Disidencia
«No admitiremos venganza. Pediremos justicia»
Entrevista con Juan Carlos González Leyva, presidente de la Fundación Cubana de Derechos Humanos.
Hay una Cuba futura que late a las puertas del país, a unos pasos en el tiempo. ¿Acaso llegará con ella el fin de su labor como observador? ¿Le ve fin a ese periodismo que viaja a toda velocidad?
La labor de los activistas de derechos humanos va a continuar y será muy necesaria en la transición, y después en los gobiernos post-transición. De hecho, me veo como un activista de derechos humanos con la Fundación en la capital, con su sede con más condiciones en un Estado de derecho donde la organización sea totalmente legal. Nos vemos revisando las prisiones y tratando de crear un clima favorable en el país. Habrá que sembrar una cultura de respeto por los derechos humanos, por la integridad y la dignidad de las personas.
Hay una distorsión muy grande en Cuba sobre el ser humano. Y en todos esos ámbitos culturales, jurídicos, hay que trabajar en la evangelización de las personas que quieran ser evangelizadas. Habrá mucho más trabajo en mejores condiciones en el futuro post-Castro que ahora.
En cuanto a los puntos de vista de los derechos humanos, al periodismo, la prensa será libre y los medios de prensa, la radio, la televisión, sus periódicos, todo aquel que tenga vocación y posibilidades lo harán, y el periodismo será diferente; porque no será un periodismo de guerra, no será un periodismo alternativo, será un periodismo legal y profesional, con más calidad profesional que la actual, porque no somos periodistas de profesión.
Ha tenido la oportunidad de conocer a algunos de los más tenaces luchadores cubanos por los derechos humanos. ¿Tiene como referencia a algún colega, por el valor, la reciedumbre de su personalidad, el profesionalismo y, a la vez, la humildad con que trabaja?
Me asombra mucho la forma de trabajo de Margarito Broche Espinosa. Es una persona normal, un guajiro campesino; él sufrió un infarto en la prisión y estuvo al borde de la muerte. Apenas tiene salud, tiene doce o trece enfermedades. Sin embargo, a veces acostado en su cama, porque no se puede levantar, continúa con un trabajo tremendo de denuncia de los derechos humanos y de crecimiento de la sociedad civil, integrado a todas las labores con las Damas de Blanco, la Fundación Cubana de Derechos Humanos, con la prensa independiente.
No descansa, a pesar del estado de enfermedad y del riesgo que eso implica cuando ocurre un acto de repudio, porque es una persona infartada, tiene problemas de irregularidades en la presión arterial y puede morir. Constantemente está caminando sobre el peligro. Eso es algo que me parece que nadie lo hace ni lo ha hecho.
Evidentemente, hay que admirar también a personas como Martha Beatriz Roque, una mujer que ha encarado dos condenas: una de 20 años, le dan una licencia extrapenal y continúa llevando adelante su trabajo. Independientemente, además de Guillermo Fariñas, hay muchas personas, la lista sería larga, muy larga, porque hay mucha gente buena. Dentro de la disidencia también puedo hablar de las personas que no son tan conocidas, pero tienen una labor tremenda, por ejemplo, familias enteras, como el caso de los Sigler Amaya y de los Ferrer García.
No hay persona más titán en Cuba que Juan Carlos Herrera Acosta, José Daniel Ferrer García, entre muchísimos. El pueblo cubano no se puede decir que se haya corrompido totalmente por el comunismo. Ha sido un país que ha tenido una total deformación amoral, pero siempre hay un remanente de Dios que sigue a lo mejor de la sociedad.
El hecho de no residir en la capital del país, a un paso de las sedes diplomáticas y otras ventajas para la labor que realiza, ¿le hace sentirse en el traspatio de algo o de alguien? ¿Ventaja o desventaja?
Para mí es una desventaja tremenda, para el trabajo con los derechos humanos es también una desventaja, una desventaja en relación con las personas que están en la capital. Y no es un traspatio, es una situación diferente e incómoda para trabajar, de mayor riesgo de represión y de menos auxilio de los medios de prensa.
Aquí no hay prensa acreditada extranjera, aquí no hay embajadas, aquí hay menos población, es más fácil de seguir, controlar, los teléfonos son más fáciles de interrumpir. Nunca hay acceso a internet, pero sí es un gran beneficio para la población de aquí, porque si dejamos de estar por acá, será una bendición irnos, pero para la gente será una situación más difícil. Porque entre Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey y parte de Las Tunas, lo único que hay es la Fundación Cubana de Derechos Humanos, con excepción del Partido Democrático 30 de noviembre "Frank País" y otras organizaciones que tienen un papel importante.
Sobre usted pende aún una condena, envuelta en el disimulo jurídico de la licencia extrapenal, como Espada de Damocles. ¿Tal apremio no le hace pensar en un cambio de estrategia, de perfil, aunque baje un tanto la intensidad de su trabajo?
La prisión hay que tomarla desde dos ángulos. En primer lugar, desde el reo que está en la prisión y está muy enfermo. Por ejemplo, sabemos de la licencia extrapenal de Carmelo, Margarito. Y desde el ángulo de que están presos, son torturados, reprimidos, las familias alejadas a cientos y cientos de kilómetros. La situación de la prisión no tiene comparación con nada. Por lo tanto, a veces nosotros revocamos a los que dicen que amnistía no, pero sabemos que cualquier cosa que beneficie a los presos, los saque de la cárcel y los ponga en libertad, aun cuando sea prisión domiciliar o cualquier régimen que se les imponga, nosotros nos sentimos contentos, consideramos que la persona va a sufrir menos. Para nosotros, la persona, la vida del ser humano, es lo que cuenta, por encima de cualquier política.
Ahora, para el gobierno es un acto de política de beneficio, pues mantiene a las personas bajo un control tremendo: tiene que firmar en la unidad de la policía, informar su situación, está bajo la amenaza de que pueda ser retornado a la prisión nuevamente… El gobierno utiliza todo eso con el ánimo de aterrorizar y con fines políticos.
Todo lo que tenga que ver con los tribunales en Cuba, las sanciones hacia la disidencia, con la extrapenal, la libertad, la prisión domiciliar, la libertad condicional, es un nivel escalonado de represión de mayor a menor. Desde la prisión hasta un arresto por varias horas es una dosis de represión que va disminuyendo, en dependencia de la cantidad de represión que necesita cada persona para ser aterrada, atemorizada o sencillamente limitada en sus actividades de la disidencia.
Aunque La Habana era sancionada de vez en vez en la extinta Comisión de Derechos Humanos de la ONU, persisten los negocios y relaciones con esos mismos países, así como las embajadas culturales y de todo tipo. ¿Es esto un desestímulo o parte de un precio a pagar?
A mí no me desestimula, es un estímulo mayor y eso demuestra que todavía los derechos humanos en el mundo no han logrado el escalón que necesitan, no han sido interiorizados en el corazón y la mente de la mayoría de las personas, de la mayoría de la intelectualidad y los líderes, a pesar de que la humanidad sí ha tenido grandes avances en esta materia.
El mismo Consejo de la ONU lucha y demuestra que de verdad no se defienden los derechos humanos como se deben. En estos momentos hay un pesimismo tremendo, pues, ¿cómo una comisión de derechos humanos en ginebra va tener como juez al gobierno cubano, cuando debería estar como acusado?
Hay organismos como Amnistía Internacional. Esa es nuestra esperanza. Human Right First, la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos de Alemania, la Unión Europea.
¿Qué no se cansaría de repetirle a los cubanos?
El amor a Dios, a Jesucristo y al prójimo. En eso Cuba se ha salvado. Y que las personas siempre oren por los que están presos, que piensen en un futuro mejor, que no se conformen con la situación actual, que cada cual empiece a transformarse ahora en el totalitarismo y después del totalitarismo, que no se dejen arrebatar la libertad cuando la tengan próxima, que no permitan que este gobierno u otra persona cualquiera trate de quitarle sus derechos y sus posibilidades económicas, políticas y sociales.
Cuba es un país maravilloso y nosotros también tenemos derecho a la prosperidad y al bienestar.
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