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Actualizado: 08/11/2009 2:10
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Opinión

Juventud y emigración

El nuevo exilio es el que mejor encarna el daño antropológico del castrismo.

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A pesar del ensalzamiento de la figura del dictador, el salsero Paulito FG reunió en Miami a un público cubano numeroso. (FLICKR)

A pesar del ensalzamiento de la figura del dictador, el salsero Paulito FG reunió en Miami a un público cubano numeroso. (FLICKR)

Suele pensarse —y decirse— que los jóvenes en Cuba no se interesan por la política, debido a la represión del régimen totalitario contra todo el que se atreva a discrepar. Si bien ese aserto no está nada alejado de la realidad, habría que preguntarse al mismo tiempo qué es lo que pasa entonces con los jóvenes cubanos del exilio, supuestamente librados de los tentáculos castristas y que evidencian el mismo poco interés por los asuntos políticos.

Aquí hay mucha tela por donde cortar. La necesidad de emprender una nueva vida en otras tierras, puede ser una de las causas. Quien llega a otro país tiene una serie de preocupaciones existenciales que lo ocupan e incluso lo agobian.

Las más elementales de esas preocupaciones —y por ende, las más importantes— consisten en conseguir un techo y un empleo para cubrir las necesidades básicas, a lo cual hay que agregar la circunstancia agravante de no contar siempre con un familiar o una mano amiga que pueda servir de auxilio en las primeras etapas de la adaptación del emigrante. Ese doloroso proceso de entrada en otra cultura puede llegar a provocar en los primeros tiempos un verdadero desajuste, caracterizado por el estrés crónico y múltiple. Es lo que se conoce como Síndrome de Ulises.

Esa complejidad de la vida del emigrante y/o exiliado implica que no se disponga de mucho tiempo para participar en cualquier actividad opositora. El cubano sabe que el tiempo que dedique a la lucha por la libertad de la Isla es tiempo que se le sustrae al proyecto que emprende en su nueva realidad. Pero lo más triste es, sin embargo, que muchos creen que las horas que se dedican a Cuba es tiempo malgastado, debido a la proverbial resistencia y capacidad de supervivencia que ha demostrado el régimen.

Sin recambio generacional

Otro aspecto, si bien de signo contrario, es la percepción del carácter efímero del régimen castrista que prevaleció y aún pervive entre los viejos exiliados. Expectativas —hasta ahora frustradas— que han influido en la actitud de muchas de esas figuras de mantenerse en el candelero político durante las últimas cinco décadas. Soñaban con ser ellos mismos los que regresarían a Cuba a reinstaurar la democracia, a tenor de la Constitución del 40. Y el sueño ya dura cincuenta años.

Sin negar los méritos que le correspondan al exilio histórico, se trata sin embargo de una generación de líderes que no han dado suficiente espacio a los más jóvenes. En el afán de mantenerse en su burbuja nostálgica, aferrados a su historial democrático y, en algunos casos, revolucionario, emplean todo su poder sociomediático para impedirles a los jóvenes expresarse y desplegar un rol más protagónico. No admiten más interpretación de los acontecimientos que la suya propia, porque la mayoría de ellos están cerrados a cal y canto contra cualquier idea nueva que se salga de su esquema político generacional.

Las agrupaciones políticas de exiliados también tienen parte de responsabilidad. Unas, porque en sus planes y discursos han roto con la realidad cubana, esa que han vivido y viven los que llegan recientemente de la Isla; lo cual se evidencia en el discurso radical de algunos que incitan a actos que nada tienen que ver con los propósitos de nadie en Cuba.

Ese discurso anticuado causa rechazo entre la gente joven, porque lo percibe como una retórica inflamada que se aparta de su vida y de la realidad del país. Máxime si intuye que tras el mismo subyace el deseo de mantener un público, conservar audiencias o congraciarse con determinados sectores políticos del exilio o de la política del país de acogida.

Pero tan dañino como lo anterior es el carácter cerrado de la mayoría de los grupos, más que nada parecidos a clubes de socios exclusivos. Algunos, por ejemplo, nunca han vivido una renovación de su directiva o una elección interna. Siempre son los mismos para todo y en todo.

Desarraigo y falta de compromiso

Los cambios generacionales también han influido. En general, el exiliado de ahora es muy distinto al de antes. El de ahora es capaz de defender "las bondades de la revolución" sin sonrojarse. De hecho, suele considerarse a sí mismo como inmigrante por motivos económicos, cosa difícil de entender, ya que en Cuba los problemas económicos son esencialmente políticos. Esto, a la vez, da una idea del nivel de desarraigo que tiene y delata una gran falta de compromiso.

Este nuevo exilio, y no aquel que llamaron "gusano" y "escoria", es el que mejor encarna el serio daño antropológico que le ha infligido el régimen al pueblo. Daño que se manifiesta en la falta de sentido crítico ante la situación cubana, en la preocupación desmesurada por lo material, por mandar una foto a sus familiares y amigos comiéndose un bistec o mostrando una gruesa cadena de oro en su cuello.

A diferencia de quienes quieren el diálogo y la reconciliación entre los cubanos, y de los que quieren soluciones opuestas, como pocas cosas les importa, les parecen bien frivolidades como aplaudir o rendir pleitesía a quienes van a Miami a hacer apología de quien tanto sufrimiento ha causado al país. Por eso, creo que el desarraigo de gran parte del nuevo exilio no es con respecto a Cuba solamente, sino con respecto a un sentido moral y humano de ver las cosas.

Al mismo tiempo, hay una realidad que no podemos obviar: muchos de los jóvenes que salen dejan en Cuba a sus familiares. Lo que significa una preocupación por ayudarles a subsistir y por visitarles. Muchos que viven fuera temen fundadamente que el gobierno sea capaz de asediar a sus familiares en la Isla o que simplemente no les deje entrar para visitarlos. Dicho temor, cuando se acepta sin tapujos y sin acudir a elucubraciones justificativas, no es éticamente condenable, aunque otros se den golpes de pecho.

Una posible solución al poco interés de los jóvenes exiliados por la problemática cubana pasa por crear una comunidad política más abierta y acogedora. Fomentar la democracia interna y la participación en los diferentes grupos políticos. Por experiencia propia, sé lo estimulante que resulta el trabajo en una agrupación donde se dan esos dos elementos.

También hay que comprender los verdaderos dilemas morales de la gente que viene y deja a su familia atrás. No hay por qué ahuyentar a los jóvenes con discursos extremistas, que al final suelen ser oportunistas. Salir al paso, eso sí, a la frivolidad y a la falta de memoria. Quien crea que esto es fácil está en un error.


62 Comentarios



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62 por otroemigrantemas (Usuario no autenticado) 09/01/2009 18:40

Llego tarde a este debate que me interesa porque soy joven, cubano y vivo en Alemania. He leido el post de JAB y concuerdo con él en muchos aspectos. Las organizaciones tradicionales del exilio no proponen nada interesante, sólo más de lo mismo por lo que dejamos Cuba, el mismo sectarismo, intolerancia, afán por juzgarlo todo (como este artículo). Creo que en general casi todos nos preocupamos por Cuba, pero lo hacemos a nuestra manera, o no es evidencia suficiente todo el movimiento desarrollado en el exilio (por recién llegados e históricos) a partir del paso de los huracanes? Creo que algo extraordinario está sucediendo con las organizaciones y personalidades de izquierda moderada y centro que se encuentran en el exilio que han llegado con una retórica más fresca y menos prejuicida pero por ser left los jóvenes no le hacemos mucho swing.

61 por Hortensia Otero (Usuario no autenticado) 03/01/2009 18:20

La juventud que sale de Cuba no siente orgullo de su patria. Algunos vagan por las calles españolas sezeando; como si hubiera nacido en la misma meseta castellana. No les culpo.No se identifican con la tierra que abandonan y buscan arraigar acá a cualquier precio y repitiendo los estereotipos de la isla. Pero se acaba con la ignorancia reconociendo primero que uno tiene mucho camino por delante y muchas cosas que aprender. Sin embargo, la actitud que observo me sorprende negativamente. Nadie les puede enseñar nada, algunos son prepotentes y machistas. Ellas son hermosas, pero incapaces de hablar de algo diferente a prendas de vestir de ciertas marcas y productos de belleza. La mayoría se aburre en el museo del Prado. Es como si nada de lo que les puede ofrecer esta sociedad, en cuanto a consumo les a fuera ajeno: lo saben todo. He asistido resignada a la disertación de un cubano, con seis meses residiendo acá, sobre los tipos de vino tinto. Orgulloso cual pavo, da pena, porque solo demostró que es bastante tonto. En altas dosis se mezcla prepotencia, con ignorancia y sobre todo miedo a que le hagan ver que tienen mucho que aprender y tienes como resultado una descripción aproximada de un joven cubano de la era mesa retonta. Lo mejor de Cuba sigue allá. Cuando salimos dejamos la poca valentía que nos permite el régimen en el aereopuerto y aqui solo queremos olvidar nuestra cobardía. Estos jóvenes de cierta manera, son hijos de nuestra deserción, y hay que respetarles como son, para que aprendan, aunque sea con algo de retraso, lo que representa el respeto a la dignidad ajena. Es el preámbulo de aprender a vivir en una democracia.

60 por guajirai (Usuario no autenticado) 28/12/2008 11:20

1-La juventud quiere marcharse del pais. 2-Perez Roque dijo hace un an~o para esta fecha que la 'revolucion' habia perdido a la juventud. Esos dos hechos para mi lo dicen todo. Ver articulo de Mauricio Vicent en la edicion del El Pais de hoy: An~o 50 de la Revolucion Resultado neto de 50 an~os de revolucion en Cuba: no valio' la pena dice Eloy Gutierrez Menoyo desde La Habana.

59 por Juan Antonio Blanco (Usuario no autenticado) 24/12/2008 8:20

PARA SOUTH EAST CARACAS Ya había dejado un mensaje antes pero no veo que a estas horas haya sido subido al sistema, por lo que le quiero repetir la esencia de lo dicho en él. Yaxis tiene toda mi estima personal y no necesita consultarme lo que escribe porque sabe hacerlo mejor que yo y piensa por cabeza propia. Mi única objeción es a que se extienda el uso del concepto de daño antropológico en el abordaje de este tema específico aunque pueda ser válido su empleo en otros contextos. Mi artículo es complementario al de Yaxis y es también el resultado de lo que logra con el suyo: invitar a los lectores a pensar sobre el tema. Le agradecería, por tanto, que en el futuro no se deje llevar por la antipatía que parece profesarme y lea con más detenimiento lo que escribo. Le deseo una feliz navidad.

58 por yuma (Usuario no autenticado) 24/12/2008 8:20

Las nuevas generaciones: 1. practica indolente de la doble moral. - El sistema impone la necesidad de la doble moral desde edades tempranas, solo se salvan los testigos de jehova que no usan los simbolos del uniforme ni dicen "seremos como el che" ni aunque les cueste le vida. Desde amenazas con "mancharte el expendiente", no darte el aval del juventud para ir al pre o la universidad o te aplican aquello que todos hemos oido al menos una vez de que "la universidad es solo para los revolucionarios". En la cuadra es lo mismo, sino haces las guardias te marcas y no sales del pais. Cuando esa juventud sale de cuba lo ultimo que quiere es saber de politica. No se trata de ser politico o estar o no metido en politica, se trata de tener educacion civica y defender los derechos, cosa que no existe en cuba. Nadie conversa, se grita, si dicen abajo fidel en media calle vas preso, por favor, con esos truenos quien duerme? En resumen: En Cuba impera la ley de la selva y la doble moral, la politica y los jovenes? mentira, hoy gritan arriba fidel y 2 dias despues estan cogiendo una balsa. La vida impuso ese lemantable ritmo de vida, el ser social determina la conciencia social.


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