Con ojos de lector
Polemiza, que algo queda (IX)
El Indio Naborí y un jovencísimo Jesús Díaz sostuvieron una polémica en torno a lo que debe ser la literatura revolucionaria.
Esa vuelta suya a los orígenes populares, dice Naborí, recibió el elogio diario del pueblo, que solicitaba su presencia aquí y allá. Fue elogiada también por dirigentes nacionales, y a través de Vilma Espín y Blas Roca le llegó este mensaje de la comunista española Dolores Ibárruri, la Pasionaria: "El espíritu del Romancero español está en los versos del Indio Naborí. Siempre los leo con gusto y emoción". Admite que hay muchos textos suyos que tienen un carácter transitorio y sólo cumplieron un rol de tiempo y espacio. Pero en conjunto, no renuncia a ese poemario cotidiano, "porque si aisladamente pueden ser intrascendentes, yo sé que en la unidad tienen cierto valor. Si no pueden constituir la epopeya, serán, aunque tú lo dudes, apuntes emocionados para ella".
Y luego le comenta a Díaz: "Sin embargo, tú dices que son de relativa efectividad política, después de haberlos despojado de todo mérito artístico. Ese punto no voy a discutirlo. Pregúntale al Partido y a las organizaciones revolucionarias. Si un día esa labor, que tanto te molesta, no fuese necesaria, no habría que trucidarme. Bastaría que el Partido me dijera: ¡Ya! En cualquier frente de la Revolución yo estaría contento. Pero mientras que haya una organización revolucionaria que me lo solicite, lo seguiré haciendo gustosamente por el encargo, pues no me piden nada que no esté en mi corazón".
Al final de su respuesta, Naborí escribe: "¡Caray, Jesús, me estás volviendo vanidoso! Y esto no es bueno. Hay que ser modesto, sencillo, más en una hora en que hay tantos méritos callados y efectivos. Valga la autocrítica". Recuerda que tradicionalmente, las revistas y periódicos de Hispanoamérica han acogido la versificación popular, sin que los grandes artistas se hayan molestado. Y si esto fue ayer, "sería absurdo que una Revolución de obreros y campesinos desterrara el arte popular, única base del futuro Homero, por el escrúpulo de unos nuevos intelectuales aristocratizantes". Atribuye el juicio que Díaz expresó sobre su obra a su inmadurez, no a su innobleza, y confía en que esa actitud la modificará con los años: "Sé que tienes talento y hay en ti madera para tallar un gran espíritu".
En su número de septiembre 16, Bohemia publicó el artículo de Jesús Díaz "Para una cultura militante (Tres notas sobre arte, y otra)". Como se aclaraba, en cierta medida era una respuesta a la carta que le dirigió Naborí. Y en efecto, a partir de la reacción que sus palabras provocaron en el autor de Estampas y Elegías, redactó un texto que no pretende contestar de manera directa a éste, sino que es una fundamentación teórica y sólidamente sostenida del tema propuesto en la encuesta de Bohemia. Eso es aclarado por Díaz en la parte final de su trabajo, donde anota que esos apuntes, "en primer lugar, intentan ser más que una respuesta, un análisis de algunos de los graves problemas que afectan a la cultura cubana. En segundo lugar, en la carta de Naborí se mezclan, constante y lamentablemente, las más equívocas alusiones personales, con interpretaciones erróneas de mis palabras y las ideas de su autor sobre los problemas de la cultura (…) Nunca, en mis declaraciones, me referí a la persona, solamente tomé un aspecto de la obra, la escrita con posterioridad a la Revolución, para ilustrar una parte de mi pensamiento".
Comenta Díaz que muchas personas le han preguntado por qué no aludió a otros problemas en la encuesta. Estaban pensando, precisa, en un título concreto, Paradiso, no mencionada por él entre las obras cubanas que reflejan el proceso revolucionario. Su ausencia obedece a que, "independientemente de la opinión que nos pueda merecer dicha obra, la encuesta era sobre literatura revolucionaria. Nadie puede pensar en Paradiso al hablar de literatura revolucionaria. Entiendo que el populismo es un problema importante en la literatura revolucionaria. Por eso decidí llamarle al pan, pan; y al vino, vino".
Señala Díaz que la carta de Naborí fue acompañada por una buena cantidad de manifestaciones: "unas décimas 'alusivas' en el semanario Palante, un artículo de Víctor Agostini en el periódico El Mundo, una serie de mentiras difundidas desde un programa radial, y muchos comentarios infundados en salones y esquinas. Insisto en la idea de que resulta cualquier cosa, menos revolucionario, difundir clichés falsos sobre una persona cuya vida y obra se ignoran. Jesús Orta Ruiz no entendió el sentido de mis palabras y las redujo a la mención que hice de su obra. Se sintió tocado en lo personal; no fue mi intención, lo siento".
Jesús Díaz finaliza así su trabajo: "Para concluir, ratifico todos mis criterios expresados en la encuesta sobre literatura revolucionaria, y espero que el sentido impersonal de las notas anteriores faciliten la discusión de ideas".
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