domingo 23 de noviembre de 2008 1:19
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La estrategia de Castro II

¿Contra quién van dirigidas las cartas de los lectores del periódico 'Granma'?

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Estudiantes en un acto en La Habana

Estudiantes en un acto en La Habana, con la imagen de Fidel Castro… de fondo. (AP)

Si alguna vez Granma abrió efímeramente espacio a un puñado de "revolucionarios" que parecían fuera del poder, de esos que sufren a ras de suelo, lo que sucede hoy con la sección "Cartas a la Dirección", tenida por crítica, merece detenimiento.

Aunque aquí la libertad de opinar enfrenta muchas vallas, sin duda que el contexto actual hace de "Cartas a la Dirección" un espacio singular.

El contexto se podría explicar más o menos así. Fidel Castro va quedando cada vez más al margen de las decisiones nacionales de verdadera sustancia. Mientras esta declinación aumenta, no hay que perder de vista que el actual gobernante busca a toda costa mantener cierta dinámica y crear expectativas de las que cuelgue al menos un jirón de esperanza —por mínimo que sea— en el mejoramiento nacional.

Sin el carisma ni la influencia de Castro I, Raúl continuará ofreciendo, con calculada frecuencia, como ha hecho hasta ahora, desde operaciones para transexuales hasta teléfonos celulares. Más que las medidas mismas, es en esta frecuencia calculada donde late el corazón de su estrategia.

El objetivo es ganar tiempo, incluso a costa de socavar la imagen del hermano y la de su inmovilismo. Y es aquí precisamente donde Castro II vislumbra su mayor saldo de legitimidad popular. No estamos ante un caso aislado, sino ante la actitud casi obligada de cualquiera que sustituye a otro mandatario, con independencia de su latitud geográfica o ideológica.

La continuidad luego del cambio de presidente es un invento, una creación de la imaginación de los políticos. Raúl no puede legitimarse de otra manera que negando a su hermano.

A fin de cuentas, el viejo comandante está cerca de la muerte física y política, y la lógica traición sería, de cualquier modo, una traición post mórtem.

No aludo aquí a cambios políticos, sino a un cambio en actos, en airear, sin peligros que amenacen al poder, desde luego, la vocación estatuaria que señoreó al castrismo.

Las alabanzas de Raúl a Castro I, por otra parte, constituyen una tradición a la que el mismo Raúl pertenece, y esta lo ayuda a aparecer como un político consecuente. Así, también se legitima ante la izquierda internacional y ante aquellos "fidelistas" que todavía agradecen la mano que los alzó y mantuvo en los círculos de poder. Su propósito, pues, es afianzar entre la gente la noción de que la situación mejorará y que seguirán nuevas medidas, aunque la envergadura de las mismas poco importe. Es un doble juego el que lleva a cabo Raúl Castro.

En la práctica, desea ir plantando la idea de que se distancia —con muchos límites y según los anhelos más apremiantes— de la petrificación que consumió la obra del hermano. Cada decisión vinculada con la vida de los ciudadanos se ve —y es— un índice contra el comandante. ¿Por qué no se hizo antes?, es la pregunta multitudinaria. Y Raúl Castro lo sabe.

En su discurso, al mismo tiempo, recibe los réditos del ditirambo familiar. Por eso confunde a numerosos analistas e intelectuales en general.

Un resorte en la estrategia

"Cartas a la Dirección" se inserta con derecho propio en semejante entramado. Por eso probablemente no sea efímera, lo cual marcaría otra diferencia entre el ex y el actual gobernante. Se sabe que las críticas allí expuestas van dirigidas, abrumadoramente, contra las décadas de gestión de Castro I.

No resulta difícil para el lector atisbar más allá de la estrecha rendija que permite la sección. Basta haber vivido el proceso, tener un poco de memoria y enlazar algunos juicios allí vertidos con la realidad de cada día.

Uno de los temas más recientes que abordó "Cartas a la Dirección" fue la política de ascensos de dirigentes llevada a cabo por el régimen, lo que se ha dado en llamar "política de cuadros". El autor sigue la línea trazada, con sutileza extrema, por Raúl. El remitente señala que, "durante muchos años", la política de cuadros "ha sido un frente bastante débil", que compara con un "juego de ajedrez", y añade que es "como cambiar la ficha de lugar".

La frase "muchos años" es una crítica al proceso previo a Raúl, y el símil con el ajedrez dice bastante hasta para un entendedor menos que mediano. Y sigue: "Considero que para que un compañero dirija a un nivel determinado no debe ser exactamente del Partido como en algunas ocasiones se plantea, para mí debe ser un buen trabajador, esos de vanguardia…".

El error no acaba en una selección tan ideologizada como que haya que ser del Partido, sino que se les pone a dirigir "algo que nunca imaginaron porque nunca pertenecieron a ese medio, conocen muy poco de métodos y estilos de dirección". Como falta la eficacia —dice el remitente—, "hay que sacarlos…".

Lo anterior no significa que dejen de dirigir, sino que, sencillamente, "jamás vuelven a sus puestos de procedencia, nunca van a ocupar una plaza de su perfil", y "se busca la manera de que sigan dirigiendo".

No abundaremos aquí en las adulaciones, elogios a la revolución ni el cuidado del remitente en aclarar que él sólo alude al mal trabajo, "por lo menos en la base…". Tal vez no sea un albur que cite a Carlos Lage y no a Fidel Castro. Cualquier cubano está enterado, sin embargo, que en el Consejo de Estado, que cuenta con 31 miembros, 16 encabezan sectores alejados de su formación universitaria (uno es técnico medio).

Lo más leído

El autor de la carta indica incluso una larga carencia del régimen de Castro I: "Se debe pensar en cómo introducir en las universidades la Licenciatura en Administración de Empresas que en muchos países se estudia…".

Por supuesto que Raúl sabe que lo más leído de Granma es esta sección, y hacia ella se dirige el lector, porque cree que muchas veces allí se expresa un igual, uno de esos que soporta todas las vicisitudes del régimen. Quizá, nada casualmente, debajo de la crítica aparece el nombre del autor. Y nada más.

Para resaltar una "curiosidad", no nos hemos referido al remitente de esta crítica. Quien la envió se llama Rafael Barriel Sueque, el mismo nombre del jefe de Redacción de Radio Majaguabo, en San Luis, Santiago de Cuba.

"Cartas a la Dirección", en fin, sirve inobjetablemente a la estrategia de Castro II, es decir, separar su gestión de la imagen inmovilista que prevalece de su hermano. Mariela Castro ha resultado una colaboradora muy activa. Negar al líder que antecede es la labor de la política desde que esta nació.

15 Comentarios


5 por MAMBIAMERICANO (mambiamericano@yahoo.com) (Usuario no autenticado) 12/06/2008 19:40

La continuidad de la Revolucion esta garantizada, esta garantia no solo viene de sus cuadros y el pueblo en su mayoria ,sino que la propia situacion internacional, este mundo fuera de Cuba donde la mayoria sufre la explotacion y la ignorancia y tiene q vivir con menos de dos dolares al dia garantiza de por si la obra de la Revolucion y la conciencia de sus cuadros. Solo hacer una fotografia a este mundo y veremos si puede haber o no continuidad en la justicia y los derechos humanos en Cuba

4 por o.garcia yero (Usuario no autenticado) 12/06/2008 18:40

Ganar tiempo esa es la palabra de orden...mientras Marielita pone de su lado a los homosexuales (mas del 10% de la poblacion) y otros tontos se creen qu ahora la cosa si va a mejorar.

3 por Rodolfo Monteblanco (Usuario no autenticado) 12/06/2008 16:00

La élite gobernante en Cuba tiene un único objetivo: mantener el poder a ultranza.
Para ello hará cualquier cosa, dentro del socialismo, fuera de él, dentro del capitalismo o a como de lugar.
Esa es la base fundamental que no debe ser olvidada y obviamente lo es por parte de todos los analistas y gobiernos que mencionan cuando no apologizan los "cambios" del raulismo.
Ninguna medida atentará contra la entelequia del poder. Ninguna arriesgará en lo mas mínimo ni abrirá una hendija para la democracia, el relevo o la sustitución de una élite victoriosa en el mantenimiento del poder pero seguramente una de las mas ineptas gobernaturas de la historia para su propio pueblo.

2 por Mario Faz (Usuario no autenticado) 12/06/2008 14:40

Si de alguna manera los cambios necesarios para la permanencia de la "revolucion" o mejor dicho de que en los funerales y entierros de los "comandantes de la revolucion" haya mas suspiros de descanso y expresiones de "menos mal... ya descansa el y descansammos nosotros que lagrimas y lamentaciones, no puede ser otra que girar 180 grados la manera de pensar y actuar, Pero el estigma de la generacion heredera es haber sido los ejecutores de esa politica. Donde puede haber sinceridad y deseos de sacar adelante el pais es la gran interrogante pues esa generacion no puede hacer sogapara su propio pescuezo.

Se discute si los cambios politicos deben ir delante de los economicoa o viceversa pero la realidad es que le temen tanto los viejos conservadores como los herederos a esos cambios.

La solucion implicaria una direccion mas radical, a la inversa por supuesto de todo lo que ha hecho el gobierno de los Castro. O sea una Revolucion. Y esa palabra es tabu en Cuba.

Mario Faz
mariojfaz@gmail.com

1 por el observador (Usuario no autenticado) 12/06/2008 14:40

es parte de una catársis que ya comenzó desde el llamado a opinar y se recogieron más de 1,3 millones de sugerencias para mejorar el sistema,, el autor tiene razón, raúl es un estratega, fidel dirigió por impulsos y muchas veces montado en el zeppelin de la ignorancia,, no olvidemos cuando comenzó a realizar inseminaciones de F-1, F-2, etc, los pastos de Voisin, la siembra de café alrededor de la ciudad de La Habana, en fin ha sido un vendedor de sueños que condujo al país a una verdadera catástrofe en lo económico y social,, la estrategia de Castro II no es sólo ganar tiempo, va marcando puntos, mientras todos esperan por el fastuoso funeral de Castro I donde se verterán no pocas lágrimas de cocodrilo


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