lunes 13 de octubre de 2008 13:18
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Las meigas y los heptarcas

El proyecto de la 'revolución' consiste en sobrevivir. Eso es todo.

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Un adolescente en prácticas de tiro

Un adolescente en prácticas de tiro. (AP)

Las reformas en Cuba son como las meigas en Galicia: de haberlas, haylas. Lo que está por ver es el alcance y las repercusiones que van a tener. Porque todo apunta a que Raúl Castro y los miembros de la heptarquía que designó recientemente han elaborado un plan de supervivencia que, en el fondo, se parece mucho al de la orquesta del Titanic.

Después de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, alrededor del 95% de la economía quedó en manos del Estado. La propiedad privada sólo subsistió, muy menguada, en algunos sectores —fincas particulares, unos pocos pescadores y algunos taxistas— a los que el régimen atribuía una importancia mínima. El dominio casi absoluto de la vida económica, posible gracias a los subsidios soviéticos, le facilitó al gobierno el control casi total de la vida, a secas.

La crisis terminal del sistema soviético, iniciada en 1989, obligó a Fidel Castro a echar mano de medidas capitalistas para "salvar el socialismo". Al igual que hicieron Lenin —con la NEP en los años de 1920— y Janos Kádar —en Hungría, después de la insurrección de 1956—, el mercado fue el remedio para compensar la ineficacia productiva del Estado y la escasez y mala calidad de los bienes y servicios que la gestión estatal proporcionaba a la sociedad.

Cuestión de aquí y ahora

En Cuba se recurrió al capitalismo extranjero, en forma de inversiones y empresas mixtas; y, lo que resulta aun más sorprendente, al capitalismo nacional, tanto en su variante exiliada, en forma de remesas de dólares que todavía hoy constituyen un capítulo considerable del PIB, como en su variante interna, en forma de pequeñas empresas agrarias, restaurantes privados, artesanos y proveedores de los más diversos servicios.

Agotadas las posibilidades del estatismo, que ya se exploró casi hasta sus últimas —y trágicas— consecuencias, a partir de ahora toda reforma económica irá en el sentido del mercado, es decir, de seguir inyectando dosis mayores o menores de capitalismo para aliviar los males crónicos del sistema comunista. Los voceros del régimen pueden llamarle a eso como quieran —"perfeccionar el socialismo", "instaurar una economía social de mercado", "fomentar la autogestión" o "erradicar las tendencias negativas"—, pero la etiqueta ideológica no cambiará la naturaleza del asunto.

Porque la única manera de aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida de la población —objetivos que ha proclamado el nuevo/viejo gobierno de Castro II— consiste en avanzar por el camino de la modernización capitalista, lo que equivaldrá a reducir proporcionalmente el grado de socialismo que prevalece en la economía de la Isla. Eso es lo que Raúl Castro viene haciendo desde febrero pasado con cautela y lentitud sumas, para no suscitar expectativas que puedan exceder el horizonte económico y desbordarse hacia otros ámbitos.

El problema de todas esas medidas parciales es que son arbitrios, paliativos cuyos límites se conocen ya de sobra. Trucos de supervivencia que no alcanzan para conformar un plan racional de desarrollo económico a plazo medio, y mucho menos una estrategia de largo alcance.

Por eso la pregunta que un estudiante universitario le planteó recientemente al presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón ("La revolución tiene un proyecto. ¿Queremos saber cuál es?"), es un interrogante sin respuesta. El proyecto de la "revolución" —es decir, de la cúpula del Partido Comunista que domina el gobierno y administra el Estado— consiste en sobrevivir. Eso es todo. Y la supervivencia no es asunto de largo plazo, ni siquiera del año próximo. La supervivencia es cuestión de aquí y ahora.

En el plano individual, es buscarse la vida y ver cómo se "resuelven" unas libras de carne o un poco de arroz para ir "escapando" y llegar a fin de mes. Esa mentalidad de "resolver" y "escapar", de ir tirando hasta ver qué pasa, es la del cubano de a pie sometido a las penurias de un sistema absurdo, porque es también, a escala del país, la del régimen que lo oprime. Ni plan quinquenal, ni desarrollismo, ni amaneceres gloriosos: insolidaridad, rapiña, grosería y neurosis colectiva es lo que predomina en el país real, ese que apenas comienza a asomar en las páginas de Granma.

Un puro milagro histórico

Cierta izquierda occidental solía vituperar al capitalismo emergente de los países en desarrollo añadiéndole el adjetivo de "salvaje", epíteto que llevaba implícita, por contraste, la índole científica y civilizada del socialismo. Hoy resulta fácil comprobar que es este último, el comunismo en su versión tardocastrista, el que merece el calificativo de salvaje, como empiezan a reconocer hasta los medios de comunicación del régimen, que suelen ser los últimos en enterarse de todo lo que ocurre.

El origen de esa quiebra económica, social y cultural habría que buscarlo en la mezcla de ignorancia, voluntarismo, soberbia y prejuicio antiliberal que condicionó las decisiones de Fidel Castro durante casi medio siglo: el desconocimiento supino de cómo opera la creación de bienes y servicios en una sociedad moderna; la fe en la primacía de la política y la ideología —de donde se derivaron boberías como aquella de "vamos a crear riqueza con la conciencia y no conciencia con la riqueza" y otras consignas del mismo jaez—; la necesidad de aplastar la autonomía del ciudadano para hacerlo más vulnerable y dependiente del Estado, y la presunta superioridad moral de quienes desprecian el dinero, el interés y otros instrumentos del capitalismo en aras de "ideales" más elevados, que casi siempre terminan generando nuevas modalidades de servidumbre.

Para quienes comparten esa cosmovisión, basta con elaborar un proyecto grandioso, capaz de ilusionar a las masas, y los recursos para llevarlo a cabo aparecerán luego como por arte de magia. Lo asombroso es que en Cuba así fue, por lo menos hasta 1991, gracias a los subsidios soviéticos. Y ha vuelto a serlo, aunque en menor cuantía, desde 1998, con la entrada en escena de Chávez y su revolución bolivariana. En ese sentido, cabe afirmar que la supervivencia del modelo castrista ha sido un puro milagro histórico.

Consciente del carácter sobrenatural y chiripesco de esa sobrevida, Raúl Castro intenta asentar su poder sobre bases económicas y sociales menos azarosas. Aunque sea a costa de dejar a su hermano en el (mal) papel de Casandra granmense, que cada tres días repite advertencias y sombríos vaticinios sobre la marcha de los acontecimientos.

En el contexto de socialismo salvaje que hoy prevalece en la Isla —corrupción, prebendas, latrocinio, restricciones arbitrarias y quistes monopolísticos al servicio de las 200 familias que detentan la autoridad y usufructúan la riqueza del país—, las reformas adoptadas hasta el momento tienen por único objetivo preservar la configuración actual del poder político y económico. Ese criterio dictará su alcance y limitará sus efectos.

Porque al contrario de lo que parecen creer los miembros de la heptarquía que desde finales de abril manda allí, la cuestión esencial de Cuba no es la escasa productividad ni los bajos salarios ni la mala calidad de la comida, la educación, la medicina, el transporte o la vivienda. Esos rasgos del socialismo cubano son meras consecuencias del problema fundamental, que es la falta de libertad y de garantías para la vida y hacienda del ciudadano.

Sin el derecho a ejercer las libertades fundamentales —de expresión, asociación, movimiento y participación política—, sin el amparo jurídico para la vida y la familia, y sin la protección explícita de la propiedad privada, todas las reformas seguirán siendo un intento de paliar los efectos sin modificar las causas. O, como dirían en Galicia, gaitas y cuentos de meigas.

27 Comentarios


12 por Roberto Fernandez R. (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:20

Este modo optimo de decir lo que ocurre en Cuba aterroriza a los viejos gobernantes cubanos trepados en el poder hace medio siglo. Es como si los dejararan desnudos en la calle. Expuestos ante quines han sido sus subditos hasta este año.
Bravo! Bravo!

11 por J.L.Anzuelo (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:20

Discrepo del autor cuando menciona el desconocimiento supino de cómo opera la creación de bienes y servicios en una sociedad moderna.

Considero que los Castros tienen un excelente conocimiento del tema solo que lo han usado deliberadamente en sentido contrario para, con la debacle economica, potenciar la dependencia del ciudadando de la maquinaria del estado.

10 por Plutarco Tuero (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:20

Vivo en Canadá y me dedico a estudiar desde la lontananza el drama cubano, Solo me gustaría agregar a mi comentario anterior que uno de los temas mas difíciles de resolver en nuestra Isla a mi modo de ver las cosas, es que Cuba al contrario de otros países que han pasado situaciones similares (Alemania, Japón, España, Argentina, Chile, etc.) no ha tenido nunca (y hay que crearla como parte de la solución) una clase política madura, calculadora, avizoradora, con un mínimo de realismo y ambiciones de mejorar el país, con la excepción de casos bien aislados. Hoy con el proceso de globalización irreversible del mundo, alguien puede esperar el desarrollo del país sin los supermercados de grandes superficie como alguien aspira en estos comentarios? Sin la inversión extranjera masiva para reactivar la agricultura, industria azucarera y las minas? Se puede ir alante sin empezar a pertenecer a todos los organismo que regulan la economía mundial? Creo firmemente que no, pensar en otra cosa es soñar profundamente. Hace 50 o 100 años ya se ensayo la autarquía (México, Brasil, etc.) y fue un fracaso. El contrapeso es saber bañarse y dejar la ropa seca, por Ej. Nadie aquí en Canadá se preocupa por que los americanos compran y hacen, sino la preocupación viene dada por que se cumplan las leyes canadiense que protegen los ciudadanos, el medio ambiente, etc. y no hay duda que Canadá en todo eso es de lo mejor en el mundo. Por todo lo anterior si a todo lo que sea beneficioso al país pero en competencia y cuidando del medio y de los ciudadanos.

9 por Felicidades (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:20

Sr. Soler ha sacado lo mejor de usted en este articulo y ha provocado una reaccion en cadena, me place especialmente leer a Pedro Ortega y saber que pensamos igual, que no es solo aqui y ahora, sino despues, y que los que vivimos en el "despues" sabemos de la crisis en que esta, a pesar de que haya unos pocos o ricos, o desvergonzados que lo nieguen y que digan que estan supercontentos y comodos economicamente, estoy convencido, como Pedro, que se puede hacer algo mejor PARA TODOS, mejor que el "socialismo" y mejor que el "capitalismo", y creame es mucho mas sencillo de lo que parece, lo unico que se necesita es que se frenen a los monopolistas de uno y otro regimen, creame, en los dos, ese es el problema que hay, llamese Castro o Gates.

Los felicito a todos y ojala su articulo haga pensar a mas de uno mas alla de lo que lee en los titulares del Herald o del Granma, o lo que ve en Cubavision, Telerebelde o el 41 y el 23, yo nunca vi estos dos ultimos, yo estaba viviendo en USA, no en un barrio de Cuba, me negé a no aprender inglés, a no trabajar con los americanos, a no escuchar su musica y a no ir a sus bares, en Cuba, igual, no leia el "periodico" ni veia la TV a menos que fuera 24xSegundos, Escriba y Lea, Historia del Cine o para ver a mis Industriales, nunca me convencieron ninguno de los dos, por eso me fui de La Habana y luego mas tarde de Miami, a los dos los dejé, no queria convertirme en un ciego mas y que me perdonen los que no han tenido la suerte de poder hacerlo,a mi modo de ver, para hacer una sociedad justa, hay que vivir un tiempo en cada una de las orillas, para evitar en un futuro todo lo negativo que existe en las dos, y tomar todo lo positivo igualmente. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y los cubanos, muchas veces cerramos los ojos, de pasion.

8 por El marxista (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:00

Julián, usted exagera, que tal y ese es el sistema; usted lo denomina ineficiente, pero cuanto necesita ese modelo para perpetuarse. Dos dólares al día por habitante, tres?
Todo lo contrario Julián es un modelo supereficiente, saque una cuentecita, petróleo regalado, remesas, turismo, otros. Tienen el dinero para mantenerse.
Sobre el término sobrevivir, quien no, hasta el planeta está en eso.


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