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Actualizado: 23/11/2009 3:12
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Ajedrez

Ni ruso ni jamón

El Gran Maestro Leinier Domínguez, un fiñe a quien pude arrancar un par de tablas hace mucho tiempo, triunfa en el Capablanca in Memóriam.

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Leinier Domínguez. (FRED LUCAS)

Leinier Domínguez. (FRED LUCAS)

Un amigo lamenta que su ídolo ajedrecístico haya hecho de la maestría en las competiciones de alto nivel un modo de practicar el oficio de carpintero. "Tablas, tablas, tablas… ¿Es que no sabe hacer otra cosa que tablas? ¿Juega a no perder?", dice y se le sale el cubaneo: "¿Es que no le cuelgan?".

Como muchos otros, él también mueve la cabeza de un lado a otro, pesimista, cuando oye la misma letanía: tablas, medio punto, armisticio… Pero yo no comparto su decepción. Quisiera convencerlo a partir de hechos y análisis de partidas, pero no, me subo a la máquina del tiempo, y lo que hago es recordar.

Campeonato Nacional Juvenil, Matanzas, 1995. Tengo delante de mí, tablero por medio, a un "enano" de doce años precedido de mucha fama. Minutos antes de comenzar la partida, lo examino bien, mirada ceñuda, y abombo el pecho como los palomos, algo inconsciente pero que suele impresionar. Al alfeñique no. Parece más interesado en colocar sus piezas negras en el medio perfecto de las casillas, y ese acto me remite a los niños que juegan con soldaditos. El pensamiento me relaja, y me digo confianzudo que lo voy a desaparecer del tablero: "Eso de niños ganándole a maestros, sólo sucede en Rusia".

Comienza la partida, juego el agresivo peón rey y mi contrario mueve un soldadito planteándome la defensa siciliana, y quien ha visto El Padrino, sabe que estos, de defensivos, no tienen nada. "¿Ah, sí?", me espoleo y le juego una continuación aguda, con la idea de machucar su precoz valentía. Pero él también hace lo mismo, sosteniéndose en el precipicio. Llega un momento en que pienso que tengo un ataque arrollador, y le coloco un caballo "ahí-ahí", a merced de sus juguetitos, pero parece que le han leído La Odisea y conoce el concepto de "Caballo de Troya".

Vuelvo a abombar el pecho, enseño bíceps, arqueo más las cejas si es posible, y del vapor sale la idea de embutirlo de hemoglobina, y le acerco mi otro caballito a su rey, quien se ríe a carcajadas rodeado como está de una muralla de peones centrales: ¡No les hace caso! A la vez, se entretiene en organizar un ataque, ahora que tengo mis dos caballitos allá lejos, allá, y menos piezas operativas acá para defender a mi rey. Y me doy cuenta, quién sabe si demasiado tarde, que el enanito no será ruso, pero tampoco es jamón.

Paso a la defensiva, ahora es a mí a quien le pende la espada de Damocles. El ataque es fuerte, tengo que recoger la madera de mis caballos para reponer defensores caídos, y la lucha que yo estimaba más corta que la estatura de mi oponente, se extiende las cuatro horas reglamentarias y más allá, hasta el aplazamiento, con más interrogantes que certezas acerca de mi futuro.

Por suerte, durante la noche, mi entrenador y yo encontramos una combinación salvadora, sacrificando la dama, y la partida terminó por jaque perpetuo. Cuando firmamos el armisticio y nos estrechamos las manos, sentí el apretón mucho más fuerte que al inicio. No sé, puede que haya sido idea mía.

Mi amigo sigue con la cantaleta, dale que dale. Se parece a los de la Esquina Caliente, con la diferencia que en ajedrez de élite a veces las estadísticas no indican el conocimiento que se tiene de un jugador. Se lo hago notar, me mira acomplejado, preguntándose si le habré dicho sapo, pero por si las moscas saca su tablero de ajedrez, y me muestra las partidas de los torneos recientes. "¿No ves?". Me enseña lo que son regueros de piezas para él, amenazas inmediatas, posiciones finales. "¿Cómo es posible que todas terminen en tablas? Por ejemplo…", dice y enseña esta otra: "…aquí está ganado, ¿no?".

A él se le han escapado unos cuantos detalles. No sólo en una, sino en varias el ídolo ha estado ganado. Aunque también ha estado perdido y se ha salvado. Pero mi amigo no lo sabe. No lo nota. También se le ha escapado lo cruento de las batallas que ha reproducido, donde el humo no deja contar las bajas, pero como el que no sabe es como el que no ve, no ha sentido la vibración de los golpes ni las gotas de sangre salpicarlo. Reproduce una y otra vez enfrentamientos que, si se llevaran a la vida real, opacarían las escenas de El Gladiador. Está ciego, y no sé cómo explicárselo. Lo dejo hablar, manotear, y desconecto.

Los ninjas de las pelis

Vuelvo en el tiempo, donde el mismo alfeñique, un año mayor, menos enano y más fuerte. Lo tengo de nuevo ante mí, con un título de Maestro Internacional y esta vez con piezas blancas: Open Internacional ISLA, 1996.

Ha cambiado un poco. Ha dado un estirón —como su juego—, tiene pelitos en las mejillas y la voz se le desafina a veces: las hormonas no entienden de títulos. Pero eso lo había notado antes. Ahora está concentrado frente a las piezas, disueltas en una variante "vieja-vieja" que le saqué de la manga con la idea de sorprenderlo, objetivo que al parecer logré. Mi variante de apertura no es nada espectacular, incluso dicen es inferior, pero tiene que encontrar una sola jugada que lo mantenga y luego jalar una larga cadena de movimientos para mantener algo más que la ventaja de la salida; no creo que lo logre, es "inexperto" y, por lo visto, nunca ha visto la variante.

Consume todo el tiempo del mundo buscando la jugada que lo saque del atolladero, hasta que lo logra. Bien, no es nada del otro mundo; le respondo con rapidez, y se suma en cavilaciones. Apenas pestañea, se sostiene la cabeza con las manos y sigue con sus ojos varios recorridos imaginarios para sus piezas, pero sabe que sólo tendrá una oportunidad. Así que sin perder la concentración, saca otra jugada, y otra jugada, y otra más. Veo que las cosas me habrían podido ir mal, sino fuera porque la variante que los libros consideran ventajosa para mi rival, en realidad no lo es tanto, y estaba dispuesto a demostrarlo con una novedad teórica… pero su mano se queda en suspense, en el aire, sin llegar a cometer el error de libro, y se sume de nuevo en sus pensamientos.

El reloj no se ha detenido, pero no parece molestarle, determinado como está en encontrar la mejor continuación. Y quedándole apenas diez minutos, se ha apartado del precipicio, convencido de que no estoy allá abajo, en el fondo, sino a sus espaldas, calculando cómo rebanarle el cuello lo más rápido posible, y dándome el frente, ha desenvainado el sable de una contra-novedad, parida in situ.

Una vez más, vuelvo a estar a la defensiva. En esta ocasión corro el peligro de ser inmortalizado en los textos de cómo "no" se debe jugar ajedrez. El muchachito que tengo frente a mí me está masacrando como sólo lo pueden hacer los ninjas de las pelis coreanas, pero para su desgracia tiene que elegir entre tasajearme fino, como bistec de primera, o hacerme ropa vieja a base de estrellitas voladoras, y todo eso con menos de dos minutos.

Por primera vez lo veo nervioso, intercambiando miradas entre el reloj y sus armas en la mano: y comete el error de quererlo todo, aporrearme el flaco rey y acuchillarme el de la dama, sin darse cuenta que con una simple continuación protejo mi campo y él tiene que retirarse con su tropa dispersa. Al desvanecerse el polvo de la contienda, y sacando las cuentas de las bajas, percibimos que todavía tengo una pequeña desventaja, pero que se puede desbalancear en cualquier momento. Caballo viejo, prefiero pedirle tablas que serán aceptadas por el fiñe ante la posibilidad de que Cronos lo devore.

"¿Ves?", me despierta mi amigo. "¿No crees que son muchas tablas?". No sé cómo convencerlo, no cuenta la historia ni los éxitos de este fiñe mucho tiempo después que pude arrancarle un par de tablas. No tiene valor el razonamiento de que, si jugara con él ahora, virtualmente me despedazaría, como a muchos que dentro de unos años —me gusta soñar— recordarán que compartieron el punto con Leinier Domínguez allá, en la élite, y le cuenten una historia parecida a otros jugadores inferiores —vanagloriándose: "¡Le hice tablas a Domínguez, le hice tablas a Domínguez!"—, aunque tal vez ellos sí sean capaces de hacer entender, como lobos que fueron, que las garras se crían y endurecen con el tiempo, y que del otro lado del tablero también hay quienes se afilan los colmillos.

No sé cómo decírselo a mi amigo sin que piense que lo menosprecio, así que me encojo de hombros, desconecto otra vez y me sumerjo en mis recuerdos.


20 Comentarios



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20 por Daniel Hernandez (Usuario no autenticado) 06/07/2009 7:40

Yo no vengo aqui a dar mis comentarios sobre el articulo, porque soy ajedrecusta y precisamente de Guines, La Habana, al igual que Leinier Dominguez, conozco el lenguaje que usamos los ajedrecistas para hablar y referirnos a los contrarios y todos cuando jugamos con alguien menor, en algun momento pensamos lo mismo que Pujol. Conozco a Leinier y las tablas son medio punto, no 0. Cuando no se puede ganar ganar lo mejor es sacar una tabla. Ese articulo no es obra de arte, solamente el autor quiere transmitirnos una vivencia suya con el mejor jugador que que tiene Latinoamerica entera en estos momentos, el guinesro Leinier Dominguez.

19 por Pepito el del cuento (Usuario no autenticado) 24/06/2009 8:20

HE AQUI UNA RESPUESTA AL CREIDO ESE DE CARONTE, HECHA POR AGORA EN EL BLOG DE FERRER... ES QUE EL TIPO SE METE EN TODO. He aqui una cadena de acontecimientos, de la cual se han sacado muy malas conclusiones: 1- Resulta que un dia a Angel Santiesteban le parten un brazo, digamos que las malas leches del G2. 2- Eso trae como consecuencia que se escriba aqui, en cubaencuentro, articulos encendidos sobre el tan lamentable suceso. 3- Ese dia, vaya ud a saber si bebido, fumado o porque le dio un ataque de antinacionalismo (el, que no cesa de pasearse por aqui), un tal "perdido en el tiempo" escribe una parrafada culpando los males seculares de la isla a sus habitantes. 4- Al otro dia, armando anel, del blog cuba inglesa, se desperto vaguito, sin muchas ganas de trabajar, y cuando lee esta parrafada decide que hizo el dia, arregla los muchos errores ortograficos del tal perdido en el tiempo, y lo cuelga en su blog. 5- El tal perdido en el tiempo, elevado de subito a las "cumbres de la literatura", no puede creer en su suerte... mejor dicho, a esas alturas si se cree que vale, y decide que tiene algo que decir. 6-el primer paso, para dar peso a su nueva investidura, se cambia el nombre, o el nick, por el de "Caronte", con mayores connotaciones grecorromanas y con larga tradicion en la literatura. 7-el segundo paso, es criticar con sana y a mansalva todo cuanto pasa por su agudo ojo critico, sobre todo esa caterva de nacionalistas engorrionados que son los cubanos atrincherados en la revista cubaencuentro, no importa si tiene valor o no: el, the only one, el grafologoescatologico mayor, pone su palabra en alto cuando critica, y hasta se atreve a decir al final: he dicho. 8-el tercer paso, es anunciarse gratis como la panacea, el discurso unico e irrepetible, y da a conocer donde escribira su nueva biblia para quien quiera asombrarse y arrodillarse -de paso- ante el nuevo dios de la literatura. 9-y por ultimo, como bienvenida ante los ignorantes y ciegos que veran la luz, escribe su originalisimo primer post, que sin duda revolucionara las letras del castellano: "Hello" SIMPLEMENTE PRECIOSO.

18 por Caronte (Usuario no autenticado) 20/06/2009 22:20

El titulo es malo y el cuerpo tambien. "Ni Ruso ni Jamon" no solo denota pereza intelectual y falta de imaginacion sino un poco de chabacanismo tambien. Lo mismo el cuerpo: chabacano. La manera de narrar, el uso de algunas palabras y frases, la manera de pensar del autor en los preludios y mientras se enfrentaba al nino Leinier... chabacano todo. Lo mas chabacano es la narracion de las partidas. Y los saltos de tiempo, nefastos... malisimos. El recurso de una maquina del tiempo denota falta de tecnica narrativa para lograr esos saltos. Muy simplon del recurso. No me gusto nada. El mejor trabajo de este autor, en cambio, sigue siendo el que le dedicara al ajedrecista espanol aplatanaddo en Cuba. Ahi si que se lucio. Los titulos de sus trabajos por lo general son malos. Perdon, pero he dicho.

17 por Roberto Figueroa (Usuario no autenticado) 20/06/2009 0:00

Hola nuevamente, aprecio en algunos comentarios, que poca idea tienen de un articulo, que es mejor relatar algo que has vivido y de hecho me agrada leer situaciones en que se fue participe de algun momento recorfortante, como me hubiera gustado haber vivido lo del señor Puyol y relatarlo, ahora esos amargados que han opinado sarcartiscamnete, que quieren decir, si no quieres compartir estos articulos que he leido y me agradan junto con lo de Bruzón, pueden ir a la pagina de Chessbase y analizar cada partida que es editada, Kotov no fue el ajedrecista más brillante sin embargo ha escrito libros increible, que eso de decir que porque no fue GM, seguro que quienes hacen el ridiculo haciendo ese comentario seran el ejemplo vivo de la perfección en sus trabajos. (Nota mis comentarios en Julio Becerra, 'el mostro' me censuraste o te aburrieron mis comentarios.)

16 por gitano_yoruba (Usuario no autenticado) 20/06/2009 0:00

totalmente de acuerdo con pepito el de los cuentos de relajo, no tengo la menor idea de donde conseguir estas partidas asi que si pusieran un link aqui o algo pa echarle una mirada.


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