a acercarme a Carbonell. Resultaba fácil percatarse de que algo en el cerebro de aquel negro de rostro etíope, manos finas y uñas largas, que atravesaba los salones de la Biblioteca con unos ruidosos zapatos convertidos en chancletas, no funcionaba a derechas. Aquí le llamaremos, para abreviar, locura, y no con el eufemismo de "trastornos nerviosos".

Pero la locura de Carbonell no era de tiempo completo, lo cual debe tener su apelativo en la ciencia de la psiquiatría. Mi interés inicial consistió en sorprender ese momento para lograr que hablara de personajes como Senghor, Fanon, Price Mars, Césaire o de cualquier otro intelectual que asistió al célebre Primer Congreso Internacional de Escritores y Artistas Negros, que se efectuó en París en 1956.

El primer intento de charla fue un mal paso, aunque algo se logró. En vez de tomar por el camino que se le sugería, Carbonell solía ir por donde lo llevaran sus impulsos. Así, contó de sus primeros años en la Universidad de La Habana, su militancia de izquierda y de su relación con Fidel Castro.

Refirió Carbonell en aquel primer encuentro su decisión, a mediados de los cincuenta, de marchar a Francia a completar su "formación académica". Su familia poseía propiedades —tierras, si mal no recuerdo— que se vendieron. De la transacción, 3.000 dólares fueron para Carbonell y sus estudios en París.

Joven y desconocedor, le disparé a boca de jarro que esa cifra no alcanzaba para completar nada, y menos en Europa. Carbonell me miró como si viera a alguien llegado de un lugar muy lejano, y respondió masticando las palabras: "Yo pagaba un dólar al mes por la universidad. Era un pago simbólico".

Después, en un artículo surgido de la información equivocada sobre la muerte de Carbonell, dijo Juan Goytisolo que era una beca. Carbonell, sin embargo, jamás mencionó esta palabra. Tuvo razón el escritor español.

Sin los melindres de la modestia

Otra oportunidad llegó un día de finales de los noventa. En la sala nacional de la Biblioteca, dos profesoras universitarias, que sin duda lo estimaban, le reprochaban a dúo su desordenada vida sentimental. Le indicaban algo así: "si hubieras sido más serio, ahora tendrías quien te cuidara".

El tema pronto se vinculó con una de sus dos hijas francesas, cuya carta reciente enarbolaba feliz el experto en la raza negra en Cuba.

Absolutamente lúcido en aquel instante, Carbonell puso fin a los reproches con una astucia: "Voy a ver a mi amigo". Fue hasta mi mesa y se sentó sin interesarle un adarme si yo estaba ocupado o no. Cargaba un montón de papeles desordenados, de distintos tamaños y calidades, escritos con letra enorme. Sin duda, necesitaba espejuelos. Estaba "escribiendo un largo poema" y un "ensayo sobre Palo Mayombe", dijo.

Ajeno a cualquier crítica sobre los melindres de la modestia, soltó que Miguel Barnet, recordando un artículo publicado por Carbonell con bastante anterioridad, había asegurado que este último "era el que más sabía sobre Palo Mayombe en Cuba".

« Anterior12Siguiente »

8 Comentarios


8 por Inesita Correcalle (Usuario no autenticado) 12/05/2008 18:00

Lamentablemente, Walterio más que un intelectual de cierta solidez, fue un personaje de los tantos que poblaron la Habana en la década de los 60. Ahora se tejen leyendas y se eleva al Parnaso a cuanto fallecido nos cae bien y escribiera un ensayo "sobreloquefuera". No niego sus virtudes como tampoco resalto sus defectos, pero su singular matrimonio con Clara Morera (por llamarlo de forma elegante), su conducta epatante en grado sumo y, por último, su locura fueron mucho más conocidos que su obra, porque así lo quiso él.

7 por Impresion Funebre (Usuario no autenticado) 29/04/2008 9:00

La del cuadro que acompaña al articulo. Muy interesante y grafico este cuadro.

6 por Criollo (Usuario no autenticado) 28/04/2008 23:20

Esta bien Chicho. Disculpa entonces.

5 por CHICHO RAZONABLE (Usuario no autenticado) 28/04/2008 21:00

Esta es para CRIOLLO

Asere, yo no tengo ganas de ponerme a chancletear ni a fajarme contigo.
Yo no critique a Carbonell de ninguna manera, porque para empezar, lamentablemente no conozco su obra.
Mi critica, que es permitida, supongo, fue respetuosa y dirigida al autor del articulo. Me parecio que el articulo es valido, pero no para la mayoria de los lectores que no estan familiarizados con este personaje tristemente olvidado de nuestra sociologia. me parecia, pues que una narrativa menos complicada ayudaria un poco. algo asi como, el tipo nacio este anho, hizo esto y aquello. no mas.

4 por Criollo (Usuario no autenticado) 28/04/2008 19:20

Chicho, vete a la escuela y aprende que a Cervantes tambien lo desacreditaron en su tiempo por escribir mal. La historia premia mas a quienes dicen lo que tiene que decir que a aquellos que escriben bien y se callan frente a la realidad. Cervantes no es grande porque escribio en buen espanol, sino porque inaguro la novela moderna. Carbonell no es grande porque haya escrito perfectamente, sino porque desenmascaro el racismo de quienes dicen, entre otras cosas, que escribir bien es primero.


Página 1 de 2








Estos comentarios son moderados y no aparecerán inmediatamente.

Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, cubaencuentro.com se reserva el derecho a rechazar la publicación de:

  • Comentarios que contengan llamados a la violencia.
  • Comentarios difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Comentarios referentes a la vida privada de las personas.
  • Comentarios discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Comentarios excesivamente largos.
  • Comentarios ajenos al tema de discusión.
  • Comentarios que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Comentarios que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Comentarios que contengan publicidad.