viernes 29 de agosto de 2008 8:54
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Literatura

«Soy un escritor triste»

Conversación con Eliseo Alberto, a propósito de su más reciente novela, 'El retablo del Conde Eros'.

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El escritor Eliseo Alberto

El escritor Eliseo Alberto.

El escritor Eliseo Alberto Diego (Arroyo Naranjo, Cuba, 1951), radicado en México desde principio de los años noventa, anda de plácemes en estos días primaverales de lluvias y calores sorpresivos: Editorial Planeta de México y Editorial El Aleph de Barcelona acaban de poner en circulación en América Latina y España, respectivamente, su más reciente novela, El retablo del Conde Eros.

El autor de Informe contra mí mismo nos entrega una novela habanera ambientada en la postrimería de los años cincuenta, con cierta dosis de nostalgia y afilado oficio de narrador; desfile de personajes inefables que viven de mentiras, ilusiones y afanes que se justifican por la búsqueda de una "felicidad" donde la amistad es un ejercicio sagrado. El célebre actor cubano Julián Dalmau, que ha vivido fuera de Cuba durante 25 años, regresa a La Habana con el objetivo de representar Cuatro gatos encerrados en el Teatro París: guindarse al término de la primera función, bajo el clamor de los aplausos, es un propósito suicida que el actor cocina en sus adentros.

El azar lo lleva a encontrarse una comparsa de locos que le cambiarán la vida: El Conde Eros, escritor de novelas pornográficas, jugará un papel clave en su "salvación"; el tenor Pietro Zamorinni, dueño del taller mecánico La Traviata y protagonista de unos viajes ficticios a Buenos Aires, donde "triunfa" como cantante de ópera, conformará el eje simétrico, el espejo donde Dalmau se afinca para lograr sus propósitos.

Eliseo Alberto (Lichi) conversa sobre su nueva novela y sobre la situación actual de Cuba.

Después de seis novelas publicadas, ¿qué significa la aparición de El retablo del Conde Eros?

Todo libro acabado de parir es una alegría casi paternal. En el caso de El retablo del Conde Eros, la felicidad es doble, porque se publicó a la par en dos bellísimas ediciones: Editorial Planeta, desde Ciudad México y para toda América Latina, y El Aleph, en Barcelona y para España. Un escritor puede decidir poco en el destino de un libro suyo: puede escribirlo lo mejor posible, claro, y luego cuidar la edición y responder cuestionarios que te mandan periodistas y amigos (como tú). Luego, sólo queda cruzar los dedos y pedir a Dios que la novela encuentre a sus lectores y a sus críticos.

Yo escribí mi novela a partir de lo que me enseñó el propio Conde Eros. Para él, y así lo digo en su retablo, "el secreto de la narrativa radicaba en la estructura ósea de las oraciones que armaban el párrafo, una a una. De ahí el cuidado que ponía en la alineación del sujeto, el verbo, el complemento directo, el indirecto y los circunstanciales, elementos básicos que debían colocarse en orden progresivo, del que menor al que mayor número de palabras tuviese: así los ojos del lector correrán sin tropiezo sobre la línea, saltando de sorpresa en sorpresa hasta enramar la urdimbre de la trama. Los motores de los verbos aceleraban acciones trepidantes. La novela se teje como red de araña". Eso intenté.

Advierto cierto parecido entre Lino Catalá y el Conde Eros y, asimismo, cierta "apariencia dramática" entre Arístides Antúnez y Pietro Zamorinni, esos personajes habaneros de su novela Esther en alguna parte. ¿Podríamos pensar en dos parejas de personajes que se entrecruzan en el mismo escenario de La Habana de los cincuenta?

Pudiera ser, aunque no lo pensé así. Algo sí une a las dos novelas: La Habana como teatro ("retablo"), o en todo caso, como escenario. El tiempo novelístico de Esther en alguna parte es el año 2003, aunque haya referencias a la década del cincuenta. El retablo del Conde Eros ocurre íntegramente en la cuaresma de 1957. Arístides Antúnez es un "extra" de la televisión cubana; Zamorinni, un tenor sin suerte. Todas mis novelas se ocupan de personajes marginados y cuentan historias de hombres sin historia.

¿Podríamos decir que los temas centrales del El retablo… son la amistad, la solidaridad y la redención?

Yo estaría de acuerdo con esa valoración. Sabes que para mí la amistad es una religión. Sucede que las palabras se han desgastado después del abuso al que las han sometido los políticos sin imaginación y los predicadores que venden fe como aspirinas. La bella palabra "solidaridad" apenas se puede pronunciar sin cierta vergüenza. Lo mismo pasa con el vocablo "redención", que ha reducido su significado hasta el mínimo de lo divino, con lo cual hemos olvidado su carga libertaria, emancipadora.

¿Por qué sus novelas están habitadas siempre por personajes marginados: seres solitarios, tristes, feos, gordos, frustrados en el amor y en la vida, exiliados, putas, cobardes, homosexuales…?

Algo te comenté en una pregunta anterior. Ellos son mis héroes. No me caen bien los valientes. Una vez dije que por los únicos valientes que yo pondría las manos en el fuego son los bomberos: ellos apagan la candela.

¿Conoció al Conde Eros? ¿Es un personaje basado en algún escritor cubano de los cincuenta?

Conocí a "mi" Conde Eros, el modelo original y lejano de mi personaje, a principios de los setenta, en esa prodigiosa cueva de escritores que fue, para muchos, la revista Cuba Internacional. Por esos años, él firmaba con otro de sus múltiples seudónimos: Baltasar Enero. Y era el más cabal corrector de estilo que pueda pedírsele a la vida: en su entonces ya lejana juventud, había escrito un puñadito de novelas pornográficas y, bajo su nombre real, un libro de cuentos "serios".

Baltasar, mi Conde, me enseñó a poner las comas, a temerle a los gerundios. Aún está por escribir la importancia de Cuba Internacional en la renovación de la literatura cubana. Aquella escuela tenía, quizás, el mejor método para enseñar narrativa: el periodismo y su género estrella, el "gran reportaje". Por su nómina fija pasamos, casi en manada, Norberto Fuentes, Manuel Pereira, Raúl Rivero, Jorge Onetti, Ernesto González Bermejo, Reinaldo Escobar, Luis Rogelio Nogueras, Froylán Escobar, Félix Contreras, Félix Guerra, Ciro Bianchi, Minerva Salado, Antonio Conte, Agenor Martí, y un ejército de colaboradores brillantes, todos en compañía de una envidiable legión de fotógrafos: Luc Chessex, Iván Cañas, José A. Figueroa, Ernesto Fernández, Cristóbal Pascual, el buen Pirole. El Conde Eros nos pastoreaba.

Novela de intertextualidades: dentro de la estructura narrativa se insertan escenas de la obra teatral que Dalmau trae bajo el brazo y, asimismo, un delicioso y juguetón fragmento de una de las novelas porno del Conde, Otro viaje a la luna, donde aparece usted mismo como el botánico chino Li Chi y algunos de sus amigos más cercanos. ¿Se divirtió mientras escribía la novela o fue un proceso de tensión dolorosa?

Para mis pocos lectores, no es secreto que soy un escritor triste. Mis personajes suelen estar entre la espada y la pared. Y entre la espada y la pared sólo hay una opción digna: enfrentarse a la espada y que salga el sol por donde salga —y la sangre por la herida—. En esta oportunidad, le di el gusto de divertirme más de lo habitual. Con locos y buscavidas como los de El retablo del Conde Eros, créeme, es difícil pasarla mal —y menos, inventándolos—. Mis amigos reales me sirvieron de modelos o de compañía: tú mismo apareces como un príncipe africano, Bom Bom Baró, y te vas conmigo cielo arriba en un cohete de hojalata —según versión libre, muy libre, de una de las novelitas del Conde Eros: Otro viaje a la luna—.

Son pocas las alusiones políticas en esta novela. Dalmau llega a La Habana unos días después del asalto al Palacio Presidencial (primavera de 1957), sin embargo, el narrador no se detiene en esa Habana convulsa y prefiere adentrarse en esa comparsa de locos maravillosos que marcan el destino de Dalmau. ¿Por qué?

Porque la situación política, en esta historia de atorrantes, era apenas un telón de fondo, un peligro latente: aquí no se trata de cambiar la vida, sino de sobrevivir. Ninguno de mis personajes busca la verdad, ni siquiera "su verdad": apelan a la eficacia de una mentira bien dicha. Los temas políticos (que yo prefiero abordar en mis artículos periodísticos) suelen obligarte al "discurso", la hipótesis y la tesis: respeto mucho a los novelistas que lo consiguen en notable equilibrio, sin forzar la mano hacia el lado de la historia ni hacia su contrario, el reino de la ficción.

Lecuona y Hemingway. El Floridita, donde el escritor norteamericano en unas escenas delirantes se queda dormido en la mesa; y las manos del pianista dibujadas por el narrador con una ternura sorprendente. ¿Por qué derrama tanto amor y compasión sobre sus personajes?

Porque los quiero. Mi padre me dijo una vez: "Nunca le tengas miedo a la ternura. Nunca. Date el lujo: esa debilidad te hará fuerte".

¿Una novela de mentirosos o una novela donde las mentiras de los personajes se convierten en una metáfora de la búsqueda de libertad, de alegría, de esperanza, de felicidad?

Las dos cosas. Si digo una palabra más, te estaría mintiendo.

Perdone la pregunta, quizás no tan lejana a la temática de su novela: ¿cree en una posible salvación política de Cuba después de la desaparición de los Castro? ¿Qué haremos los cubanos cuando termine "la pesadilla" de estos 49 años?

No me considero adivino, pero tampoco hay que ser vidente para pensar, entender, que la "desaparición de los Castro", como las llamas, no será la "desaparición de Cuba". Será un alivio, sin duda, para todos —incluso para ellos—. ¿Qué Cuba saldrá a flote? No sé bien: en todo caso, "otra" Cuba, heredera genética de aquella lejana Cuba Republicana y también, cómo negarlo, de la Cuba revolucionaria, socialista, totalitaria y prisionera que ocupa casi cincuenta años de nuestras vidas. Por cierto, única Cuba que conocen las tres cuartas partes de los cubanos que en el mundo somos.

¿Qué haremos? Lo que mejor sabemos los seres humanos desde que dominamos el fuego y, con él, nuestro destino: edificar, sembrar, trabajar y soñar, si queda tiempo, que un venado corra por las paredes de la caverna: el arte. Será el momento de los jóvenes, los muchachos de a pie. La vida siempre tiene veinte años, recuérdalo siempre. Ojalá que no olvidemos que, por algo, el corazón está a la izquierda —como dije hace muchas tristezas atrás, cuando pedí la palabra y, sin que me la concedieran, redacté Informe contra mí mismo—.

¿Proyectos en mente? ¿Puede darnos algún adelanto?

Despacio, como siempre, ya escribo mi próxima novela, con título pedido en préstamo al gran poeta mexicano Carlos Pellicer: Ninguna soledad como la mía. Seré breve. Será un libro habanero. Seremos, él y yo, esperanzados.

53 Comentarios


53 por Juana Bacallao De la Roma (Usuario no autenticado) 04/06/2008 9:00

Vamos a ver Alberto Delgado Delgado o el hombre de Maisinicù, este espacio es para la libertad de expresiòn o no... deja que la Granados sea lo que quiera ser, la libertad de hablar es lo que vale.

52 por El mirón de Guanabacoa. MEX,, Puebla. (Usuario no autenticado) 04/06/2008 9:00

ELISEO Alberto no es un escritor gusano; coincido contigo en algunas cosas, Alberto Delgado, pero no utilizar semejante vocablo que el régimen inventó para degradarnos. Eliseo Alberto es un escritor que vive fuera de su país porque tiene derecho a fincar su residencia donde le dé la gana.Por qué "gusano". Yo no me considero "gusano" y vivo fuera de cuba hace 25 años.La presentación fue de un cubaneo vulgar, estoy de acuerdo; pero por qué lo de gusano Albertico???

51 por Fernado Perdessa Ayra (Usuario no autenticado) 04/06/2008 9:00

Suscribo los comentarios vertidos aquí sobre la presentación de la novela "EL RETABLO DEL CONDE EROS" del escritor cubano Eliseo Alberto el domingo pasado en Bellas Artes( lugar sagrado para los mexicanos, donde no todo el mundo habla). Los cubanos estamos equivocados, todo lo resolvemo con la chanza y el choteo. Estoy de acuerdo con el señor Pancho Zapata( será mexicano o cubano?): qué me importa a mí como lector, si Eliseo ALberto era atractivo cuando trabajaba en la revista "Cuba Internacional", qué me importa a mi como lector si la portada que se iba a poner al inicio era una foto del tío de Alejandro G. Acosta, qué me importa a mi como lector que ese día fuera el cumpleaños de la hija del autor, qué me importa a mí que Jorge F. , en un chiste fuera de tono,hubiera conocido al autor hace miles de años atrás y que se llamara Yolanda( reencarnación vulgar...). Otra vez los cubanos no tomamos las cosas en serio, por eso estamos como estamos. La seriedad está ausente en nuestra alma como nación: el pobre Martí intentó algo de seriedad y miren como terminó. Si fueramos un pueblo serio, hace rato ya la dictadura no existiría y los CASTRO fueran historia.Lo siento por Eliseo Alberto; leí la novela y está bien, es un libro que se deja leer, pero no para considerarlo candidato al Nobel de Literatura ni mucho decir que es el mejor escritor cubano vivo( y su tía , la poeta MArruz que todavía vive y ahí está, por sólo citar un ejemplo); esos comentarios le hacen daño a la novela. Eliseo Alberto merecía otra presentación. Fernando Perdessa Ayra, no es seudónimo: soy cubano y vivo en México, Ingeniero en Pemex

50 por Alberto Delgado Delgado (Usuario no autenticado) 03/06/2008 22:00

A ver, a ver, Sara Parque De Juan Delgado, no tienes idea de lo que tuvieron qué ver las biciletas para que la actriz comunista de marras se negara a hablar en público sobre la obra del escritor disidente Eliseo Alberto. Así que dale para trás a eso de "creo que existe mucha ignorancia en México acerca del problema cubano, al punto que una persona no sepa lo que significan las bicicletas, tampoco se conoce la historia contemporánea de nuestra patria". En primer lugar porque el casi el 100 por ciento de los que estaban allí eran cubanos y saben tan bien como tu qué son las bicicletas. En segundo lugar, la actriz comunista de marras que no quería que al otro día apareciera en la prensa que había hablado bien en público de un escritor gusano o disidente, lo que dijo fue que no podía hablar del libro porque había llegado tarde a la presentación a causa de que el Paseo de la Reforma, aledaño al lugar donde se efectuaba la presentación (el Palacio de Bellas Artes) había sido cerrado como cada domingo para que pasearan por allí personas montadas en bicletas. Entonces Sara Parque De Juan Delgado, insisto: Qué tienen que ver las bicicletas con el hecho de poder dar una opinión sobre un libro, más todavía cuando el propio autor te lo pide en público en medio de la presentación de su libro. No le dio la gana, le hizo el desaire a Eliseo Alberto por cobarde, para no ponerse en mala con el gobierno cubano. Porque no es lo mismo ir a la presentación, que parase allí en mediod e todos y hablar bien de un escritor disidente o gusano. Ella sabe más de cuatro cosas. Como, por ejemplo, pasarse largas temporadas en el DF y seguir siendo gente del sistema cubano. O sea, Sara Parque De Juan Delgado, que se negó a hablar por eso y por nada que ver con todo ese teque tuyo que parece recortado del periódico Granma de que "creo que existe mucha ignorancia en México acerca del problema cubano, al punto que una persona no sepa lo que significan las bicicletas, tampoco se conoce la historia contemporánea de nuestra patria". ¡Por favor!

49 por Sara Parque De Juan Delgado (Usuario no autenticado) 03/06/2008 18:40

Ninguna presentación de libros es ni ha sido perfecta; amén de las fuertes críticas que he leído contra González Acosta, J.Hernández y Daisy Granados, creo que existe mucha ignorancia en México acerca del problema cubano, al punto que una persona no sepa lo que significan las bicicletas, tampoco se conoce la historia contemporánea de nuestra patria. El libro vale, se nota el dominio pleno de Eliseo en el arte de escribir para hacer felices a las personas y a la vez ayudarnos a entender la vida cotidiana cubana, esta vez en 1957, en el especial ambiente en el que le tocó vivir al Conde Eros. Admiro a mi paisano Eliseo, espero que Dios le de salud para que siga escribiendo al menos unos cien o doscientos años más.


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