Nueva Jersey

Santa Claus contra Cristo

¡Merry Christmas! o ¡Happy Holiday!: A cada cual según su fe, según su democracia.

A comprar que llegó la Navidad. A gastar, a endeudarse. Es de buen gusto regalar, y mientras más costosos los regalos, mejor que mejor. Las tiendas hacen zafra, y también las televisoras y los periódicos, y hasta las funerarias, por tantos suicidas (fiebre de Navidad), por eso pocos se quejan: ni los vendedores de autos, ni los publishers, ni los curas, que por esos días se llena más el cepillo en las iglesias.

¿Cuántos recuerdan que la Navidad celebra un niño que nació en un pesebre? Qué contradicción: vivo en Estados Unidos, un país donde el presidente jura sobre La Biblia, y cada día se celebran más las fiestas y menos la Navidad; donde ya pocos se dicen ¡Merry Christmas! y muchos exclaman, cerveza en mano: ¡Happy Holiday! Hasta hace pocos años, por esta época, la radio se poblaba de villancicos navideños, ahora es el consumismo y la contracultura hip hop. Dame más gasolina sustituyó a Feliz Navidad…

¿Qué hacer, si los villancicos en las escuelas estadounidenses no pueden tener letras, sólo música, si los Reyes Magos con sus camellos son obsoletos, y en el supertrineo de Santa Claus caben bufandas de cachemira, un TV LSD, de 42 pulgadas, un collar de perlas, y hasta un porche deportivo? ¿Qué hacer, si en estos tiempos de guerra inútil (todas las guerras son inútiles), regalar un libro de poesía es casi un insulto, si la bondad es una debilidad imperdonable, si en Hollywood hay una relación perfecta entre cantidad de muertos por película y de millones recaudados? ¿Cómo juega esto con el Jesús de "amaos los unos a los otros"?

"Hay una gran diferencia entre celebrar la Navidad y disfrutar las fiestas —observa el Padre Tom, de la Iglesia de San Agustín, en Union City, Nueva Jersey—. La Navidad es para el que tiene a Cristo en su corazón, y las fiestas para el que no lo tiene. El nacimiento de Jesús debe ser motivo de alegría, pero también de recogimiento, de interna celebración. Disfrutar la fiesta por fuera, sin festejar dentro de nosotros, el nacimiento de Cristo, es traicionar el espíritu de la Navidad.

¿Y qué hay de la regalomanía?, pregunto al cura.

"La costumbre de intercambiar regalos en Navidad es una forma de reconocer que Dios nos regaló su propio hijo, que se despojó de todo para vivir entre nosotros —agrega el religioso—. Los regalos son un reflejo de lo que sucede a nivel de la fe. Pero el regalo pierde el sentido de la Navidad, si por vanidad, tratamos de impresionar al que lo recibe. Lo que da valor al regalo es el amor con que se da, no el regalo en sí".

"Pienso en la dependienta de Mac Donald que hipotecará el alma para regalarle a su novio una laptop, en el adolescente que le 'exige' por Navidad un MP3 player de 30 GB a su madre indocumentada. Veo en las supertiendas, atiborradas de compradores, que hay arbolitos que compiten en luminosidad, con enormes medias colgantes que proclaman abundancia, pero ¿dónde están los nacimientos, con los tres Reyes Magos: Gaspar, Melchor y Baltasar, que ofrecen al niño del pesebre los tres regalos simbólicos: oro, por su naturaleza real, incienso, por su divinidad, y mirra, que representa su sufrimiento y muerte futura".

La devoción a Santa Claus

Los que demandan que la religión debería limitarse a la práctica privada, acaban de escandalizarse: el "Árbol de Fiesta" del Capitolio de Washington cambiará su nombre por el de "Árbol de Navidad"… Gústeles o no, los símbolos religiosos forman parte de la identidad de esta nación.

La mitad de los primeros inmigrantes de este país fueron alemanes, y el arbolito, con sus guirnaldas de colores, fue una invención de Martín Lutero, monje alemán padre del protestantismo, quien tomó prestado de la pagana fiesta de invierno, conocida como Yule, en la que los antiguos germanos quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.

Dicen que inmigrantes holandeses trajeron a Nueva York la devoción (¿o es adoración?) de Santa Claus, pero lo cierto es que el escritor Clement Clark Moor narró en un cuento la vida de este simpático panzudo y lo convirtió en estrella de mercadotecnia: "Cada veinticuatro de diciembre, Santa baja por la chimenea de las casas trayéndole regalos a todos los niños que se portan bien". El pintor Habdon Sudblom pintó a Santa, alegre, bonachón, llevando una bolsa llena de juguetes, vestido de rojo, con una barba blanca, y en la mano, una iluminada botella de Coca Cola. La pintura se había hecho por encargo del famoso refresco. Santa se convirtió (todo para vender) en el "orisha" de la Navidad.

El hombre siempre ha creído en dioses. La Iglesia cristiana tomó de los dioses romanos símbolos y calendarios. La fiesta romana más estrechamente asociada con la Navidad era el Saturnal del 19 de diciembre (en honor de Saturno, dios de la agricultura), siete días de diversiones y comelatas. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera el 25 de diciembre. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo.

"El corazón humano está hecho para Dios y hasta que no llene ese vacío, el hombre andará descontento —me dijo una viejecita en Cuba que cocinaba con carbón de leña (cuando cocinaba) y sonreía como si fuera millonaria—. La vida en la tierra es un rato —decía sin dejar de reírse—, pero algunos la viven como si fueran a echar raíces. Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu escaparate; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse". Evidentemente, la viejecita creía que "primero entrará un camelo (una soga gruesa) por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos".

Las iglesias cristianas anglosajonas celebran el 25 de diciembre el nacimiento de Jesús. Pero en los hogares hispanos celebramos la víspera: ¡la Nochebuena!, con los abuelos a la mesa, los primos que han venido desde lejos, la viuda que vive sola, y los vecinos buenos y malos, porque la Nochebuena es tolerancia y amor. Que en eso, hasta los no cristianos reconocen al Jesús de "amaos los unos a los otros", supuesta base de la cultura occidental, aunque muchos "cristianos" practiquen lo contrario.

Navidad para Occidente es religión, cultura, identidad, celebración, ganancias multimillonarias, juerga.

¡Merry Christmas! o ¡Happy Holiday! A cada cual según su fe… según su democracia.

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