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Discurso de Raúl Castro por el aniversario 50 del triunfo de la Revolución (texto completo)

Santiago de Cuba, 1 de enero de 2009.

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Santiagueras y santiagueros;

Orientales;

Combatientes del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en defensa de la Revolución durante estos 50 años;

Compatriotas:

El primer pensamiento, un día como hoy, para los caídos en esta larga lucha. Ellos son paradigma y símbolo del esfuerzo y el sacrificio de millones de cubanos. En estrecha unión, empuñando las poderosas armas que han significado la dirección, las enseñanzas y el ejemplo de Fidel, aprendimos en el rigor de la lucha a transformar sueños en realidades; a no perder la calma y la confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el ánimo tras los grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las adversidades, por insuperables que pudieran parecer.

Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad esta etapa de nuestra historia, sabemos bien cuán cierta ha resultado la alerta que nos hizo aquel 8 de enero de 1959, en su primer discurso al entrar a la capital:

"La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil", concluyó.

Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder político. En esta ocasión, junto a Fidel, los mambises sí entraron a Santiago de Cuba. Atrás quedaban 60 años exactos de dominación absoluta del naciente imperialismo norteamericano, que no tardaría en mostrar sus verdaderos propósitos, al impedir la entrada a esta ciudad del Ejército Libertador.

Atrás quedaron también la gran confusión y sobre todo la frustración enorme que generó la intervención norteamericana. Sin embargo se mantuvo en vilo, más allá de su disolución formal, la voluntad de lucha del Ejército Mambí y el pensamiento que guió las armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos otros próceres y combatientes por la independencia.

Vivimos algo más de cinco décadas de gobiernos corruptos, de nuevas intervenciones norteamericanas; la tiranía machadista y la revolución frustrada que la derrocó. Más tarde, en 1952, el golpe de Estado, con el apoyo del gobierno norteamericano, instauró nuevamente la dictadura, fórmula aplicada en esos años para asegurar su dominio en América Latina.

Para nosotros quedó claro que la lucha armada era la única vía. A los revolucionarios se nos planteaba nuevamente, como a Martí antes, el dilema de la guerra necesaria por la independencia que quedó trunca en 1898.

El Ejército Rebelde retomó las armas mambisas y después del triunfo se transformó para siempre en las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

La Generación del Centenario, que en 1953 asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, contó con el importante legado de Martí, con su visión global humanística que va más allá de la consecución de la liberación nacional.

En términos históricos, fue breve el tiempo que medió entre la frustración del sueño mambí y el triunfo en la Guerra de Liberación. A comienzos de este período, Mella, uno de los fundadores de nuestro primer partido comunista y creador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se convierte en heredero legítimo y puente que une el pensamiento martiano y las ideas más avanzadas.

Fueron años de maduración de la conciencia y la acción de obreros y campesinos, y de formación de una intelectualidad genuina, valiente y patriota que los ha acompañado hasta el presente.

El magisterio cubano, fiel depositario de las tradiciones de lucha de sus predecesores, las sembró en lo mejor de las nuevas generaciones.

Desde el mismo momento del triunfo, se hizo evidente para cada hombre y mujer humilde que la Revolución era un justiciero cataclismo social que tocó todas las puertas, desde los palacetes de la Quinta Avenida en la capital, hasta el más misérrimo y apartado bohío de nuestros campos y montañas.

Las leyes revolucionarias no sólo dieron cumplimiento al programa del Moncada, lo superaron con creces en la lógica evolución del proceso. Además sentaron un precedente para los pueblos de nuestra América que hace 200 años iniciaron el movimiento emancipador del colonialismo.

En Cuba, la historia americana tomó rumbos diferentes. Nada moralmente valioso ha sido ajeno al torbellino que aun antes del primero de enero de 1959, comenzó a barrer oprobios e inequidades, a la vez que abrió paso al gigantesco esfuerzo de todo un pueblo, decidido a darse a sí mismo cuanto merece y ha logrado levantar con su sangre y su sudor.

Millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes, soldados, o simultáneamente las tres cosas, cuantas veces las circunstancias lo han exigido.

La síntesis magistral de Nicolás Guillén resumió el significado para el pueblo del triunfo de enero de 1959: "Tengo lo que tenía que tener", dice uno de sus versos, refiriéndose no a riquezas materiales, sino a ser dueños de nuestro destino.

Es una victoria doblemente meritoria, porque ha sido alcanzada a pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino.

El fomento y apoyo al sabotaje y el bandidismo; la invasión de Playa Girón; el bloqueo y demás agresiones económicas, políticas y diplomáticas; la permanente campaña de mentiras dirigida a denigrar a la Revolución y sus líderes; la Crisis de Octubre, los secuestros y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles; el terrorismo de Estado, con su terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados; los planes de atentados a Fidel y otros dirigentes; los asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes, diplomáticos y combatientes cubanos. Esos y otros muchos crímenes dan fe del tozudo empeño de apagar a cualquier precio la luz de justicia y decoro que significó la alborada del Primero de Enero.

Una tras otra, todas las administraciones norteamericanas no han cesado de intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando una u otra vía, con mayor o menor agresividad.

Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida.

Desde hace muchos años, los revolucionarios cubanos nos atenemos a la máxima martiana: "La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio".

En esta plaza, en el 30 aniversario del triunfo, Fidel nos dijo: "Aquí estamos porque hemos podido resistir". Una década después, en 1999, desde este mismo balcón, afirmó que el período especial constituía "la más extraordinaria página de gloria y firmeza patriótica y revolucionaria, (…) cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de Estados Unidos y decidimos seguir adelante". Fin de la cita. Así lo repetimos hoy.

Ha sido una resistencia firme, ajena a fanatismos, basada en sólidas convicciones y en la decisión de todo un pueblo de defenderlas al precio que sea necesario. Ejemplo vivo de ello en estos momentos es la inconmovible firmeza de nuestros gloriosos Cinco Héroes (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!") .

Hoy no estamos solos frente al imperio en este lado del océano, como ocurrió en los años sesenta, cuando los Estados Unidos impusieron el absurdo de expulsar de la OEA, en enero de 1962, a Cuba, el país que poco antes había sido víctima de una invasión organizada por el gobierno norteamericano y escoltada hasta nuestras costas por sus buques de guerra. Precisamente, como se ha demostrado, esa expulsión era el preludio de una intervención militar directa, impedida sólo por el despliegue de los cohetes nucleares soviéticos que desembocó en la Crisis de Octubre, conocida mundialmente como la crisis de los mísiles.

Hoy la Revolución es más fuerte que nunca y jamás ha cedido un milímetro en sus principios, ni en los momentos más difíciles. No cambia en lo más mínimo esa verdad que algunos pocos se cansen y hasta renieguen de su historia, olvidándose de que la vida es un eterno batallar.

¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta años que serán también de permanente lucha.

Observando las actuales turbulencias del mundo contemporáneo, no podemos pensar que serán más fáciles, lo digo no para asustar a nadie, es la pura realidad.

También debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos, pero especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005: "Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra", sentenció.

Ante esta posibilidad, me pregunto: ¿cuál es la garantía de que no ocurra algo tan terrible para nuestro pueblo?

¿Cómo evitar un golpe tan anonadante que necesitaríamos mucho tiempo para recuperarnos y alcanzar de nuevo la victoria?

Hablo en nombre de todos los que hemos luchado, desde los primeros disparos en los muros del Moncada, hace 55 años, hasta los que cumplieron heroicas misiones internacionalistas.

Hablo, por supuesto, también en nombre de los que cayeron en las guerras de independencia y más recientemente en la Guerra de Liberación. En representación de todos ellos, hablo en nombre de Abel y José Antonio, de Camilo y Che, cuando afirmo, en primer lugar, que ello exige de los dirigentes del mañana que no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos); que no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido. Aprendamos de la historia.

Si actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales. Pero si sus actos no estuvieran en consonancia con esa conducta, no contarán siquiera con la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues les faltará la autoridad moral que sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha. Pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de muchas generaciones de cubanos.

Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrá dar la pelea, y en la primera línea estarán los mambises de hoy, que no se desarmarán ideológicamente ni dejarán caer la espada.

Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario.

Esta heroica ciudad de Santiago, y Cuba entera, fue testigo del sacrificio de miles de compatriotas; de la ira acumulada ante tanta vida tronchada por el crimen; del dolor infinito de nuestras madres y del valor sublime de sus hijas e hijos.

Aquí nació un joven revolucionario, de sólo 22 años al caer asesinado, que simboliza esa disposición al sacrificio, pureza, valentía, serenidad y amor a la patria de nuestro pueblo: Frank País García.

En esta tierra oriental nació la Revolución. Aquí fue la clarinada de La Demajagua y el 26 de Julio; aquí desembarcamos en el Granma e iniciamos el combate en montañas y llanos, que luego se extendió a toda la isla. Como dijo Fidel en La Historia me Absolverá, aquí "cada día parece que va a ser otra vez el de Yara o el de Baire".

¡Nunca más volverán la miseria, la ignominia, el abuso y la injusticia a nuestra tierra!

¡Jamás regresará el dolor al corazón de las madres ni la vergüenza al alma de cada cubano honesto!

Es la firme decisión de una nación en pie de lucha, consciente de su deber y orgullosa de su historia.

Nuestro pueblo conoce cada imperfección de la obra que él mismo ha levantado con sus brazos y defendido a riesgo de su vida. Los revolucionarios somos nuestros principales críticos. No hemos dudado en dilucidar deficiencias y errores públicamente. Sobran los ejemplos pasados y recientes.

Desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental de nuestras derrotas. A partir del primero de enero de 1959, la unidad, forjada por Fidel, ha sido garantía de nuestras victorias. Nuestro pueblo logró mantenerla frente a todos los avatares e intentos divisionistas y ha sabido situar los anhelos comunes por encima de las diferencias, derrotar mezquindades a fuerza de colectivismo y generosidad.

Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles.

Al arribar al primer medio siglo de Revolución triunfante, llegue el principal tributo a nuestro maravilloso pueblo; a su ejemplar decisión, valor, fidelidad, vocación solidaria e internacionalista; a su extraordinaria demostración de voluntad, espíritu de sacrificio y confianza en la victoria, en el Partido, en su máximo líder y sobre todo en sí mismo.

Sé que expreso el sentir de mis compatriotas y de muchos revolucionarios en el mundo, al rendir homenaje en esta hora al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Un individuo no hace la historia, lo sabemos, pero hay hombres imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva. Fidel es uno de ellos, nadie lo duda, ni aun sus enemigos más acérrimos.

Desde muy joven hizo suyo un pensamiento martiano: "Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Lo convirtió en escudo contra lo fatuo y lo pasajero, en su principal arma para transformar halagos y honores, por merecidos que fueran, en mayor modestia, honradez, voluntad de lucha y amor por la verdad, que invariablemente ha situado por encima de todo.

A estas ideas se refirió, en esta misma plaza, hace 50 años. Sus palabras de aquella noche mantienen absoluta vigencia.

En este especial momento que nos hace meditar en el camino recorrido y sobre todo en el aún más largo que está por delante, cuando ratificamos nuevamente el compromiso con el pueblo y nuestros mártires, permítanme concluir repitiendo la alerta premonitoria y el llamado al combate que nos hiciera el Comandante en Jefe en este histórico lugar, el primero de enero de 1959, cuando señaló:

"No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está trillado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades. Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos".

Y agregó:

"Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, (…) no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber", concluyó.

En una fecha de tanto significado y simbolismo, reflexionemos sobre estas ideas que constituyen guía para el revolucionario verdadero. Hagámoslo con la satisfacción de haber cumplido el deber hasta el presente; con el aval de haber vivido con dignidad el más intenso y fecundo medio siglo de historia patria y con el firme compromiso de que en esta tierra siempre podremos exclamar con orgullo:

¡Gloria a nuestros héroes y mártires!

¡Viva Fidel!

¡Viva la Revolución!

¡Viva Cuba libre!

* Fuente: Granma


3 Comentarios


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3 por Juan Amadis (Usuario no autenticado) 29/07/2009 5:48

De los sacrificios del pueblo cubano no caben dudas, sacrificios de toda indole, desde morir en guerras ajenas y lejanas hasta morir insensatamente en el oceano en busca de un sueño muchas veces ni siquiera conocido, darlo todo por una causa justa, unirse al pobre desprotegido, crecerse ante la adversidad, y no perder el humor ni en el doloroso día a a día de la subsistencia con lo mínimo necesario, los de la verdadera Cuba, los de las calles, los mortales sencillos, sin dotes de escritores, ni de músicos, ni de actores, ni de deportistas, ni de políticos para ascender dentro de las esferas de gobierno, ni con posibilidades de ocupar cargos empresariales que redituaran facilidades extras, esos sabemos de los verdaderos sacrificios, y aún así decíamos "igual aquí nadie se muere de hambre". Pero un día maduramos y se abrió una puerta del otro lado del Aeropuerto Internacional José Martí, y comprendimos o aprendimos a ver con un lente más realista, que los que fueron mis enemigos desde la primaria, "los explotadores capitalistas" también sabían dar chance al que se impone la ferrea voluntad de triunfar, igualito que como nos enseñaron a tener ferrea voluntad para "cuidar la revolución", y aprendimos más, ¿porqué no nos hablan de convivencia en paz con otros que no piensen igual que nosotros?, "la propiedad sobre los medios de producción" que duro escalón para quienes nos hicieron creer que solo a la fuerza se puede repartir lo bueno entre todos, o entre más, quienes ya pasamos por esto nos duele, nos aterra y hasta nos enoja hasta la ira los nuevos arremedos de "socialistas", hay que ser tan torpe para no querer mejorar los errores de otros, después de tantos fracasos de imposiciones, en tantas latitudes, por favor señores nuevos socialistas pregunten que son las privaciones, por que no se van a la isla y viven de la libreta 6 meses, por favor vayan e inténtenlo, o mejor aún, sáquense su dignidad presidencial, vayanse allá como simples trabajadores y ayuden desde allá a sus familias en Venezuela, Ecuador y Bolivia a construir una casita, envien remesas familiares con sus salarios de la isla, me encantaría que lo lograran, sería tan idílico que al Jefe Raul se le ocurriera la idea de cortar los frenos a los que no quieren hacer daño, los que solo quieren vivir sin necesidad de morir en el intento de alcanzar los CUC, como hay gente allá lo suficientemente hábiles para moverse en el sistema como peces en el agua y lograrlo, y el Jefe Raul no sabe o no le cuentan que su llamada igualdad crea la desigualdad más dolorosa, la de los más débiles o más lentos mirando como ls ágiles igual logran el ansiado botín, tan o más despiadadamente que en nuestro oprovioso enemigo el capitalismo, dicho en la isla,"o eres un luchador o eres un pasmao", y para no ser un "pasmao" si no cantas, o escribes o ganas medallas de oro entonces tienes que "lucharla". Un pedido de corazón ¿porqué no revisar nuevas oportunidades?, aunque sea bajo un ente regulador, pero borrar la palabra "prohibido" para el que quiere trabajar y producir legal y honrradamente, si el Jefe Raul sería el único proovedor de todo tipo de materia prima o de todo tipo de producto que pueda generar ingresos, por que es el dueño de todas las industrias, que bien nos haría una masiva y floreciente pequeña empresa, si nos han controlado por 50 años por que no crear este reglamento, por experiencia sabemos que no todo se resuelve queriendo ser millonario, pero cuan tranquilizante es comprar una aspirina o un jugo sin tener que coger una guagua(bus) y andar un tercio de la ciudad, solo abrir la puerta y encontrar la bodeguita de María o la cafetería de José, sin que María o José lleguen jamás a ser un "explotadores capitalistas"

2 por Jorge 66 (Usuario no autenticado) 03/01/2009 14:27

Parece como si fuere el ultimo grito y frases que se van perdiendo como "Socialismo o muerte!", etc. Lo mismo de siempre, y huyendo de la Habana. Mejor me refiero al comentario de Amicus Plato. Siempre me interesaron los estudios de comparacion, y por lo que comenta, me recuerda otro comentario donde se leia que nuestra nacionalidad es una nacionalidad frustada. Yo digo que sufrio un retroceso a partir del siglo XX, un nuevo comenzar a partir de los nuevos protagonistas que llegaban como inmigrantes y que alcanza su plenitud con los Lecuona, Rita Bola, Lezama, etc. La revolucion detuvo ese proceso, las llegadas se convirtieron en salidas. Por eso sufrimos esos embates, las torpes "gallegadas" de Fidel Castro, sufrimos por el "emblanquecimiento" pero tambien por el "ennegrecimiento" que entro por el Oriente de la isla. Hago observar que de ahi viene el diferendo este-oeste cubano, no precisamente por los cambios ideologicos o revolucionarios en Cuba. Se necesitan estudios sobre estos fenomenos para entender a cabalidad nuestro proceso nacional, albores, plenitud y decadencia, y en comparaciones, el efecto de esas entradas y salidas en el proceso. Faltan datos que todavia nadie encuentra o se los llevaron.Cuba ha sido robada, y desfragmentada. Hay un hombre muy sabio llamado Reynaldo Gonzalez, el conocido escritor, que conoce muchas de estas claves secretas. Yo le agradezco mucho su libro Contradanzas y Latigazos, me indujo a investigar los origenes de mi familia en Trinidad, cuna de la independencia, asiento de Narciso Lopez que hasta mediados del siglo pasado era nuestro heroe nacional y preguntenselo a Mella que era comunista porque el tambien lo tenia por un heroe. Que cada cubano investigue sus origenes y veremos como el embrujo de esta debacle pasa.

1 por Amicus Plato (Usuario no autenticado) 02/01/2009 22:02

Raúl no dice que una parte importante de la población cubana se a exiliado, y que el resto busca alguna manera de salir del infierno creado por él y su hermano. Como la gente en Cuba aspira a salir del país hacia Estados Unidos, el tema del neo-anexionismo a salido a flote. A continuación un comentario al brillante ensayo de Enrique Patterson que trata ese tema en un número de la Revista Encuentro: SOBRE EL NEOANEXIONISMO. Cuarenta Años de Castrismo [ENSAYO DE ENRIQUE PATTERSON] Querido Enrique: He leído tu excelente ensayo con sumo cuidado [dos veces] y estoy orgulloso de poder llamarme colega tuyo. Aunque tu enfoque es bien preciso, dudo que algunos que no hayan vivido la experiencia cubana lo comprendan en toda su extensión. Por ejemplo, cuando hablas de que el castrismo ha terminado invirtiendo la ecuación del nacionalismo cubano [ahora millones de habitantes de la Isla aspiran a trasladarse a Estados Unidos y quizás una mayoría preferiría una solución anexionista a mantener el actual estado de cosas], no creo que ni gente tan inteligente como mi amigo el historiador Justo González haya captado la trascendencia del tema. No se trata de la cuestión nacional, muy compleja de por sí, analizada en sus aspectos histórico generales y teóricos, sino de una realidad terrible, única, que vive el pueblo cubano. Eso no se puede comparar ni con la situación de los israelitas ni de los árabes [cuya definición nacional es más religiosa que territorial—salvo ahora para una parte de los judíos con el estado de Israel—ni de ningún otro grupo en que la nación y el estado no coinciden en la geografía o en que haya estado ausente [como con Israel] durante muchos siglos o se muestre dispersa [como con los árabes] la territorialidad de la nación. Tampoco se aplica a ninguna de las muchas diásporas que pululan por el mundo [tibetanos; latinoamericanos; africanos y turcos por Europa; mexicanos y otras nacionalidades en Estados Unidos]. El caso de los cubanos es único porque ha sido el propio “estado nacional” el que prácticamente los ha obligado a emigrar hacia otras latitudes, especialmente hacia el “norte revuelto y brutal” de que hablaba Martí. Una de las cosas que más me impresionó del ensayo de Patterson es su disección del llamado nacionalismo martiano; diseñado para impedir “con la independencia de Cuba… que los Estados Unidos [cayeran] con esa fuerza más sobre nuestras repúblicas de América” [cito de memoria]. Esto le sirvió y sirve de coartada al castrismo para declarar una guerra permanente, en nombre de la defensa de la “Revolución Cubana”, al vecino del norte. Además, como se sabe, se designó a Martí ideólogo de esa revolución que se presenta a sí misma como eterna abanderada de la noción martiana de Patria. Pero quizás falte enfatizar que Martí habló además de la imperiosa necesidad de fundar una república “con todos y para el bien de todos”, o sea, una república democrática, ajena a las prácticas caudillistas de otras naciones latinoamericanas. Como dice Patterson, ese sentimiento se abrió paso a lo largo del siglo diecinueve y en un primer momento no fue ajeno a algún proyecto anexionista como ocurrió entre otros con Narciso López, inspirado en el ejemplo de Texas. Pero los patriotas más lúcidos, en primer lugar Martí, pero no solo él, rectificaron el error y postularon la creación de una Cuba independiente de España y de Estados Unidos. La separación de España implicaba fundar la nación no solo sobre principios republicanos, sino sobre el fundamento de una insularidad territorial que a su vez anhelaba algún tipo de unidad continental dentro de la tradición bolivariana. Eso de que los cubanos quisieran ser “tan insulares en política como en geografía” convertía la “insularidad” en un rasgo distintivo del nuevo estado-nación. Según Patterson, el hecho de que ahora la nación se haya “derramado” por el mundo [la diáspora cubana] debido a la política castrista pone en solfa ese principio fundacional. En otras palabras, ya el dilema no es ajustar la nación a su territorio, como ocurrió cuando la guerra contra España, sino democratizarla y sentar las bases de su futura prosperidad como una vía para su eventual “reunificación” por encima de las barreras estatales. ¿Será esto posible? Lo anterior me trae a la mente el caso de Alemania, que conocí bien de cerca. La diferencia es que allí, además de un reajuste cultural y político entre el este y el oeste, se impuso algo imposible en el caso de Cuba, el establecimiento de un solo estado que albergara a todos los alemanes. Aun así, las diferencias hoy persisten y en algunos casos siguen siendo notables entre los “occidentales” y los “orientales”. Y no es un caso de “ostrogodos” y “visigodos” sino un profundo desajuste en la identidad nacional creada por el comunismo y la división del país tras la Segunda Guerra Mundial. Volvamos al ensayo de Patterson. Este trabajo contiene tantas aristas apasionantes que no me atrevo abordarlas aquí por motivos de espacio y quizás pudor [no soy especialista en los temas cubanos]. Mi especialidad durante muchos años fueron los estudios latinoamericanos, en los que Cuba ostentaba solo un papel marginal. Aun así, el tema tratado por Patterson tiene para mí una importancia especial pues escribí mi doctorado sobre “El Proceso de Formación de los Estados Nacionales en América Latina”. Antes de comentar las diferencias entre América Latina y Cuba en lo que a la formación de la nación y el estado nacional se refiere, quiero hacer una salvedad. Me parece que en algún lugar de su ensayo Patterson dice lo siguiente: “El resultado de semejante transfusión hacia «el norte» ha convertido a la nación cubana en una entidad biestatal, si tenemos en cuenta que (al margen de la minoritaria diáspora ubicada en disímiles territorios del mundo) el grueso de la población cubana vive en el territorio de la Isla y en el de Norteamérica”. En esto mi amigo debe rectificar: No hay entidades nacionales “biestatales” [observe que la palabra ni siquiera está en el diccionario]. Puede haber “estados multinacionales, pero no “naciones multiestatales”. Creo que ese pequeño desliz no afecta en nada el rigor del ensayo. En cuanto América Latina no voy a repetir lo que dije en mi tesis, solo a subrayar una cuestión capital: Al igual que con los países africanos que surgieron del proceso de descolonización, en América Latina el Estado Nacional precedió a la constitución de la nación propiamente dicha [a diferencia de Europa occidental, sobre todo Francia e Inglaterra, naciones que se incubaron en la etapa de las monarquías absolutas], fenómeno que se extendió varios decenios, y que en algunos lugares no ha concluido aún [véase por ejemplo, Bolivia]. Eso quiere decir que lo institucional, aunque endeble, contribuyó decisivamente a una lenta integración nacional y a una progresiva [sobre todo desde mediados del siglo XIX] vinculación de los nuevos estados a la división internacional del trabajo. En algunos países, como ocurrió con Estados Unidos también, la avalancha de inmigrantes europeos [para América Latina fundamentalmente del sur de Europa; para Estados Unidos de la Europa Occidental y Central] contribuyó a redefinir la identidad nacional sin alterar la matriz básica que ya se había conformado durante la época colonial y gran parte del siglo XIX; véanse los casos de Uruguay, Argentina y el sur de Brasil. En Cuba ocurrió algo similar en las primeras décadas del siglo XX [ingresó más de un millón de españoles], lo cual no detuvo el incesante mestizaje de la población. Pero la nación cubana se formó en lo esencial—conciencia, cultura e identidad nacionales—antes de la proclamación del estado nacional. Salvo el problema de la integración racial, aun no resuelto por completo, pese a los alardes de igualitarismo del gobierno castrista, la definición de lo nacional tuvo lugar en el siglo XIX, al calor de las guerras por la independencia. Aunque quedan muchas cosas por discutir, reitero mi más profunda gratitud a Enrique Patterson, quien debe asumir el título de MAESTRO en nuestra pequeña comunidad de exiliados procedentes de la Universidad de La Habana.


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