Opinión
Colombia de ayer a hoy
De Jorge Eliécer Gaitán a Álvaro Uribe: ¿Por qué una nación estable se convirtió en la más turbulenta?
Tales focos guerrilleros fracasaron en muchos países del continente, pero no en Colombia, donde el movimiento armado fue extendiéndose como un cáncer a lo largo y ancho del territorio nacional. ¿Cómo explicarlo?
A primera vista, nada parece justificar la extensión y fortaleza de la guerrilla. Nunca ella ha sido popular. La rechaza, según las encuestas, el 97 por ciento de los colombianos, sobre todo en los últimos tiempos, cuando ha asumido un cariz abiertamente terrorista. Por otra parte, la democracia colombiana, con todas sus imperfecciones, es más sólida y confiable que la de muchos de los países latinoamericanos donde hubo guerrillas en los años sesenta.
¿Por qué, entonces, organizaciones como las FARC han logrado abrir 117 frentes, reclutar 17.000 hombres en las áreas rurales y 10.000 milicianos en las zonas urbanas? Pues bien, ello se debe, a mi modo de ver, a tres factores. El primero es la aparición del narcotráfico y de los recursos millonarios que de él derivan las organizaciones armadas de izquierda o derecha.
"Aquí hay mafia porque hay guerrilla y guerrilla porque hay mafia", ha dicho con razón el ex ministro del Interior Fernando Londoño Hoyos, y los colombianos, en su gran mayoría, sabemos que es cierto. El segundo factor ha sido la debilidad de un Estado carcomido, durante largos años, por el clientelismo, la burocracia y brotes de corrupción. Y el tercero, la falta de voluntad política para contener con energía la expansión de los grupos armados y del narcotráfico, voluntad que sólo ahora, con el gobierno de Uribe, advertimos.
El tráfico de droga hizo su aparición en Colombia en los años ochenta. Fue el resultado de una simple coyuntura geográfica y no de una particular vocación del país. Colombia había visto aparecer, de tiempo atrás, cultivos de marihuana en ciertas zonas del país, pero no de coca. Tal planta era exótica entre nosotros. ¿Qué fue entonces lo que ocurrió? La iniciativa, en un principio, corrió por cuenta de narcotraficantes norteamericanos. El creciente consumo de marihuana, luego, de cocaína en Estados Unidos, los llevó a considerar que la coca cultivada en Bolivia y en Perú podía ser procesada en Colombia y exportada a Norteamérica desde allí.
Tal fue el punto de partida de un negocio desmesurado. Los narcotraficantes americanos nunca llegaron a imaginar que los socios elegidos por ellos —como el tristemente célebre Pablo Escobar— acabarían desplazándolos y capturando en su exclusivo provecho, mediante redes propias bien establecidas, mercados como los de Miami o Nueva York.
Surgieron en esa década los poderosos carteles de Medellín y de Cali. Las fabulosas utilidades obtenidas por ellos les permitieron crear en el sur del país vastas zonas de cultivo, aprovechar la presencia de la guerrilla en esas regiones selváticas y convertirla en socia de su negocio, pagándole altas sumas por inducir y enseñar a los campesinos a sembrar coca y por darles una protección armada a laboratorios y campos de aterrizaje.
Si bien se mira, el narcotráfico es, pues, la gran catástrofe que ha sufrido Colombia en las tres últimas décadas. Sus últimas implicaciones son especialmente peligrosas. En las vastas selvas del sur del país, las FARC acabaron desplazando a los narcotraficantes locales que les pagan impuestos por cuidar cultivos y laboratorios, y ellas mismas se convirtieron en dueñas del negocio en todas sus fases.
¿Qué busca la guerrilla?
La estrecha vinculación de las FARC con el narcotráfico ha acreditado la versión, no sólo en Colombia sino también en el exterior, de que sus móviles políticos y su identidad ideológica han desaparecido para convertirse en una organización interesada sólo en beneficiarse con los recursos millonarios de la droga. No es cierto.
La droga es un medio financiero —como la extorsión y el secuestro— puesto al servicio de sus fines, que siguen siendo políticos. ¿Qué busca la guerrilla? No es difícil advertirlo. Lo dicen con claridad sus documentos. Busca liquidar el sistema democrático, tal como lo entendemos nosotros, para establecer un régimen similar al de Cuba o al de Corea del Norte. Es decir, un régimen comunista.
© cubaencuentro