miércoles 8 de octubre de 2008 7:02
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La Habana

Retorno público del fiambre independiente

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Un puñetazo en la mesa

Impotente para satisfacer a una sociedad cualitativamente exigente, impotente para estabilizar los recursos de una ciudad abarrotada y dinámica, el gobierno da un puñetazo en la mesa frente al espectáculo de una vigorosa red de activistas cívicos independientes —para mi la sociedad civil administra y circula tanto bienes simbólicos como fungibles— que, con gracia, amor e interés, le proporcionan una nueva cualidad y calidad a los servicios en la Isla, superiores incluso a aquellos lugares que ofrecen sus servicios en divisas.

Sin embargo, una vez que despierta de la ira y el error se da cuenta que, en lo que a comida se refiere, la revolución se acabó: lo que significa que los cubanos, fiel a la perogrullada de Carlos Marx, piensan como comen… o como viven, que es casi igual. Si se eliminan los mercados agropecuarios y la gestión de comida independiente, el país pierde su equilibrio y la revolución puede ser digerida por los ciudadanos: la cola "mordiendo" a la serpiente.

Con el retorno público del fiambre independiente retorna cierta felicidad a algunas comunidades. He visto con mis propios ojos la alegría parcial de muchos ciudadanos que pueden degustar la pizza "italiana" de Felicia o el excelente jugo de piña de Don Carlos; que así, a la española, se hace llamar una de estas cafeterías que los estudiantes de la rebelde escuela Tupac Amaru, en Alamar, suelen visitar en sus horas de merienda o en sus escapadas.

Felicia y Carlos comparten una satisfacción más: la fuerza del retorno. Como los tsunamis, retornan los vendedores privados: con energía, arrogancia, seguridad en sí mismos y arrasando con sus competidores estatales. Ahora resulta patético, casi antiestético, observar una cafetería del Estado al lado de las privadas: mi silencio revelará mejor el contraste que cualquier "pintura" dickenniana de la escena.

Pero una cosa salta a la vista: la nueva cualidad del cliente, algo que pasa inadvertido para muchos observadores. El cliente en la capital, que no usuario, prefiere pagar los precios elevados de la gestión privada y no los precios baratos de la gestión estatal.

Dato que destruye el mito y la certeza de que los cubanos nos hemos acostumbrado al sacrifico circular de muchas sociedades del tercer mundo.

Cuba tiene una salud y una educación de primer mundo. También un consumidor de primer mundo que detesta la pobreza, la mala calidad y la falta de estética, además de ética, del sector público cubano. Este retorno es una prueba de muchas cosas porvenir.

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