Opinión
La risa: un delito político
Fidel Castro convirtió el país de la rumba, del relajo, en un Estado marcial, ruso-alemán.
Cuando yo era un niño, allá por 1958, mi hermana mayor encendía la radio y yo escuchaba:
"¡El tremendo Juez, de La Tremenda Corte, va a resolver un tremeeeeeeendo caso!".
Y todos los vecinos de mi solar empezaban a carcajearse.
"¡Luz María Nananina! ¡Aquí como todos los días!".
Y todos los vecinos del barrio empezaban a desternillarse.
"¡José Candelario Tres Patines! ¡A la rejaaaaaaa!".
Y todos los habitantes de La Habana, y también los de las provincias, empezaban a reír.
Eso fue así durante treinta años, desde que esa comedia radial empezara a salir al aire por la Cadena Azul en 1942. Pero en 1959 el trovador Carlos Puebla empezó a cantar una copla aciaga que decía así: "Y se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar".
En efecto, a raíz del triunfo de la revolución, los mejores cómicos empezaron a abandonar la Isla. Cuba siempre fue —es, y seguirá siendo— el país del choteo, la trompetilla y el mambo. Esos tres rasgos telúricos son "contrarrevolucionarios", según los utopistas mesiánicos, quienes se sienten elegidos por la Diosa de la Historia para purificar las naciones.
Estos personajes se consideran tan iluminados, que han perdido el sentido del humor, si es que alguna vez lo tuvieron. Lo peor es que quieren imponerle su rigidez, su acrimonia, al resto de los mortales.
La creación del Hombre Nuevo, la construcción de la Nueva Sociedad Socialista —o Comunista—, son proyectos utópicos intrínsecamente reñidos con el sentido del humor, con el chiste, cuyos principales ingredientes son el desenfado, la sátira, la irreverencia, la libertad.
El sentido del humor se acabó
A partir de 1959, no sólo se fueron de Cuba muchos artistas cómicos, sino que sus programas (tanto los archivados como los que empezaron a producir fuera de la Isla) quedaron prohibidos hasta el día de hoy. Era el castigo del gobierno —que controla todos los medios de comunicación— por haberse atrevido a abandonar su país. Como si Cuba fuera el Paraíso, de donde fueron expulsados por un Dios barbado y colérico. La Isla se había convertido en el Edén del Proletariado, en cuya puerta un ángel apostado, blandiendo una espada flamígera, les impediría regresar, ni siquiera después de muertos, ni siquiera a través de las ondas hercianas.
No sólo se fue de Cuba Celia Cruz. También emigraron Tres Patines y el Tremendo Juez (Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar) a principios de 1962. También hicieron maletas los payasos Gabi, Fofó y Miliki, los cómicos Pepe Biondi, Mamacusa Alambrito, Garrido y Piñeiro (o Chicharito y Sopeira). Detrás se marchó Tito Hernández, y también Cachucha (la pareja cómica de Ramón), y también Guillermo Álvarez Guedes, quien ahora está en Miami, con su exitoso programa radial.
El sentido del humor se acabó en Cuba un día de 1959 en un estudio de la televisión. Germán Pinelli era un locutor chistoso y ocurrente que dirigía un programa de entrevistas. Invitó al Che Guevara. El guerrillero llegó de uniforme, muy serio, muy argentino. Pinelli empezó a hacer chistes y a menearse como si bailara chachachá. Era muy flaco, largo y nervioso como un güin: un esqueleto rumbero. "Les presento al Che", anunció a los televidentes. Pero el Che lo interrumpió espetándole delante de las cámaras: "Che soy para mis amigos, para usted soy el Comandante Ernesto Guevara".
Por lo visto comandantes y comediantes no congeniaban.
Con el Che se acabó el chachachá, y también la pachanga. En un discurso público criticó lo que denominó "Socialismo con Pachanga", y a partir de entonces nunca más se oyó ese ritmo en la Isla. El mambo, la rumba y la conga también perdieron progresivamente su antigua intensidad. Después vendría la Nueva Trova para el Hombre Nuevo: una interminable sarta de cantos plañideros entre tediosos y semipoéticos.
Hace ya siglos —en España, en Italia, en México— la Inquisición prohibió ritmos risueños y sensuales, de origen africano, como la zarabanda y el chuchubé. Nada nuevo bajo el sol. Todos los totalitarismos se parecen, aunque unos invoquen a Dios y otros a la Historia, aunque unos sean de derechas y otros de izquierdas. Todos se oponen a la alegría de vivir.
Y lo mismo pasó con el humor tradicional cubano. Si todo lo anterior a enero de 1959 era considerado por las nuevas autoridades algo aborrecible y poco edificante, algo chusma e inculto, había que borrarlo de la memoria del pueblo. O al menos intentarlo.
La gravedad trascendental que impregna el proyecto gubernamental (cambiar la vida, cambiar el mundo, cambiar la mentalidad de las personas) se reflejaba ahora en todos los ámbitos de la expresión espiritual: literatura, cine, pintura, música, teatro, caricatura… y hasta en el teatro de marionetas. Los títeres de un teatro habanero llegaron a ser quemados.
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23 Comentarios
23 por Armando García de la Paz (Usuario no autenticado) 11/09/2007 9:20
Exagerado e inexacto lo que escribe Pereyra, ni Cuba ni nunguna nación es puro relajo y choteo. Todo tiene su espacio.Requiere balance como las clásicas máscaras de Thalia la tragedia y la comedia. La comedia no termina porque se vayan un grupo de actores contratados y privilegiados por la empresa CMQ.Aparecen otros para otro público. Es superficial decir que era solo el país de la Rumba.Refleja un criterio de un pueblo irresponsable y evasivo.Cada nación tiene sus cómicos como Mexico Tintan, Cantinflas, Resortes y no le quitan seriedad a los principios de Benito Juarez y los hermanos Flores Magon.La anecdota de Guevara y Pinelly fue negada con pruebas por el propio Pinelly...La música de la Nueva Trova no esta reñida con los ritmos bailables ni es del aburrimiento que minimisa su valor que el articulista señala. El cine cubano tiene obras maestras en la comedia como "La Muerte de un burocrata" de G. Alea por ejemplo.Y el cine de caricaturas y animación tiene buenos aciertos. La televisión ha hecho reir por medio de "San Nicolas del Peladero" y otros programas. La radio ha tenido en "Alegrias de sobremesa" escrito por Luberta, Carballido Rey, Marcos Bemarah, un raiting permanente. Comedias en el teatro "Contigo pan y cebolla" de H. Quintero. La comedia crítica y contestataria de Alberto Pedro como "Manteca" "Delirio Habanero" por solo citar algunas. Es un reproche muy frecuente creer que porque ya no estas ya nada vale...El extremismo político limita el analisis objetivo.
Armando García de la Paz
22 por Joaquin Peña (Usuario no autenticado) 03/09/2007 17:40
LA CONSIGNA REVOLUCIONARIA DE AQUELLOS TIEMPOS ERA: CUBA NO DEBE REIR Y ASÍ SE LO HICIERON SABER AL INIGUALABLE PEPE BIONDI CUANDO FUE SECUESTRADO. Los cómicos viven de su Arte y si encima se le prohibe al Pueblo disfrutar y estar alegre, no queda otra más que buscar nuevos horizontes, donde su Gracia sea bien recibida.De esta manera y gracias a los caprichos dictatoriales de Fidel, los argentinos tuvimos la enorme dicha de reencontrarnos con EL GRAN PEPE BIONDI que NUNCA OLVIDÓ a su Segundo Hogar: Cuba. El nos regaló su fino y sano humor. Y es el día de hoy que se lo recuerda aquí y en toda Latinoamérica y me consta permanece en el recuerdo de aquellos cubanos que conocieron la Libertad. PASAN LOS AÑOS, LOS DICTADORES, LAS IDEOLOGÍAS, LOS POLÍTICOS, LOS PROFETAS, LOS SEUDOINTELECTUALES........SOLO QUEDAN LOS ARTISTAS.
21 por aquí y allá (Usuario no autenticado) 20/08/2007 12:30
¿Cómo se hubiese podido sobrevivir aquí sin choteo, burla, sarcasmo y demás figuras de la comedia? Que la prensa no lo refleje es otra cosa. No hay más que montarse en un transporte en La Habana o !esperar! en una parada para escuchar chiste tras chiste y así "olvidar" las penurias. Además, hay comediantes, musicos y artistas que han desarrollado formas de comunicación entre ellos y el público en las que destripan a quien tu sabes y más. En lo único en que sí estoy de acuerdo con el artículo es en que, con suerte, cuando la pesadilla termine el humor de todo tipo volverá a tener su lugar en la tv, la radio y los periódicos como parte genúina de la cultura popular cubana.
20 por telurio (Usuario no autenticado) 19/08/2007 19:40
Bien torpe y fuera de tiempo el comentario. El gobierno cubano no ha sido capaz de acabar con el choteo y la risa en Cuba. Y Cuba nunca fue Ruso-alemana en su cultura.
El gobierno de Castro destruyó la cultura cívica y su fundación económica. Convirtió una corriente revolucionaria y modernista en una estructura servil al caudillismo. Pero el humor de una nación nada tiene que ver con una par de sus representantes.
El humor y la salida del país de artistas (de clase ?) es solamente un efecto terciario del descalabro fidelista.
No se si el humor costumbrista del 59 es el cual se quiere en una sociedad moderna.. Y con todos los respetos para esta generación anterior al 59: no sé si tenga sentido embadurnarse de nostalgia con humoristas y artistas que para la inmensa mayoría de los cubanos de hoy nada son. No sé si el futuro de Cuba ese en su pasado.
Probablemente hayan sido estos rasgos del carácter costumbrista (el choteo, la búsqueda de "el hombre fuerte", la falta de cultura de discusión y la "sabiduría" popular) los que hayan propiciado la llegada, el ascenso y la instauración del caudillo en el poder.
hagamos punto y aparte.
19 por Pepe el Ateniense (Usuario no autenticado) 18/08/2007 20:50
El humor, no ha muerto en Cuba. La dictadura castrista le ha puesto limites en la prensa oficial, pero de boca en boca la gente se burla de los dictamenes caricaturescos y dañinos del tirano. El ultimo chiste popular dice que Castro ahora ni picadillo de Soya puede comer.Cosas veredes Sancho, Cosas veredes.
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