Elecciones EE UU

«Estoy en disposición de ayudar a la disidencia directamente»

Raúl Martínez, el popular ex alcalde de Hialeah, afirma que derrotará a su rival en las elecciones, el actual congresista Lincoln Díaz-Balart.

Raúl Martínez no conoce la derrota. El ex alcalde de Hialeah ha salido victorioso en 10 elecciones y espera hacer lo mismo en noviembre, cuando buscará desbancar del Congreso de Estados Unidos al legislador republicano Lincoln Díaz-Balart.

A la disputa por el escaño se han sumado el activista republicano Dean Santoro y un demócrata casi desconocido, Richard H. Allbritton; pero, indiscutiblemente, el duelo entre Díaz-Balart y Martínez será el centro de la campaña por el distrito electoral 21 de la Florida.

Carismático, popular, de imponente figura —6'4 de estatura, piel aceituna, ojos azules—, Martínez se caracteriza por la ferocidad con la que ataca verbalmente a sus adversarios. Nacido hace 58 años en Santiago de Cuba, este político del Partido Demócrata se describe como un hombre que disfruta reunirse con sus amigos y familiares en la casa, prefiere los programas noticiosos y políticos a los de entretenimiento y adora cultivar orquídeas. "Es mi lado femenino", bromea. "Llegué a tener 500, ahora me queda un centenar". Pero la política sigue siendo su principal pasión.

Usted se retiró de la política activa en 2005, tras 20 años como alcalde de Hialeah. ¿Por qué decidió regresar ahora?

Nunca me he retirado completamente de la política, en la que llevo 30 años. Soy miembro del comité ejecutivo del Comité Nacional Demócrata. Y uno ve que el país está yendo en la dirección equivocada, y que congresistas como Lincoln Díaz-Balart han sido parte de esas políticas fallidas y uno siente que no queda más remedio que postularse.

Él sigue apoyando la guerra en Irak, que cuesta miles de dólares semanales a este país, y se ha opuesto a poner una fecha de retirada a las tropas. Ha votado en contra de darle un seguro de salud a los niños que no lo tienen. La función de un congresista es traer beneficios específicos a su distrito y estamos viendo todo tipo de problemas: la gente pierde sus casas, no hay suficientes viviendas para personas de bajos ingresos, los seguros son elevados… hay tantos temas que resolver y creo que él [Díaz-Balart] en realidad representa los grandes intereses y se olvidó de la gente que votó por él.

Poco después de su postulación, se produjo la de Joe García contra Mario Díaz-Balart y la de Annette Tadeo contra Ileana Ros-Lehtinen. ¿Hubo acuerdo interno en el Partido Demócrata para lanzar esas candidaturas? Su rival ha dicho que se trata de un intento partidista conjunto para acabar con la actual política gubernamental hacia Cuba…

No hay conspiración alguna. Todo el mundo sabe que Raúl Martínez actúa de forma independiente y que nadie controla a Raúl Martínez. El Partido Demócrata, desde luego, quiere cambiar a todos los representantes republicanos, pero no hubo ninguna reunión interna, todas fueron decisiones individuales, de Joe por su lado y Annette por el suyo. No me senté con ellos para acordar lo que íbamos a decir, son tres campañas diferentes. Creo que Lincoln Díaz-Balart usa esa teoría de la conspiración para crear pánico y esconder sus fallas.

¿Qué coincidencias y diferencias tiene usted con Díaz-Balart en relación con la política hacia La Habana?

Los dos respaldamos el embargo y queremos las mismas cosas: libertad para los presos políticos, elecciones democráticas, libre mercado, etcétera. Pero desde 2004 dije bien claro que me oponía a las restricciones de viajes y envíos de dinero a Cuba, que él apoya. Creo que para poder tener un entendimiento de lo que pasa allí debe haber una mayor relación pueblo a pueblo. Vine a los 11 años y durante décadas no pudimos tener contactos con nuestros familiares en la Isla; creo que alguna gente quiere que se repita con los demás lo que pasamos nosotros.

Pero si tú mantienes una relación con una amiga, con un familiar, los puedes ayudar y les enseñas cómo es la realidad del otro lado. El gobierno de Bush comete un gran error al limitar los viajes y la ayuda a los familiares y amistades. Me crié en este país y eso no fue lo que me enseñaron, sino todo lo contrario, a ser generoso y ayudar a los necesitados. No entiendo por qué el gobierno tiene que imponer límites a las relaciones personales.

Yo estoy en disposición de ayudar a la disidencia directamente, Lincoln Díaz-Balart se ha mantenido en una posición de gritar desde la Calle 8, atrincherado en una retórica que está vencida. Él está tratando de posicionarse porque aspira a ocupar algún cargo en el futuro dentro de Cuba.

¿Usted apoya las presentaciones de artistas de la Isla en Estados Unidos?

Total y absolutamente. Piqueteando y gritándoles barbaridades no se ayuda a la democracia en Cuba. Porque eso es lo bonito de la democracia: que la gente tenga la opción de decidir si los va a ver o no, ya sea en televisión o en un escenario.

¿Hay encuestas internas de su partido sobre sus posibilidades de victoria?

Sí, y son muy buenas, pero no puedo revelar nada más.

Las acusaciones de corrupción en contra suya, hace algunos años, podrían aflorar en esta campaña y, de hecho, ya han resurgido en algunos foros y blogs…

No entiendo cómo un señor como Lincoln quiere dos sistemas de justicia: uno para todos los americanos, excepto Raúl Martínez, y otro para Raúl Martínez. Como se demostró en corte, yo soy inocente de lo que se me acusaba.

Déjeme explicarle: las acusaciones de corrupción fueron a tres juicios y el gobierno, al final, tuvo que retirarlas. En el primer juicio fui hallado culpable, pero cuando apelé el juez dijo que ni siquiera debieron haberme juzgado, en primer lugar. El gobierno me ofreció retirar los cargos si renunciaba a la alcaldía, y yo no lo hice. Me llevaron a un segundo juicio y a un tercero, y no hubo decisiones unánimes, pero la mayoría del jurado estuvo a favor de mi inocencia en ambas ocasiones.

Esto ocurrió entre abril de 1990 y mayo de 1996, y todo el tiempo me mantuve firme en que no iba a renunciar a mi cargo y que demostraría mi inocencia. No me rendí durante seis años, mientras Lincoln y todos ellos se reían y celebraban. Creían que yo estaba acabado políticamente, y aquí estoy. Si yo hubiera sido convicto, no estaría sentado en el comité ejecutivo del Partido Demócrata.

A algunos observadores les sorprende que usted no haya pasado aún a la ofensiva ante su rival…

Bueno, la campaña apenas está empezando. Él [Lincoln] está tirando piedras. Si esto sigue así, en un par de meses tendré que salir a defenderme. En realidad, lo que deberíamos es estar discutiendo los temas, no me voy a quedar callado recibiendo golpes; habrá que sacar los expedientes.

Sé lo que he hecho en la vida; me he postulado 10 veces como miembro del Partido Demócrata, dentro de una ciudad donde el 80% es republicano, y siempre gané; él, en cambio, era de un grupo liberal extremo del Partido Demócrata y se cambió al Partido Republicano cuando no pudo ganar una elección. Ya yo había ido a Washington y conocía a todo el mundo cuando él fue allí por primera vez. La gente sabe lo que yo he hecho, mi obra está hecha y mi vida es un libro abierto, pero en el caso de él no es así, y saldrán a la luz muchas cosas, más adelante, que él tendrá que justificar.

¿Le gustaría debatir en público con su oponente?

Sí, me interesa discutir los temas frente a frente, ante las cámaras. A mí me encantaría y supongo que a algún canal o emisora de radio le interese. Yo tengo un historial, tengo cosas que decir, y te repito que lo más importante a discutir son los temas. Lincoln Díaz-Balart se ha creado una nube de invencibilidad, nunca se ha probado que es posible derrotarlo. Y eso es lo que pienso hacer.

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