sábado 11 de octubre de 2008 22:58
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Literatura

Un puente de silencio

Guillermo Rodríguez Rivera polemiza en 'La Gaceta de Cuba' con los organizadores del dossier sobre Ediciones El Puente.

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Fragmento de la portada del número cuarto de 2005 de 'La Gaceta de Cuba', que incluyó un dossier dedicado a El Puente.

Fragmento de la portada del número cuarto de 2005 de 'La Gaceta de Cuba', que incluyó un dossier dedicado a El Puente.

En su cuarto número (julio-agosto) del año pasado, La Gaceta de Cuba publicó un dossier dedicado a El Puente. La historia de El Puente, como la de tantos empeños de esa década, es la de su prohibición.

Luego de una corta existencia independiente y de haber recibido una oferta de padrinazgo institucional que fue declinada, la pequeña editorial no tuvo más remedio que pasar a formar parte de las publicaciones de la UNEAC. Dejó de ser independiente para convertirse en semi-estatal, tal como reconociera su director. "Fue entonces", escribió José Mario, "cuando comenzó nuestra auténtica lucha por la supervivencia" ("La verídica historia de Ediciones El Puente, La Habana, 1961-1965", Revista Hispano Cubana, Madrid, número 6, invierno de 2002).

Acusados de homosexualidad, de publicar a autores recién exiliados, de fomentar un "Black Power" y de haberse aproximado a Allen Ginsberg durante su estancia habanera (José Mario y Manuel Ballagas fueron detenidos y enjuiciados por trato con extranjeros), la historia de El Puente es, por último, la del internamiento de su director en uno de los campos de concentración de las UMAP. La del exilio de unos y la permanencia de otros en Cuba.

Gerardo Fulleda León, Norge Espinosa e Isabel Díaz, participantes en el dossier de La Gaceta de Cuba, mencionan en sus textos la rivalidad existente entre los escritores agrupados en torno a El Puente y quienes formaron el primer consejo de redacción de El Caimán Barbudo.

Norge Espinosa recuerda los ataques de Jesús Díaz a Ana María Simo y el manifiesto de El Caimán Barbudo que condenara la poesía publicada por el pequeño sello editorial. (En un ensayo de próxima aparición en la revista sevillana Renacimiento, Pío E. Serrano comprende a El Caimán Barbudo, "orgánico, oficial, ortodoxo", como una apuesta del régimen cubano para sustituir a El Puente, "independiente, plural y heterodoxo"). Y cuatro décadas más tarde sigue viva aquella rivalidad desde la que Guillermo Rodríguez Rivera polemiza con Fulleda León y con Espinosa, en el más reciente número de La Gaceta de Cuba (enero-febrero de 2006).

Escalafón de víctimas

Rodríguez Rivera comienza por declarar (los énfasis son suyos) cuán importante es "recuperar toda la memoria y toda la historia de nuestra cultura". Centra su atención en la figura de José Mario y aventura que, gracias a la arbitrariedad que caracterizó a éste, terminó por constituirse en grupo literario lo que inicialmente distaba de serlo.

Cita palabras de Josefina Suárez acerca del estilo personalista de dirección de El Puente, y no oculta el nulo interés que le despiertan, salvo unas pocas páginas, los poemas de José Mario. (Al posible reproche de que esa obra aún no haya sido publicada dentro de Cuba, recuerda cuánto debieron esperar por beneficio así autores de la talla de Lezama y Piñera).

Una referencia de Norge Espinosa a la amistad entre Delfín Prats y José Mario le da pie para forzar una comparación entre ambos: "Creo que pocos escritores jóvenes sufrieron la represión a los homosexuales en este país como Delfín Prats, poeta de una calidad incuestionablemente superior a la de José Mario, a quien le hicieron pulpa su libro Lenguaje de mudos, que había recibido el Premio David".

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