Editorial
Encrucijada europea, realidad cubana
La Unión Europea ha decidido eliminar las sanciones impuestas a La Habana en junio de 2003.
La Unión Europea ha decidido eliminar las sanciones impuestas a La Habana en junio de 2003, por el fusilamiento de tres secuestradores de una embarcación y el encarcelamiento de 75 opositores pacíficos y periodistas independientes.
Dichas sanciones consistían en: 1) Limitar las visitas gubernamentales de alto nivel realizadas en el marco bilateral, 2) Reducir la importancia de la participación de los Estados miembros en las manifestaciones culturales, 3) Invitar a disidentes cubanos a las ceremonias organizadas con motivo de las fiestas nacionales, y 4) Proceder a la reevaluación de la Posición Común de la UE.
Salvo la última, que sigue en vigor, las otras permanecían congeladas desde 2005. Cabe preguntarse si la adopción de tales medidas fue conveniente, frente a una dictadura que se ha alimentado siempre de la confrontación. Sin duda, la ola represiva de 2003 mereció la repulsa de las democracias del mundo, pero el nudo gordiano está en cómo lidiar con un gobierno cuyo control sobre el país es absoluto.
A favor de la nueva situación, debe reconocerse que las medidas no se cumplían en la práctica. Ha sido desgastador debatir sobre lo que ya no existe, mientras continúa el mal de fondo —los problemas de los cubanos—.
La invitación de disidentes a las embajadas europeas jamás debió elevarse a la categoría de "sanción". Antes de 2003, era un hecho normal en muchas legaciones diplomáticas. Y, por lo que simboliza para la sociedad civil, esta política deberá alentarse, más allá de la decisión adoptada en Bruselas. Incluirla en la lista punitiva, añadió sin duda más pólvora a la retórica belicista del régimen y puso en escena un asunto que debió permanecer en otro plano, en aras de su efectividad.
Quienes han defendido la permanencia de las medidas de junio de 2003 argumentan que el cambio sería presentado por La Habana como una "victoria política". Probablemente ocurra así, pero, contextualizando el problema, nada ha funcionado en el último medio siglo: ni el embargo de EE UU ni la presión diplomática de la UE. Y aunque cruzarse de brazos no es la solución, tampoco lo es sostener una postura con tal de aparentar movimiento.
La senda diplomática es lenta, y por momentos engorrosa, pero es el único camino, a pesar de la ingenuidad de algunos gobiernos y la radicalidad de otros. Dadas las circunstancias, la UE debería repensar ahora sus próximos pasos. Roza el dislate presentar la eliminación de las sanciones como respuesta a un presunto "clima más favorable" en la Isla. Visto así, el resultado no sólo es grato para el régimen, sino también representa un nuevo golpe a quienes sufren la represión permanente, con más violencia policial y callejera (si cabe) que antes de la enfermedad de Fidel Castro.
No existe un cambio de opinión en el seno de los Veintisiete sobre la Posición Común de 1996, que fomenta un proceso de transición pacífica hacia la democracia, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como una recuperación económica sostenible y una mejora de los niveles de vida de la población de la Isla.
Independientemente de las sanciones, en modo alguno la discusión debe afectar la esencia de este instrumento. La Posición Común fija ideas clave del proyecto europeo que, en ningún caso, resultan negociables. A partir de estas premisas, el reto de la UE radica en priorizar una negociación encaminada a la liberación de los presos políticos y a la eliminación de los delitos de opinión, así como a una apertura de la Isla a la comunidad cubana en el exterior en favor de la reconciliación nacional.
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13 Comentarios
3 por SOCRATES (Usuario no autenticado) 20/06/2008 17:20
El quid del asunto es que las medidas de 2003 se adoptaron para sancionar la represión que el régimen cubano ejercía contra su propio pueblo -arrestos y condenas arbitrarias por motivos políticos, fusilamientos "dicácticos", actos de repudio, violación de derechos reconocidos internacionalmente, etc.- Se congelaron en 2005, sin que la situación hubiera cambiado en lo sustancial. Y ahora se descartan del todo, cuando el nuevo/viejo gobierno de La Habana apenas ha aplicado algunos cambios cosméticos, por más que haya echado a rodar muchas "bolas" sobre lo que presuntamente podría cambiar en los meses venideros.
Esa vacilación apunta no sólo a la escasez de coherencia en la elaboración de la política exterior (hoy se tolera o aprueba lo que ayer se criticaba), sino también a una falta de voluntad para aplicar las medidas aprobadas por consenso o unanimidad.
La puesta en vigor de las sanciones tuvo en 2003 el mismo valor simbólico que tiene hoy su abrogación: es un mensaje dirigido al gobierno y a la oposición. Sólo que, esta vez, es el mensaje equivocado.
2 por Maria Luisa (Usuario no autenticado) 20/06/2008 17:00
Por primera vez, que yo sepa, encuentro publica un editorial, cosa que esta por ver si es correcto o no.
Por lo que se ve, al parecer, encuentro quiere ahora, en este momento clave, "hacerse sentir", y quizas fijar una lineas politica definida.
¿A qué responde ese deseo de encuentro?
¿No es mejor acaso que encuentro haga honor a su nombre y propicie el dialogo de todos los cubanos, repito, de todos?
Un editorial refleja una posición determinada, pone en claro unos intereses...
¡Entonces, ¿cuáles son los intereses de encuentro?
1 por Part Time (Usuario no autenticado) 20/06/2008 14:40
Bien el editorial en general. Pero este tipo de artículo de fondo tiene como objetivo primordial expresar con claridad la opinión editorial de un órgano de prensa sobre una cuestión relevante.
Mi pregunta es: ¿Considera 'Encuentro' mala o buena para Cuba la decisión europea sobre la Posición Común?
¿Podrían expresarlo con diáfana claridad, sin la equidistancia del analista neutro y sin temor a lastimar hipersensibilidades políticamente correctas?
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